BUEN METODO PARA ROMPER EL HIELO... ¿VERDAD?
Si hay una época en mi vida en la que me he sentido desbordada, asfixiada por falta de tiempo, y ansiosa por causas como exámenes, horarios, blablabla... Sin lugar a dudas... La estoy pasando ahora. Encima, tengo resaca-estadística (=> que he estado empollando como nunca jamás en mi vida esta asignatura) A lo que si se le añadimos mi diarrea mental cotidiana... Peligro, peligro... Joé, pero... ¡qué bien me lo estoy pasando!
Mi día comienza en torno a las 7.30 de la mañana (cosa absolutamente insana para alguien que está acostumbrada a empezarlo después de las 12 del mediodía). Lo peor que llevo es que, después de mi “siesta nocturna” (porque mi día acaba a eso de las 2-3 a.m.) me levanto de un buen humor encandilante; hecho que hace que me cuestiones cosas tales como: “¿sobreviviré a este cambio inaudito?”; ¿seré anormal?; ¿cuál es el valor del error de la varianza? Estos desenfrenados horarios (más la parafernalia consiguiente) se lo tengo que agradecer, en parte, a mi amiga Lengua Trapo (a la que a partir de ahora llamaré Lengüi., pa abreviar más que nada, porque si no, no acabamos). Ella me informó de un curso de “Monitor/a de Animación Sociocultural” que se iba a dar. --->A ver, todos a coro: “¡¡GRACIAS LENGÜI.!!” <--- Y claro, una que es de naturaleza cotilla y esas cosas hace tiempo que le llaman la atención, pues allá que fue a matricularse. Hasta hace unas semanas no había recibido news: “preséntese el día “D”, a la hora “H”, en el en la academia “A”, donde se impartirá el curso”.
DIA “D”: Llegué un minuto temprano (uuuuuuuuuuiiiiiissss). Me reuní con Lengüi y eché una visualización general: éramos todas alumnas (¡arriba la sincronía menstrual!) Estuvimos un rato hablando fuera de la academia con un par de chicas (ya sabes: primer acercamiento, primeras impresiones, primeros perfiles psicológicos –es que es un hábito a estas alturas de mi vida-...), y luego, todas juntitas y en fila no-india, pasamos a la clase. Unas se contaban su vida, otras mandaban sms, otras miraban las esquinas y el resto, simplemente improvisábamos. Pasó tiempo. Y más tiempo. Y un poco más de tiempo. Allí no aparecía nadie. Ni profesores, ni personal de la academia... Na-di-e. Yo estaba empezando a dar golpecitos con mi boli en una mesa (ya por tod@s es sabido que eso, traducido al castellano tradicional, viene a significar algo así como: “kwen tó como me hayan hecho madrugar pa ná...”A todo esto, mi amiga pensando más o menos lo mismo que yo; y por “efecto-mirada-con-matices-amenazantes” las impresiones del resto de las chicas, no distaban mucho de la media, estooo, de las nuestras) De repente, un chico de aire desenfadado, y parecido a los que salen en las telenovelas (melena semilarga, suelta, robusto, blablabla), pero éste 100% natural: sin conservantes ni colorantes; entró y se presentó: “soy P.D. el profesor”.
Se puso a separar las mesas a los lados e hizo un semicírculo de sillas en el centro de la clase (nosotras, mirando sin perder detalle). Una vez terminó, dijo: “empezamos con las presentaciones, chicas”. Se dirigió hacia su mesa. Nos repartió una hoja en blanco y un boli a cada una. Él también cogió. Mi cara, junto con la de Lengüi y la del resto de compañeras, eran unas grandes incógnitas. Continuó: -“A ver chicas, vamos a doblar el folio por la mitad, y luego, otra vez por la mitad”-. Nos mirábamos unas a otras. Lengüi le preguntó: -“¿esto no será una quedada, verdad?”-. (Nuestro profe puso cara de “necesitounatraducciónsimultáneaperoya”) -“Que si nos estás vacilando”-. P.D. negó rotundamente (no le creímos, todo sea dicho) y contestó que nos estábamos presentando; -“aaaaaaaaaaaaaaaahh”-, dijimos todas a coro lo más irónicamente posible... (Ahora, además de no creerle, desconfiábamos un tanto de su cordura). Pero sólo acabábamos de empezar...
A ver si logro explicar esto bien, porque es tan difícil de contar como de asimilar.
Extendimos el folio. Nos hizo escribir, en cada una de las 4 partes (que se formaron al doblarlo), nuestros gustos, libro y película que preferíamos, un símbolo personal, una frase/lema (como por ejemplo “carpe diem”), y lo que esperábamos del curso. Así se hizo. Por último, nos pidió que volviéramos a doblar otra vez el folio como al principio, y que cortáramos la esquinita central del mismo.
P.D. extendió su hoja, escrita. En el centro tenía un agujerito. Se la colocó delante de la cara: -“Somos astronautas y nuestra nave espacial, ha aterrizado en un planeta desconocido (el aula). Ésta (señalando al agujero de su hoja) es nuestra ventanita al espacio. Vamos a levantarnos, tomaremos la hoja con lo escrito hacia el frente, y andaremos por todo “el planeta” mirando por “nuestra ventanita” a ver qué otros “seres” desconocidos nos encontramos...”-
Nos quedamos de una pieza. Miré a Lengüi, ella me miró a mí. Mire a P.D., él observaba “desde la ventanita de su nave” las caras de pavas que se nos había quedado. La de mi derecha leyó lo que yo tenía escrito en mi hoja. Y yo busqué la mirada absorta de la de mi izquierda. Nadie se levantó.
P.D. , ahora en pie, seguía: -“¡venga chicas, arriba! ¡A explorar el planeta!-. Nos costó (todo sea dicho), pero más mal que bien, “exploramos el planetita”.
A estas alturas de la mañana, desubicada como nunca (¿¿estábamos en un curso o nos habíamos colado en una guardería??), empezaba a comprender la dinámica de las clases: “aquí de lo que se trata es de hacer el ridículo hasta límites insospechados”. Para mí no resultó ningún problema decidir extrapolar mis hábitos rutinarios al curso, total, una ya está acostumbrada a hacer la payasa por estos mundos... Tomada y aprobada esta conclusión, y hechas nuestras peculiares presentaciones, P.D. empezó a explicar el segundo jueguecito.
