Sola.
Él acababa de marcharse. Ya no estaba a mi lado, y aunque sus palabras más recientes me habian invitdo a esperarle, mi corazón sólo tenía ya espacio para el dolor.
De manera inconsciente y algo enfermiza, comencé a sentir sus presencia e todos lados, y la ciudad donde hasta ahora habíamos compartido nuestras vidas, se convirtió en mi pequeño infierno personal, un sitio donde todo me recordaba a Él, y como suele pasar con las ciudades pequeñas, en poco tiempo has recorrido (casi) todos los sitios. En este caso, habiamos estado juntos en todos.
Aprovechando mis dolorosamente iniciadas vacaciones, me autocastigué quedándome en casa, desconectandome del resto del mundo, y permitiendome honrar mi dolor, en la más absoluta soledad. Dejé salir a todas las lágrimas que quisieron hacerlo, me recocijé en lo momentos buenos, y pude notar como se colaba alguna sonrisa.
Mi ritual de sufrimiento cotidiano, sólo se interrumpía para hablar con Él, cada día a cualquier hora. Me gustaba, me acompañaba, me confortaba a través del hilo telefónico, y hasta ame hacía olvidar la distancia. Esos más de 12000 Km, que por quince días nos separaban , y aquí también sabía que no estaba hablando sólo de geografía.
Estaba con ella, y aunque seguía sin mencionarla, y resaltando lo que necesitaba estar con su hijo. Yo seguía imaginando el momento de la despedida definitiva, si es que el reciente mar de besos en medio de un aeropuerto, no lo había sido.
De manera inconsciente y algo enfermiza, comencé a sentir sus presencia e todos lados, y la ciudad donde hasta ahora habíamos compartido nuestras vidas, se convirtió en mi pequeño infierno personal, un sitio donde todo me recordaba a Él, y como suele pasar con las ciudades pequeñas, en poco tiempo has recorrido (casi) todos los sitios. En este caso, habiamos estado juntos en todos.
Aprovechando mis dolorosamente iniciadas vacaciones, me autocastigué quedándome en casa, desconectandome del resto del mundo, y permitiendome honrar mi dolor, en la más absoluta soledad. Dejé salir a todas las lágrimas que quisieron hacerlo, me recocijé en lo momentos buenos, y pude notar como se colaba alguna sonrisa.
Mi ritual de sufrimiento cotidiano, sólo se interrumpía para hablar con Él, cada día a cualquier hora. Me gustaba, me acompañaba, me confortaba a través del hilo telefónico, y hasta ame hacía olvidar la distancia. Esos más de 12000 Km, que por quince días nos separaban , y aquí también sabía que no estaba hablando sólo de geografía.
Estaba con ella, y aunque seguía sin mencionarla, y resaltando lo que necesitaba estar con su hijo. Yo seguía imaginando el momento de la despedida definitiva, si es que el reciente mar de besos en medio de un aeropuerto, no lo había sido.
Celos.
Apenas habían pasado tres meses desde que nos conocimos, cuando por primera vez me sentí la otra, la jugadora suplente, aquella que sólo saltaba al campo cuando la titular, no podía hacerlo. No sólo me sentí la otra, sino que estaba muerta de celos.
Él compartiría con Ella, sus vacaciones de verano. Si, por primera vez, su tiempo no era sólo para mi, el volaría a su lado, estaría con Ella, y yo me despellejaría el alma, con sólo pensar que la abrazaba, que la besaba, que la podía hacer sentir la mitad de feliz, de lo que me hacia sentir a mi.
Sin querer imagine cada escena, cada latido, cada sonrisa que se profesarían, rodeados de ese amor que yo, sabía que se tenían. Temía a la traición de la distancia, esa que lo había llevado a mis brazos ella que dicen hace el olvido, pero que puede unir mucho a quienes se separan, y entonces no pude más y se lo dije.
Lo abracé como nunca, y en medio de las miradas de todos, lo besé con desespero.
Esa noche y con muchas rosas como testigo, le pedí que me amara tanto como pudiera, que borarra con sus caricias mi angustia, y que dejara sus marcas en mi piel, le pedía que me amara como si fuera la última vez, porque en el fondo sabia que sería así.
Me silenció con besos, y terminó de clavarse en mi pecho, en mi cuerpo, en mi vida, Me amó como cada día, pero se aferró a mi como nunca. Yo jugaría a ser feliz con ese recuerdo.
Él compartiría con Ella, sus vacaciones de verano. Si, por primera vez, su tiempo no era sólo para mi, el volaría a su lado, estaría con Ella, y yo me despellejaría el alma, con sólo pensar que la abrazaba, que la besaba, que la podía hacer sentir la mitad de feliz, de lo que me hacia sentir a mi.
Sin querer imagine cada escena, cada latido, cada sonrisa que se profesarían, rodeados de ese amor que yo, sabía que se tenían. Temía a la traición de la distancia, esa que lo había llevado a mis brazos ella que dicen hace el olvido, pero que puede unir mucho a quienes se separan, y entonces no pude más y se lo dije.
Lo abracé como nunca, y en medio de las miradas de todos, lo besé con desespero.
Esa noche y con muchas rosas como testigo, le pedí que me amara tanto como pudiera, que borarra con sus caricias mi angustia, y que dejara sus marcas en mi piel, le pedía que me amara como si fuera la última vez, porque en el fondo sabia que sería así.
Me silenció con besos, y terminó de clavarse en mi pecho, en mi cuerpo, en mi vida, Me amó como cada día, pero se aferró a mi como nunca. Yo jugaría a ser feliz con ese recuerdo.
paréntesis.
Más que un paréntesis en la historia , es una disculpa, por no anunciar mi temporal ausencia.
Egoísmo.
Yo era feliz siendo su amante, sabía que era la otra, pero después de un tiempo, comencé a sentirme la Única, la de verdad. A pesar de eso, mi cuerpo se estremecía ante la sola posibilidad de que en sus largos minutos de mutismo, Él pensara en Ella, de que su corazón la extrañara, y que mientras me hablaba a mi, sus recuerdos estuvieran con…si, con su mujer, la que podía jactarse diciéndolo si así lo deseaba. Que bueno que yo nunca había sentido necesidad de decirlo, así de manera rimbombante, que bueno que me conformaba oyéndoselo decir, sintiéndoselo expresar.
