capitulo 40:Crucitas y Carmelita

La Candela antes de una funcion de "La Candelaria Carnaval"
Una vez más, Montaño se encontraba como a el le gustaba estar: Solo.
Pasaba la tranquilidad de sus pensamientos, meciéndose en una hamaca y alimentándose de brisa marina cerca al mar azulado y frío, en un lugar llamado Crucitas.
Escuchaba Sidessteper, mientras sentía como el tiempo se iba sin preocupaciones y fumaba pipa con su tabaco alfa de manufactura colombiana traído por algún amigo de Bogotá.
Había partido dos días atrás hacia la costa, para visitar a Carmen y Brook, una ecuatoriana y un ingles que Vivian juntos administrando un hostal bohemio.
Era una pareja bastante divertida y amable y veían con buenos ojos la visita de los amigos venidos de lejos, Montaño los conocía de alguna de sus correerías anteriores y ahora podía sentarse a la mesa con ellos para hablar del pescado frito, el encocado de camarón y el batido de coco que para el, era el mejor que podía haberse tomado de cualquier lugar.
Se había propuesto no hacer absolutamente nada mas que leer y escribir esta experiencia de viaje en su diario, quería sentirse feliz y lejos de cualquier movimiento citadino, no tenia un camino definido mas que la idea de andar por las costas.
Conoció a Carmelita, una niña de no mas de diesinueve años nacida en un pueblo cercano a Crucitas pero estudiaba y vivía en Guayaquil, le divertía sus historias con respecto al arte de cabalgar las olas en su tabla de surfing, en el día, era tan exagerada a la hora de hablar que casi rayaba en la teatralidad cuando se emocionaba, pero cuando llegaba la noche y las estrellas se pintaban con fuerza en el cielo, se ponía melancólica, lloraba un poco y gritaba con fuerza que necesitaba un novio que la cabalgara a ella, Montaño le decía que con paciencia que todo llegaba a su tiempo y ella inmediatamente lo puteaba diciéndole que la paciencia era solo para los viejos, el se reía y ella corría a sumergirse en las aguas heladas del pacifico para luego regresar y decirle que hicieran una fogata. Montaño se convirtió durante dos días en un muñeco gigante para Carmelita, en las mañanas le despulgaba la arena de las rastas y lo ponía a encerar la tabla, por la tarde clavaba una sombrilla en la playa para el, mientras ella puteaba a las olas que la mandaban a besar las profundidades y luego le aplicaba bloqueadores que dizque para que no le salieran ampollas de sal en la espalda, Montaño guardaba silencio escuchando sus historias, el estaba mas tranquilo que nunca a pesar del voltaje de Carmelita, le regalo un par de sus libros a ella y antes de marcharse le prometió que si alguna vez la volvía a ver, le traería muchos muchachitos de su edad para que ella escogiera a uno y fuera feliz, ella lo puteo por ultima vez y lo abrazo pidiéndole que no le trajera a nadie sino que viniera el mismo para seguirle limpiando las rastas de la arena, que del novio se encargaba en la temporada de turistas.
Esa noche Carmen, Brook, Carmelita y Montaño cenaron un plato especial preparado por Brook, tomaron cerveza y les dio las tres de la mañana hablando, Montaño se alegro de verlos y les deseo la mejor de las suertes en su empresa con el hostal.