“Una de ustedes va a empezar con un cuento. Luego otra lo continuará, y así sucesivamente. Todos seremos narradores y actores... ¿Quién empieza?”
Lengüi., que a ésas alturas ya había concluido lo mismo que yo (hacer el ridículo al máximo = certificado de monitora) ---> a ésto le llamo yo “sincronización de pensamientos <--- se lanzó:
“Había una vez una mariquita que caminaba por el bosque; se llamaba “Mariquita Loca...”
P.D. cogió a una de mis compañeras y le dijo: -“tú eres Mariquita Loca, haz como ella”-.
La chica (la pobre) elevó los brazos de tal modo que sus muñecas estaban a la altura de los hombros, y empezó a mover las manos rápidamente como si estuviera volando (Risas desmesuradas del resto. Yo a punto de asfixiarme de la risa). Lengüi prosiguió:
-“...Caminando, caminando,, Mariquita Loca, se encontró con su amigo el “Gusano Yoquese...”-
Desde mi ausentismo risotesco, noté como alguien me tiraba del brazo. –“Tú eres el “Gusano Yoquese”. Al suelo, y haz como él”-
En seguida se me cortó el ausentismo, la risa y toda la bobería: la situación tomaba tonalidades nada, pero nada graciosas. –¿¿¿¿¡¡¡¡Yo!!!!????? ¡¡Que me he traído puestas mis cholas (= sandalias/zapatillas) “fashionfashiondelamuerte”!! ¿¿¿¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡¡¡¡ Pretendes que me arrastre por el suelo!!!!!!!!????????”-
-“¡SIIIIIII!”-, contestó P.D. (Es un hombre muy impulsivo) y me “invitó” a irme al suelo.
Lengüi, como buena amiga solidaria con las causas que es ella, apenas se mantenía en pie de todo lo que se estaba riendo de mi. Le doy la razón; la situación resultaba especialmente graciosa; yo tirada por el piso, una imagen insólita, sin duda. A regañadientes, me semiarrastré... Cambiamos de narradora. (A todo esto, la chica que hacía de Mariquita, seguía incansable batiendo sus alitas...)
-“...Mariquita Loca y Gusano Yoquese, continuaron juntos su camino. Se cruzaron con “Caracol Rosa”, que decidió acompañarles...”-
P.D. no se lo pensó. Se dirigió hacia el resto de alumnas: -“Lengüi, tú serás Caracol Rosa, ¡al suelo!”- Ahora la moi retomaba su ausencia risotesca pero P.D. atacó de nuevo... –“¡ Gusano Yoquesé, a lo tuyo!”-; me ordenó (si es que este chico, cuando se mete en la piel de profe...). Así que ya éramos dos participando en “la limpieza del suelo” gracias a los jueguecitos estos raros...
Cambiamos nuevamente de narradora:
-“...Gusano Yoquese y Caracol Rosa, que no se llevaban muy bien,( Lengüi y yo empujándonos porque ¡había que meterse completamente en el papel!) decidieron hacer una carrera, para ver quién corría más rápido...”-
No quedó otra. A estas alturas ya me había rendido: "que hagan de mí lo que les dé la gana. Yo paso de todo". La carrera se llevó a cabo y fuimos recíprocamente generosas; semiarrastrándonos a la misma velocidad, para llegar juntas a la meta.(No hace falta que describa que ya todo el mundo se agarraba la panza del dolor por tanto reirse...) La historia acabó cuando nos fuimos con “Ciervo Petudo” ,“Mono Peludo” y otros personajes que ya no recuerdo, a una discoteca “de ambiente”, en la que terminamos bailando encima de la plataforma (nuestra plataforma improvisada fue una mesa)...
Lo que hay que aguantar... Qué suerte vivir aquí...
Mi día comienza en torno a las 7.30 de la mañana (cosa absolutamente insana para alguien que está acostumbrada a empezarlo después de las 12 del mediodía). Lo peor que llevo es que, después de mi “siesta nocturna” (porque mi día acaba a eso de las 2-3 a.m.) me levanto de un buen humor encandilante; hecho que hace que me cuestiones cosas tales como: “¿sobreviviré a este cambio inaudito?”; ¿seré anormal?; ¿cuál es el valor del error de la varianza? Estos desenfrenados horarios (más la parafernalia consiguiente) se lo tengo que agradecer, en parte, a mi amiga Lengua Trapo (a la que a partir de ahora llamaré Lengüi., pa abreviar más que nada, porque si no, no acabamos). Ella me informó de un curso de “Monitor/a de Animación Sociocultural” que se iba a dar. --->A ver, todos a coro: “¡¡GRACIAS LENGÜI.!!” <--- Y claro, una que es de naturaleza cotilla y esas cosas hace tiempo que le llaman la atención, pues allá que fue a matricularse. Hasta hace unas semanas no había recibido news: “preséntese el día “D”, a la hora “H”, en el en la academia “A”, donde se impartirá el curso”.
DIA “D”: Llegué un minuto temprano (uuuuuuuuuuiiiiiissss). Me reuní con Lengüi y eché una visualización general: éramos todas alumnas (¡arriba la sincronía menstrual!) Estuvimos un rato hablando fuera de la academia con un par de chicas (ya sabes: primer acercamiento, primeras impresiones, primeros perfiles psicológicos –es que es un hábito a estas alturas de mi vida-...), y luego, todas juntitas y en fila no-india, pasamos a la clase. Unas se contaban su vida, otras mandaban sms, otras miraban las esquinas y el resto, simplemente improvisábamos. Pasó tiempo. Y más tiempo. Y un poco más de tiempo. Allí no aparecía nadie. Ni profesores, ni personal de la academia... Na-di-e. Yo estaba empezando a dar golpecitos con mi boli en una mesa (ya por tod@s es sabido que eso, traducido al castellano tradicional, viene a significar algo así como: “kwen tó como me hayan hecho madrugar pa ná...”A todo esto, mi amiga pensando más o menos lo mismo que yo; y por “efecto-mirada-con-matices-amenazantes” las impresiones del resto de las chicas, no distaban mucho de la media, estooo, de las nuestras) De repente, un chico de aire desenfadado, y parecido a los que salen en las telenovelas (melena semilarga, suelta, robusto, blablabla), pero éste 100% natural: sin conservantes ni colorantes; entró y se presentó: “soy P.D. el profesor”.