Ya he dicho que no competía con Ella, tampoco le compartía, no físicamente; pero sin querer, acabé sintiendo celos de Ella, no de su posición de Esposa, sino de todo el amor que el podía sentir por ella. Aunque eso no estaba en mis planes (ni en los suyos) ser por siempre, sólo el uno para el otro; aunque no me atreviera a exteriorizarlo, lo quería todo para mi en cuerpo y alma, por todo el tiempo que debiera durar nuestra aventura.
Internamente comencé a experimentar un egoísmo irracional. Un sentimiento que discutía diariamente con la sensatez, dejando agotada por segundos, mi determinación de ser feliz, en medio de las circunstancias.
Si, soy demasiado egoísta para ser Amante, pero de eso me di cuenta después.
Ya he dicho que no competía con Ella, tampoco le compartía, no físicamente; pero sin querer, acabé sintiendo celos de Ella, no de su posición de Esposa, sino de todo el amor que el podía sentir por ella. Aunque eso no estaba en mis planes (ni en los suyos) ser por siempre, sólo el uno para el otro; aunque no me atreviera a exteriorizarlo, lo quería todo para mi en cuerpo y alma, por todo el tiempo que debiera durar nuestra aventura.
Internamente comencé a experimentar un egoísmo irracional. Un sentimiento que discutía diariamente con la sensatez, dejando agotada por segundos, mi determinación de ser feliz, en medio de las circunstancias.
Si, soy demasiado egoísta para ser Amante, pero de eso me di cuenta después.
Presentimientos.
Después de la escena del cuarto de baño, de sentir la temperatura subiendo en nuestras pieles, aún húmedas, de ese primer Te Quiero, que precedió por muchos otros, pronunciados sobre distintas partes de mi cuerpo, en distintos tonos y en las posturas más variadas. Una tormenta de abrazos y besos, mientras hablaba de su amor, y mi alma no volvió a ser la misma. Mis sentimientos estaban más claros y más firmes. Amaba a aquel hombre sin límites, y me sentía la mujer más amada del mundo, estoy convencida de que así era.
Yo estaba feliz de ser su amante, la mujer que despertaba a su lado en medio de caricias y Te Amos. La mujer con quien deseaba estar todo el día, la destinataria de todos sus halagos, quien le inspiraba, quien entendía cada una de sus miradas, y en cuyo cuerpo quería perderse.
Él era el hombre que yo seducía, que abrazaba, que me llenaba física y espiritualmente. Era la persona que siempre había esperado, protector, apasionado, cariñoso, y por qué no habría de decirlo: me fascinaba su manera de hacer el amor, como me elevaba cuanto quería, como me hacía desear más de él, aunque segundos antes estuviera satisfecha, que solo deseaba tumbarme encima, y oírlo decir cosas maravillosas, mientras discretamente jugaba con mis pechos tan sensibles.
Él y yo, comenzamos cada uno a tomar mucho terreno en la vida del otro. Sin darnos cuenta, nos entregamos a vivir nuestra pasión, mientras inevitablemente esta se hacía publica. Quiero decir más pública, porque nunca ocultamos nada a nadie; Yo dejé de lado todas y cada una de mis inhibiciones, y el ignoraba su reconocida timidez y mi desavenencias con el futuro, y se atrevía a hablar de mañana, de amaneceres lejanos, de historias maravillosas. Él ignoraba a su esposa, yo no era quien para tenerla presente.
Quiero que quede claro, que si bien es cierto que yo, imaginé durantes esas conversaciones, un futuro con él, nunca esperé que acabara con su matrimonio, y por supuesto, nunca exigí nada al respecto. Nunca le oí hablar mal de Ella, ni una palabra, nunca desee que lo hiciera.
No competía con Ella, porque no era justo, no quería saber como era su personalidad, porque no me interesaba ser como ella.
Yo, anhelaba ser la mujer perfecta para Él, y llegué a creer que lo era. No estaba engañada, sabía la fuerza que existía entre ambos, el poder que ejercía su amor sobre Él. Además estaba segura de que si el prefería a su mujer, volaría a su lado, en cualquier momento…algo me decía que no sería así.
Yo estaba feliz de ser su amante, la mujer que despertaba a su lado en medio de caricias y Te Amos. La mujer con quien deseaba estar todo el día, la destinataria de todos sus halagos, quien le inspiraba, quien entendía cada una de sus miradas, y en cuyo cuerpo quería perderse.
Él era el hombre que yo seducía, que abrazaba, que me llenaba física y espiritualmente. Era la persona que siempre había esperado, protector, apasionado, cariñoso, y por qué no habría de decirlo: me fascinaba su manera de hacer el amor, como me elevaba cuanto quería, como me hacía desear más de él, aunque segundos antes estuviera satisfecha, que solo deseaba tumbarme encima, y oírlo decir cosas maravillosas, mientras discretamente jugaba con mis pechos tan sensibles.
Él y yo, comenzamos cada uno a tomar mucho terreno en la vida del otro. Sin darnos cuenta, nos entregamos a vivir nuestra pasión, mientras inevitablemente esta se hacía publica. Quiero decir más pública, porque nunca ocultamos nada a nadie; Yo dejé de lado todas y cada una de mis inhibiciones, y el ignoraba su reconocida timidez y mi desavenencias con el futuro, y se atrevía a hablar de mañana, de amaneceres lejanos, de historias maravillosas. Él ignoraba a su esposa, yo no era quien para tenerla presente.
Quiero que quede claro, que si bien es cierto que yo, imaginé durantes esas conversaciones, un futuro con él, nunca esperé que acabara con su matrimonio, y por supuesto, nunca exigí nada al respecto. Nunca le oí hablar mal de Ella, ni una palabra, nunca desee que lo hiciera.
No competía con Ella, porque no era justo, no quería saber como era su personalidad, porque no me interesaba ser como ella.
Yo, anhelaba ser la mujer perfecta para Él, y llegué a creer que lo era. No estaba engañada, sabía la fuerza que existía entre ambos, el poder que ejercía su amor sobre Él. Además estaba segura de que si el prefería a su mujer, volaría a su lado, en cualquier momento…algo me decía que no sería así.
Te he dicho alguna vez?
Esa mañana, después de contener mis deseos por besarlo, abrazarle, decirle cuanto le estaba amando, me levánte, recogí con cuidado el maravillosos vestido, que la noche anterior había lucido para Él, y haciendo el menos ruido posible, salí de su habitación. Bajé con cuidado las escaleras, procurando que la madera se convirtiera en mi cómplice, y no hiciera tanto ruido en cada pisada.
