Danza
La luz tiembla, tímidamente,
en salones infinitos
y pasillos sin salida...
Las máscaras tiritan
al son de la música
de cosmos, estrellas y lunas.
Espectros:
bailan, gozan, fuera de la caverna,
y se rozan, besan y aman
como el último día...
a sabiendas, si,
del abismo de identidad que les congrega...
Hacia el final de todo, ya no queda nada,
todo ha acabado.
Las campanas han tocado su última danza:
lo eterno.
Salones blancos y negros
que abren los flancos de sus heridas marmóreas;
y los espasmos que en todo se reproducen:
las piezas que caen.
Es el infierno
duro, frío y cavernoso,
la palidez de los rostros se deshace,
las máscaras arden.
Caen.
en salones infinitos
y pasillos sin salida...
Las máscaras tiritan
al son de la música
de cosmos, estrellas y lunas.
Espectros:
bailan, gozan, fuera de la caverna,
y se rozan, besan y aman
como el último día...
a sabiendas, si,
del abismo de identidad que les congrega...
Hacia el final de todo, ya no queda nada,
todo ha acabado.
Las campanas han tocado su última danza:
lo eterno.
Salones blancos y negros
que abren los flancos de sus heridas marmóreas;
y los espasmos que en todo se reproducen:
las piezas que caen.
Es el infierno
duro, frío y cavernoso,
la palidez de los rostros se deshace,
las máscaras arden.
Caen.
Sol
I.
Las palabras mueren,
las expresiones
abatidas por la angustia.
II.
El diente de león golpea y cruje,
se deshace en su propio sopor
en su propia liviandad se inmola.
La piel, muerta y blanquecina, vuelve a la vida,
mi padre muere incinerado
y soy incapaz de llorar.
El humo no me dice nada,
nada...
y yo lavo mis ropas con sal.
III.
El sol se asoma
y por primera vez tirita...
mi presencia le sobrecoge.
La montaña corre a recibir mi caída.
No me alcanza,
ni yo mismo puedo,
soy incapaz.
IV.
Me sumerjo,
caigo, desciendo.
El sol se oculta en estos mares
y nace en Oriente.
Las palabras mueren,
las expresiones
abatidas por la angustia.
II.
El diente de león golpea y cruje,
se deshace en su propio sopor
en su propia liviandad se inmola.
La piel, muerta y blanquecina, vuelve a la vida,
mi padre muere incinerado
y soy incapaz de llorar.
El humo no me dice nada,
nada...
y yo lavo mis ropas con sal.
III.
El sol se asoma
y por primera vez tirita...
mi presencia le sobrecoge.
La montaña corre a recibir mi caída.
No me alcanza,
ni yo mismo puedo,
soy incapaz.
IV.
Me sumerjo,
caigo, desciendo.
El sol se oculta en estos mares
y nace en Oriente.
Máscara
Curiosas curvas
son las que forman tu persona,
y el horror de tus ojos abiertos
sana heridas.
Oh, Narciso... Oh, harciso,
es esta maldita
máscara, que me aprieta
y me impide rebalsarme...
rebasalrme
ralbesarme
balsesarme
blssrm
ssml
rl
son las que forman tu persona,
y el horror de tus ojos abiertos
sana heridas.
Oh, Narciso... Oh, harciso,
es esta maldita
máscara, que me aprieta
y me impide rebalsarme...
rebasalrme
ralbesarme
balsesarme
blssrm
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diecisiete - veintidós
Tenía diecisiete,
años, por supuesto,
mi pelo quedaba apresado entre mis dedos,
canas roñosas desprendidas de cuajo:
matas de vejez.
El cigarro y el licor me habían acabado
y yo mismo escribía los sonetos de mi muerte.
Hoy tengo veintidós años
y apenas distingo mi cuerpo de las cosas,
mi piel se ha regenerado:
han desaparecido la barba y los vicios.
También sueño despierto
y mis ojos
se impactan más por las imágenes de hoy
que por los conceptos, añejos, de ayer.
años, por supuesto,
mi pelo quedaba apresado entre mis dedos,
canas roñosas desprendidas de cuajo:
matas de vejez.
El cigarro y el licor me habían acabado
y yo mismo escribía los sonetos de mi muerte.
Hoy tengo veintidós años
y apenas distingo mi cuerpo de las cosas,
mi piel se ha regenerado:
han desaparecido la barba y los vicios.
También sueño despierto
y mis ojos
se impactan más por las imágenes de hoy
que por los conceptos, añejos, de ayer.