Se puso a separar las mesas a los lados e hizo un semicírculo de sillas en el centro de la clase (nosotras, mirando sin perder detalle). Una vez terminó, dijo: “empezamos con las presentaciones, chicas”. Se dirigió hacia su mesa. Nos repartió una hoja en blanco y un boli a cada una. Él también cogió. Mi cara, junto con la de Lengüi y la del resto de compañeras, eran unas grandes incógnitas. Continuó: -“A ver chicas, vamos a doblar el folio por la mitad, y luego, otra vez por la mitad”-. Nos mirábamos unas a otras. Lengüi le preguntó: -“¿esto no será una quedada, verdad?”-. (Nuestro profe puso cara de “necesitounatraducciónsimultáneaperoya”) -“Que si nos estás vacilando”-. P.D. negó rotundamente (no le creímos, todo sea dicho) y contestó que nos estábamos presentando; -“aaaaaaaaaaaaaaaahh”-, dijimos todas a coro lo más irónicamente posible... (Ahora, además de no creerle, desconfiábamos un tanto de su cordura). Pero sólo acabábamos de empezar...
A ver si logro explicar esto bien, porque es tan difícil de contar como de asimilar.
Extendimos el folio. Nos hizo escribir, en cada una de las 4 partes (que se formaron al doblarlo), nuestros gustos, libro y película que preferíamos, un símbolo personal, una frase/lema (como por ejemplo “carpe diem”), y lo que esperábamos del curso. Así se hizo. Por último, nos pidió que volviéramos a doblar otra vez el folio como al principio, y que cortáramos la esquinita central del mismo. P.D. extendió su hoja, escrita. En el centro tenía un agujerito. Se la colocó delante de la cara: -“Somos astronautas y nuestra nave espacial, ha aterrizado en un planeta desconocido (el aula). Ésta (señalando al agujero de su hoja) es nuestra ventanita al espacio. Vamos a levantarnos, tomaremos la hoja con lo escrito hacia el frente, y andaremos por todo “el planeta” mirando por “nuestra ventanita” a ver qué otros “seres” desconocidos nos encontramos...”-
Nos quedamos de una pieza. Miré a Lengüi, ella me miró a mí. Mire a P.D., él observaba “desde la ventanita de su nave” las caras de pavas que se nos había quedado. La de mi derecha leyó lo que yo tenía escrito en mi hoja. Y yo busqué la mirada absorta de la de mi izquierda. Nadie se levantó.
P.D. , ahora en pie, seguía: -“¡venga chicas, arriba! ¡A explorar el planeta!-. Nos costó (todo sea dicho), pero más mal que bien, “exploramos el planetita”.
A estas alturas de la mañana, desubicada como nunca (¿¿estábamos en un curso o nos habíamos colado en una guardería??), empezaba a comprender la dinámica de las clases: “aquí de lo que se trata es de hacer el ridículo hasta límites insospechados”. Para mí no resultó ningún problema decidir extrapolar mis hábitos rutinarios al curso, total, una ya está acostumbrada a hacer la payasa por estos mundos... Tomada y aprobada esta conclusión, y hechas nuestras peculiares presentaciones, P.D. empezó a explicar el segundo jueguecito.
“Una de ustedes va a empezar con un cuento. Luego otra lo continuará, y así sucesivamente. Todos seremos narradores y actores... ¿Quién empieza?”
Lengüi., que a ésas alturas ya había concluido lo mismo que yo (hacer el ridículo al máximo = certificado de monitora) ---> a ésto le llamo yo “sincronización de pensamientos <--- se lanzó:
“Había una vez una mariquita que caminaba por el bosque; se llamaba “Mariquita Loca...”
P.D. cogió a una de mis compañeras y le dijo: -“tú eres Mariquita Loca, haz como ella”-.
La chica (la pobre) elevó los brazos de tal modo que sus muñecas estaban a la altura de los hombros, y empezó a mover las manos rápidamente como si estuviera volando (Risas desmesuradas del resto. Yo a punto de asfixiarme de la risa). Lengüi prosiguió:
-“...Caminando, caminando,, Mariquita Loca, se encontró con su amigo el “Gusano Yoquese...”- Desde mi ausentismo risotesco, noté como alguien me tiraba del brazo. –“Tú eres el “Gusano Yoquese”. Al suelo, y haz como él”-
En seguida se me cortó el ausentismo, la risa y toda la bobería: la situación tomaba tonalidades nada, pero nada graciosas. –¿¿¿¿¡¡¡¡Yo!!!!????? ¡¡Que me he traído puestas mis cholas (= sandalias/zapatillas) “fashionfashiondelamuerte”!! ¿¿¿¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡¡¡¡ Pretendes que me arrastre por el suelo!!!!!!!!????????”-
-“¡SIIIIIII!”-, contestó P.D. (Es un hombre muy impulsivo) y me “invitó” a irme al suelo.
Lengüi, como buena amiga solidaria con las causas que es ella, apenas se mantenía en pie de todo lo que se estaba riendo de mi. Le doy la razón; la situación resultaba especialmente graciosa; yo tirada por el piso, una imagen insólita, sin duda. A regañadientes, me semiarrastré... Cambiamos de narradora. (A todo esto, la chica que hacía de Mariquita, seguía incansable batiendo sus alitas...)
-“...Mariquita Loca y Gusano Yoquese, continuaron juntos su camino. Se cruzaron con “Caracol Rosa”, que decidió acompañarles...”-
P.D. no se lo pensó. Se dirigió hacia el resto de alumnas: -“Lengüi, tú serás Caracol Rosa, ¡al suelo!”- Ahora la moi retomaba su ausencia risotesca pero P.D. atacó de nuevo... –“¡ Gusano Yoquesé, a lo tuyo!”-; me ordenó (si es que este chico, cuando se mete en la piel de profe...). Así que ya éramos dos participando en “la limpieza del suelo” gracias a los jueguecitos estos raros...
