Walt Whitman: canto 46, del "Canto a Mí Mismo" (ahora sí)
Me ha tocado en suerte, lo sé, lo mejor del tiempo y del espacio;
nunca he sido medido y no seré medido jamás.
El viaje que emprendo es eterno (¡que todos me oigan!).
Mis signos son un capote contra la lluvia, fuertes zapatos y un bastón cortado en el bosque
En mi silla no sestean los amigos,
No tengo cátedra, ni iglesia ni filosofía,
No llevo a ningún hombre a una mesa puesta, a la biblioteca, a la bolsa,
Pero a cada uno de vosotros, hombre o mujer, lo llevo a una cumbre,
Mi brazo izquierdo ciñe tu cintura,
Mi derecha señala los continentes y el gran camino.
Ni yo ni ningún otro puede andar por ti ese camino,
Eres tú quien debe andarlo.
No queda lejos, está a tu alcance,
Quizás estabas en él desde que naciste y no lo has sabido,
Quizás esté en todas partes, en mar y en tierra.
Échate tus prendas al hombro, hijo mío, y yo traeré las mías y apresurémonos;
Ciudades prodigiosas y naciones libres nos saldrán al paso.
Si te cansas, dame las dos cargas y apoya tu mano en mi cadera,
Y a su debido tiempo me devolverás el mismo servicio,
Porque ya emprendida la marcha nunca descansaremos.
Esta mañana, antes del alba, subí a una colina para mirar el cielo poblado,
Y le dije a mi alma: cuando abarquemos esos mundos, y el conocimiento y el goce que encierran, estaremos al fin hartos y satisfechos?
Y mi alma dijo: No, una vez alcanzados esos mundos proseguiremos el camino.
Tu también me interrogas y yo te escucho,
Contesto que no puedo contestar, tú mismo debes encontrar la respuesta.
Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Pero después de haber dormido y haber cambiado de ropa te beso con el beso del adiós y te abro la puerta para que salgas.
Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables,
Ahora te quito la venda de los ojos,
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu vida.
Demasiado tiempo has vadeado, asido de una tabla en la orilla,
Ahora quiero que seas un nadador, que te arrojes al mar, que reaparezcas, que me hagas una seña, que grites y que agites el agua con tus cabellos.
nunca he sido medido y no seré medido jamás.
El viaje que emprendo es eterno (¡que todos me oigan!).
Mis signos son un capote contra la lluvia, fuertes zapatos y un bastón cortado en el bosque
En mi silla no sestean los amigos,
No tengo cátedra, ni iglesia ni filosofía,
No llevo a ningún hombre a una mesa puesta, a la biblioteca, a la bolsa,
Pero a cada uno de vosotros, hombre o mujer, lo llevo a una cumbre,
Mi brazo izquierdo ciñe tu cintura,
Mi derecha señala los continentes y el gran camino.
Ni yo ni ningún otro puede andar por ti ese camino,
Eres tú quien debe andarlo.
No queda lejos, está a tu alcance,
Quizás estabas en él desde que naciste y no lo has sabido,
Quizás esté en todas partes, en mar y en tierra.
Échate tus prendas al hombro, hijo mío, y yo traeré las mías y apresurémonos;
Ciudades prodigiosas y naciones libres nos saldrán al paso.
Si te cansas, dame las dos cargas y apoya tu mano en mi cadera,
Y a su debido tiempo me devolverás el mismo servicio,
Porque ya emprendida la marcha nunca descansaremos.
Esta mañana, antes del alba, subí a una colina para mirar el cielo poblado,
Y le dije a mi alma: cuando abarquemos esos mundos, y el conocimiento y el goce que encierran, estaremos al fin hartos y satisfechos?
Y mi alma dijo: No, una vez alcanzados esos mundos proseguiremos el camino.
Tu también me interrogas y yo te escucho,
Contesto que no puedo contestar, tú mismo debes encontrar la respuesta.
Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Pero después de haber dormido y haber cambiado de ropa te beso con el beso del adiós y te abro la puerta para que salgas.
Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables,
Ahora te quito la venda de los ojos,
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu vida.
