Frío.
Las 10:54. Los litros de cerveza que hemos comprado esperan tumbados sobre el césped, esperando a que acabemos el primero que hemos abierto. La luz de alrededor es algo mortecina, como a las siete de la tarde. Así que me vuelvo a poner las gafas de sol, nunca mejor dicho, y miro de nuevo hacia él.
10:56. El círculo está a punto de completarse. ¡Flipa canijo! No podemos dejar de mirar aunque las normas de uso de las gafas recomienda que no lo hagamos más de tres minutos seguidos. Pero total... si yo ya estaba dispuesto a mirar con unas radiografías...
10:58. Sombras. Ni un pajarito cantando. Vaya historia... pero...¡joder! No se ha hecho de noche. Sólo está como en crepúsculo... pues vaya.
Atardeceres... veo todas las tardes.
10:56. El círculo está a punto de completarse. ¡Flipa canijo! No podemos dejar de mirar aunque las normas de uso de las gafas recomienda que no lo hagamos más de tres minutos seguidos. Pero total... si yo ya estaba dispuesto a mirar con unas radiografías...
10:58. Sombras. Ni un pajarito cantando. Vaya historia... pero...¡joder! No se ha hecho de noche. Sólo está como en crepúsculo... pues vaya.
Atardeceres... veo todas las tardes.
Comentario:
No sé, a lo mejor esperabas que el cielo se tornase gris, sin una nube, y que un jinete tan mamao como lo estarías si fuese un viernes a las once de la noche, apareciese aferrando las riendas de un caballo en plan Nâzgul. Todo esto mientras se quema envuelto en una nube de llamas rojas como la regla. Pues sí que...





