“Burrocracia pura y dura”…
Hoy es mi día libre. La temperatura es alta y hay mucha humedad. Estaría mejor en casa con una cervecita de “kirin” y el aire acondicionado. Pero hay que salir. Las calles, a pesar de ser una hora cercana al mediodía siguen con las bolsas de basura a la intemperie. Gatos y cuervos se disputan el sustento diario. Graznidos y maullidos los delatan. Me dirijo a la Oficina de Inmigración. Mi visado caduca el próximo mes y tengo que recoger los formularios para poder renovarlo. Su vigencia es por tres años. Todavia no entiendo porqué tengo que renovar mi visado cada tres años si tengo un documento japonés, el “gaijintoroku”, documento oficial de los extranjeros, que me permite vivir durante 5 años sin problema. Que se renueven los dos al mismo tiempo. O cuando se acabe uno también acabe el otro. Pero no. Una cosa es el Ayuntamiento y su “gaijintoroku” y otra es inmigración y su visado. Si preguntas en uno dicen que vayas a preguntar al otro y viceversa. La culpa no es de nadie. Mejor dejarlo como está. Si,… pero pagando las tasas correspondientes. Paso de hacer cola, tengo el número 132 – y hay 28 esperando por delante de mi -. Recojo los papeles y el próximo mes nos veremos las caras. Hoy no tengo ganas de discutir ni de esperar.
Voy al ayuntamiento y tengo el numero 955. Joder, desesperante. Me siento tranquilamente, debajo de una salida de aire acondicionado y que sea cuando Buda quiera. Aparece gente de todo tipo y especie. Tres Filipinas. ¿Trabajo?... “sus labores”. Sus labores “profesionales”, para que vamos a engañarnos,“artistas del sexo”. Otra pareja de japoneses de edad madura. Ambos con camisa “hawaiana” y pantalón blanco impoluto. “Welcome to Hawaii” dicen sus atuendos entre dibujos de palmeras y chicas en pareo con collar al cuello. Ambos impecables… pero la señora lleva los zapatos rotos por todos los lados. En España decimos que una persona es elegante si lleva unos zapatos elegantes. Aquí no. Los zapatos son aparte. Lo que cuenta es el traje.
Llega una japa, cincuentona, típica mujer “seto”. Barriga, tetas caidas y culo abundante. Con vestimenta de seda, transparente e insinuante. Viene junto con su madre, de columna vertebral horizontal e inconfesables años. Vestida de morado y oro. Como “Jesulín de Ubrique” en sus buenos tiempos. Son de las mías. No guardan cola y se meten por todos los lados, sin respetar nada ni a nadie. A lo tonto a lo tonto pero acaban las primeras. ii Adiós hijas!!...

(El calor los atorra ya al mediodia. Es Japolandia)
Acabo mi tema burocrático y me dirijo a Sakuragi-chó, típico barrio de compras y turistas en Yokohama. Al bajar en la estación camino hacia el servicio “a soltar líquido”. Esta a tope de gente. Queda un sitio libre y allí voy. En plena faena una vieja limpiadora mete su cepillo entre mis piernas, impertérrita a mi sagrada función. Ni mear a gusto dejan. Hay tres señoras limpiando, ajenas a nuestra labor evacuatoria. Ni miran. Ya pasan de sexo y no tienen seso. A lo suyo. Son las tres de la tarde.
Vuelvo a mi casa en autobús desde la Estación Central de Yokohama. Todo lleno de jubilados y ninguno en su sitio, como siempre. Para que tendrán asientos preferentes, me pregunto, si ninguno se sienta en ellos. Aprovecho, aterrizo en uno y… a dormir. Pero el silencio dura poco. En la siguiente parada sube otra riada de viejetes y como ya solo quedan libres los asientos suyos se apoderan en tropel. Comentan en voz alta su excursión. Me hago el dormido y ni siquiera los miro.
Y me duermo… pero bien. Cuando abro los ojos no hay ni rastro de los jubilados ni de nadie. He llegado al final del trayecto de la linea 105, ceporro perdido, y mi barrio ha quedado mucho más atrás. ii A volver otra vez !!. Espero quince minutos a la salida del siguiente autobús. Estoy el primero y tendré buen asiento. Llega una chica morenota, buenas piernas, pelo largo, castaño, vestido de diseño. Oliendo a melocotón. Recién duchada. Subimos y se sienta a mi lado. Seguro que ya no me duermo en el viaje de vuelta. Espero que pueda aguantar los veinte minutos del trayecto hasta mi casa ante tan glorioso regalo de Buda..
Polis de guardería. ( I I )