Entré en el cuarto de baño de la parte inferior, me metí en la ducha, dejé correr el agua, quería confundirlas con mis lágrimas. Lloraba de frustración, porque no podía hacer lo que quería. Lloraba de felicidad porque amaba y me sentía amada. Si, porque aunque no habíamos hablado del tema, sabía que estaba enamorado de mi todo, como yo, de cada una de sus partes, pero la mayoría de mis lágrimas tenían su origen en el dolor que me producía saber que mi felicidad tenía fecha de caducidad.
Entendía que Él volvería a los besos, a los brazos, a las caricias de su esposa, y yo sufriría como una condenada. Comprendía que nuestras vidas volverían al punto de partida, que de seguir por el camino que iba, necesitaría reiventarme para superar la frustración, la separación, la despedida, el dolor... Necesitaba tomar una decisión.
Minutos después, junto con el agua, cesarón mis lágrimas y mis sollozos. A la vez que retiraba el cabello mojado de mi cara, sentí desaparecer las telarañas que cubrían mis perspectivas, me sentí segura, y supe exactamente lo que debía (quería e iba) a hacer.
Salí a toda prisa de la ducha, y mientras peinaba mi cabello, miraba mi cara en el espejo e imaginaba lo maravilloso que sería todo el tiempo que pasaríamos juntos, no importa cuanto fuera. Sonreía al recordar sus últimos besos y sus últimas caricias. Me llené de su cuerpo, de su olor y de sus abrazos, y entendí que sufriría más, privándome de algo por lo que me moría de ganas.
Mi reflejo y mis pensamientos, se vieron interrumpidos por su imagen, y sus manos que me rodeaban. Lo vi tan guapo, que dije:
-Rubio, te he dicho alguna vez, que en lo primero que me fijé cuanto te conocí, fue en tu cabello, y en lo sexy que te ves recien duchado?
-no...-girandome hacia ÉL.-y yo te he dicho alguna vez, que no me gusta que me dejes sólo en la cama, y que Te Quiero?
Entré en el cuarto de baño de la parte inferior, me metí en la ducha, dejé correr el agua, quería confundirlas con mis lágrimas. Lloraba de frustración, porque no podía hacer lo que quería. Lloraba de felicidad porque amaba y me sentía amada. Si, porque aunque no habíamos hablado del tema, sabía que estaba enamorado de mi todo, como yo, de cada una de sus partes, pero la mayoría de mis lágrimas tenían su origen en el dolor que me producía saber que mi felicidad tenía fecha de caducidad.
Entendía que Él volvería a los besos, a los brazos, a las caricias de su esposa, y yo sufriría como una condenada. Comprendía que nuestras vidas volverían al punto de partida, que de seguir por el camino que iba, necesitaría reiventarme para superar la frustración, la separación, la despedida, el dolor... Necesitaba tomar una decisión.
Minutos después, junto con el agua, cesarón mis lágrimas y mis sollozos. A la vez que retiraba el cabello mojado de mi cara, sentí desaparecer las telarañas que cubrían mis perspectivas, me sentí segura, y supe exactamente lo que debía (quería e iba) a hacer.
Salí a toda prisa de la ducha, y mientras peinaba mi cabello, miraba mi cara en el espejo e imaginaba lo maravilloso que sería todo el tiempo que pasaríamos juntos, no importa cuanto fuera. Sonreía al recordar sus últimos besos y sus últimas caricias. Me llené de su cuerpo, de su olor y de sus abrazos, y entendí que sufriría más, privándome de algo por lo que me moría de ganas.
Mi reflejo y mis pensamientos, se vieron interrumpidos por su imagen, y sus manos que me rodeaban. Lo vi tan guapo, que dije:
-Rubio, te he dicho alguna vez, que en lo primero que me fijé cuanto te conocí, fue en tu cabello, y en lo sexy que te ves recien duchado?
-no...-girandome hacia ÉL.-y yo te he dicho alguna vez, que no me gusta que me dejes sólo en la cama, y que Te Quiero?
Paréntesis.
Antes de continuar, he creído oportuno aclarar, que el relato anterior, en ningún sentido, ha sido una justificación, porque si bien es cierto que, en mi cabeza se engrendraban muchas interrogantes, y en varias ocasiones, la situación no me resultaba muy cómoda, yo sabía perfectamente lo que había, a que me exponía, lo que ambos buscábamos, lo disfrutaba siempre que podía. Tambien conocía de antemano, el desenlace de la historia. Creo haber hablado de mi mala relación con el Destino.
Si, Amantes.
"El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece." Jacinto Benavente
Si, yo era su amante, en el mejor y más amplio sentido de la palabra. Él también era mi amante, a pesar de que no le gustaba utilizar ese término en nuestra relación, por la connotación despectiva, que muchos suelen darle.
Él, afirmaba que en todo caso, yo no estaba con el marido de nadie, pero estaba casado, casadísimo, y aunque alguien muy cercano, me insistió en lo mal llevado de ese matrimonio, en principio, no me había aclarado nada al respecto, yo tampoco le pregunté y preferí pensar que no era así, y que por el contrario, era un hombre enamorado,a quien la distancia lo había obligado a ser infiel.
No sé que tanto la quería, nunca hablamos de eso; pero si puedo asegurar que ella le hablaba mucho por teléfono, y que por sus respuestas iniciales, los temas eran siempre dinero, y algún problema con el niño. Siempre eché mano de mi discreción, y con cualquier excusa, lo dejaba terminar a solas sus conversaciones, por demás breves. Yo no quería que hiciera ningun esfuerzo, por aparentar frialdad, si estaba deseando decirle que la amaba.
Su esposa estaba lejos, a muchos kilómetros de distancia, demasiado como para que la afirmación "están separados" tuviera mucha validez, pero no se trataba sólo de geografía.
Ya he dicho que, mi amor era directamente proporcional al transcurrir del tiempo? si, como nos pasa a casi todos en los inicios. Era así, y con cada amanecer, yo me daba cuenta que sería muy dificil cumplir con los parámetros de duración e intensidad establecidos ( de manera absurda) por mí, al iniciar la relación.
