YO IBA DE PEREGRINA Y ME COGISTE DE LA MANOOOOOOOO :P
Tenerife. 13-15 de agosto. ¿Dónde se encuentra una gran parte de la masa poblacional de la isla...? ¡¡INCORRECTO!! En las rebajas de Ikea no, no y ¡no!. (¡Hay que ver con la fiebre consumista, ein!…) Es más difícil de adivinar. Aquí, como en todos lados, existe una tradición peregrina; la gente recorre pueblos, carreteras, barrancos y monte, hasta el municipio donde se encuentra la patrona de la isla (que no es moco de pavo, oiga. Que ya les vale a las cacho subidas y bajadas de la orografía tinerfeña. Mientras vas subiendo todas esas pendientes, con la lengua fuera y casi asfixiad@ a causa del calor y del aire que escasea cuanto más alto te encuentras, te vas acordando de todos los parientes de la génesis de la Era Terciaria y de los de la actividad volcánica de la propia isla…) En pocas palabras, es algo así como “el camino de Santiago”; pero sin camino, sin Santiago, y arregladito a nuestras posibilidades. Un@s van por promesa, otr@s por tradición, otr@s por afición, y el resto…, porque sí o por masoquismo (aún discrepo entre ambas posibilidades) . La mayor parte de las personas que año tras año cumplen con esta peregrinación, son movidas por Fé, devoción y todas esas historias religiosas hacia “su patrona” con las que la moi no comulga, pero… ¿Qué importa lo que yo opine o deje de opinar al respecto, verdad? Pues eso.
En mi caso, lo mejor de irme de caminata es el momento de comunicarlo a la familia, cuando busco ánimos y casi casi admiración. Es una situación irrepetible, pa enmarcar. Hablando claro, que ya no reacciono empezando a buscar la cámara oculta por todos lados porque me l@s conozco, que si no…
Xiowa: -“que me voy con la gente de peregrinación…”-
Abuela: -“¡¡ JAJAJAJA, lo que ha dicho, JAJAJAJA!!”-
Tío: -“ dime qué día vas, pa ir detrás con el coche “de asistencia” o pa avisar a la ambulancia y que esté pendiente JAJAJAJA…”-
Tía: -“ ¿¿Y seguro que podrás sobrevivir un día sin tu crema hidratante mañana y noche JAJAJAJA??”-
Con esa sensación de plenitud, bienestar en el cuerpo, y haciendo oídos sordos a éstos y otros alentadores comentarios, cogí mi “set de senderismo” y a caminar se ha dicho… Menos mal que una va por la vida pasando de ella…
Éramos un grupo numeroso (yo no conocía ni a la 3 parte), pero raroraroraro. Aficionados a sacar fotos en los lugares más horrendos que nos encontráramos (en un descampado, cerca de matorrales o de una papelera…), a ir divididos en subgrupos y a parar a cada kilómetro. Llegué agotada a nuestro destino, no por la pateada en sí, más bien por tanta parada (y sí, también por las vivencias estresantes que tuve que presenciar) : punto de salida. Caminaba con mi mochila a la espalda. De repente, me da por mirar para atrás y… ¿qué me encontré? Todo el mundo con el culo en el suelo, abriendo sus mochilas, y sacando comida... Con cara de interrogación, me senté con ell@s e intenté asimilar lo que veía: ¿¿acabábamos de llegar y ya había hambre?? Esa noche cené unas 4 veces (porque no era cuestión de estar allí mirando mientras tod@s comían… Compréndeme…) Una vez finalizado “el tentempié”, decidí ir más o menos a mitad del grupo (pa que no me pillara desprevenida otra situación del estilo…). A los 6 minutos, cuál fue mi sorpresa al ver a la gente sentándose en un muro “a descansar”… (¿¡¡Pero qué pasa aquí!!? ¿¡¡Qué invento es éstooooooooo!!?)
