Océano y Psicosis (2)

Los ojos del mar me observan en silencio,
me observan y no puedo hacer nada...
sus suaves labios clausurados intentan hablarme
desde la arena y las rompientes de las olas.
No poder verte ni entender nada es para mí un espanto,
una joya inefable en lo más profundo de tus entrañas,
interior negro como el alma, ahí donde ya no cabe el aire,
donde ya no descansa el ser, sino sólo la nada.
La nada aleteando, perdida, nada en la nada.
Oscuro horror: que el hombre pueda ser así de inescrutable,
tanto más y tanto menos que un hombre,
tan lejos, tan magnífico y tan pequeño,
tan perdido, tan perdido, tan perdido.
Psicosis.
Oscuro naufragio, doloroso lamento vuelto arena,
polvillo, aceite, petróleo, gas y vida otra vez.
Cuerpo y alma, hombre y animal,
confundidos, mezclados y escindidos.
Identidad perdida
como aguja echada a suerte en el mar
en perpetua y lenta caída.
Hasta un fondo que nunca llega
hasta un fondo azul marino, negro ciego,
hasta un fondo... que quizás no existe.
Lluvia y Misticismo (ashes to ashes)

Los estanques diminutos reposan
cual frágil humanidad, su reflejo el alma propia,
sus ojos en las ramas de los árboles aledaños
extremidades diminutas y perturbadoras.
De pronto un sonido.
Los estanques grandiosos se elevan
en diminutas gotas resucitan,
agua convertida en carne,
carne convertida en delicados fetos:
brotes de frágil humanidad.
Míseros proyectos de vida que ascienden a lo alto,
haces de luz que retornan a su Sol,
millones
abalanzándose a su fin.
Cesa la lluvia.
Desde mi ventana veo las nubes
abrirse a la majestad del cielo azul
y los tímidos rayos
que, tímidamente, vuelven a su suelo.
Los cuerpos y almas
han perdido su impulso, invierten su destino:
las calles se aglomeran de hermosos cadáveres,
cuerpos y almas
transparentes como el agua.
Caídos del cielo
recobrados por las aguas,
los estanques de frágil humanidad:
la tierra y sus habitantes,
viejas estampas de ceniza recobrada.