Utopía (microcuento)
Adentro mis ojos en las tuberías culpables, me refresco en culpa líquida... Mis retinas trascienden el mohoso metal, más allá de toda estructura, hacia el centro, el corazón de este armazón tan odiado. Dicen que duele ser absorbido en sus fauces, por sus cañerías infernales...
Tomo una manguera, el único plástico a la vista, lo inserto violentamente en mis fauces y comienzo a empujar la bomba hidráulica, que transportará el aire, inofensivo e incoloro, a mis inocentes pulmones hasta hacerles estallar. Creo incluso escuchar música, mas es imposible: hace años ya que fue prohibida por el Estatista. En mi mente divago e imagino... letras... pensamientos... sentimientos... dejados a la posteridad, cuando aún creíamos en la trascendencia. Teoremas y poemas que significaban algo...
Continúo mi marcha, suicida e irrevocable...
Nunca pude ver el color de mis ojos, ni las facciones de mi rostro... sólo puedo deducirlas del hecho que todas las personas a mi alrededor (y todo parece indicar que yo también soy una persona) poseen un rostro, con rasgos particulares y ojos de colores.
Colores... Tanto tiempo ya que fueron prohibidos por el Estatista, que poco a poco hemos ido perdiendo la capacidad de discriminar entre uno y otro... De no ser por algunos rebeldes prófugos, que transan objetos de color en el mercado negro, ya no habría referente alguno que nos indicara qué distingue a algo rojo de algo azul... Todo sería Gris, negro y gris. El único elemento de color que es permitido, aparte de la piel - naranjo aduraznada; la piel morena fue prohibida bajo pena de muerte y erradicada hace casi un siglo, hoy - es el color de los ojos; los lentes de contacto eran demasiado costosos para repartirlos globalmente.
Sueño con la destrucción de este paraíso de la técnica y los conglomerados corporativos - Infierno de los hombres - mientras alcanzo el último nivel admisible de oxígeno para mis pulmones: Siento una violenta contracción de mis interior, señal de la explosión de mi sistema respiratorio, y caigo rendido en mis rodillas, preparado ya para el eterno descanso del no-ser.
Ya se habrán dado cuenta que este relato no es muy original. Pero aún así, sentí la necesidad de escribirlo y compratirlo, por lo que aquí está. Los referentes más importantes son:
- 1984, de George Orwell
"The Corporation", documental gringo excelente (no conozco el autor)
Tomo una manguera, el único plástico a la vista, lo inserto violentamente en mis fauces y comienzo a empujar la bomba hidráulica, que transportará el aire, inofensivo e incoloro, a mis inocentes pulmones hasta hacerles estallar. Creo incluso escuchar música, mas es imposible: hace años ya que fue prohibida por el Estatista. En mi mente divago e imagino... letras... pensamientos... sentimientos... dejados a la posteridad, cuando aún creíamos en la trascendencia. Teoremas y poemas que significaban algo...
Continúo mi marcha, suicida e irrevocable...
Nunca pude ver el color de mis ojos, ni las facciones de mi rostro... sólo puedo deducirlas del hecho que todas las personas a mi alrededor (y todo parece indicar que yo también soy una persona) poseen un rostro, con rasgos particulares y ojos de colores.
Colores... Tanto tiempo ya que fueron prohibidos por el Estatista, que poco a poco hemos ido perdiendo la capacidad de discriminar entre uno y otro... De no ser por algunos rebeldes prófugos, que transan objetos de color en el mercado negro, ya no habría referente alguno que nos indicara qué distingue a algo rojo de algo azul... Todo sería Gris, negro y gris. El único elemento de color que es permitido, aparte de la piel - naranjo aduraznada; la piel morena fue prohibida bajo pena de muerte y erradicada hace casi un siglo, hoy - es el color de los ojos; los lentes de contacto eran demasiado costosos para repartirlos globalmente.
Sueño con la destrucción de este paraíso de la técnica y los conglomerados corporativos - Infierno de los hombres - mientras alcanzo el último nivel admisible de oxígeno para mis pulmones: Siento una violenta contracción de mis interior, señal de la explosión de mi sistema respiratorio, y caigo rendido en mis rodillas, preparado ya para el eterno descanso del no-ser.
Ya se habrán dado cuenta que este relato no es muy original. Pero aún así, sentí la necesidad de escribirlo y compratirlo, por lo que aquí está. Los referentes más importantes son:
- 1984, de George Orwell
"The Corporation", documental gringo excelente (no conozco el autor)