Una cosa por la que merece la pena llamar a la NASA para que investigue, es mi mochila paradójica: sinceramente, ¿tú encuentras normal que cuanto más la vaciara, más me pesara? (Y no, lo de que cada vez me encontrara más cansada, no tiene razón de ser. Porque al día siguiente, cuando ya había descansado, ¡no había quién levantara esa mochila!) Si va a ser que “los diminutos” me gastaron una broma pesada…
Aunque tampoco es para menos lo que llegan a hacer ciertas personas por “Fé”. En este tipo de peregrinaciones es normal ir compartiendo tramo con otra gente. Junto a nuestro grupo, iba otro de 4-5 personas. Mientras bajábamos (ya de noche cerrada) una mujer se cayó haciéndose una herida ENORME en su rodilla; todo el mundo enfocándola con las linternas y la pobre ahí sufriendo (y a mí nublándoseme la vista, gracias a mi ya conocida “fobia a la sangre”). La atendieron, y en vez de pararse a descansar, ella continuó con su rumbo. Una buena kilometrada más abajo, la misma mujer (que iba incluso más rápido que nosotr@s) pisó mal en un bajón y se torció el tobillo de la misma pierna de antes. Lejos de abandonar, siguió con su empeño de “llegar a mi querida Virgencita”. Le perdí la pista. A las horas, cuando ya terminamos de bajar, (y donde ya había luz) la visualicé, a muy buen paso, un par de metros delante de mí: con un torniquete en la rodilla, cojeando e infatigable hacia la basílica. Estas cosas hacen pensar más de lo debido. Acabamos la jornada pasándonos (antes que por ninguna otra parte) por “unrestaurantedecomidarapidafamosoentodoelmundo” a tomarnos un merecido helado.
¿Secuelas? Sí. 2 ampollas en cada una de las plantas de los pies y poquitas agujetas en los gemelos. Lo de las agujetas ya está solucionado, lo otro tardará pelín más (mientras tanto, seguiré caminando “estilo pingüino”).
Dicen por ahí que una vez al año no hace daño… Qué suerte vivir aquí
En mi caso, lo mejor de irme de caminata es el momento de comunicarlo a la familia, cuando busco ánimos y casi casi admiración. Es una situación irrepetible, pa enmarcar. Hablando claro, que ya no reacciono empezando a buscar la cámara oculta por todos lados porque me l@s conozco, que si no…
Xiowa: -“que me voy con la gente de peregrinación…”-
Abuela: -“¡¡ JAJAJAJA, lo que ha dicho, JAJAJAJA!!”-
Tío: -“ dime qué día vas, pa ir detrás con el coche “de asistencia” o pa avisar a la ambulancia y que esté pendiente JAJAJAJA…”-
Tía: -“ ¿¿Y seguro que podrás sobrevivir un día sin tu crema hidratante mañana y noche JAJAJAJA??”-
Con esa sensación de plenitud, bienestar en el cuerpo, y haciendo oídos sordos a éstos y otros alentadores comentarios, cogí mi “set de senderismo” y a caminar se ha dicho… Menos mal que una va por la vida pasando de ella…
Éramos un grupo numeroso (yo no conocía ni a la 3 parte), pero raroraroraro. Aficionados a sacar fotos en los lugares más horrendos que nos encontráramos (en un descampado, cerca de matorrales o de una papelera…), a ir divididos en subgrupos y a parar a cada kilómetro. Llegué agotada a nuestro destino, no por la pateada en sí, más bien por tanta parada (y sí, también por las vivencias estresantes que tuve que presenciar) : punto de salida. Caminaba con mi mochila a la espalda. De repente, me da por mirar para atrás y… ¿qué me encontré? Todo el mundo con el culo en el suelo, abriendo sus mochilas, y sacando comida... Con cara de interrogación, me senté con ell@s e intenté asimilar lo que veía: ¿¿acabábamos de llegar y ya había hambre?? Esa noche cené unas 4 veces (porque no era cuestión de estar allí mirando mientras tod@s comían… Compréndeme…) Una vez finalizado “el tentempié”, decidí ir más o menos a mitad del grupo (pa que no me pillara desprevenida otra situación del estilo…). A los 6 minutos, cuál fue mi sorpresa al ver a la gente sentándose en un muro “a descansar”… (¿¡¡Pero qué pasa aquí!!? ¿¡¡Qué invento es éstooooooooo!!?)
