La primera vez de Carles
por Zira
Hola, mi nombre es Carles y voy a contaros cómo fue mi primera vez.
Tenía yo 15 años y, hasta entonces, nunca había salido con ninguna chica. Siendo un tío del montón tirando a feo, mis esperanzas de que alguna chica se fijase en mí eran escasas, bueno, más bien, nulas.
Todo cambió una tarde en la que volvía de la biblioteca a casa. Ya estaba anocheciendo y la mayor parte de los comercios tenían las luces encendidas. Pese a ser aún noviembre, algunas tiendas tenían instaladas las luces de Navidad, entre ellas, la de la esquina de mi casa, que exhibía un flamante tren eléctrico que daba vueltas por un paisaje nevado. Levanté la vista para admirar la maqueta y, entonces, a través del cristal, pude sentir cómo unos ojos se clavaban en mí. Una chica rubia -bueno, en realidad era ya una mujer-, me miraba fijamente desde dentro de la tienda. Aparté la vista con cierto rubor y, cuando volví a levantarla, allí seguía ella, junto al mostrador, mirándome con una media sonrisa. Aquella noche, no pude dejar de pensar en ella, ni la siguiente, ni la otra. Hice averiguaciones y, pronto descubrí que se llamaba Marta y que tenía poco más de 25 años.
El destino quiso que, la semana siguiente a que Marta entrase en mi vida, mis padres decidieran ir a pasar un par de días fuera de casa. Cuando me dijeron adiós con la maleta en mano, supe que era mi oportunidad. Me armé de valor y decidí llevar a Marta a casa de mis padres. Durante el camino de vuelta, trataba de disimular la excitación más que evidente que ella me producía. Aunque caminábamos en silencio, creo que ambos sabíamos perfectamente lo que iba a ocurrir.
Al llegar a casa, la conduje directamente a mi habitación y prácticamente la lancé sobre mi cama. Entonces, me sorprendí a mí mismo bajándome los pantalones y deshaciéndome de mi ropa interior. Marta me miraba con ojos de deseo desde la cama, expectante. Entonces noté un fuerte calor que me invadía todo el cuerpo. Un escalofrío recorrió mi espalda. "¡Oh, Marta!" dejé escapar como respuesta a una caricia. Cada uno de mis deseos era cumplido sin que tuviera que revelarlo. Sentía mucho calor. El miembro erecto sentía la mano que lo friccionaba, agitaba y hacía que me convulsionase de placer. "¡Sí, así, sigue!". Marta me sonreía y la mano cada vez se movía con más fuerza. Yo quería parar; no, quería seguir; no, parar; seguir, ¡por Dios! ¡seguir!. El calor y el placer cada vez eran mayores. De repente, ya no estaba en la habitación con Marta. Estaba volando entre nubes, no, estaba tumbado al sol en la playa, no, ahora era parte de una luz blanca, era todo, no era nada. Todo mi cuerpo tembló y, con un gemido volví a ser yo, en mi habitación, tendido sobre el cuerpo semidesnudo de Marta.
Hubo muchas veces más en las que Marta estuvo sobre mi cama. Después, vinieron muchas más: altas, delgadas, morenas, pelirrojas... Pero a ninguna la recordaré con al misma dulzura que a ella, Marta Sánchez, la protagonista de mi primer orgasmo.
Zira para
Hola, mi nombre es Carles y voy a contaros cómo fue mi primera vez.
Tenía yo 15 años y, hasta entonces, nunca había salido con ninguna chica. Siendo un tío del montón tirando a feo, mis esperanzas de que alguna chica se fijase en mí eran escasas, bueno, más bien, nulas.
Todo cambió una tarde en la que volvía de la biblioteca a casa. Ya estaba anocheciendo y la mayor parte de los comercios tenían las luces encendidas. Pese a ser aún noviembre, algunas tiendas tenían instaladas las luces de Navidad, entre ellas, la de la esquina de mi casa, que exhibía un flamante tren eléctrico que daba vueltas por un paisaje nevado. Levanté la vista para admirar la maqueta y, entonces, a través del cristal, pude sentir cómo unos ojos se clavaban en mí. Una chica rubia -bueno, en realidad era ya una mujer-, me miraba fijamente desde dentro de la tienda. Aparté la vista con cierto rubor y, cuando volví a levantarla, allí seguía ella, junto al mostrador, mirándome con una media sonrisa. Aquella noche, no pude dejar de pensar en ella, ni la siguiente, ni la otra. Hice averiguaciones y, pronto descubrí que se llamaba Marta y que tenía poco más de 25 años.
El destino quiso que, la semana siguiente a que Marta entrase en mi vida, mis padres decidieran ir a pasar un par de días fuera de casa. Cuando me dijeron adiós con la maleta en mano, supe que era mi oportunidad. Me armé de valor y decidí llevar a Marta a casa de mis padres. Durante el camino de vuelta, trataba de disimular la excitación más que evidente que ella me producía. Aunque caminábamos en silencio, creo que ambos sabíamos perfectamente lo que iba a ocurrir.
Al llegar a casa, la conduje directamente a mi habitación y prácticamente la lancé sobre mi cama. Entonces, me sorprendí a mí mismo bajándome los pantalones y deshaciéndome de mi ropa interior. Marta me miraba con ojos de deseo desde la cama, expectante. Entonces noté un fuerte calor que me invadía todo el cuerpo. Un escalofrío recorrió mi espalda. "¡Oh, Marta!" dejé escapar como respuesta a una caricia. Cada uno de mis deseos era cumplido sin que tuviera que revelarlo. Sentía mucho calor. El miembro erecto sentía la mano que lo friccionaba, agitaba y hacía que me convulsionase de placer. "¡Sí, así, sigue!". Marta me sonreía y la mano cada vez se movía con más fuerza. Yo quería parar; no, quería seguir; no, parar; seguir, ¡por Dios! ¡seguir!. El calor y el placer cada vez eran mayores. De repente, ya no estaba en la habitación con Marta. Estaba volando entre nubes, no, estaba tumbado al sol en la playa, no, ahora era parte de una luz blanca, era todo, no era nada. Todo mi cuerpo tembló y, con un gemido volví a ser yo, en mi habitación, tendido sobre el cuerpo semidesnudo de Marta.
Hubo muchas veces más en las que Marta estuvo sobre mi cama. Después, vinieron muchas más: altas, delgadas, morenas, pelirrojas... Pero a ninguna la recordaré con al misma dulzura que a ella, Marta Sánchez, la protagonista de mi primer orgasmo.
Zira para
Comentario:
¡Bienvenida Zira!
Gracias por tu fantástico relato digno esa Biblia teen llamada “Nuevo Vale” y por homenajear como se merece a la señorita Marta Sánchez, que aunque sus discos no sean número #1, en cuestión de venta de revistas guarris no hay quién le gane.
Gracias por tu fantástico relato digno esa Biblia teen llamada “Nuevo Vale” y por homenajear como se merece a la señorita Marta Sánchez, que aunque sus discos no sean número #1, en cuestión de venta de revistas guarris no hay quién le gane.