Las 8:15. La parada sin parada.
Si la calidad del servicio de transportes metropolitanos de Madrid es media - alta... ¡no se que coño tendrán como medio de transporte en países donde sea mala! ¿Y esto por qué? Porque me da la gana quedar con Sandra después de estar de fiesta, y por tanto, a las 06:30 de la mañana, de un domingo, quedo con ella en Plaza de Castilla después de que cada uno haya estado en una fiesta. Pasamos un rato juntos, desayuna ella un colacao de la cafetería del intercambiador, y para volver a su casa, pilla el bus verde. Y yo con ella, ya que pasa por el hospital Ramón y Cajal. Y justo cuando le doy al botoncito ese que hace que el autobusero sepa que te quieres bajar, llega el tío y dice: - Aquí no hay parada. -
Bien. Uno reventado, y encima le paran en la siguiente parada, que parece que está cerca de donde te querías bajar, pero si andas para tu casa llegas mañana. A todo esto, no pasa ni un solo autobús en dirección contraria hasta media hora más tarde. Y por supuesto, ningún coche para al ver a un tipo con pelos largos y barbas haciendo autostop en una parada de autobús en la que detrás no hay nada, salvo un parque del cual parece que pueden salir los más extraños personajes...
Total, que lo que era un viaje de 10 minutos escasos, se convierte en una odisea matutina, que bajo los efectos del alcohol, torna en paranoya psicodestructiva de uno mismo. Porque si... ¡hacía un frío que te cagas!
Bien. Uno reventado, y encima le paran en la siguiente parada, que parece que está cerca de donde te querías bajar, pero si andas para tu casa llegas mañana. A todo esto, no pasa ni un solo autobús en dirección contraria hasta media hora más tarde. Y por supuesto, ningún coche para al ver a un tipo con pelos largos y barbas haciendo autostop en una parada de autobús en la que detrás no hay nada, salvo un parque del cual parece que pueden salir los más extraños personajes...
Total, que lo que era un viaje de 10 minutos escasos, se convierte en una odisea matutina, que bajo los efectos del alcohol, torna en paranoya psicodestructiva de uno mismo. Porque si... ¡hacía un frío que te cagas!