Una cosa por la que merece la pena llamar a la NASA para que investigue, es mi mochila paradójica: sinceramente, ¿tú encuentras normal que cuanto más la vaciara, más me pesara? (Y no, lo de que cada vez me encontrara más cansada, no tiene razón de ser. Porque al día siguiente, cuando ya había descansado, ¡no había quién levantara esa mochila!) Si va a ser que “los diminutos” me gastaron una broma pesada…
Aunque tampoco es para menos lo que llegan a hacer ciertas personas por “Fé”. En este tipo de peregrinaciones es normal ir compartiendo tramo con otra gente. Junto a nuestro grupo, iba otro de 4-5 personas. Mientras bajábamos (ya de noche cerrada) una mujer se cayó haciéndose una herida ENORME en su rodilla; todo el mundo enfocándola con las linternas y la pobre ahí sufriendo (y a mí nublándoseme la vista, gracias a mi ya conocida “fobia a la sangre”). La atendieron, y en vez de pararse a descansar, ella continuó con su rumbo. Una buena kilometrada más abajo, la misma mujer (que iba incluso más rápido que nosotr@s) pisó mal en un bajón y se torció el tobillo de la misma pierna de antes. Lejos de abandonar, siguió con su empeño de “llegar a mi querida Virgencita”. Le perdí la pista. A las horas, cuando ya terminamos de bajar, (y donde ya había luz) la visualicé, a muy buen paso, un par de metros delante de mí: con un torniquete en la rodilla, cojeando e infatigable hacia la basílica. Estas cosas hacen pensar más de lo debido. Acabamos la jornada pasándonos (antes que por ninguna otra parte) por “unrestaurantedecomidarapidafamosoentodoelmundo” a tomarnos un merecido helado.
¿Secuelas? Sí. 2 ampollas en cada una de las plantas de los pies y poquitas agujetas en los gemelos. Lo de las agujetas ya está solucionado, lo otro tardará pelín más (mientras tanto, seguiré caminando “estilo pingüino”).
Dicen por ahí que una vez al año no hace daño… Qué suerte vivir aquí
EXTREMISTA QUE ES UNA...
Y ahora vendrás y me llamarás exagerada, vale, me responsabilizo de lo que puedas pensar de mí a partir de ahora: que ando mal de la cabecita, que rozo el abismo de la idiotez profunda, y blablablás variopintos… Estupendo, nada que yo no haya pensado con anterioridad.
Pues sip, está de rabiosa actualidad hablar y estudiar las crisis de los 30, de los 40, de los 50… Dejando aisladas y desoladas otros tipos de ellas que pueden tener mayor repercusión en vistas a un futuro generacional… ¿Qué de qué me estoy quejando ahora? Precisamente de la cruda realidad que reflejo en mi último comentario: ¿Y la de los 20 quéééééé? Porque sí, en mayor o menor escala, hay desajustes situacionales a cualquier edad… Y mientras que nadie se decide a fondear en el asunto, yo…¡¡ESTOY EN CRISIS!!
Un@ se pasa toda su infancia queriendo cumplir los 18 para “hacer cosas de mayores” (sí, por si no lo recuerdas, fijo que pensaste este u otros símiles ) : salir hasta las tantas, tener carnet, coche, ir a la universidad o trabajar, go out de casita… Y luego llegas a la veintena, la sobrepasas… ¿Y qué quedan de tus sueños de pre/adolescente? Pues nada, que resulta que sales hasta las tantas e incluso te haces un cacho puente fiestero de jueves a domingo (que eso va siendo más bien un acueducto que otra cosa)… Pero… ¿Y los mosqueos que te pillas en las discotecas, conciertos…? ¿Esos empujones? ¿¡Y los pisotones!? ¡¡Y lo colapsada que está la “zona botellón”!! Amos, lo que hay q aguantar… Que baje Dióh y lo vea… Tienes carnet… Ideal de la muerte, pero… ¿te has parado a pensar que tienes que renovarlo cada diez años por el resto de tu vida? ¿Qué los primeros meses haces de “taxi” de todo el mundo?: la abuela, los papis, la prima, el novio de la prima, el canario en su jaula… ¿Y el coche? Cambios de aceite, filtros, frenos, papeleo, aseguradoras, roces, abolladuras, tráficotráficotráfico, …¡¡Pero qué vida es éstaaaaa!! ¡Qué alegría! Soy universitaria… Jajajaja, no comments… Del trabajo tampoco opino… Eso sí, mientras tanto ahí en casa, y con el lema de todo buen/a español/a que se precie “¿Irme yo de dónde? ¡Que se larguen los demás!”. Así que visto lo que se ve, un@ opta por “sesión de cine casero”, con el pack sofá-manta-palomitas-mascota en invierno; o con el de sofá-aire acondicionado-helado, en verano. ¿Consecuencias? Cada día nuestro comportamiento se va pareciendo más al de los osos hormigueros. Qué panorámica más alentadora…
Para mí los 20 han sido terminales. Se han empezado a manifestar ciertas problemáticas en mí, así, con todo el morro del mundanal mundo. Para empezar, una fabulosa migraña me asola mínimo 2 ó 3 veces al mes… Muy ligerita, eso sí (detallista que es ella) pero de larga duración. No, rectifico: de laraaaaaaaaaaaaaaaaaaaga duración. En segundo lugar, justamente a los 20 descubrí cierta pelusilla a las agujas y la sangre, nada preocupante; hoy en día se ha transformado en un pánico abismal con amagos de desmayo cada vez que me toca analítica sanguínea… Y es pa verme antes, durante y después del análisis; de vegüenza infrahumana, vamos. Yo que siempre he adorado las alturas y no había atracción de feria que se me resistiese, ¡já! Ahora es asomarme al balcón y ya se me empieza a nublar la vista… Y ¿qué sería de mi vida sin esos ataques de “nopuedo-nopuedo” 3 días antes de cualquier exámen?
