Reunión después de la muerte
A Carolina,
semilla cósmica y caracola lunar
Hemos sobrevivido a nuestra propia muerte
desde el suelo agreste revolotean al cielo nuestras cenizas
nuestros rostros desfigurados van recuperando lentamente el semblante
y de las cenizas se está formando un huracán de formas
sueños de campo y de ciudad que se unen y encarnan.
De la tierra y las cenizas se va formando un cuerpo
de la greda originaria Dios nos devuelve el alma
y con su soplo modela la arcilla de nuestros rostros.
Finalmente, su sagrada lágrima nos da el movimiento, la vida y la emoción.
Respiramos por primera vez, después de tanto tiempo
años condensados en un minuto de muerte,
y vemos cómo la greda, de tierra y ceniza
se va convirtiendo en flexible papel transparente
y como retorna la sangre a nuestros cuerpos
dándole color a nuestro contorno.
Abrimos de nuevo los ojos de carne
y vemos de nuevo, con ojos dolidos
del recién nacido, recién salido de tumbas.
Y nos damos las manos emocionados
y bailamos bajo el brillo de la luna
mientras de nuestras manos juntas
un pájaro de fuego de larga cola
caliente cuerpo y potente semblante
alza el vuelo hacia la luna
a encontrarse con la paloma mensajera
a reunirse con ella en el divino abrazo
del Verbo encarnado y el ave fénix.
semilla cósmica y caracola lunar
Hemos sobrevivido a nuestra propia muerte
desde el suelo agreste revolotean al cielo nuestras cenizas
nuestros rostros desfigurados van recuperando lentamente el semblante
y de las cenizas se está formando un huracán de formas
sueños de campo y de ciudad que se unen y encarnan.
De la tierra y las cenizas se va formando un cuerpo
de la greda originaria Dios nos devuelve el alma
y con su soplo modela la arcilla de nuestros rostros.
Finalmente, su sagrada lágrima nos da el movimiento, la vida y la emoción.
Respiramos por primera vez, después de tanto tiempo
años condensados en un minuto de muerte,
y vemos cómo la greda, de tierra y ceniza
se va convirtiendo en flexible papel transparente
y como retorna la sangre a nuestros cuerpos
dándole color a nuestro contorno.
Abrimos de nuevo los ojos de carne
y vemos de nuevo, con ojos dolidos
del recién nacido, recién salido de tumbas.
Y nos damos las manos emocionados
y bailamos bajo el brillo de la luna
mientras de nuestras manos juntas
un pájaro de fuego de larga cola
caliente cuerpo y potente semblante
alza el vuelo hacia la luna
a encontrarse con la paloma mensajera
a reunirse con ella en el divino abrazo
del Verbo encarnado y el ave fénix.
Arboles a la orilla de un río
Fuertes árboles que crecen
a la orilla del río,
oscuridad y misterio
en las aguas que fluyen,
transportadas
por el silencio de las piedras.
Serenidad de brazos y ramas,
de raíces que tocan el agua
con la punta del dedo meñique,
agua fría pero justa,
la mejor temperatura para el alimento.
Bebemos de esa agua
como árboles a la orilla
de un río fresco de campo
con aguas de vertientes
del cerro que ven nuestros ojos.
Nos nutrimos,
nos acompañamos
y crecemos en compañía,
nuestras ramas a veces se topan,
a veces no, dependemos del viento
y del sol y la luna,
pero en el fondo,
en la oscuridad amorosa
de la madre tierra
se encuentran nuestras raíces,
crecidas de semillas tan distintas,
y los deditos, centenares de ellos,
se rozan, se acarician y se abrazan
bajo la tierra que nos recibe
y junto al río nos nutre.
Imaginario de la sangre

Sube y baja la corriente de la sangre
por mi pecho y mis piernas,
llenando mi pleno ser
de su roja energía marina.
Mar que choca furioso
en espuma contra promontorios
de rocas, resistentes como el hogar,
aquel símbolo de seguridad
ante el devenir indeciso del mar.
Batir de olas, emoción desplegada,
los brazos golpeando en todas direcciones,
la mente ida, tan enfocada en su delirio,
un sentimiento de ira y adrenalina,
de música que altera la espesura de la sangre.
Estoy hablando de esa sangre
que corre en mi interior,
que más rápido empapa hoy mis entrañas,
que me excita y me envía
hacia mundos de otros imaginarios.





