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-Pseudópodos-

Blog de existencia, delirios y tralalás
Acerca de Mi
Odio que a la lechuga la aliñen con vinagre y no tengo capacidad de usar tacones

El perfume de una imagen

  • Autor: Jan Kazmareck
  • Film: Descubriendo Nunca Jamás
  • T.O.: Finding Neverland

  • Director: Marc Foster

  • Sindicación

    Héchame el lazo

    pon guardar como...

    Héchale una mirada a...

     
    ¿qué pasa aqui?
    Me miro al espejo.
    Hace días que no me he visto, no me estoy reconociendo en mi reflejo...¿Qué está pasando?, ¿qué pasó?. La mujer que veo allí asusta a la niña que está a este otro lado, es que algo tiene, es que algo está pensando.


    "La gente herida es peligrosa, sabe que puede sobrevivir"
     
    :::Gritar en los techos:::
    Daniel Gargiulo- Gato sobre el tejado


    - No me gusta escribir... aunque suene una paradoja es así. Pero me refiero al escribir creativo, a ese que termina en poema o cuento, que tiene un hilo conductor y una lógica que aunque sea ilógica tiene en si ya un fin en sí mismo. Pues no, mi escribir no es creativo, no crea nada, por el contrario, busca destruir, sacar de mi cosas que normalmente se acumulan como pena-rabia y que salen como basura-como-ésta. Lo lamento por uds. que ahora leen basura.
    Así comenzó Alicia su intervención en el círculo de vanidosos intelectuales a los que por una corazonada le había latido comenzar a frecuentar. Iván, quizás el más viejo de todos la miraba con desconfianza y el resto con burla, aunque por supuesto, jamás dejarían que ella lo notase.
    Alicia cerró su carpeta algo nerviosa, luego de haber repartido su escrito en manos de los demás ahí presentes.
    -Iván – dijo la más joven ahí- ¿ud. cree que sean sus gatos los que se pelearon anoche sobre mi techo?
    - ¡Que preguntas haces Nina!, ¿cómo voy a saberlo?, no tengo a mis gatos en los bolsillos.
    - Es que estoy muerta de sueño, no logré dormir bien y si es que son sus gatos le pediría por favor que...
    - Póngales un ladrillo al cuello y así Nina podrá hacer desaparecer esas ojeras que es lo que arruina su día feliz- interrumpió Alicia.
    Todas las miradas se posaron en ella, obviamente su comentario había sido muy mordaz para lo que habitualmente se hipocritizaba en el círculo. Alicia se sentía molesta, nadie tomó en cuenta su trabajo, nadie siquiera terminó de leer la hoja y media que había escrito y que para ella era fruto de una larga noche de insomnio provocado.
    Ricardo, un tipo con aires sofisticados-amanerados y casi de la misma edad de Alicia salió de su habitual espacio lunar para soltar la risa que cortaría el segundo tenso creado por el comentario de Alicia.
    Frustrada, Alicia se despidió fugazmente con un insonoro “me voy” y salió con su carpeta pasando a llevar el mantel lo suficiente como para que algunos de los presentes tuvieran que sostener su copa.
    Dio gracias al cielo cuando salió de allí. Caminó un poco mientras se prometía una y otra vez no volver a ir a ese lugar de gente aburrida, fea y tonta. Si, así secamente, no se merecían insultos más elaborados que esos, sería darles demasiado valor a la simplicidad de esos seres que en ese minuto ella deseaba patear, bofetear, morder....

    ....comer, comer, comer.... después de tanto tiempo sin ese placer ya la necesidad de comer algo se hacia presente, Miauchi corría de allá para acá pidiendo a ya casi aullidos la porción de comida gatuna que su amo había olvidado darle. ¡Lluvia de comida!, Miauchi veía como sus finas croquetas rellenas de pollo y carne caían desde cierta altura (posible de alcanzar con un salto de poco estiramiento) a su plato lleno de hormigas.
    Crach, crack, crock, croq, croquetas desaparecían una tras otra bajo la bola de pelos que era Miauchi. Cuando terminó pasó su lengua por el plato y aun lamiendo su hocico fue a lavar su pelaje cerca de los invitados.
    - Iván!, ¿ese es uno de tus gatos?- aulló Nina
    - Si, uno de mis cuatro gatos- mugió Iván
    - Estoy segura de que ayer lo vi peleando- cascabeleó con su cola Nina
    - Pero eso es imposible, porque estaban peleando en tu techo – cascabeleó de vuelta y de forma mas sexy (eso le reventaba a Nina) Ricardo.
    - Pero lo vi de todas formas porque luego salí al patio a correrlos y por ahí salió saltando ese gato.
    Miauchi, un poco aburrido de tanto ruido se levantó del sillón que lo albergaba y salió por la ventana. Caminó buscando un lugar cómodo y soleado para dormir y por esas cosas de la suerte que solo tienen los gatos halló una bolsa de basura ya rota por algún otro poseedor de colmillos, así que poniendo en práctica su regla de oro (“nunca se come demasiado”) hundió su peluda cabeza en el hoyo negro.

    - Un hoyo negro... ahí estoy - se dijo Alicia.
    Sentada en su cama, miraba por la ventana imaginando que alguien podría estar pensando en ella en ese instante, deseando abrazarla y besarla, entonces ella le diría al oído que lo amaba y él le diría lo mismo, luego se mirarían a los ojos y ella se acurrucaría bajo su cuello y luego de un rato de estar así juntos ella buscaría nuevamente su boca para tomar un nuevo sorbo del café que bebía ya casi frío y que sostenía en una taza con dibujos de hormigas mientras miraba momificada el horizonte de sus fantasías.
    Terminó su café y se sentó en el escritorio improvisado que tenía hecho con algunas cajas grandes que le habían quedado de la mudanza.
    - Uhm.... nooo, de nuevo me descontaron por atrasos!- dijo decepcionada mientras revisaba los detalles de su pago mensual como vendedora en una tienda de mascotas.
    Alicia comenzó a escribir para desahogar toda la pena que sentía, toda la soledad que la abrumaba, la rabia... la rabia no, la rabia la sacaba de otra forma.
    Un golpecito en la ventana le indicó que había llegado el que era su nocturno acompañante. Alicia se paró contenta y se dirigió a abrirla para dejar a entrar a Miauchi.
    -Hola! Cosita....mmmm..run run run, siiii – mientras cogía y acariciaba al animal-Miauchi, que estúpido nombre te pusieron ¿no?.
    Lo dejó sobre la cama mientras corría a cambiarse ropa. Miauchi entrecerraba los ojos y Alicia le agradecía el ser tan caballero. Luego de un rato, Alicia volvía con un pijama peludo lista para salir a gritar sobre el techo de Nina... junto a quien más se le parecía.