Joven, con toda la vida por delante… Qué suerte vivir aquí…
Pues sip, está de rabiosa actualidad hablar y estudiar las crisis de los 30, de los 40, de los 50… Dejando aisladas y desoladas otros tipos de ellas que pueden tener mayor repercusión en vistas a un futuro generacional… ¿Qué de qué me estoy quejando ahora? Precisamente de la cruda realidad que reflejo en mi último comentario: ¿Y la de los 20 quéééééé? Porque sí, en mayor o menor escala, hay desajustes situacionales a cualquier edad… Y mientras que nadie se decide a fondear en el asunto, yo…¡¡ESTOY EN CRISIS!!
Un@ se pasa toda su infancia queriendo cumplir los 18 para “hacer cosas de mayores” (sí, por si no lo recuerdas, fijo que pensaste este u otros símiles ) : salir hasta las tantas, tener carnet, coche, ir a la universidad o trabajar, go out de casita… Y luego llegas a la veintena, la sobrepasas… ¿Y qué quedan de tus sueños de pre/adolescente? Pues nada, que resulta que sales hasta las tantas e incluso te haces un cacho puente fiestero de jueves a domingo (que eso va siendo más bien un acueducto que otra cosa)… Pero… ¿Y los mosqueos que te pillas en las discotecas, conciertos…? ¿Esos empujones? ¿¡Y los pisotones!? ¡¡Y lo colapsada que está la “zona botellón”!! Amos, lo que hay q aguantar… Que baje Dióh y lo vea… Tienes carnet… Ideal de la muerte, pero… ¿te has parado a pensar que tienes que renovarlo cada diez años por el resto de tu vida? ¿Qué los primeros meses haces de “taxi” de todo el mundo?: la abuela, los papis, la prima, el novio de la prima, el canario en su jaula… ¿Y el coche? Cambios de aceite, filtros, frenos, papeleo, aseguradoras, roces, abolladuras, tráficotráficotráfico, …¡¡Pero qué vida es éstaaaaa!! ¡Qué alegría! Soy universitaria… Jajajaja, no comments… Del trabajo tampoco opino… Eso sí, mientras tanto ahí en casa, y con el lema de todo buen/a español/a que se precie “¿Irme yo de dónde? ¡Que se larguen los demás!”. Así que visto lo que se ve, un@ opta por “sesión de cine casero”, con el pack sofá-manta-palomitas-mascota en invierno; o con el de sofá-aire acondicionado-helado, en verano. ¿Consecuencias? Cada día nuestro comportamiento se va pareciendo más al de los osos hormigueros. Qué panorámica más alentadora…
Para mí los 20 han sido terminales. Se han empezado a manifestar ciertas problemáticas en mí, así, con todo el morro del mundanal mundo. Para empezar, una fabulosa migraña me asola mínimo 2 ó 3 veces al mes… Muy ligerita, eso sí (detallista que es ella) pero de larga duración. No, rectifico: de laraaaaaaaaaaaaaaaaaaaga duración. En segundo lugar, justamente a los 20 descubrí cierta pelusilla a las agujas y la sangre, nada preocupante; hoy en día se ha transformado en un pánico abismal con amagos de desmayo cada vez que me toca analítica sanguínea… Y es pa verme antes, durante y después del análisis; de vegüenza infrahumana, vamos. Yo que siempre he adorado las alturas y no había atracción de feria que se me resistiese, ¡já! Ahora es asomarme al balcón y ya se me empieza a nublar la vista… Y ¿qué sería de mi vida sin esos ataques de “nopuedo-nopuedo” 3 días antes de cualquier exámen?
Joven, con toda la vida por delante… Qué suerte vivir aquí…