En el Mundial 2002, “Japan-Korea”, todos los extranjeros (“gaijin”) eramos “hooligans” en potencia. La policia japonesa, que no está acostumbrada a alborotos multitudinarios,
( imaginaros el día en el que a Bin Landen le dé por hacer una de las suyas en Tokyo ) estando avisada de que los “supporters” son peligrosos cuando se desplazan y, además si se emborrachan, todavia peor , decidió controlar en todo momento a cualquiera que no tuviera los ojos rasgados. Y en mi caso, mi mujer siempre dice que yo tengo pinta de sospechoso –ni en casa te respetan-: “Si te detienen es porque pareces sospechoso”. Lógica japonesa. Asi que “me tocó la china” ( el premio ).
La Estación Central de Yokohama en esas fechas estaba tomada día y noche por policías de uniforme y por otros vestidos de paisano. Todos atentos. Me dirijo a dar una clase en un centro cercano a la estación. Una pareja de ellos me pide la documentación y ver el contenido de mi “mochila”. Sorpresa: entre mis pertenencias aparece mi navaja albaceteña, la que siempre brilla frente al sol. Se miran entre ambos, ii Vamos para el “koban” que ya hemos pillao pieza!!... ii Te vas a enterar !!... Un japo delante, yo en el medio y el otro detrás. Los tres caminando en fila. Son las 8 de la tarde, la estacion a tope, mucha gente transitando y mirándome. Soy un delincuente para todos ellos y su eficaz policía me ha localizado.
LLegamos al “Police Box”. Me obligan a sacar todas mis pertenencias y me hacen diversas preguntas. Yo les contesto en español o en inglés. Nunca en japonés. “Al enemigo ni agua”, dice el refrán. Les digo que “nihongo wakaranai” ( ii No entiendo japonés !! )..que hablo inglés y, que quiero hacer una llamada telefónica. Tenía cita con una alumna, ya se pasaba la hora y, quería decirle que había problemas. Que estaba a dos minutos de allí… pero “enclaustrado”. Uno de los polis, el que tenía más pinta de asesino a sueldo base, me dice que si quiero llamar tengo que hablar en japonés, en voz alta y… con una grabadora enfrente. Le digo en mi pobre japonés que mejor no llamo, que hagan lo que quieran. Si tengo que pasar quince días a base de agua, arroz hervido y una ducha a la semana, pues bueno, ya se cansarán. Yo no tengo prisa.