Demasiado tiempo has vadeado, asido de una tabla en la orilla,
Ahora quiero que seas un nadador, que te arrojes al mar, que reaparezcas, que me hagas una seña, que grites y que agites el agua con tus cabellos.
Una hora de locura y de dicha

¡Una hora de locura y de dicha! ¡Oh, locura furiosa, no me encierres!
(¿Qué será esto que me desata en tormentas?
¿Qué significan mis gritos entre los relámpagos y huracanes?)
¡Oh, beber los delirios místicos más hondamente que otro alguno!
¡Oh, salvaje y tierno dolor! (Hijos míos, os lo dejo en herencia,
Yo tengo mis razones para contarlos, hombre y mujer.)
¡Oh, entregarme a ti, quienquiera que seas, y que tú te entregues a mí, a despecho del mundo!
¡Oh, regresar al Paraíso! ¡Oh, pudorosa y femenina!
¡Oh, atraerte a mí, o hacer que sientas por primera vez el beso de un hombre!
¡Oh, el enigma, el enigma triple, el estanque oscuro y profundo, desatados e iluminados!
¡Oh, volar a la región en la que hay por fin espacio y aire suficientes!
Librarse de previas ataduras y convenciones, yo de las mías, tú de las tuyas,
¡Descubrir una nueva indolencia insospechada en lo mejor de la Naturaleza!
¡Librarme, al fin, de la mordaza!
Sentir, hoy o cualquier otro día, que me basto tal como soy.
¡Oh, algo no demostrado! ¡Oh, algo en un sueño!
¡Escapar de las anclas y de las trabas de los demás!
¡Avanzar libremente! ¡Amar libremente! ¡Lanzarme temerario y peligroso!
¡Desafiar a la destrucción con burlas y con invitaciones!
¡Ascender, llegar al cielo del amor para mí prefijado!
¡Elevarme allí con mi alma embriagada!
¡Perderme, si es preciso!
¡Colmar el resto de mi vida con una hora de locura y de libertad!
¡Con una breve hora de locura y de dicha!
Walt Whitman, en "Hijos de Adán"
nota: había pensado en subir el canto 46 del "canto a mí mismo", que quizás es mil veces más bello, pero resulta que estoy pasando por un pequeño periodo de reflexión por haber hecho cosas que no siempre haría... y buscando ese poema, me cruzé al abrir el libro, a la primera, con este poema que refleja descaradamente los sentimientos encontrados que estoy viviendo.
¿Por qué existe el arrepentimiento? ¿Por qué hacemos cosas que después quisieramos no haber hecho? y si es así ¿por qué simplemente no las borramos, porque las seguim,os reviviendo?
¿Por qué sentimos que quizás no queremos borrar esas cosas?
Noche I
En estos momentos, de oscuridad y silencio,
en que los ruidos y las formas se tornan rumores y espectros,
emerge ineludiblemente una nueva luz.
Luz sombría, luz oscura,
farol invertido de lo cotidiano;
de la risa a lo ominoso,
de la vida a la muerte,
de Dios... a la Nada.
Influjo quizás de las sombras (no lo sé)
que revelan a los objetos
en su esencia escindida, de almas separadas.
O quizás influjo de la luna,
enfureciendo el oleaje de mis torrentes de sangre,
subiendo la marea en el mar de mi mente.
O aún quizás
el Espíritu me juegue una treta;
quizás mi sombra se sienta, a estas horas de la noche, conmigo,
y juega, frente a mí, al ajedrez de mi vida,
mientras yo mismo me desvanezco
en falsos síntomas y angustia.
Pregunta abierta: ¿Qué te pasa a tí de noche?
en que los ruidos y las formas se tornan rumores y espectros,
emerge ineludiblemente una nueva luz.
Luz sombría, luz oscura,
farol invertido de lo cotidiano;
de la risa a lo ominoso,
de la vida a la muerte,
de Dios... a la Nada.
Influjo quizás de las sombras (no lo sé)
que revelan a los objetos
en su esencia escindida, de almas separadas.
O quizás influjo de la luna,
enfureciendo el oleaje de mis torrentes de sangre,
subiendo la marea en el mar de mi mente.
