Arboles a la orilla de un río
Fuertes árboles que crecen
a la orilla del río,
oscuridad y misterio
en las aguas que fluyen,
transportadas
por el silencio de las piedras.
Serenidad de brazos y ramas,
de raíces que tocan el agua
con la punta del dedo meñique,
agua fría pero justa,
la mejor temperatura para el alimento.
Bebemos de esa agua
como árboles a la orilla
de un río fresco de campo
con aguas de vertientes
del cerro que ven nuestros ojos.
Nos nutrimos,
nos acompañamos
y crecemos en compañía,
nuestras ramas a veces se topan,
a veces no, dependemos del viento
y del sol y la luna,
pero en el fondo,
en la oscuridad amorosa
de la madre tierra
se encuentran nuestras raíces,
crecidas de semillas tan distintas,
y los deditos, centenares de ellos,
se rozan, se acarician y se abrazan
bajo la tierra que nos recibe
y junto al río nos nutre.





