Una pequeña muerte
A veces las cosas en la vida van mal, así en general. Sin una razón clara, pero van mal. Cada vez peor. Por eso también a veces puede producirse un efecto rebote. Me explico.
En ocasiones para que las cosas te vuelvan a ir bien han tenido que llegar un punto en el que te fueran fatal. No tienes necesariamente que haber tocado fondo, pero sí haber llegado a una situación insostenible, una situación en la que creas que no te pueden ir peor las cosas (aunque eso nunca es así: las cosas siempre pueden empeorar o mejorar. No existen los extremos en este caso) Es en esos momentos cuando ocurre algo en tu vida, normalmente algo inesperado que da un giro radical al sentido de tu existencia que hace que vuelvas a ver la luz al final del tunel. Como una muerte y resurrección.
La manera más gráfica de explicarlo que se me ocurre es con un castillo de naipes. Si tu construyes el castillo poco a poco, con equilibrio y colocación no vas a tener ningún problema. Ahora bien, si lo haces sin ninguna de esas tres premisas, si lo construyes de una manera que las cartas se sostengan más o menos, llegará un punto en el que te será más difícil continuar con la construcción que esperar a que se derrumbe y empezar de nuevo.
Muchos achacarán ese punto de inflexión, ese rebote desde lo bajo para empezar una subida, a la suerte. No estoy de acuerdo. No creo que la suerte llegue y se vaya de repente. Tampoco soy como esos necios que creen que la suerte está ahí para el que la consigue. Directamente no creo en la suerte. Yo creo que las cosas buenas y malas ocurren porque tienen que ocurrir. Sin más. Lo único que puede influir en este aspecto es nuestra propia actitud, es decir, si actuamos de una manera correcta (una manera que podriamos llamar "buena") en algún momento las cosas te irán bien, por simple perseverancia. Si por el contrario actúas como un cabrón, en algún momento la vida te pagará con la misma moneda. No sé si esto es el concepto exacto del karma, pero yo diría que es algo bastante parecido.
Saludos
En ocasiones para que las cosas te vuelvan a ir bien han tenido que llegar un punto en el que te fueran fatal. No tienes necesariamente que haber tocado fondo, pero sí haber llegado a una situación insostenible, una situación en la que creas que no te pueden ir peor las cosas (aunque eso nunca es así: las cosas siempre pueden empeorar o mejorar. No existen los extremos en este caso) Es en esos momentos cuando ocurre algo en tu vida, normalmente algo inesperado que da un giro radical al sentido de tu existencia que hace que vuelvas a ver la luz al final del tunel. Como una muerte y resurrección.
La manera más gráfica de explicarlo que se me ocurre es con un castillo de naipes. Si tu construyes el castillo poco a poco, con equilibrio y colocación no vas a tener ningún problema. Ahora bien, si lo haces sin ninguna de esas tres premisas, si lo construyes de una manera que las cartas se sostengan más o menos, llegará un punto en el que te será más difícil continuar con la construcción que esperar a que se derrumbe y empezar de nuevo.
Muchos achacarán ese punto de inflexión, ese rebote desde lo bajo para empezar una subida, a la suerte. No estoy de acuerdo. No creo que la suerte llegue y se vaya de repente. Tampoco soy como esos necios que creen que la suerte está ahí para el que la consigue. Directamente no creo en la suerte. Yo creo que las cosas buenas y malas ocurren porque tienen que ocurrir. Sin más. Lo único que puede influir en este aspecto es nuestra propia actitud, es decir, si actuamos de una manera correcta (una manera que podriamos llamar "buena") en algún momento las cosas te irán bien, por simple perseverancia. Si por el contrario actúas como un cabrón, en algún momento la vida te pagará con la misma moneda. No sé si esto es el concepto exacto del karma, pero yo diría que es algo bastante parecido.
Saludos
Etiquetas: suerte
Sigue corriendo (Relato)
Tenía que llegar. Sabía que era necesario llegar. Así que heché a correr. A correr como nunca antes había corrido. Sería la carrera de mi vida, no por su importancia, sino porque literalmente iba a decidir mi vida. Designaría mi futuro, la dirección que iba a tomar mi destino. Me lo jugaba todo a cara o cruz: si llegaba, ganaría; si por el contrario me quedaba por el camino, habría que ver que desagradables consecuencias me depararía el azar.
Estaba corriendo lo más rápido que podía y conforme lo iba haciendo me daba cuenta de la rápida decadencia de mi forma física. Perdí el ritmo de la respiración. Recuerdo que en el colegio te ensañaban que había que inspirar por la nariz y espirar por la boca. En esos momentos las enseñanzas se desvanecieron. Respiraba como podía, desacompasadamente, siempre por la boca. Nada bueno. Pero tenía que seguir corriendo.
Corrí por sitios que ni siquiera recuerdo, esquivando gente a la que no me daba tiempo a reconocer. Pero tenía que seguir corriendo.
Sudor frío, goteando por mi espalda, empapando mi camiseta. Notaba los latidos de mi corazón en los oidos y martilleando en mis sienes, cada vez más fuertes, cada vez más rápidos, cada vez más dolorosos. Pero tenía que seguir corriendo.
De repente, dolor en el estómago. Eso que llaman flato. Hacía tiempo que no me ocurría, el mismo tiempo que hacía que perdí el hábito del deporte. Fue como un pinzamiento, como si alguien me estuviese estrujando el hígado con sus propias manos. Además noté que mi garganta sabía a sangre. Estaba seca y dolorida por la mala respiración. Pero tenía que seguir corriendo.