Cuando no estábamos juntos(muy pocas oportunidades), yo me dedicaba a extrañarle, y entre líneas pensaba en el momento de la despedida. En esos momentos sentía que me quebraba en pedazos, y deseaba como una loca, tener el valor suficiente para echarlo de mi vida, para hacer que mi corazón entendiera las razones que mi cerebro procesaba; pero no, mis ganas de tenerlo conmigo todo el tiempo que fuera posible, aniquilaban la posibilidad de pedirle que me dejara.
Era dificil debatir conmigo misma algunos temas. Una mañana mientras lo observaba dormir, y me disponía a inundarlo de besos, me puse por enésima vez (al cuadrado) en el lugar de su esposa, y fue la primera vez que no pude controlar mis ganas de huir.
Sólo su amante.
A raíz de nuestra conversación, me sentía mucho más unida a Él, yo acababa de descubrir su lado tierno, y si bien es cierto que lo había notado “protector”, ahora me parecía que excedía sus cuidados. Muchas veces su cariño, me hizo sentir demasiado seca, demasiado fría, y poco a poco me daba la impresión que estaba frente a mi mejor amigo, porque nadie hasta ese momento conocía tanto de mi vida como Él.
Físicamente también nos unimos mucho, nuestras salidas se hicieron mucho más frecuentes, y nuestras conversaciones más extensas. Se puede decir que sólo nos separábamos para ir a trabajar y a dormir.
Aquí debería relatar lo maravilloso que fue, estar entre sus brazos y hacer el amor. Si, porque aunque yo quería acostarme y ya, tener infinidad de polvos exquisitos con Él, no puedo negar que me limité a hacer el amor, y lo que hasta entonces me parecía una quimera, se convirtió en una deliciosa realidad, porque mis cinco sentidos se colaron en la cama, y en cada probada yo sentía cosas muy distintas a las anteriores, en cada olor, en cada gesto, cada caricia y cada gemido, me decían que no estaba sola en la aventura y que Él estaba a mi lado, escalando el mismo pico, o cayendo por el mismo despeñadero. Y en lugar de saciar mis ganas de él, cada vez sentía más hambre de su cuerpo, tanto que a veces esa necesidad, superaba mi cordura.
Si tuviera que sintetizar, diría que me acosté excitada, y me levanté, además enamorada. Si me detengo analizarlo, no estoy exagerando en absoluto.
Después de eso, nuestras interminables charlas, se mudaron a la cama, junto con las risas, los grandes abrazos, los mantos de besos, y para que negarlo, también se acostaban de vez en cuando la incertidumbre, mirándome de soslayo, y las dudas, con su sonrisa irónica de siempre.
Porque yo me sentía feliz, estaba dispuesta a disfrutar cada instante, cada segundo y cada respiro de mi historia, pero no por eso podía olvidar, que después de todo, y a pesar de su extraña relación con su esposa, yo sólo era su amante.
Físicamente también nos unimos mucho, nuestras salidas se hicieron mucho más frecuentes, y nuestras conversaciones más extensas. Se puede decir que sólo nos separábamos para ir a trabajar y a dormir.
Aquí debería relatar lo maravilloso que fue, estar entre sus brazos y hacer el amor. Si, porque aunque yo quería acostarme y ya, tener infinidad de polvos exquisitos con Él, no puedo negar que me limité a hacer el amor, y lo que hasta entonces me parecía una quimera, se convirtió en una deliciosa realidad, porque mis cinco sentidos se colaron en la cama, y en cada probada yo sentía cosas muy distintas a las anteriores, en cada olor, en cada gesto, cada caricia y cada gemido, me decían que no estaba sola en la aventura y que Él estaba a mi lado, escalando el mismo pico, o cayendo por el mismo despeñadero. Y en lugar de saciar mis ganas de él, cada vez sentía más hambre de su cuerpo, tanto que a veces esa necesidad, superaba mi cordura.
Si tuviera que sintetizar, diría que me acosté excitada, y me levanté, además enamorada. Si me detengo analizarlo, no estoy exagerando en absoluto.
Después de eso, nuestras interminables charlas, se mudaron a la cama, junto con las risas, los grandes abrazos, los mantos de besos, y para que negarlo, también se acostaban de vez en cuando la incertidumbre, mirándome de soslayo, y las dudas, con su sonrisa irónica de siempre.
Porque yo me sentía feliz, estaba dispuesta a disfrutar cada instante, cada segundo y cada respiro de mi historia, pero no por eso podía olvidar, que después de todo, y a pesar de su extraña relación con su esposa, yo sólo era su amante.
Preludio de un Te Quiero.
Había pasado una semana desde que tomé la decisión de hablar con Él, necesitaba liberarme de ese peso, que entendiera que el rechazo involuntario de mi cuerpo, me acababa de declarar la guerra, y el tenía que saber por qué.
Y si, era una carga de la cual me quería librar, pero no me parecía justo echarla a sus espaldas, porque así como yo me debatía entre el deseo, y el temor a las respuestas de mi cuerpo, también evaluaba la situación, y dudaba entre darme la oportunidad o dejarla pasar. Quedamos en mi casa, ahi tendría lugar nuestra conversación. Una conversación que aseguró, había estado esperando.
¿He dicho que él tenía mucha habilidad para decir las cosas tal y como las pensaba?, bueno, eso era así, su postura diplomática solía durar poco. En ese momento imaginé que le gustaría oír las cosas con la misma claridad, y yo iba a hacerlo, después de todo no era tan larga la historia.
En la improvisada terraza, con vista a la bahía, hablé de mis miedos y de mis dudas, de mis experiencias, mi rabia, mis sentimientos, de mis decepciones, y hasta de mis desavenencias con la vida.
Ese fue el fin de su siempre saber que decir, y de sus labios, solo brotó, de forma apenas audible:
"lo siento, siento no tener nada correcto que decir”, seguido de un beso, apenas perceptible al tacto, pero que tocó todas mis fibras internas. Nuevamente me derretí en sus brazos, esta vez más suaves que nunca, y bajo la mirada de unos ojos que me presentaban un nuevo brillo.
Me sentía tan segura, tan protegida, que en un intento inexplicable de escaparme de su manto de besos, le solté mi filosofía (barata) y aprendida a las malas, y por supuesto, mi enemistad con el futuro. Por eso le pedí que nunca nos relacionara a ambos, al futuro y a mí. Y es que cuando has estado tanto tiempo tan cerca de morir, ya no le temes a la muerte, y los verbos conjugados en tiempos con mañanas, no te saben a nada.
