Lunes Santo. 20:15. Falta más de una hora para que la procesión del Nazareno entre en Las Cortes y la gente ya se amontona en la calle. Afortunadamente, la rafaltskög y yo hemos venido pronto y conseguimos hacernos con un sitio privilegiado junto al Club Edén y frente al Moulin Rouge bilbaíno, aunque aquí no veremos a Nicole Kidman. Estamos en el centro de la villa, en pleno barrio chino. Una mujer experta en procesiones nos verifica que hemos elegido un buen sitio. "Hay que estar aquí, que es donde está el espectáculo. Si no, ¿para qué se viene?". Desde un balcón preparadísimo con equipo de sonido y altavoces se escuchan las pruebas de micrófono. "Probando, probando, aaaaaaaiiiiiiiaaaa".
La gente empieza a impacientarse y llegan las primeras broncas. "Oiga, oiga, haga el favor de ponerse detrás, que llevamos una hora esperando". Nadie se inmuta. "¡300€ el balcón!" ofrece desde lo alto una veterana de la profesión más antigua del mundo. "¡Qué guapa estás!", le contestan desde abajo. Una vecina del barrio se desmaya y cae redonda al suelo. "¿Está embarazada?", pregunta alguien pese a que hace más de dos décadas que pasó la menopausia. Una enfermera espontánea surge de la multitud y le pone las piernas en alto. "¡Llamen a una ambulancia!", grita mientras le coloca una chaqueta a modo de almohada. Como la asistencia médica tarda en llegar, deciden resguardar a la mujer desmayada en el puticlub Marylin. Su amiga comenta que estos desmayos le suelen ocurrir a menudo, "Incluso, una vez, se tuvo que suspender un juicio que tenía porque no pudo declarar".
Aprovechando la confusión, algunos se dedican a apropiarse de los mejores sitios y la tensión crece con nuevos enfrentamientos. De pronto, la multitud empieza a dar empujones para dejar paso a la ambulancia que por fin ha conseguido entrar en las estrechas calles. La señora desmayada ha recuperado el sentido y puede salir del Marilyn por su propio pie, pero aún así es evacuada por el personal sanitario. Tendrá que esperar al año que viene para ver la procesión.
Dos chicas que acaban de llegar le echan morro y se ponen en primera fila. Sorprendentemente, nadie les dice nada. En cambio, un freak del vecindario se pone a ligar con ellas y a explicarles las virtudes de su teléfono móvil. Es el precio que hay que pagar por colarse.
Los tambores comienzan a retumbar en las destartaladas fachadas y las primera cofradías hacen su aparición. La expectación crece. Una devota fiel que aguarda junto a nosotros compra una sencilla estampita por el módico precio de 15€. Ha anochecido y hace un frío que pela. Llega el primer paso: Nuestra Señora de Ramos y del Rosario. Un silencio sepulcral inunda la calle cuando la comitiva se detiene. Como un quejido, una saeta con voz masculina rompe la quietud a través de los altavoces. La gente contiene la respiración. Termina el canto y la multitud aplaude entusiasmada. Otra saeta. Esta vez a cargo de una fulana y con bastante más sentimiento. "¡No se oye!", grita alguien. Es que ella no tiene equipo de sonido.
La procesión continúa y van llegando más cofradías. Una desganada espectadora contesta aburrida las preguntas de un reportero de televisión. Por fin se acerca el momento que todos esperamos desde hace casi dos horas. Nuestro Padre Jesús Nazareno, la estrella de la función, irrumpe en escena. Su melena de pelo natural a lo Diana Ross impresiona. Por algo se le conoce popularmente como el "Cristo de los pelos". Una mujer, probablemente otra trabajadora del barrio, deposita un enorme ramo de flores a los pies del Nazareno y reza una oración. Una vez más, la procesión se detiene frente a los puticlubs. "Míralooooooo, por ahí vieneeeeeeee", le cantan desde los balcones en plan Sara Montiel. No se escucha ni un murmullo, sólo el sonido de las cámaras de los fotógrafos. Cuando la saetas se apagan, la procesión reanuda su marcha y va llegando a su fin. La gente comienza a marcharse rápidamente. Nadie quiere permanecer ni un segundo más en el barrio. Poco a poco las persianas van levantándose y todo regresa a la "normalidad". Las Cortes despiertan como si no hubiese pasado nada, preparándose para una noche más.









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MM: Pues sin ir más lejos lo dijo la Rafaltskög y luego es la que no se pierde ni una procesión. Todo pose, vamos.
Rafaltskög: Cielo, relájate un poquito, que para rural y provinciana ya está Luis Power. ¿Qué tal de carabina? A mí me toca el próximo finde, ya me darás algún truquito para sobrellevarlo bien.
Caspolina: No, las bragas, no… Hay que ver que ordinarios que son tus hijos. Tú buena suerte ha funcionado y mucho. Besitos gordos.
Johnny: Vas a pensar que soy tu groupie o algo así y que te sigo por toda la península, jiji. Ya sé que es volver a decir lo mismo, pero enhorabuena por la web. Sois de lo mejorcito. Nos vemos por ahí.
Trufa: Y si juntas Barrio Chino + Semana Santa la fórmula es explosiva!!!
Farma: Ay, ¡qué ilusión tu mensaje! Me alegro que te haya gustado. Y esto no es nada, deberías oírme contar mis experiencias sexuales...
Los barrios chinos tienen su encanto y es lo que pasa, al final todo se van y se quedan las mejores ;D
Un beso, pasadme vuestro mail.
¿ Kien dijo ke las procesiones no son divertidas?
Oma: Pues eso, anímese al año que viene, que teniéndola tan cerquita de casa lo tiene muy fácil. Desde luego que no le va a dejar indiferente.
Neonrosa: Y además cada vez se animan menos putas a cantar. Una pena.
Chocoadicta: En España, vivas donde vivas, no hay escapatoria posible de las procesiones. Y usted ¿dónde se encuentra? Me ha dejado intrigado. Páselo genial también.
A estas alturas debe estar poblada de procesiones toda la geografía española y yo por aquí con intención de perderme por campiñas este fin de semana... aysss, hasta me entra nostalgia.
Mil besos y que lo paséis bien estos días de vacaciones :)