O aún quizás
el Espíritu me juegue una treta;
quizás mi sombra se sienta, a estas horas de la noche, conmigo,
y juega, frente a mí, al ajedrez de mi vida,
mientras yo mismo me desvanezco
en falsos síntomas y angustia.
Pregunta abierta: ¿Qué te pasa a tí de noche?
Giovanni (Vivir entre balas)
La historia parece destruir la esencia de todo verso, pues ¿Cómo encontrar ahí la trascendencia cuando somos espectadores de la urgencia de hoy? ¿Cómo encontrar en el acto poético una causa justa, legítima, cuando la contingencia se impone sobre todo ideal?
Hace un año hoy, murió un niño de 14 años en la población José María Caro por el puro hecho de pasar un rato con sus amigos. Era el comienzo de sus vacaciones. El destino, o un movimiento fortuito de la historia, no lo sé, quiso que un traficante y drogadicto se acercara al grupo de amigos, refugiándose solapadamente de otro grupo de traficantes, que lo buscaban para matarlo y saldar así cuentas por una venta engañosa de bicarbonato por pasta base. Las balas que esa noche fueron repartidas, a diestra y siniestra, hirieron de gravedad al traficante y a una niña que compartía con el grupo de amigo, y dieron la muerte a Giovanni, hijo sano y esforzado de una familia esforzada y decente, amigo entrañable, hombre en potencia.
Demasiado gente sufre y muere hoy injustamente. No creo que por ello debamos todos arrojarnos a causas contingentes; no creo que ello determine que cese de escribir. Pero claramente no es lo único que me queda hacer. De alguna manera u otra, misteriosa o evidentemente, hay un mundo ahí fuera, un mundo de causas contingentes y movimientos azarosos levemente confrontables. Por mucho que nos refugiemos en la televisión, por mucho que nos dopemos en nuestras lecturas y pensamientos elevados (sí, ahí también), las circunstancias no dejan de ocurrir, los seres del mundo no cesan de nacer ni de morir.
Tiempos de contemplación son buenos y sanos, pero hay que complementarlos con la acción, con la lucha por un mundo más justo. Aunque sea inútil, aunque pragmáticamente no logremos nada. Si poco o nada logramos, que ese poco al menos tenga un sentido, que al menos pueda convertirse en base potencial a nuevas incitativas.
"Vivir entre balas"
artículo en El Mercurio, Revista El Sábado.
Hace un año hoy, murió un niño de 14 años en la población José María Caro por el puro hecho de pasar un rato con sus amigos. Era el comienzo de sus vacaciones. El destino, o un movimiento fortuito de la historia, no lo sé, quiso que un traficante y drogadicto se acercara al grupo de amigos, refugiándose solapadamente de otro grupo de traficantes, que lo buscaban para matarlo y saldar así cuentas por una venta engañosa de bicarbonato por pasta base. Las balas que esa noche fueron repartidas, a diestra y siniestra, hirieron de gravedad al traficante y a una niña que compartía con el grupo de amigo, y dieron la muerte a Giovanni, hijo sano y esforzado de una familia esforzada y decente, amigo entrañable, hombre en potencia.
Demasiado gente sufre y muere hoy injustamente. No creo que por ello debamos todos arrojarnos a causas contingentes; no creo que ello determine que cese de escribir. Pero claramente no es lo único que me queda hacer. De alguna manera u otra, misteriosa o evidentemente, hay un mundo ahí fuera, un mundo de causas contingentes y movimientos azarosos levemente confrontables. Por mucho que nos refugiemos en la televisión, por mucho que nos dopemos en nuestras lecturas y pensamientos elevados (sí, ahí también), las circunstancias no dejan de ocurrir, los seres del mundo no cesan de nacer ni de morir.
Tiempos de contemplación son buenos y sanos, pero hay que complementarlos con la acción, con la lucha por un mundo más justo. Aunque sea inútil, aunque pragmáticamente no logremos nada. Si poco o nada logramos, que ese poco al menos tenga un sentido, que al menos pueda convertirse en base potencial a nuevas incitativas.
"Vivir entre balas"
artículo en El Mercurio, Revista El Sábado.
