Pesimista converso
Como he afirmado en artículos anteriores siempre me he considerado una persona pesimista por naturaleza. Pero sin embargo, a día de hoy y después de haber escuchado y leído varias frases trascendentales y después de haber tenido conversaciones de cierto calado esa concepción que tenía de mi persona ha cambiado: se podría decir que actualmente me considero optimista por auto-convencimiento.
Lo primero que me llegó fueron dos frases que han cambiado en parte mi filosofía de vida. Estas dos sentencias son: “Hay que vivir con la idea de que hemos sobrevivido a lo peor” y “Lo mejor está por llegar” Desgraciadamente no sabría decir que personas o personajes las pronunciaron ni en que contexto pero analicémoslas. Por separado son frases esperanzadoras, positivas y optimistas en el concepto más amplio de estas palabras, pero estudiadas y llevadas a la práctica como una idea única son luminosas y guiadoras, indican un camino que, de seguirlo, solo nos deparará sentimientos positivos. Una frase completa y continúa el sentido de la otra. Nos indican que cada día de nuestra vida es un punto y aparte que nos depara algo mejor que el anterior.
Se podría alegar que no son ciertas, que cualquier día nos puede pasar algo negativo o desagradable que rebata el sentido de las frases y, sinceramente, es verdad. Pero en ningún momento nadie ha dicho que vayan a ser verdades inmutables. Como dije antes son ideas, conceptos. Son una filosofía de vida ya que siempre es mejor pensar que lo peor de nuestra vida ha pasado y que el futuro nos depara cosas positivas a, por el contrario pensar que los males con los que ya nos hemos cruzado solo han sido un prólogo de la mierda de vida que nos espera.
Sobre una de estas frases tuve la conversación citada al principio de este escrito. En su momento no conseguí razonar los argumentos necesarios para respaldar la utilidad de pensar de esta manera. El tiempo y mi lógica me han provisto de ellos. Sólo espero que ha esa persona le parezcan correctos y la ayuden aunque sea un poco, porque ese poco, con tiempo se convertirá en algo grande.
La otra frase que me hizo meditar y con la que tuve que lidiar es esta: “Un pesimista es un optimista bien informado” Eso es una sandez. Una estupidez en toda regla. Un pesimista es una persona que se regocija de su propia pena y se vale de ella como un muro tras el que esconderse. Ser optimista no implica el desconocer las penas que nos rodean. Implica que, aún conociéndolas, no se hacen de ellas el eje central de la vida sino que se aceptan y se intentan superar focalizando nuestra atención en las cosas positivas.
Y es que, si algo he aprendido en los 21 años que voy a cumplir, es que basta con buscar cosas positivas en nuestra vida para encontrarlas.
Saludos.
Lo primero que me llegó fueron dos frases que han cambiado en parte mi filosofía de vida. Estas dos sentencias son: “Hay que vivir con la idea de que hemos sobrevivido a lo peor” y “Lo mejor está por llegar” Desgraciadamente no sabría decir que personas o personajes las pronunciaron ni en que contexto pero analicémoslas. Por separado son frases esperanzadoras, positivas y optimistas en el concepto más amplio de estas palabras, pero estudiadas y llevadas a la práctica como una idea única son luminosas y guiadoras, indican un camino que, de seguirlo, solo nos deparará sentimientos positivos. Una frase completa y continúa el sentido de la otra. Nos indican que cada día de nuestra vida es un punto y aparte que nos depara algo mejor que el anterior.
Se podría alegar que no son ciertas, que cualquier día nos puede pasar algo negativo o desagradable que rebata el sentido de las frases y, sinceramente, es verdad. Pero en ningún momento nadie ha dicho que vayan a ser verdades inmutables. Como dije antes son ideas, conceptos. Son una filosofía de vida ya que siempre es mejor pensar que lo peor de nuestra vida ha pasado y que el futuro nos depara cosas positivas a, por el contrario pensar que los males con los que ya nos hemos cruzado solo han sido un prólogo de la mierda de vida que nos espera.
Sobre una de estas frases tuve la conversación citada al principio de este escrito. En su momento no conseguí razonar los argumentos necesarios para respaldar la utilidad de pensar de esta manera. El tiempo y mi lógica me han provisto de ellos. Sólo espero que ha esa persona le parezcan correctos y la ayuden aunque sea un poco, porque ese poco, con tiempo se convertirá en algo grande.
La otra frase que me hizo meditar y con la que tuve que lidiar es esta: “Un pesimista es un optimista bien informado” Eso es una sandez. Una estupidez en toda regla. Un pesimista es una persona que se regocija de su propia pena y se vale de ella como un muro tras el que esconderse. Ser optimista no implica el desconocer las penas que nos rodean. Implica que, aún conociéndolas, no se hacen de ellas el eje central de la vida sino que se aceptan y se intentan superar focalizando nuestra atención en las cosas positivas.