Sale este policía con toda mi documentación fuera de la sala, la fotocopia y, de paso, aprovecha para llamar a mi mujer a casa y decirle que estoy detenido en el “koban” de la Estación de Yokohama, que venga urgentemente. Imaginaros el susto que se llevó, sin comerlo ni beberlo. Salió disparada hacia allá. Mientras, el otro policía, más benevolente, aprovechando que su compañero no estaba me ofrecio su móvil personal para hacer una llamada. Llamé a la alumna y le dije lo que pasaba, presentándose en tres minutos.
Al llegar la chica, le digo lo que pasa y que les explique que en mi país es costumbre llevar una navaja, “p`a echar el cacho”, es decir, para comerse el bocata ( buena excusa, ya que aquí se come siempre fuera de casa ) y con pañuelo “cuatro nudos”. Ellos, dicen que excede las dimensiones normales y que en Japón está prohibido ese tipo de armas. El poli “malvado” la abre, la mide con sus dedos y dice que sobran cuatro centimetros. Intenta cerrarla, pero tiene una pestaña de seguridad. Imposible. Lo intenta varias veces pero como si nada. No tiene ni puta idea. Yo, pensando: ii A que se corta !!... ii A que se corta !!. Viendo el peligro, le digo “trae p`aca que yo la cierro”. Me mira con odio y me dice enfurecido : !!Damé!! ( ii Esta mal !!..., o mejor traducido: ii ni se te ocurra!! ) Mi pensamiento: ii Ojalá te cortes hijo de puta !!...
Llega mi mujer toda nerviosa. Habla con mi alumna en japonés y conversan con la policía. Estos les sugieren “que no lleve la navaja encima pues es un instrumento peligroso y además, soy extranjero”. Me dejan libre y le entregan la navaja a mi mujer, que de paso me la confisca y la esconde en casa. Los tres salimos a tomar unas cervezas en un bar cercano a la estación, para pasar el sofocón. Al día siguiente descubrí donde la escondió y desde entonces sigue acompañandome mi fiel albaceteña. Creo que no puso mucho empeño, para que la localizara rápidamente, pues nunca más me ha preguntado por ella.
Polis de guardería. ( I )
Si hay temas interesantes para conocer el verdadero Japón, sin duda, uno de ellos es observar la actuación policial, sus métodos de trabajo, a veces, preventivos e intimidatorios con los extranjeros y, exageradamente amable con los nativos. Esto no lo notas cuando vienes en plan turista y te mueves por el centro de las ciudades o vas en viajes organizados, sino cuando ya llevas un cierto tiempo en el país. En cada barrio, generalmente al lado de las estaciones de tren o metro existen los llamados “koban”, especie de pequeños habitáculos donde los policías hacen su vida diaria. Suelen tener dos habitaciones. Una, abajo, donde hay una mesa, con un teléfono y, otra habitacion arriba, que suele tener un camastro y un pequeño servicio. Generalmente en cada “mini police station” de estos suele haber dos policías durante el día y ninguno durante la noche que es cuando, por lógica, deberían estar.

En Japón hay cuatro tipos de policías. Los que pululan por los parques en bicicletas blancas, llamados “policletos”, inofensivos, cuyo único fin es orientar mediante una ingente cantidad de mapas, que ni ellos saben interpretar, a los viandantes que se lo solicitan. Otro tipo son los llamados “motoretos”. Van en motocicletas de pequeña cilindrada, tipo repartidor de periódicos, y que son el azote nocturno de todos los extranjeros que estan fuera de casa a horas intempestivas. Cualquier “gaijin” que camine por la calle a altas horas de la madrugada es sospechoso de haber cometido un delíto y estos “angeles de la noche” están para descubrirlo o por lo menos para intentarlo. Son nuestros verdaderos enemigos en Japón. En vez de estar en su “koban”, localizables, se pasan la noche patrullando para ganar puntos, a cuenta nuestra, en un futuro ascenso. Son verdaderamente molestos.
El tercer tipo de policías son los “barritas”. Estos suelen ponerse frente a la puerta de su “koban” en posición marcial e inmóvil, con mirada amenazadora,–si eres extranjero y pasas cerca de el-, apoyados en una barra de hierro con franjas blancas y rojas, dispuestos a utilizarla en cualquier momento y medirte las costillas. Son expertos en artes marciales y su presencia tiene un fin claro: “Estamos para hacer cumplir la ley… a golpes si hace falta”. Muy fotogénica su imagen. Y el cuarto tipo de policía es el llamado “galáctico”, tipo “mazinger z”, que utiliza moto de gran cilindrada y que persigue delitos de tráfico, sobre todo en grandes vías y autopistas. Estos son de otro mundo.

Los que más abundan son los “motoretos”. Y son con los que tenemos que lidiar todos los días. Simplemente deciros, que en cinco años tengo estos datos: me han parado unas sesenta veces yendo en bicicleta, con petición de documentación incluída, otra vez, me “retuvo” la policía durante un par de horas en epoca del Mundial de Japón pues todo extranjero era sospechoso de ser un “hooligan” ( y yo portaba mi navaja correspondiente ), cuatro veces me han pedido la documentación en estaciones de tren, dos veces han venido a mi casa para que les rellenase un cuestionario ( con preguntas privadas ) con la excusa que “es para ayudarme y tenerme localizado en caso de terremoto grave”, etc…etc… Para aburrirte. En una segunda parte os contaré como suelen actuar ante un problema con un extranjero. Demencial o ridículo, según lo veas.