Síndrome (de Down)
Cuatro paredes, de luz y lamentos,
plenas, rebosantes en gritos de alumbramiento,
cubiertas, hasta lo más profundo,
de moribundos suspiros,
mueren mis amados,
mueren las luces del mundo.
Mueren,
y se convierten así en lo que siempre fueron:
almas honestas, puras, sensibles,
inocencia encarnada,
deficientes mentales.
Espíritus diferentes
en un mundo de orden, dolor y muerte.
Y a veces, tantas veces,
parece que lo real, puro y verdadero,
estuvo siempre en ellos,
y parece que somos sólo errados ingenuos,
desnudos príncipes
en tronos de oro y concreto.
Reyes y príncipes
condenando a muerte, o perdonando con el exilio,
al diferente, sólo y nada más que por serlo.
Sólo por ser diferente,
sólo por ser luz y sombra de este mundo.
plenas, rebosantes en gritos de alumbramiento,
cubiertas, hasta lo más profundo,
de moribundos suspiros,
mueren mis amados,
mueren las luces del mundo.
Mueren,
y se convierten así en lo que siempre fueron:
almas honestas, puras, sensibles,
inocencia encarnada,
deficientes mentales.
Espíritus diferentes
en un mundo de orden, dolor y muerte.
Y a veces, tantas veces,
parece que lo real, puro y verdadero,
estuvo siempre en ellos,
y parece que somos sólo errados ingenuos,
desnudos príncipes
en tronos de oro y concreto.
Reyes y príncipes
condenando a muerte, o perdonando con el exilio,
al diferente, sólo y nada más que por serlo.
Sólo por ser diferente,
sólo por ser luz y sombra de este mundo.
fuerza...en este semestre que comienza
Solo quería mandarle un mensaje de ánimo, fuerza y apoyo a quienes, como yo, empiezan un nuevo semestre de estudios. Al menos es mi caso que la Universidad se ha convertido a la vez en fuente de conocimientos preciosos, pero también de angustias y entregas más que lamentables... Así, parece que más que sentirme regalado por estos semestres de estudio, me siento enfrentado, retado a duelo con el estress y la "responsabilidad" (¿a quién? ¿de qué?).
He llegado a ver así, no sin fuertes tropiezos, que el camino es, para mí, mil veces más importante que la meta, que no importa que tan bien o mal salgamos de las cosas, sino que tan bien o mal las vivimos, las enfrentamos... porque esas cosas que podemos incluso llegar a odiar son nuestra vida, son nuestra sangre y piel que se va desgastando en caminos de piedra afilada y arena ardiente, de desamores, angustia y estudios indeseados (junto a nuestros amores y extasis).
¡¡Suerte!! a ustedes y a mí también.
He llegado a ver así, no sin fuertes tropiezos, que el camino es, para mí, mil veces más importante que la meta, que no importa que tan bien o mal salgamos de las cosas, sino que tan bien o mal las vivimos, las enfrentamos... porque esas cosas que podemos incluso llegar a odiar son nuestra vida, son nuestra sangre y piel que se va desgastando en caminos de piedra afilada y arena ardiente, de desamores, angustia y estudios indeseados (junto a nuestros amores y extasis).
¡¡Suerte!! a ustedes y a mí también.
Un día... una vida
Negras y blancas, música,
en un teclado de verdes hojas y brotes de lirio;
ideas y premoniciones
en un día soñado,
en un día tan real como todos.
Un mueble antiguo de Caoba,
un ático inexplorado,
y el polvo
entre las hojas viejas de un libro viejo,
hojas marchitas, nuevas para mí.
Un día viejo, un día nuevo,
un día para renovar mi vida, para crecer, para creer,
un día de nueva vida, de cambio y sentido pleno.
Nada más que un día,
Nada más, que una vida.
en un teclado de verdes hojas y brotes de lirio;
ideas y premoniciones
en un día soñado,
en un día tan real como todos.
Un mueble antiguo de Caoba,
un ático inexplorado,
y el polvo
entre las hojas viejas de un libro viejo,
hojas marchitas, nuevas para mí.
Un día viejo, un día nuevo,
un día para renovar mi vida, para crecer, para creer,
un día de nueva vida, de cambio y sentido pleno.
Nada más que un día,
Nada más, que una vida.
