capitulo 27: Echar raiz

Montañita
A pesar de que la vida para Montaño era cada vez mas armónica, sus nostalgias interiores no le dejaban nunca de aparecer cuando sentía que era un barco solitario en medio del profundo océano, no era viejo pero no podía evitar pensarse de esa forma, en especial cuando hacia el ejercicio de observarse en una cronología de experiencias pasadas y de vivencias con amigos que iban quedando en algún capitulo anterior de su vida, los recordaba a todos, tenia una memoria prodigiosa para rememorar el tono de su voz, su rostro y la manera como se movían o se expresaban, eso era lo que tal vez, no le permitía olvidarlos por completo pero desde que había decidido convertirse en juglar eran pocos los que tenían un contacto permanente con el, su vida andariega de años lo fue convirtiendo en un espíritu errante entre sus cercanos e incluso también entre sus familiares.
Montaño pensaba en eso y en solitario cuando lo agarro la nostalgia porque sabia que de igual forma ocurriria con las personas que ahora estaban con el, así ocurriría con El mago Roldan y Lucrecia, así ocurriría con los Babilónicos y así ocurriría con Malena a quien quería mas que a nada, en este ciclo de su vida que bien sabia no duraría demasiado, eso lo entristecía y lo cuestionaba.
Por ratos deseaba decirse que ya era hora de parar, de quedarse en un lugar, y echar raíz, pero algo dentro lo empujaba a ser un espíritu libre, y un indicador de eso era la imagen de caracol que ahora percibía en su sombra cuando llevaba su morral a cuestas, un caracol con un par de libros, unos cuantos cuadernos escritos, ropa y fotografías, junto con su tambor.
Malena comenzó a sentir la sensación de que Montaño se iría y no pudo evitar odiarlo por eso, a pesar de que no era un secreto que el la quería sinceramente.
Ella se había entregado a el y por eso le costaba entender que Montaño era un viajante que necesitaba del movimiento para poder sentirse vivo, así, cuando vinieron los conflictos entre ambos, cuando las circunstancias les pedía mas de lo que el daba, decidió que era hora de partir y así lo hizo, dejando una vez mas el calor del asentamiento y haciéndose como siempre, un ser en solitario a quien la mudez del silencio le daba tristeza.
vago durante varios días por Quito sin querer hablar, quería ver a Manuel pero este andaba por la selva metido en un ritual indígena buscándose de manera sagrada en sus delirios, tomó la decisión de vender varios ejemplares de su libro e irse para la playa a vagar la tristeza anclada en lo profundo del océano que era su vida.
Mientras pensaba en sus nostalgia y en Malena.
Comentario:
hola, acabo de ver tu blog y creo que es fascinante.
yo llevo poco en esto de los blogs... y voy dando vueltas por ahi a ver que me encuentro.
curioso lo del contador de visitas.
espero que te siga viendo por aqui.
Un saludo!
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