Dos besos, y un dedo que recorrían mis facciones, fueron la antesala, a reconocer internamente que decir eso, había sido quizás, la tontería más grande de mi vida, y un:
-No me mires con esa cara, que la sangre no me fluirá a todos lados; el preludio del querer quedarme así, sintiendo mi piel y ni corazón, encendidos de deseo, con sus manos en mi cara, sus labios en los míos, por toda la eternidad.
Y si, era una carga de la cual me quería librar, pero no me parecía justo echarla a sus espaldas, porque así como yo me debatía entre el deseo, y el temor a las respuestas de mi cuerpo, también evaluaba la situación, y dudaba entre darme la oportunidad o dejarla pasar. Quedamos en mi casa, ahi tendría lugar nuestra conversación. Una conversación que aseguró, había estado esperando.
¿He dicho que él tenía mucha habilidad para decir las cosas tal y como las pensaba?, bueno, eso era así, su postura diplomática solía durar poco. En ese momento imaginé que le gustaría oír las cosas con la misma claridad, y yo iba a hacerlo, después de todo no era tan larga la historia.
En la improvisada terraza, con vista a la bahía, hablé de mis miedos y de mis dudas, de mis experiencias, mi rabia, mis sentimientos, de mis decepciones, y hasta de mis desavenencias con la vida.
Ese fue el fin de su siempre saber que decir, y de sus labios, solo brotó, de forma apenas audible:
"lo siento, siento no tener nada correcto que decir”, seguido de un beso, apenas perceptible al tacto, pero que tocó todas mis fibras internas. Nuevamente me derretí en sus brazos, esta vez más suaves que nunca, y bajo la mirada de unos ojos que me presentaban un nuevo brillo.
Me sentía tan segura, tan protegida, que en un intento inexplicable de escaparme de su manto de besos, le solté mi filosofía (barata) y aprendida a las malas, y por supuesto, mi enemistad con el futuro. Por eso le pedí que nunca nos relacionara a ambos, al futuro y a mí. Y es que cuando has estado tanto tiempo tan cerca de morir, ya no le temes a la muerte, y los verbos conjugados en tiempos con mañanas, no te saben a nada.
Dos besos, y un dedo que recorrían mis facciones, fueron la antesala, a reconocer internamente que decir eso, había sido quizás, la tontería más grande de mi vida, y un:
-No me mires con esa cara, que la sangre no me fluirá a todos lados; el preludio del querer quedarme así, sintiendo mi piel y ni corazón, encendidos de deseo, con sus manos en mi cara, sus labios en los míos, por toda la eternidad.
Espejos del alma.
Lo primero que aprendí acerca de Él, era que podía hablar con sus ojos. Esos ojos de color raro y tan expresivos, que me contaban, sin dejarme dudas, cuanto Él me deseaba, pero también me transmitían un gran ternura, en ellos muchas veces vi reflejado mi miedo. Quizás Él también aprendió muy rápido a leer los mios.
Si, yo tenía miedo, yo quería que sus manos acariciaran mi cuerpo, que liberaran cada fibra de deseo, y que su cuerpo hiciera arder todo mi ser, pero más que miedo, tenía pánico, un pánico que me paralizaba y me impedía corresponder a su líbido y a mis anhelos.
ÉL lo entendía, no preguntaba, acariciaba, callaba, conquistaba, protegía, abrazaba y besaba, me quitaba el frio, y poco a poco intentaba quitar cualquier escudo, intentaba leer en mis ojos, y en esos momentos, yo observaba esa ternura extraña, y nuevamente, la niña indefensa, quería fundirse con Él.
No se trataba sólo de miedo, y de que yo quería que mis cinco sentidos se involucraran en ese acto, que fuera una experiencia sublime, y sentir que todos mis sentimientos estaban envueltos en su mágia; No, no tenía nada que ver con amor, porque yo no lo sentía, ni quería nada adicional que su cuerpo.
El problema era más complicado, yo deseaba más que nada, que Él, un hombre que hasta el momento, me parecía muy especial, borrara de una vez por todas, las huellas que otro había dejado, otro que sin pedir permiso, traspasó las fronteras de mi cuerpo, invadiéndome del dolor más grande que hasta ese momento había sentido.
Dentro de mi, el tenía esa misión; pero era dificil llevarla a cabo, si no lo sabía, por eso antes de continuar decidí contarle toda esa verdad, aunque con ello dejara al descubierto, toda mi vulnerabilidad y mi tristeza.
Si, yo tenía miedo, yo quería que sus manos acariciaran mi cuerpo, que liberaran cada fibra de deseo, y que su cuerpo hiciera arder todo mi ser, pero más que miedo, tenía pánico, un pánico que me paralizaba y me impedía corresponder a su líbido y a mis anhelos.
ÉL lo entendía, no preguntaba, acariciaba, callaba, conquistaba, protegía, abrazaba y besaba, me quitaba el frio, y poco a poco intentaba quitar cualquier escudo, intentaba leer en mis ojos, y en esos momentos, yo observaba esa ternura extraña, y nuevamente, la niña indefensa, quería fundirse con Él.
No se trataba sólo de miedo, y de que yo quería que mis cinco sentidos se involucraran en ese acto, que fuera una experiencia sublime, y sentir que todos mis sentimientos estaban envueltos en su mágia; No, no tenía nada que ver con amor, porque yo no lo sentía, ni quería nada adicional que su cuerpo.
El problema era más complicado, yo deseaba más que nada, que Él, un hombre que hasta el momento, me parecía muy especial, borrara de una vez por todas, las huellas que otro había dejado, otro que sin pedir permiso, traspasó las fronteras de mi cuerpo, invadiéndome del dolor más grande que hasta ese momento había sentido.
Dentro de mi, el tenía esa misión; pero era dificil llevarla a cabo, si no lo sabía, por eso antes de continuar decidí contarle toda esa verdad, aunque con ello dejara al descubierto, toda mi vulnerabilidad y mi tristeza.
Después.
A pesar de mi postura segura, mis pasos firmes, mis muchos amigos y estar consciente de mi atractivo con el sexo opuesto, yo me sentía emocionalmente como una pluma al viento. Nunca lo comentaba con nadie, pero llevaba años sintiéndole sola; pasaba horas enteras recordando alguna experiencia que me atormentaba, y jugando ajedrez con la incertidumbre, mientras el miedo me daba todo su apoyo, y me indicaba que pieza mover.