Paraguas para un soñador
Tú, que lo sabes todo,
respóndeme:
¿Dónde nacen los paraguas?
ya quisiera yo uno, sólo uno,
ojalá como un bastón,
para apoyar mi caída, libre,
en el aire y en la tierra.
Hoy día vi a muchos divagar,
algunos se elevaban, libres como el agua,
otros no,
algunos se aferraban a manos codiciosas,
incluso algunos yacían medio hundidos en el barro,
imitando a sus hermanas, marchitas hojas de invierno.
Pero yo no tengo paraguas,
ni nunca tuve,
Y por eso,
mi imaginación vuela buscándolos,
y en la fantasía de sus sueños, los encuentra,
frescos y de raíz.
No sería raro que yo mismo fuera uno...
los paraguas vuelan; pues yo también vuelo
y si bien nunca he tenido un paraguas
¿Dónde se ha visto a un paraguas
usando a Otro paraguas?
respóndeme:
¿Dónde nacen los paraguas?
ya quisiera yo uno, sólo uno,
ojalá como un bastón,
para apoyar mi caída, libre,
en el aire y en la tierra.
Hoy día vi a muchos divagar,
algunos se elevaban, libres como el agua,
otros no,
algunos se aferraban a manos codiciosas,
incluso algunos yacían medio hundidos en el barro,
imitando a sus hermanas, marchitas hojas de invierno.
Pero yo no tengo paraguas,
ni nunca tuve,
Y por eso,
mi imaginación vuela buscándolos,
y en la fantasía de sus sueños, los encuentra,
frescos y de raíz.
No sería raro que yo mismo fuera uno...
los paraguas vuelan; pues yo también vuelo
y si bien nunca he tenido un paraguas
¿Dónde se ha visto a un paraguas
usando a Otro paraguas?
La última piedra
¿Cómo se aferra el suicida
a la última piedra que lo sostiene,
al último bastión entre su vida y la nada?
Los dedos intentan encarnarse,
echar raíces en la fría roca
a fin de seguir sintiendo,
a fin de permanecer.
El cuerpo entero se estremece de temor
Por la determinación que la mente, sola, ha impuesto.
¿Y cómo siente su última gota de sudor?
Lentamente expulsada por un poro
cae desde la frente,
su fuente,
cruza por el borde la cavidad del ojo derecho,
saluda desde lejos al lecho de la nariz
y roza, tímidamente, la comisura del labio,
para ahí quedarse...
La lengua siente su leve salinidad
antes de recogerse
y dejar libre espacio
para el último,
trascendental,
suspiro.
Un suspiro
que expandirá su vibración hacia el infinito,
hacia el infierno del desconsuelo.
Mientras,
el cuerpo del suicida cae con sutil gracia,
como una lágrima,
derramada por el rostro misericordioso de Dios.
Dios,
Tú lloras a los suicidas,
Víctimas,
de nuestro desprecio e indiferencia
de nuestros edificios,
guerras
y progresos.
Nunca de Tu desdén,
nunca de tu mano.
a la última piedra que lo sostiene,
al último bastión entre su vida y la nada?
Los dedos intentan encarnarse,
echar raíces en la fría roca
a fin de seguir sintiendo,
a fin de permanecer.
El cuerpo entero se estremece de temor
Por la determinación que la mente, sola, ha impuesto.
¿Y cómo siente su última gota de sudor?
Lentamente expulsada por un poro
cae desde la frente,
su fuente,
cruza por el borde la cavidad del ojo derecho,
saluda desde lejos al lecho de la nariz
y roza, tímidamente, la comisura del labio,
para ahí quedarse...
La lengua siente su leve salinidad
antes de recogerse
y dejar libre espacio
para el último,
trascendental,
suspiro.
Un suspiro
que expandirá su vibración hacia el infinito,
hacia el infierno del desconsuelo.
Mientras,
el cuerpo del suicida cae con sutil gracia,
como una lágrima,
derramada por el rostro misericordioso de Dios.
Dios,
Tú lloras a los suicidas,
Víctimas,
de nuestro desprecio e indiferencia
de nuestros edificios,
guerras
y progresos.
Nunca de Tu desdén,
nunca de tu mano.