Cambiamos nuevamente de narradora:
-“...Gusano Yoquese y Caracol Rosa, que no se llevaban muy bien,( Lengüi y yo empujándonos porque ¡había que meterse completamente en el papel!) decidieron hacer una carrera, para ver quién corría más rápido...”-
No quedó otra. A estas alturas ya me había rendido: "que hagan de mí lo que les dé la gana. Yo paso de todo". La carrera se llevó a cabo y fuimos recíprocamente generosas; semiarrastrándonos a la misma velocidad, para llegar juntas a la meta.(No hace falta que describa que ya todo el mundo se agarraba la panza del dolor por tanto reirse...) La historia acabó cuando nos fuimos con “Ciervo Petudo” ,“Mono Peludo” y otros personajes que ya no recuerdo, a una discoteca “de ambiente”, en la que terminamos bailando encima de la plataforma (nuestra plataforma improvisada fue una mesa)...
Lo que hay que aguantar... Qué suerte vivir aquí...
SEMANA APOTEÓSICA (I´m here...!! For the moment...)
El mes pasado Carol B y Choi, organizaron el concurso "el blog del mes". Aunque mi intención era votar a algunos de los espacios que suelo leer (y que me encantan), finalmente, se me pasaron las fechas, perdí el control, y se acabó el concurso. (No pasa nada, ya Dawu, el ganador, creo que está organizando el de este mes). Toooooooodo esto, era simplemente para agradecer a aquella/s persona/s que me hayan dado su voto (jó, que ilu me ha hecho, ¡¡muchasmuchasmuchasmuchas...muchas gracias, de verdad!!)
Hace unos 10 días o algo así que no escribo. Te pongo en situeixon: estoy viva (pero no sé cómo :p); no me ha raptado ningún ente extraño (ya les debería dar vergüenza, ¿a qué están esperando?); he sobrevivido a “los ataques-masivoreligiosos” (no les queda nada si se piensan que voy a dejar de caer en el pecado...); y estoy muy orgullosa de la fama de “pirata” que me he ganado por estos lares (jajajajaja, ¡qué bueno! Lucharé por mantener el listón muy alto :p). También hace bastante que no paso por los blogs de “mi gente” (ya me vale...) ¿¿Podrán perdonarme algún día??. Es que he estado bastante liada: joé, que la luna creciente de la semana del 9 al 15 de mayo afectó enormemente a los pleamares y bajamares del Atlántico; y de rebote, al riego cerebral de todo mi profesorado; provocando la convocatoria masiva de parciales semana sí, semana también. Y de esta guisa no se pué viví así como si tal cosa... Que no es normal... Que mientras que todos l@s universitari@s españoles y españolas están empezando a examinarse, yo casi hace un mes que estoy de pleno... En fin, éstas son mis únicas excusas...
Esta semana ha sido un poquito escalofriante (sí, de acuerdo, aún no se ha terminado... Pero es que ha dado tanto de sí, que si se acabara ahora mismo, no pasaría nada). Desde que me desperté el lunes, sospeché que no iba a pintar nada, pero que nada bien. Me encanta esta parte de mi vida, me siento tan... tan... “FLEX”...
Como todo el mundo sabe, la mejor manera de empezar la semana es: por un lado, tener estadística a primera hora de la jornada; y por otro, verte obligada a ir a hacer la compra después de clase, e intercambiar miradas asesinas y alguna que otra “palabreja” con el resto de usuarios. Hay qué ver lo que hace la gente con tal de incordiarme... Si es que no se puede ir así por la vida...
----------->SITUACIÓN 1:
# un tío con su coche
# yo con mi coche
# 3 aparcamientos vacíos ( => sitio de sobra para ambos)
Yo iba por un pasillo abarrotado de coches; con cara de sufridora, brazo izquierdo sujetando mi cabeza a la par que se apoyaba en la ventanilla, y buscando un hueco libre. En frente, un pelín a la izquierda, vi asomarse un aparcamiento (que resultaron ser 3). Allá que me fui...
El individuo este en cuestión, conducía por el pasillo de al lado. Nos vió a mí y al aparcamiento. Preso del egoísmo y la prepotencia, se lanzó de lleno a 2 de los huecos libres. Una vez se apropió del máximo espacio posible, empezó con unas maniobras de lo más absurdas que acabaron bloqueándome, cabreándome y por último, obligándome a desviar mi rumbo hasta el tercer aparcamiento (todo un profesional el tiparraco). Al final, ni aparcó bien, ni me dejó aparcar bien a mí...
-----------> DESENLACE 1:
Salí de mi coche dando un portazo de “muchas gracias por su colaboración”, y mi boca (como si hubiese cobrado vida propia) se abrió y me oí decir: “¡mosca-cojonera-reptácea!” Aún me pregunto de dónde habrá sacado mi mente esa frase, ¿existirá una mosca cojonera? ¿Y que repte? Con lo fácil que hubiera resultado soltarle un insulto más español, ese mismo que empieza con “g” y que desahoga hasta límites insospechados... (Si es que soy complicada al máximo... No puedo con mi vida...)
Me fui al supermercado. Hacía mucho que no iba por ahí, tanto, que habían cambiado la distribución de todas las estanterías y sus respectivos productos. Al pasar por la puerta de entrada, me quedé unos segundos preguntándome dónde me había metido. Salí del lugar y alcé la vista para leer el cartel (porque al igual habían cambiado el supermercado por “la peluquería de Manoli” (que todo puede suceder), y yo sin enterarme...). Me situé. ¡Cuánto detesto que me cambien las cosas de sitio! Con todo el trabajo que cuesta aprenderse qué es lo que hay, más o menos, en cada pasillo; va esta gente cruel, insensible a los esquemas mentales que nos hacemos los clientes, (para poder encontrar un mínimo de productos posibles de los 50 que llevas anotados) y reestructuran todo el edificio. Me abandoné a mi fortuna.
----------->SITUACIÓN 2:
Y ahí estaba yo, dando vueltas como un ave tonto. En un pasillo vi a un señor mayor. Lo volví a ver en el siguiente. Y en el otro: "¿me estará persiguiendo?" Me encontraba en mitad de una “congestión de carritos” (así soy yo, siempre en mitad del meollo), y repentinamente, noté que alguien me giraba y me decía: “Marilí, hija; pon en el carro mis cereales”. Era ese señor, “Sí, me está persiguiendo”, pensé. Así que decidí sanjar el asunto de una vez por todas: “Perdone usted, pero yo no soy Marilí, y tampoco su hija” . Me supuse que ahí quedaba la cosa, pero tras 10 minutos de “circuito”, el abuelo seguía persiguiéndome por todos lados: “¡Marilí, Marilí, espérame hija, toma mis cereales ...!” Me convertí en el centro de todas las miradas; y no eran unas miradas bondadosas precisamente, tenían una gran carga de crueldad; me estaba ganado a pulso a la fama de “prófuga”.