Debajo de todo un alarde de independencia, yo era sólo una marioneta a quien la vida hacía mover los pies, y de quien el destino parecía burlarse, pero cuando quise llorar y gritar, decir que no aguantaba y abandonarlo todo, mis ojos se encontraron con los suyos.
Después de la primera cita, seguimos saliendo, y poco a poco, tuve a quien recurrir en mis momentos de tormento, quien escuchara y no juzgara, quien aconsejar y no presionara, quien acariciara mi pelo, mientras sus palabras sanaban mi alma.
Probablemente lo más osado que hice hasta ese momento, fue iniciar una relación con él. Lo más tonto, fijarme un tiempo de duración, y creer que de verdad podría sacarlo de mi vida, con sólo desearlo.
Hasta que probé el confort de sus brazos y sus besos, de di cuenta de lo espantoso que era no tenerlo cerca.
Tuve una niñez feliz, la cual recuerdo cada vez que siento que los problemas me superan, eso me hace no pensar en ellos. Mis padres me hicieron adicta a sus abrazos, y ahora eran los de él, los que me consolaban, protegían, y a la vez me encendían.
Debajo de todo un alarde de independencia, yo era sólo una marioneta a quien la vida hacía mover los pies, y de quien el destino parecía burlarse, pero cuando quise llorar y gritar, decir que no aguantaba y abandonarlo todo, mis ojos se encontraron con los suyos.
Después de la primera cita, seguimos saliendo, y poco a poco, tuve a quien recurrir en mis momentos de tormento, quien escuchara y no juzgara, quien aconsejar y no presionara, quien acariciara mi pelo, mientras sus palabras sanaban mi alma.
Probablemente lo más osado que hice hasta ese momento, fue iniciar una relación con él. Lo más tonto, fijarme un tiempo de duración, y creer que de verdad podría sacarlo de mi vida, con sólo desearlo.
Hasta que probé el confort de sus brazos y sus besos, de di cuenta de lo espantoso que era no tenerlo cerca.
Tuve una niñez feliz, la cual recuerdo cada vez que siento que los problemas me superan, eso me hace no pensar en ellos. Mis padres me hicieron adicta a sus abrazos, y ahora eran los de él, los que me consolaban, protegían, y a la vez me encendían.
La Cita.
Transcurrieron cuatro días, después de aquel encuentro. En ese intervalo recibí dos llamadas de su parte; A pesar de lo complicada de mi semana, acepté la invitación a “tomar una copa”. Debo aclarar que, en nuestros lugares de procedencia, esta frase, tiene distintas connotaciones; digamos que para mí es literalmente, eso: tomar una copa.
Yo acababa de descubrir las diferencias entre una mujer que “está buena” y sexy, y una que sólo “está buena”, yo siempre había sido sexy, y aunque pueda sonar exageradamente presuntuoso de mi parte, me sentía con mucha ventaja sobre las chicas buenísimas de su entorno, las chicas con las que Ël acostumbraba salir, pero no se por qué extraña razón, desistí de la idea de llevar cualquier ropa, que se pudiera ver como una declaración de guerra. Muchas veces llegué a la conclusión de que no me interesaba, que era uno más de mis caprichos, conquistarlo, cenar una vez o dos y desahogar mi estrés semanal, con una buena charla.
Me invitó a un sitio demasiado “pijo” para mi gusto; quise protestar, pero decidí darle ventajas. Más adelante me enteré que había escogido el lugar, no porque le gustara, sino porque imaginó que sería mi estilo. Lo cierto es que ahí estaba él, con sus ojos de color raro, sus manos delicadas, que no paraban de gesticular, y su cabello. Creo que nunca le dije a nadie que físicamente, fue en lo primero que me fijé. Ahí estaba yo, con mis rizos rojos, mi vaquero desgastado, escote y chaqueta. El no paraba de hablar y mirarme, yo no paraba de oír y desearle.
Mi reto de conquista y su juego de seducción, sin nuestro consentimiento se hicieron socios y decidieron esperar; no nos iríamos juntos a la cama esa noche, ni yo le saltaría encima, no me besaría con desespero, para arrancarme las ropas en el portal, ni yo apretaría su cuerpo contra el mío, para indagar que sentía; no buscaría la manera de rozar mis pechos de manera discreta, ni yo tendría que fingir que no lo noto.
Esa noche, Él dormiría en su casa y yo a la mía. El con sus ganas, yo con un deseo que por instantes me confundía.
Yo acababa de descubrir las diferencias entre una mujer que “está buena” y sexy, y una que sólo “está buena”, yo siempre había sido sexy, y aunque pueda sonar exageradamente presuntuoso de mi parte, me sentía con mucha ventaja sobre las chicas buenísimas de su entorno, las chicas con las que Ël acostumbraba salir, pero no se por qué extraña razón, desistí de la idea de llevar cualquier ropa, que se pudiera ver como una declaración de guerra. Muchas veces llegué a la conclusión de que no me interesaba, que era uno más de mis caprichos, conquistarlo, cenar una vez o dos y desahogar mi estrés semanal, con una buena charla.
Me invitó a un sitio demasiado “pijo” para mi gusto; quise protestar, pero decidí darle ventajas. Más adelante me enteré que había escogido el lugar, no porque le gustara, sino porque imaginó que sería mi estilo. Lo cierto es que ahí estaba él, con sus ojos de color raro, sus manos delicadas, que no paraban de gesticular, y su cabello. Creo que nunca le dije a nadie que físicamente, fue en lo primero que me fijé. Ahí estaba yo, con mis rizos rojos, mi vaquero desgastado, escote y chaqueta. El no paraba de hablar y mirarme, yo no paraba de oír y desearle.
Mi reto de conquista y su juego de seducción, sin nuestro consentimiento se hicieron socios y decidieron esperar; no nos iríamos juntos a la cama esa noche, ni yo le saltaría encima, no me besaría con desespero, para arrancarme las ropas en el portal, ni yo apretaría su cuerpo contra el mío, para indagar que sentía; no buscaría la manera de rozar mis pechos de manera discreta, ni yo tendría que fingir que no lo noto.
Esa noche, Él dormiría en su casa y yo a la mía. El con sus ganas, yo con un deseo que por instantes me confundía.
El Principio.
Aunque mis ganas de conocer a Él, eran producto de la curiosidad, nunca me atreví a comentarlo con nadie. Contrariamente. mi actitud denotaba mucha indiferencia, notando que esta, era proporcional a mis deseos.
