A modo de introducción
¿Escribir "a máquina" o en un procesador de texto?
¿Batir a mano o con batidora?
¿Lavar a mano o con lavadora?
Parecen ya preguntas con una respuesta ya formulada socialmente, pero otras se plantean algo más complejas:
¿La sociedad en la que vivimos nos regala o pagamos un precio por cada cosa que tenemos?
¿Hay más libertad o estamos más atados en otros aspectos?

Los factores del cambio: innovaciones, inventos, el pluralismo y las nuevas prácticas para llevar una vida normal, hacen que los contenidos de la cultura: lo que hasta aquí se había dado por hecho, lo que se sabía del mundo, pierda su consistencia, su significado y/o su sentido común.
Para muchas personas, sobre todo jóvenes, las costumbres y normas heredadas de sus antecesores dejan de tener sentido práctico para la vida, porque ven como más efectivas y deseables las nuevas formas de hacer las cosas.
Pero no sólo eso, sino nuevas enfermedades que veremos a continuación ponen al ser humano entre la espada y la pared. ¿Realmente es la sociedad del bienestar?
¿Batir a mano o con batidora?
¿Lavar a mano o con lavadora?
Parecen ya preguntas con una respuesta ya formulada socialmente, pero otras se plantean algo más complejas:
¿La sociedad en la que vivimos nos regala o pagamos un precio por cada cosa que tenemos?
¿Hay más libertad o estamos más atados en otros aspectos?

Los factores del cambio: innovaciones, inventos, el pluralismo y las nuevas prácticas para llevar una vida normal, hacen que los contenidos de la cultura: lo que hasta aquí se había dado por hecho, lo que se sabía del mundo, pierda su consistencia, su significado y/o su sentido común.
Para muchas personas, sobre todo jóvenes, las costumbres y normas heredadas de sus antecesores dejan de tener sentido práctico para la vida, porque ven como más efectivas y deseables las nuevas formas de hacer las cosas.
Pero no sólo eso, sino nuevas enfermedades que veremos a continuación ponen al ser humano entre la espada y la pared. ¿Realmente es la sociedad del bienestar?
El consumismo: primer síntoma de metropolititis
Sé que estoy dentro de la vorágine del consumismo más atroz. El pasearme por un centro comercial sacia mis ganas de comprar, porque simplemente, miro cosas que aspiro a comprar después, y es que hoy en día, el consumismo llega a los jóvenes y adolescentes: compramos por vicio, las necesidades ya no existen.

Hábitos de compra copiados de modelos televisivos, gasto indiscriminado de teléfono móvil y otros comportamientos de consumo compulsivo.
Los adolescentes hacen de las nuevas tecnologías, ya que este colectivo es un consumidor importantísimo de telefonía móvil e Internet.
Según un estudio de la Generalitat, 8 de cada 10 jóvenes poseen teléfono móvil propio, un 77,6% mediante contrato, lo que refleja que es más difícil controlar el gasto y que las facturas las pagan los padres en un 59,7%.
La ciudad se ha convertido en un gran hipermercado. Cada día unos mil mensajes nos incitan a comprar artículos que no necesitamos. Estamos inmersos en el consumismo que se alimenta de la influencia de la publicidad y ésta se basa en ideas tan falsas como que la felicidad depende de la adquisición de productos.
Consumir quiere decir tanto utilizar como destruir, y consumismo no significa felicidad. En la sociedad de consumo no sólo sentimos cada vez mayor dependencia de nuevos bienes materiales y derrochamos los recursos, sino que el consumo se ha convertido en un elemento de significación social. Se compra para mejorar la autoestima, para ser admirado, envidiado y/o deseado.

Hábitos de compra copiados de modelos televisivos, gasto indiscriminado de teléfono móvil y otros comportamientos de consumo compulsivo.
Los adolescentes hacen de las nuevas tecnologías, ya que este colectivo es un consumidor importantísimo de telefonía móvil e Internet.
Según un estudio de la Generalitat, 8 de cada 10 jóvenes poseen teléfono móvil propio, un 77,6% mediante contrato, lo que refleja que es más difícil controlar el gasto y que las facturas las pagan los padres en un 59,7%.
La ciudad se ha convertido en un gran hipermercado. Cada día unos mil mensajes nos incitan a comprar artículos que no necesitamos. Estamos inmersos en el consumismo que se alimenta de la influencia de la publicidad y ésta se basa en ideas tan falsas como que la felicidad depende de la adquisición de productos.
Consumir quiere decir tanto utilizar como destruir, y consumismo no significa felicidad. En la sociedad de consumo no sólo sentimos cada vez mayor dependencia de nuevos bienes materiales y derrochamos los recursos, sino que el consumo se ha convertido en un elemento de significación social. Se compra para mejorar la autoestima, para ser admirado, envidiado y/o deseado.
Ansiedad ... de vivir en tus brazos
La ansiedad es un problema que afecta a muchas personas que viven en las grandes ciudades.
Todas las personas saben lo que es sentir ansiedad: los hormigueos en el estómago antes de la primera cita, la tensión que se siente cuando el jefe está especialmente enfadado.. En general, una dosis de ansiedad es necesaria para responder ante situaciones de amenazas, para dar un discurso, para estudiar más para un examen.

El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es mucho más de lo que una persona normal con ansiedad experimenta en su vida diaria. Son preocupación y tensión crónicas aún cuando nada parece provocarlas. El padecer de este trastorno significa anticipar siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar. El simple hecho de pensar en pasar el día provoca ansiedad.
El TAG se presenta gradualmente y afecta con mayor frecuencia a personas en su niñez o adolescencia, pero también puede comenzar en la edad adulta. Es más común en las mujeres que en los hombres y con frecuencia ocurre en los familiares de las personas afectadas. Se diagnostica cuando alguien pasa cuando menos 6 meses preocupándose excesivamente por varios problemas diarios.