-----------> DESENLACE 2:
Me planté cara a cara con el hombre. Fue causa de la tensión acumulada (¿a quién le gusta que le acose alguien que le triplica la edad?) y también del lugar: estábamos en la sección de congelados; el frío semicongeló las neuronas que sinaptan con mis áreas del lenguaje y se tergiversaron las palabras... “ ¡¡QUE YO NO SOY SU HIJA, J***R!!”
A ver, ACLARACIÓN; no es mi estilo andar chillando a l@s ancianit@s en los supermercados (ni en ninguna parte). Hay cabida para la posibilidad de que este señor sea presa del Alzheimer o de la miopía pronfundísima con infinitas dioctrías (y eso lo entiendo); pero lo que no acepto es que me “invada y acuse sucesivamente” a grito pelado y sin tregua por toda la superficie. Si se pierde, o si no sabe regresar, que no se separe del carrito de su hija, o que deje miguitas de pan por donde vaya pasando. (Porque es que no quiero ni imaginar que sea una nueva estrategia para abandonar a l@s abueletes. Que después de lo de las gasolineras... Poco queda por innovar a estas alturas)
Finalmente, después de un tiempo bastante prolongado, desaparecí del campo de visión e indentificación de personas del anciano. Ya había tenido bastante por ese día. Con la mitad de la mitad de las cosas que recordaba que tenía que comprar, me puse a buscar las cajas, para que me cobrasen y largarme de una vez de allí (y no volver en algún tiempecillo...)
-----------> SITUACIÓN 3
Como es normal en todos y cada uno de los supermercardos de éste, nuestro planeta (o hipermercados, que da lo ídem) poco faltaba para que las colas de gente que había esperando para pagar, dieran la vuelta al edificio. Elegí una al azar (total, todas tenían medianamente la misma cantidad de personas). Y a esperar. Es curioso. Seguro que alguna vez has tenido esta escalofriante sensación: “parece que todas las colas van más rápidas que la mía” Pelín más tarde, cuando ya ha transcurrido el “plazo” necesario para que salga a flote la alarma, concluyes: “Vaya por Dióh... Me vine a colocar justamente en la cola que no avanza, -a continuación, un breve amago de “hebreo”-” .Quizás, te sientas identificad@ en alguno de estos dos aspectos. Yo sufrí ambos. Y no tuve valor para cambiarme de fila cuando descubrí la causa: la cajera estaba embarazadííííííííísima. (Pero no por la cajera, única y exclusivamente porque ya había pasado más de un cuarto de hora de espera, y no había una caja que tuviera menos gente que ésa en la que estaba). Costó lo suyo, pero me tocó. No tardé en descubrir la “simpatía” de la señora embarazadííííííííísima: cada vez que pasaba un producto por el lector ese de luz roja, lo dejaba caer de cualquier manera, fuera de cristal o del material que fuese. Ahí estaba yo, al estilo “portera en apuros” intentando coger las cosas al vuelo, antes de que malchocaran con la superficie... Se pasa 1 vez, 2, 3..., y haciendo un poco de esfuerzo, hasta 4 y 5. ¡¡Pero no más!!
-----------> DESENLACE 3:
Sé que esta mujer se pega una serie de horas trabajando en ese estado, cuando lo que debería hacer (y lo que más le apetecería, probablemente) sería todo lo contrario. También soy consciente de las subidonas y bajonas (descomunales) de hormonas, y demás “sucesos” que experimenta su organismo (a causa del embarazo)... Pero... Una cosa es eso, y otra muy distinta la educación y el respeto al otro (sea cliente, o no).
Me aseguré de que toda mi compra estuviera en el carro. A la hora de pagar, saqué (intencionalmente, que tenía dinero suelto de sobra en la cartera) mi tarjeta de crédito. El proceso fue de lo más normal: me dio (muy en su línea) el tíquet y un boli para firmar. Los reuní. Una vez plasmada mi firma, le dí primero el tíquet muy rápidamente; y luego, hice unas maniobras muy sigilosas y estudiadas (siguiendo su estilo => “¡atrápalo si puedes!” ), invitando al boli a que hiciera “caída libre” en dirección al suelo... En seguida mi cara se disfrazó de una falseada preocupación. “Ais... Se me cayó... (te aguantas)”. Me fuí.
Vaya con las gente que nos rodea... Qué suerte vivir aquí...
Hace unos 10 días o algo así que no escribo. Te pongo en situeixon: estoy viva (pero no sé cómo :p); no me ha raptado ningún ente extraño (ya les debería dar vergüenza, ¿a qué están esperando?); he sobrevivido a “los ataques-masivoreligiosos” (no les queda nada si se piensan que voy a dejar de caer en el pecado...); y estoy muy orgullosa de la fama de “pirata” que me he ganado por estos lares (jajajajaja, ¡qué bueno! Lucharé por mantener el listón muy alto :p). También hace bastante que no paso por los blogs de “mi gente” (ya me vale...) ¿¿Podrán perdonarme algún día??. Es que he estado bastante liada: joé, que la luna creciente de la semana del 9 al 15 de mayo afectó enormemente a los pleamares y bajamares del Atlántico; y de rebote, al riego cerebral de todo mi profesorado; provocando la convocatoria masiva de parciales semana sí, semana también. Y de esta guisa no se pué viví así como si tal cosa... Que no es normal... Que mientras que todos l@s universitari@s españoles y españolas están empezando a examinarse, yo casi hace un mes que estoy de pleno... En fin, éstas son mis únicas excusas...
Esta semana ha sido un poquito escalofriante (sí, de acuerdo, aún no se ha terminado... Pero es que ha dado tanto de sí, que si se acabara ahora mismo, no pasaría nada). Desde que me desperté el lunes, sospeché que no iba a pintar nada, pero que nada bien. Me encanta esta parte de mi vida, me siento tan... tan... “FLEX”...