Nos vimos por primera vez, en casa de Enrique, donde yo había estado en varias oportunidades. Yo también sabía que Él vivía en la misma urbanización, pero nunca desee encontrarlo ahí, y menos ese día. Yo imaginaba una escenografía distinta, y mi atuendo no era precisamente el apropiado para hacerlo notar de golpe, mi intriga y mis deseos.
Enrique, dos amigas y yo, quedamos para sesión grupal de cocina y comida. El llamó cerca de las una de la tarde, escuché perfectamente como Enrique le describía la reunión y la compañía, mientras aparentemente el se negaba a asistir. Cerca de una hora después se presentó. El motivo de la visita, un sacacorchos y la excusa, estar recién mudado; yo sólo observé que estaba recién duchado. Ante la nada disimulada insistencia del anfitrión, accedió a quedarse, aunque después me confesó que, la comida no era de su total agrado, no porque estuviera mala, sino por su poco gusto por el arroz.
Poco después mi atención era manipulada por su conversación, mis risas por sus anécdotas, mi rubor por sus halagos, mis movimientos por su mirada. Sin darme cuenta había puesto de lado el deseo, y en su lugar estaba el constante pensamiento de algunas semejanzas y otras diferencias, de unos ojos de color indefinido que me recorrían, a la vez que unas manos que gesticulaban, se mantenían lejos y quitaban importancia a alguna insinuación de terceros.
Así, nos conocimos, y una invitación abierta, fue la despedida, el fin de la intriga y el comienzo de la historia.
Nos vimos por primera vez, en casa de Enrique, donde yo había estado en varias oportunidades. Yo también sabía que Él vivía en la misma urbanización, pero nunca desee encontrarlo ahí, y menos ese día. Yo imaginaba una escenografía distinta, y mi atuendo no era precisamente el apropiado para hacerlo notar de golpe, mi intriga y mis deseos.
Enrique, dos amigas y yo, quedamos para sesión grupal de cocina y comida. El llamó cerca de las una de la tarde, escuché perfectamente como Enrique le describía la reunión y la compañía, mientras aparentemente el se negaba a asistir. Cerca de una hora después se presentó. El motivo de la visita, un sacacorchos y la excusa, estar recién mudado; yo sólo observé que estaba recién duchado. Ante la nada disimulada insistencia del anfitrión, accedió a quedarse, aunque después me confesó que, la comida no era de su total agrado, no porque estuviera mala, sino por su poco gusto por el arroz.
Poco después mi atención era manipulada por su conversación, mis risas por sus anécdotas, mi rubor por sus halagos, mis movimientos por su mirada. Sin darme cuenta había puesto de lado el deseo, y en su lugar estaba el constante pensamiento de algunas semejanzas y otras diferencias, de unos ojos de color indefinido que me recorrían, a la vez que unas manos que gesticulaban, se mantenían lejos y quitaban importancia a alguna insinuación de terceros.
Así, nos conocimos, y una invitación abierta, fue la despedida, el fin de la intriga y el comienzo de la historia.
Querer conocerle.
No puedo asegurar, en que estaba pensando yo entonces, pero cada vez que lo recuerdo, no puedo evitar pensar que, antes de conocerle, yo quería acostarme con él. Si, aunque nunca se lo he dicho a nadie, es la verdad.
Le conocía por puras referencias de sus amigos, de oir hablar de sus virtudes y de defectos, no pensaba de ninguna manera en él, como alguien con quien salir, porque estaba claro que perteneciamos a mundos diferentes, y no hablo de clases sociales, pero si de intereses y convicciones.
Si bien es cierto que quería conocerle, nunca me detuve a imaginar su aspecto físico, ni pregunté nada acerca de él. No me interesaba, pero un mes después de oir a mis amigas desvivirse en halagos y comentar su éxito con las mujeres, acabé por sentir curiosidad
No se si desee ser una más de esas chicas, que sucumbían a sus encantos, o si vi como un reto que Él, no se resistiera a los míos; involuntariamente comencé a imaginarme el sexo con Él, pero de una manera extraña, porque eran escenas sueltas que no me conducían a nada.
Cuento más lo pienso, más dificil me resulta creer que el pudiera despertar esos sentimientos, aún sin conocerle, y que en el fondo, pudiera estar dispuesta a ser una más, sólo por curiosidad.
Toda mi película ocurría en su casa.Una casa que no conocía, y donde más adelante me quedé de piedra, al ver que su estructura, era como la imaginaba; así como mis ganas de irme a la cama con Él, pero aún así, le dejé ejecutar su rutina de seducción.
Le conocía por puras referencias de sus amigos, de oir hablar de sus virtudes y de defectos, no pensaba de ninguna manera en él, como alguien con quien salir, porque estaba claro que perteneciamos a mundos diferentes, y no hablo de clases sociales, pero si de intereses y convicciones.
Si bien es cierto que quería conocerle, nunca me detuve a imaginar su aspecto físico, ni pregunté nada acerca de él. No me interesaba, pero un mes después de oir a mis amigas desvivirse en halagos y comentar su éxito con las mujeres, acabé por sentir curiosidad
No se si desee ser una más de esas chicas, que sucumbían a sus encantos, o si vi como un reto que Él, no se resistiera a los míos; involuntariamente comencé a imaginarme el sexo con Él, pero de una manera extraña, porque eran escenas sueltas que no me conducían a nada.
Cuento más lo pienso, más dificil me resulta creer que el pudiera despertar esos sentimientos, aún sin conocerle, y que en el fondo, pudiera estar dispuesta a ser una más, sólo por curiosidad.
Toda mi película ocurría en su casa.Una casa que no conocía, y donde más adelante me quedé de piedra, al ver que su estructura, era como la imaginaba; así como mis ganas de irme a la cama con Él, pero aún así, le dejé ejecutar su rutina de seducción.
Él y yo.
Es preciso que antes de continuar aclare que Él, no era no era lo que se puede decir mi tipo de hombre, en ningún aspecto, y que en ningún momento imaginé que lo nuestro podía pasar de una relación de dos o tres salidas de copas y algo más; y ahora que lo pienso, no se como pudimos involucrarnos tanto, después de la primera salida y de darnos cuenta de lo poco que teníamos en común y la manera tan distinta de ver las cosas. Él siempre al punto, yo a la fantasía y sin embargo llegamos a enamorarnos, a pesar de mi negativa a aceptarlo.