Y cuando llegué, ya no estaba allí. Nunca supe si se acababa de marchar, si se había ido hacía ya tiempo o si ni siquiera había estado allí nunca.
Ahora, con el tiempo pasado no recuerdo cual era mi objetivo, hacia qué corría. No recuerdo si era una mujer, un poder, una ambición, un sueño extravagante. No lo consigo recordar. Supongo que, en realidad, no importa fuese lo que fuese.
En lo que ahora pienso es en todo lo que me tuve que perder por ir demasiado rápido.
Saludos
Estaba corriendo lo más rápido que podía y conforme lo iba haciendo me daba cuenta de la rápida decadencia de mi forma física. Perdí el ritmo de la respiración. Recuerdo que en el colegio te ensañaban que había que inspirar por la nariz y espirar por la boca. En esos momentos las enseñanzas se desvanecieron. Respiraba como podía, desacompasadamente, siempre por la boca. Nada bueno. Pero tenía que seguir corriendo.
Corrí por sitios que ni siquiera recuerdo, esquivando gente a la que no me daba tiempo a reconocer. Pero tenía que seguir corriendo.
Sudor frío, goteando por mi espalda, empapando mi camiseta. Notaba los latidos de mi corazón en los oidos y martilleando en mis sienes, cada vez más fuertes, cada vez más rápidos, cada vez más dolorosos. Pero tenía que seguir corriendo.
De repente, dolor en el estómago. Eso que llaman flato. Hacía tiempo que no me ocurría, el mismo tiempo que hacía que perdí el hábito del deporte. Fue como un pinzamiento, como si alguien me estuviese estrujando el hígado con sus propias manos. Además noté que mi garganta sabía a sangre. Estaba seca y dolorida por la mala respiración. Pero tenía que seguir corriendo.
Y cuando llegué, ya no estaba allí. Nunca supe si se acababa de marchar, si se había ido hacía ya tiempo o si ni siquiera había estado allí nunca.
Ahora, con el tiempo pasado no recuerdo cual era mi objetivo, hacia qué corría. No recuerdo si era una mujer, un poder, una ambición, un sueño extravagante. No lo consigo recordar. Supongo que, en realidad, no importa fuese lo que fuese.
En lo que ahora pienso es en todo lo que me tuve que perder por ir demasiado rápido.
Saludos
Etiquetas: correr
No estés triste
No estés triste. No te preocupes por mi o por lo que pueda pensar. Piensa solamente en ti y en lo que realmente quieres y necesitas. Al menos eso es lo que yo intento, pensar en ti y en lo que quieres.
No estés triste, porque lo mínimo que vas a sacar de mi es un amigo o al menos alguien con quien poder hablar. De ahí hacia arriba todo lo que quieras y, si esta en mis posibilidades, aun más. Todo eso y más.
No estés triste porque yo voy a estar aquí, ahora y siempre. Hay un refrán que dice "al tiempo, tiempo le pido y el tiempo, tiempo me da" Pues bien, si el tiempo no te da el tiempo que necesitas yo te daré todo el que quieras.
No estés triste porque pase lo que pase será como tu quieras. Y ocurra lo que ocurra no será culpa tuya. No será culpa de nadie. Solo será tu decisión y como decisión que es será correcta porque no hay que arrepentirse de las decsiones que tomamos o hacemos, sino de las que no somos acapaces de llevar a cabo.
No estés triste porque acabe como acabe todo no acabará mal. Ni bien. Acabará como tenga que acabar porque así es como son las cosas, imprevisibles.
No estés triste porque no tienes nada que perder. Te aseguró que no perderás nada. Y lo que podías ganar ya lo has ganado.
No estés triste porque aunque no todas las historias tienen un final feliz tu puedes escribir el final que quieras para esta.
No estés triste porque a pesar de que el destino no se portó bien contigo en el pasado yo haré lo que posible para que si lo haga.
Y por encima de todo no estés triste porque recuerda que todo esto pasará cuando y como quieras.
Saludos
No estés triste, porque lo mínimo que vas a sacar de mi es un amigo o al menos alguien con quien poder hablar. De ahí hacia arriba todo lo que quieras y, si esta en mis posibilidades, aun más. Todo eso y más.
No estés triste porque yo voy a estar aquí, ahora y siempre. Hay un refrán que dice "al tiempo, tiempo le pido y el tiempo, tiempo me da" Pues bien, si el tiempo no te da el tiempo que necesitas yo te daré todo el que quieras.
No estés triste porque pase lo que pase será como tu quieras. Y ocurra lo que ocurra no será culpa tuya. No será culpa de nadie. Solo será tu decisión y como decisión que es será correcta porque no hay que arrepentirse de las decsiones que tomamos o hacemos, sino de las que no somos acapaces de llevar a cabo.
No estés triste porque acabe como acabe todo no acabará mal. Ni bien. Acabará como tenga que acabar porque así es como son las cosas, imprevisibles.
No estés triste porque no tienes nada que perder. Te aseguró que no perderás nada. Y lo que podías ganar ya lo has ganado.
No estés triste porque aunque no todas las historias tienen un final feliz tu puedes escribir el final que quieras para esta.
No estés triste porque a pesar de que el destino no se portó bien contigo en el pasado yo haré lo que posible para que si lo haga.
Y por encima de todo no estés triste porque recuerda que todo esto pasará cuando y como quieras.
Saludos
Etiquetas: triste





