La caja con forma de corazón (Relato)
Día 13 de febrero.
Julia termina de arreglarse para salir a cenar con su novio. Coge su bolso y se dirige al salón de su casa donde sus padres, su abuela y su hermano ven una película:
-Me voy a cenar con Jose- les informa.
-Muy bien, pero no vuelvas tarde que mañana tienes trabajo- le contesta su padre.
-¿Y como es que salís a cenar hoy en vez de mañana que es San Valentín?- pregunta su abuela.
-Abuela, ya sabes que ni a Jose ni a mi nos gustan esas fiestas tan comerciales. De hecho hemos quedado en no regalarnos nada.- le explica Julia - Me voy que al final voy a llegar tarde. Hasta mañana. Mamá, no me esperes despierta.
El ruido de la puerta al cerrarse no distrae a la familia de su película.
Día 14 de febrero.
A media mañana suena el timbre de la puerta. La madre deja por un momento los quehaceres del hogar. Antes de abrir mira por la mirilla para descubrir que es un repartidor:
-Traigo un paquete para Julia Fernández- grita el rapartidor al escuchar a alguien al otro lado de la puerta.
-Soy su madre- dice mientras abre la puerta- Julia no está en casa. ¿Te vale mi firma?
-Si, es solo para constatar la entrega en el sitio establecido- responde el repartidor.
La mujer firma el papel que le tiende el repartidor y recoge el paquete de su hija. El repartidor se marcha con el pertinente "Que tenga usted un buen día" de turno.
Es la hora de comer y la familia se junta en torno a la mesa del comedor, a excepción de Julia.
-¿Sabes algo de Julia?- le pregunta el padre a su mujer.
- No, pero supongo que se habrá quedado a dormir en casa de Jose y habrá ido a trabajar directamente desde allí. Ya sabes que guarda ropa en su casa para estas situaciones- contesta la madre.
-No me gusta que haga eso. Ya se que no es una niña, pero al menos podía llamar para decirnos donde anda y como está.
-Ya sabes lo independiente que es tu hija. Además, seguramente esté liada con el trabajo y se la habrá ido el santo al cielo- justifica su madre- Por cierto, esta mañana ha llegado un paquete para ella de parte de Jose. Parece una caja de bombones de esas con forma de corazón.
-Míralo, al que no le gustaban estas fiestas tan comerciales- se burla el hermano pequeño de Julia.
-Pues yo veo muy romántico que Jose haya tenido ese detalle con tu hermana- le reprocha su madre.
La familia sigue comiendo mientras ven el telediario, dejando a un lado su conversación.
Comienza a anochecer y siguen sin tener noticias de Julia. Su madre ha intentado en varias ocasiones ponerse en contacto con ella y con Jose a través de sus respectivos móviles, pero con resultados negativos:
-Se habrán quedado sin batería- se atreve a pronosticar la madre.
-¿Y ya no existen las cabinas de teléfono?- se queja el padre con cierto enfado.
Un tenso silencio se hace notar en la sala.
-¿No oleis algo raro?- dice la abuela con un mohín de desagrado en la cara.
-Abuela, ahora que lo dice yo también lo he notado.
La familia se levanta intrigada en busca de la fuente del olor. Al cabo de un rato se oye la voz del hermano:
-Venid. Es en la habitación de Julia.
La familia entra en la habitación para descubrir que el olor proviene de la caja en forma de corazón.
-¿Se habrán puesto malos los bombones?- pregunta la abuela.
-No sabía que habia que guardarlos en la nevera- se excusa la madre.
-Este olor no es de bombones pasados- dice el padre mientras se dispone a abrir la caja.
Cuando la abre, la libidez recorre su cara y un brillo de terror inunda sus ojos. El resto de miembros de la familia se acerca para descubrir lo que se esconde en el interior. La madre grita con todas sus fuerzas. La abuela se desmaya y el hermano sale corriendo de la habitación con lágrimas en los ojos.