Él era uno de estos tipos, que de una u otra forma, siempre acaban por salirse con la suya, pero yo estaba convencida de que conmigo no le servirían ninguno de sus argumentos, y que podría manejar la situación.
En realidad, y a pesar de que el tiempo iba pasando yo nunca visualicé un futuro con Él. Ambos estábamos lejos de casa y quizás en el fondo estaba convencida que de algún modo, cada uno era la tabla de salvación del otro; yo mitigaba mi soledad, y Él engañaba un poco a la nostalgia.
Se puede decir que no fue tan fácil, ni tan rápido, pero repentinamente me vi extrañando su presencia, en los cada vez más escasos momentos en los que debíamos separarnos. Cuando estábamos juntos, me llenaba de una sensación extraña, distinta a todas las anteriores. No era sólo amor, era deseo, debilidad, necesidad, alegría, seguridad, sin importar si hablamos de política, discutíamos una biografía o hacíamos el amor.
Y no puedo negar que, siempre me trató muy bien, y dejaba ver su necesidad de amarme y protegerme, y yo quería complacerlo, me dejaba mimar y amar. Quería ser la mujer perfecta para Él, y en cierta forma, creo que lo logré, durante mucho tiempo, y mientras tanto, aprendí a conocer cada una de sus aristas y notaba los cambios que iba sufriendo su conducta. Cambios a los cuales hacía referencia, diciendo que se debían a mi presencia y a su empeño de hacerme feliz.
Si, se puede decir que se convirtió en una relación ideal, durante todos esos años; podíamos ser socios, amigos, compañeros de tertulias o amantes. Pero luego entendí que nos amábamos de manera diferente.
Él era uno de estos tipos, que de una u otra forma, siempre acaban por salirse con la suya, pero yo estaba convencida de que conmigo no le servirían ninguno de sus argumentos, y que podría manejar la situación.
En realidad, y a pesar de que el tiempo iba pasando yo nunca visualicé un futuro con Él. Ambos estábamos lejos de casa y quizás en el fondo estaba convencida que de algún modo, cada uno era la tabla de salvación del otro; yo mitigaba mi soledad, y Él engañaba un poco a la nostalgia.
Se puede decir que no fue tan fácil, ni tan rápido, pero repentinamente me vi extrañando su presencia, en los cada vez más escasos momentos en los que debíamos separarnos. Cuando estábamos juntos, me llenaba de una sensación extraña, distinta a todas las anteriores. No era sólo amor, era deseo, debilidad, necesidad, alegría, seguridad, sin importar si hablamos de política, discutíamos una biografía o hacíamos el amor.
Y no puedo negar que, siempre me trató muy bien, y dejaba ver su necesidad de amarme y protegerme, y yo quería complacerlo, me dejaba mimar y amar. Quería ser la mujer perfecta para Él, y en cierta forma, creo que lo logré, durante mucho tiempo, y mientras tanto, aprendí a conocer cada una de sus aristas y notaba los cambios que iba sufriendo su conducta. Cambios a los cuales hacía referencia, diciendo que se debían a mi presencia y a su empeño de hacerme feliz.
Si, se puede decir que se convirtió en una relación ideal, durante todos esos años; podíamos ser socios, amigos, compañeros de tertulias o amantes. Pero luego entendí que nos amábamos de manera diferente.
El Final
Aqui estoy estoy nuevamemente, como si no ha transcurrido el tiempo y ha sido ayer cuando respirara este mismo aire. Miro la misma calle, me lleno de ella, me deleito con sus sonido, con sus colores, con su olor y hasta parece mentira, pero siento que estoy rodeada de las mismas caras. Parece que todo sigue igual, hasta yo me veo igual, pero siento que soy la única que ha cambiado. La ultima vez que estuve aqui, sentía muchos deseos de salir corriendo, hoy no, hoy espero disfrutar cada milimetro y cada segundo. Hoy he ordenado la misma bebida y esta vez me ha compensado refrescándome y relajandome la espera.
Loli está por llegar, puede decirse que estoy ansiosa, no la quiero conocer, creo que ya lo he hecho, quizás mejor que mucha gente, y más de lo que esperamos cualquiera de las dos. Creo que ella es la unica que conoce casi todos los vericuetos de esta historia. Una historia de la cual, este es el final, aunque esté al principio, lo escribo a mano, en una hoja cualquiera, ahora y aquí. No podía ser de otra forma, siempre desee terminar todo donde había empezado; No hablo de la parte feliz, hablo del dolor, del inicio del cambio forzado, del descubrir cosas para las cuales no estaba preparada, el darme cuenta que algunos crecemos de golpe y otros sin prisa.
Pronto podré juntar este capítulo con el resto, y ella podrá leerlo, podrá entender el por qué de tantas cosas, y yo podré leerla de un tirón, como nunca lo he hecho.
Estos relatos sueltos, a partir de hoy tomarán la forma de una historia, seguirán un orden, tendrán la calma necesaria para que sus palabras no atropellen, sino que lleven consigo mi esencia. La esencia de mi historia.
Loli está por llegar, puede decirse que estoy ansiosa, no la quiero conocer, creo que ya lo he hecho, quizás mejor que mucha gente, y más de lo que esperamos cualquiera de las dos. Creo que ella es la unica que conoce casi todos los vericuetos de esta historia. Una historia de la cual, este es el final, aunque esté al principio, lo escribo a mano, en una hoja cualquiera, ahora y aquí. No podía ser de otra forma, siempre desee terminar todo donde había empezado; No hablo de la parte feliz, hablo del dolor, del inicio del cambio forzado, del descubrir cosas para las cuales no estaba preparada, el darme cuenta que algunos crecemos de golpe y otros sin prisa.
Pronto podré juntar este capítulo con el resto, y ella podrá leerlo, podrá entender el por qué de tantas cosas, y yo podré leerla de un tirón, como nunca lo he hecho.
Estos relatos sueltos, a partir de hoy tomarán la forma de una historia, seguirán un orden, tendrán la calma necesaria para que sus palabras no atropellen, sino que lleven consigo mi esencia. La esencia de mi historia.
Dedicatoria
A quien quiera oir, aquello que he sido incapaz de decir.
A quien sea capaz de entender cada uno de los verbos que conforman mi historia.
A quien sea capaz de reirse, mientras conjugo mis lagrimas en presente perfecto.
A quien sea capaz de entender cada uno de los verbos que conforman mi historia.
A quien sea capaz de reirse, mientras conjugo mis lagrimas en presente perfecto.