Y es que, si algo he aprendido en los 21 años que voy a cumplir, es que basta con buscar cosas positivas en nuestra vida para encontrarlas.
Saludos.
Número cien
El tiempo pasa poco a poco, aunque con el paso de los años, conforme uno se va haciendo más mayor, ese poco a poco va siendo cada vez más rápido. El mes que viene este blog cumplirá dos años, pero es con este artículo con el que cumple otra efeméride: el post numero 100.
No consigo decidir si es un número bajo o alto para el tiempo que ha transcurrido. Lo más fácil es pensar que son los que tenían que ser. Bien es cierto que han quedado historias y pensamientos en el tintero, como aquel que dice. Pero también es verdad que he compartido las ideas, relatos y reflexiones que he considera más dignas de publicación, extrayéndolas de mi cabeza una a una, desgranándolas y, por supuesto, poniendo todo mi interés, mi ilusión y mis recursos en hacéroslas llegar de la mejor manera posible y con la mejor calidad de la que era capaz. No soy yo la persona adecuada para juzgar si lo he conseguido.
No puedo negar que siento un orgullo personal por todos y cada uno de los artículos que he publicado. Al fin y al cabo son parte de mí. Una parte de mí importante, ya que son cosas que en persona o a simple vista no exteriorizo pero que vuelco en los escritos, porque si no me involucro en lo que escribo no puedo esperar que vosotros lo hagáis y eso sería un fracaso. El hecho de que no consigáis sentir en vuestro interior lo que escribo, de que no transmita lo suficiente implica el incumplimiento de mi labor como escritor.
Supongo que si me preguntasen hoy día por qué escribo esa sería mi contestación. Escribo para que todo el que me lea me sienta, o al menos que comprenda que puedo sentir. Cuando empecé a escribir hace dos años esta respuesta habría sido diferente. Lo más probable es que hubiese contestado que escribía porque habría alguien a quien le interesase lo que podría escribir. Esto ya lo he constatado por el hecho de que dos años después sigo teniendo lectores (a los que, por cierto, nunca les estaré lo suficientemente agradecido) Por eso mi manera de devolveros el tiempo que me dedicáis es que estas lecturas no se limiten sólo a ser lecturas, sin que sean pequeñas, ínfimas experiencias vitales que compartimos entre vosotros y yo.
Lo único que me queda por decir es que ojala penséis que lo mejor está por llegar.
Gracias a todos.
Saludos.
P.D.: releyendo esto me he dado cuenta de que parece una despedida. Nada más lejos de la realidad. Todavía me quedan cosas por decir y 7 megas de espacio libre por rellenar.
No consigo decidir si es un número bajo o alto para el tiempo que ha transcurrido. Lo más fácil es pensar que son los que tenían que ser. Bien es cierto que han quedado historias y pensamientos en el tintero, como aquel que dice. Pero también es verdad que he compartido las ideas, relatos y reflexiones que he considera más dignas de publicación, extrayéndolas de mi cabeza una a una, desgranándolas y, por supuesto, poniendo todo mi interés, mi ilusión y mis recursos en hacéroslas llegar de la mejor manera posible y con la mejor calidad de la que era capaz. No soy yo la persona adecuada para juzgar si lo he conseguido.
No puedo negar que siento un orgullo personal por todos y cada uno de los artículos que he publicado. Al fin y al cabo son parte de mí. Una parte de mí importante, ya que son cosas que en persona o a simple vista no exteriorizo pero que vuelco en los escritos, porque si no me involucro en lo que escribo no puedo esperar que vosotros lo hagáis y eso sería un fracaso. El hecho de que no consigáis sentir en vuestro interior lo que escribo, de que no transmita lo suficiente implica el incumplimiento de mi labor como escritor.
Supongo que si me preguntasen hoy día por qué escribo esa sería mi contestación. Escribo para que todo el que me lea me sienta, o al menos que comprenda que puedo sentir. Cuando empecé a escribir hace dos años esta respuesta habría sido diferente. Lo más probable es que hubiese contestado que escribía porque habría alguien a quien le interesase lo que podría escribir. Esto ya lo he constatado por el hecho de que dos años después sigo teniendo lectores (a los que, por cierto, nunca les estaré lo suficientemente agradecido) Por eso mi manera de devolveros el tiempo que me dedicáis es que estas lecturas no se limiten sólo a ser lecturas, sin que sean pequeñas, ínfimas experiencias vitales que compartimos entre vosotros y yo.
Lo único que me queda por decir es que ojala penséis que lo mejor está por llegar.
Gracias a todos.
Saludos.
P.D.: releyendo esto me he dado cuenta de que parece una despedida. Nada más lejos de la realidad. Todavía me quedan cosas por decir y 7 megas de espacio libre por rellenar.
Etiquetas: efemerides