Dentro de la caja nada de bombones. Solo dos cosas. Un corazón. Un corazón humano. El corazón de Julia. Y una pequeña tarjeta con esto escrito a mano: "Me dijo que su corazón era mío"
Saludos
Julia termina de arreglarse para salir a cenar con su novio. Coge su bolso y se dirige al salón de su casa donde sus padres, su abuela y su hermano ven una película:
-Me voy a cenar con Jose- les informa.
-Muy bien, pero no vuelvas tarde que mañana tienes trabajo- le contesta su padre.
-¿Y como es que salís a cenar hoy en vez de mañana que es San Valentín?- pregunta su abuela.
-Abuela, ya sabes que ni a Jose ni a mi nos gustan esas fiestas tan comerciales. De hecho hemos quedado en no regalarnos nada.- le explica Julia - Me voy que al final voy a llegar tarde. Hasta mañana. Mamá, no me esperes despierta.
El ruido de la puerta al cerrarse no distrae a la familia de su película.
Día 14 de febrero.
A media mañana suena el timbre de la puerta. La madre deja por un momento los quehaceres del hogar. Antes de abrir mira por la mirilla para descubrir que es un repartidor:
-Traigo un paquete para Julia Fernández- grita el rapartidor al escuchar a alguien al otro lado de la puerta.
-Soy su madre- dice mientras abre la puerta- Julia no está en casa. ¿Te vale mi firma?
-Si, es solo para constatar la entrega en el sitio establecido- responde el repartidor.
La mujer firma el papel que le tiende el repartidor y recoge el paquete de su hija. El repartidor se marcha con el pertinente "Que tenga usted un buen día" de turno.
Es la hora de comer y la familia se junta en torno a la mesa del comedor, a excepción de Julia.
-¿Sabes algo de Julia?- le pregunta el padre a su mujer.
- No, pero supongo que se habrá quedado a dormir en casa de Jose y habrá ido a trabajar directamente desde allí. Ya sabes que guarda ropa en su casa para estas situaciones- contesta la madre.
-No me gusta que haga eso. Ya se que no es una niña, pero al menos podía llamar para decirnos donde anda y como está.
-Ya sabes lo independiente que es tu hija. Además, seguramente esté liada con el trabajo y se la habrá ido el santo al cielo- justifica su madre- Por cierto, esta mañana ha llegado un paquete para ella de parte de Jose. Parece una caja de bombones de esas con forma de corazón.
-Míralo, al que no le gustaban estas fiestas tan comerciales- se burla el hermano pequeño de Julia.
-Pues yo veo muy romántico que Jose haya tenido ese detalle con tu hermana- le reprocha su madre.
La familia sigue comiendo mientras ven el telediario, dejando a un lado su conversación.
Comienza a anochecer y siguen sin tener noticias de Julia. Su madre ha intentado en varias ocasiones ponerse en contacto con ella y con Jose a través de sus respectivos móviles, pero con resultados negativos:
-Se habrán quedado sin batería- se atreve a pronosticar la madre.
-¿Y ya no existen las cabinas de teléfono?- se queja el padre con cierto enfado.
Un tenso silencio se hace notar en la sala.
-¿No oleis algo raro?- dice la abuela con un mohín de desagrado en la cara.
-Abuela, ahora que lo dice yo también lo he notado.
La familia se levanta intrigada en busca de la fuente del olor. Al cabo de un rato se oye la voz del hermano:
-Venid. Es en la habitación de Julia.
La familia entra en la habitación para descubrir que el olor proviene de la caja en forma de corazón.
-¿Se habrán puesto malos los bombones?- pregunta la abuela.
-No sabía que habia que guardarlos en la nevera- se excusa la madre.
-Este olor no es de bombones pasados- dice el padre mientras se dispone a abrir la caja.
Cuando la abre, la libidez recorre su cara y un brillo de terror inunda sus ojos. El resto de miembros de la familia se acerca para descubrir lo que se esconde en el interior. La madre grita con todas sus fuerzas. La abuela se desmaya y el hermano sale corriendo de la habitación con lágrimas en los ojos.
Dentro de la caja nada de bombones. Solo dos cosas. Un corazón. Un corazón humano. El corazón de Julia. Y una pequeña tarjeta con esto escrito a mano: "Me dijo que su corazón era mío"
Saludos