Como todo el mundo sabe, la mejor manera de empezar la semana es: por un lado, tener estadística a primera hora de la jornada; y por otro, verte obligada a ir a hacer la compra después de clase, e intercambiar miradas asesinas y alguna que otra “palabreja” con el resto de usuarios. Hay qué ver lo que hace la gente con tal de incordiarme... Si es que no se puede ir así por la vida...
----------->SITUACIÓN 1:
# un tío con su coche
# yo con mi coche
# 3 aparcamientos vacíos ( => sitio de sobra para ambos)
Yo iba por un pasillo abarrotado de coches; con cara de sufridora, brazo izquierdo sujetando mi cabeza a la par que se apoyaba en la ventanilla, y buscando un hueco libre. En frente, un pelín a la izquierda, vi asomarse un aparcamiento (que resultaron ser 3). Allá que me fui...
El individuo este en cuestión, conducía por el pasillo de al lado. Nos vió a mí y al aparcamiento. Preso del egoísmo y la prepotencia, se lanzó de lleno a 2 de los huecos libres. Una vez se apropió del máximo espacio posible, empezó con unas maniobras de lo más absurdas que acabaron bloqueándome, cabreándome y por último, obligándome a desviar mi rumbo hasta el tercer aparcamiento (todo un profesional el tiparraco). Al final, ni aparcó bien, ni me dejó aparcar bien a mí...
-----------> DESENLACE 1:
Salí de mi coche dando un portazo de “muchas gracias por su colaboración”, y mi boca (como si hubiese cobrado vida propia) se abrió y me oí decir: “¡mosca-cojonera-reptácea!” Aún me pregunto de dónde habrá sacado mi mente esa frase, ¿existirá una mosca cojonera? ¿Y que repte? Con lo fácil que hubiera resultado soltarle un insulto más español, ese mismo que empieza con “g” y que desahoga hasta límites insospechados... (Si es que soy complicada al máximo... No puedo con mi vida...)
Me fui al supermercado. Hacía mucho que no iba por ahí, tanto, que habían cambiado la distribución de todas las estanterías y sus respectivos productos. Al pasar por la puerta de entrada, me quedé unos segundos preguntándome dónde me había metido. Salí del lugar y alcé la vista para leer el cartel (porque al igual habían cambiado el supermercado por “la peluquería de Manoli” (que todo puede suceder), y yo sin enterarme...). Me situé. ¡Cuánto detesto que me cambien las cosas de sitio! Con todo el trabajo que cuesta aprenderse qué es lo que hay, más o menos, en cada pasillo; va esta gente cruel, insensible a los esquemas mentales que nos hacemos los clientes, (para poder encontrar un mínimo de productos posibles de los 50 que llevas anotados) y reestructuran todo el edificio. Me abandoné a mi fortuna.
----------->SITUACIÓN 2:
Y ahí estaba yo, dando vueltas como un ave tonto. En un pasillo vi a un señor mayor. Lo volví a ver en el siguiente. Y en el otro: "¿me estará persiguiendo?" Me encontraba en mitad de una “congestión de carritos” (así soy yo, siempre en mitad del meollo), y repentinamente, noté que alguien me giraba y me decía: “Marilí, hija; pon en el carro mis cereales”. Era ese señor, “Sí, me está persiguiendo”, pensé. Así que decidí sanjar el asunto de una vez por todas: “Perdone usted, pero yo no soy Marilí, y tampoco su hija” . Me supuse que ahí quedaba la cosa, pero tras 10 minutos de “circuito”, el abuelo seguía persiguiéndome por todos lados: “¡Marilí, Marilí, espérame hija, toma mis cereales ...!” Me convertí en el centro de todas las miradas; y no eran unas miradas bondadosas precisamente, tenían una gran carga de crueldad; me estaba ganado a pulso a la fama de “prófuga”.
-----------> DESENLACE 2:
Me planté cara a cara con el hombre. Fue causa de la tensión acumulada (¿a quién le gusta que le acose alguien que le triplica la edad?) y también del lugar: estábamos en la sección de congelados; el frío semicongeló las neuronas que sinaptan con mis áreas del lenguaje y se tergiversaron las palabras... “ ¡¡QUE YO NO SOY SU HIJA, J***R!!”
A ver, ACLARACIÓN; no es mi estilo andar chillando a l@s ancianit@s en los supermercados (ni en ninguna parte). Hay cabida para la posibilidad de que este señor sea presa del Alzheimer o de la miopía pronfundísima con infinitas dioctrías (y eso lo entiendo); pero lo que no acepto es que me “invada y acuse sucesivamente” a grito pelado y sin tregua por toda la superficie. Si se pierde, o si no sabe regresar, que no se separe del carrito de su hija, o que deje miguitas de pan por donde vaya pasando. (Porque es que no quiero ni imaginar que sea una nueva estrategia para abandonar a l@s abueletes. Que después de lo de las gasolineras... Poco queda por innovar a estas alturas)
Finalmente, después de un tiempo bastante prolongado, desaparecí del campo de visión e indentificación de personas del anciano. Ya había tenido bastante por ese día. Con la mitad de la mitad de las cosas que recordaba que tenía que comprar, me puse a buscar las cajas, para que me cobrasen y largarme de una vez de allí (y no volver en algún tiempecillo...)
-----------> SITUACIÓN 3
Como es normal en todos y cada uno de los supermercardos de éste, nuestro planeta (o hipermercados, que da lo ídem) poco faltaba para que las colas de gente que había esperando para pagar, dieran la vuelta al edificio. Elegí una al azar (total, todas tenían medianamente la misma cantidad de personas). Y a esperar. Es curioso. Seguro que alguna vez has tenido esta escalofriante sensación: “parece que todas las colas van más rápidas que la mía” Pelín más tarde, cuando ya ha transcurrido el “plazo” necesario para que salga a flote la alarma, concluyes: “Vaya por Dióh... Me vine a colocar justamente en la cola que no avanza, -a continuación, un breve amago de “hebreo”-” .Quizás, te sientas identificad@ en alguno de estos dos aspectos. Yo sufrí ambos. Y no tuve valor para cambiarme de fila cuando descubrí la causa: la cajera estaba embarazadííííííííísima. (Pero no por la cajera, única y exclusivamente porque ya había pasado más de un cuarto de hora de espera, y no había una caja que tuviera menos gente que ésa en la que estaba). Costó lo suyo, pero me tocó. No tardé en descubrir la “simpatía” de la señora embarazadííííííííísima: cada vez que pasaba un producto por el lector ese de luz roja, lo dejaba caer de cualquier manera, fuera de cristal o del material que fuese. Ahí estaba yo, al estilo “portera en apuros” intentando coger las cosas al vuelo, antes de que malchocaran con la superficie... Se pasa 1 vez, 2, 3..., y haciendo un poco de esfuerzo, hasta 4 y 5. ¡¡Pero no más!!
-----------> DESENLACE 3:
Sé que esta mujer se pega una serie de horas trabajando en ese estado, cuando lo que debería hacer (y lo que más le apetecería, probablemente) sería todo lo contrario. También soy consciente de las subidonas y bajonas (descomunales) de hormonas, y demás “sucesos” que experimenta su organismo (a causa del embarazo)... Pero... Una cosa es eso, y otra muy distinta la educación y el respeto al otro (sea cliente, o no).
Me aseguré de que toda mi compra estuviera en el carro. A la hora de pagar, saqué (intencionalmente, que tenía dinero suelto de sobra en la cartera) mi tarjeta de crédito. El proceso fue de lo más normal: me dio (muy en su línea) el tíquet y un boli para firmar. Los reuní. Una vez plasmada mi firma, le dí primero el tíquet muy rápidamente; y luego, hice unas maniobras muy sigilosas y estudiadas (siguiendo su estilo => “¡atrápalo si puedes!” ), invitando al boli a que hiciera “caída libre” en dirección al suelo... En seguida mi cara se disfrazó de una falseada preocupación. “Ais... Se me cayó... (te aguantas)”. Me fuí.
Vaya con las gente que nos rodea... Qué suerte vivir aquí...
EL COLMO DE UNA ATEA
Ha llegado a mis manos, del modo más insospechable, un documento que ya quisiera el fanático que me envió el mail aquel (sí, el correo del que hablo en el post inmediatamente anterior a éste), o cualquiera de los de su cuadrilla. Bueno, he de advertir que este es otro post de carácter medianamente religioso. Prometo no poner nada más respecto a este tema (al menos en una buena temporada) pero es que estoy por buscarme un abogado... ¡¡La Iglesia atenta contra mi pacifismo!!
Esta mañana, cuando me disponía a cruzar la puerta de mi casa en dirección a la calle ¡¡surprise!! Un sobre blanco, y medio abultado en la acera llamó mi atención... En un primer momento, mi impulso fue dejarlo ahí (que al fin y al cabo a mí no me molestaba, y no merecía la pena agacharme y estirar un brazo hasta alcanzarlo en esos horarios matutinos); además, fijo que no duraba mucho allí tirado, gracias al “pack” que traemos de fábrica, que incluye una curiosidad tremendamente apreciable; así nos las gastamos en este planeta... Fue precisamente un arrebato de curiosidad semi-morbosa la que me inclinó hacia el suelo para recogerlo.
Si yo fuera una persona que ve mucho telediario o que lee mucha prensa, seguramente me hubiera cogido la tienda de campaña, el botiquín (...) y me hubiera ido al fin del mundo (además de movilizar a los bomberos, servicios secretos y todo lo imaginable) por sospecha de “una carta bomba”... Pero no, de momento no tengo enemigos. De igual modo, tampoco tengo admiradores secretos ... Así que también quedaba descartada esa posibilidad. Una vez examinada la situación, no quedaba otra: entrar en casa como un rayo y abrirlo rápidamente...
Por tod@s es conocido ya el auge de las pulseritas éstas de colores; solidarias creo recordar (seguramente me equivoco) que se llaman; en todo caso, algo por el estilo: la verde fluorescente la del medio ambiente, la blanca de no sé qué, blablabla... ¿Sabes a lo que me refiero verdad? Bueno, si no, sal un rato a la calle y mira las muñecas de la gente; trata de identificar la amplia gama que existe en el mercado. Luego, recapacita.
Lancé todo lo que llevaba al sofá y me puse a palpar el sobrecito. No tenía remite, pero ¡hala! ¡Estaba abierto! Dentro había un papel doblado y una especie de aro blanco y amarillo... (Obviamente lo primero que saqué). Le quité el plástico que lo envolvía; era de dos colores: mitad blanco y mitad amarillo pálido. También ví que tenía unas letras inscritas; una frase en la parte blanca, y otra en la parte amarilla. Leí. Me reí todo lo que me dio la gana. Pensé. Y es que no es pa menos.
A ver; ¿¿¿dónde se ha visto que, “por obra y gracia del Espíritu Santo”, vaya a parar JUSTAMENTE JUSTAMENTE delante de la casa de la atea más radical que existe en kms y kms, “la pulsera de los papas”??? Después del “caso Mette Marit”, era casi impensable un suceso tan desconcertante... Hay que (hablando malamente) rejoderse. NOTA: aquí va una intentona de publicar la imagen de la pulsera (que he escaneado la cartita). Esperemos que salga bien, que yo nunca he hecho estas cosas)

Explico la imagen que no sé por qué me parece que no se entenderá demasiado:
----> A la izquierda, con el color amarillo, tenemos al recién estrenado “ Papa Benedicto XVI”. Por esta parte se lee: “BENEDICTO XVI “CONCILIO Y TRADICIÓN””.
----> En la parte derecha, y con el color blanco, al ya desaparecido “Papa J.Pablo II”. Aquí está escrito: “J. PABLO II “NO TENGAS MIEDO””
(NOTA II: yo misma he deducido que las imágenes son del milenio pasado; ¡¡el nuevo Papa no es tan joven!! ¡¡Y el ex – Papa no podía levantar la mano de esa manera!!)
Pero lo mejor aún estaba por venir: no había leído la carta. Allí hay una dirección en la que, supuestamente se pueden adquirir esas pulseras (y a la que yo no he podido entrar... ¡¡Uuuuisss!!), la imagen, y el texto. Parece que va dirigida hacia un tal “Padre”; yo me imagino que será “el cura de mi pueblo”.
En ella se explica que el blanco y el amarillo son los colores vaticanos (no te acostarás sin saber una cosa más) y que “los lemas” que se recogen en cada uno de los lados o colores, definen el pontificado del Papa en cuestión. (¿?¿?) Conclusión, que pretenden aprovechar el tirón de fama de las pulseritas y se invita “al Padre” a que, si lo considera oportuno, pida un mínimo de 50 unidades para venderlas en su iglesia con el fin de destinar los beneficios, bien a mejoras en su parroquia o a contribuir en una serie de proyectos que detallan.
¿Ves tú? Estas cosas las apruebo (aunque no sé si obtendrán muchas ganancias, si no he oído mal, hay un periódico que las va a regalar o las ha regalado ya): se hacen estos trapicheos y el beneficio se destina a lo que les da la gana. Todo queda en casa. Sólo se enterarán “los fieles”, los de alrededor de los fieles... Y rompiendo todas las expectativas, de rebote, me entero yo también gracias a los lazos del destino...
La religión me persigue; pero yo soy más rápida...
PD: Me quedo con una frase de la carta: “... nuestra empresa ha diseñado y producido una pulsera conmemorativa acorde con nuestros tiempos...” Que cada uno piense lo que quiera... Qué suerte vivir aquí...
Esta mañana, cuando me disponía a cruzar la puerta de mi casa en dirección a la calle ¡¡surprise!! Un sobre blanco, y medio abultado en la acera llamó mi atención... En un primer momento, mi impulso fue dejarlo ahí (que al fin y al cabo a mí no me molestaba, y no merecía la pena agacharme y estirar un brazo hasta alcanzarlo en esos horarios matutinos); además, fijo que no duraba mucho allí tirado, gracias al “pack” que traemos de fábrica, que incluye una curiosidad tremendamente apreciable; así nos las gastamos en este planeta... Fue precisamente un arrebato de curiosidad semi-morbosa la que me inclinó hacia el suelo para recogerlo.
Si yo fuera una persona que ve mucho telediario o que lee mucha prensa, seguramente me hubiera cogido la tienda de campaña, el botiquín (...) y me hubiera ido al fin del mundo (además de movilizar a los bomberos, servicios secretos y todo lo imaginable) por sospecha de “una carta bomba”... Pero no, de momento no tengo enemigos. De igual modo, tampoco tengo admiradores secretos ... Así que también quedaba descartada esa posibilidad. Una vez examinada la situación, no quedaba otra: entrar en casa como un rayo y abrirlo rápidamente...
Por tod@s es conocido ya el auge de las pulseritas éstas de colores; solidarias creo recordar (seguramente me equivoco) que se llaman; en todo caso, algo por el estilo: la verde fluorescente la del medio ambiente, la blanca de no sé qué, blablabla... ¿Sabes a lo que me refiero verdad? Bueno, si no, sal un rato a la calle y mira las muñecas de la gente; trata de identificar la amplia gama que existe en el mercado. Luego, recapacita.
Lancé todo lo que llevaba al sofá y me puse a palpar el sobrecito. No tenía remite, pero ¡hala! ¡Estaba abierto! Dentro había un papel doblado y una especie de aro blanco y amarillo... (Obviamente lo primero que saqué). Le quité el plástico que lo envolvía; era de dos colores: mitad blanco y mitad amarillo pálido. También ví que tenía unas letras inscritas; una frase en la parte blanca, y otra en la parte amarilla. Leí. Me reí todo lo que me dio la gana. Pensé. Y es que no es pa menos.
A ver; ¿¿¿dónde se ha visto que, “por obra y gracia del Espíritu Santo”, vaya a parar JUSTAMENTE JUSTAMENTE delante de la casa de la atea más radical que existe en kms y kms, “la pulsera de los papas”??? Después del “caso Mette Marit”, era casi impensable un suceso tan desconcertante... Hay que (hablando malamente) rejoderse. NOTA: aquí va una intentona de publicar la imagen de la pulsera (que he escaneado la cartita). Esperemos que salga bien, que yo nunca he hecho estas cosas)

Explico la imagen que no sé por qué me parece que no se entenderá demasiado:
----> A la izquierda, con el color amarillo, tenemos al recién estrenado “ Papa Benedicto XVI”. Por esta parte se lee: “BENEDICTO XVI “CONCILIO Y TRADICIÓN””.
----> En la parte derecha, y con el color blanco, al ya desaparecido “Papa J.Pablo II”. Aquí está escrito: “J. PABLO II “NO TENGAS MIEDO””
(NOTA II: yo misma he deducido que las imágenes son del milenio pasado; ¡¡el nuevo Papa no es tan joven!! ¡¡Y el ex – Papa no podía levantar la mano de esa manera!!)
Pero lo mejor aún estaba por venir: no había leído la carta. Allí hay una dirección en la que, supuestamente se pueden adquirir esas pulseras (y a la que yo no he podido entrar... ¡¡Uuuuisss!!), la imagen, y el texto. Parece que va dirigida hacia un tal “Padre”; yo me imagino que será “el cura de mi pueblo”.
En ella se explica que el blanco y el amarillo son los colores vaticanos (no te acostarás sin saber una cosa más) y que “los lemas” que se recogen en cada uno de los lados o colores, definen el pontificado del Papa en cuestión. (¿?¿?) Conclusión, que pretenden aprovechar el tirón de fama de las pulseritas y se invita “al Padre” a que, si lo considera oportuno, pida un mínimo de 50 unidades para venderlas en su iglesia con el fin de destinar los beneficios, bien a mejoras en su parroquia o a contribuir en una serie de proyectos que detallan.
¿Ves tú? Estas cosas las apruebo (aunque no sé si obtendrán muchas ganancias, si no he oído mal, hay un periódico que las va a regalar o las ha regalado ya): se hacen estos trapicheos y el beneficio se destina a lo que les da la gana. Todo queda en casa. Sólo se enterarán “los fieles”, los de alrededor de los fieles... Y rompiendo todas las expectativas, de rebote, me entero yo también gracias a los lazos del destino...
La religión me persigue; pero yo soy más rápida...
PD: Me quedo con una frase de la carta: “... nuestra empresa ha diseñado y producido una pulsera conmemorativa acorde con nuestros tiempos...” Que cada uno piense lo que quiera... Qué suerte vivir aquí...





