capitulo 10: El mago Roldan

Quito al amanecer
El mago Roldán era a veces un hombre muy extraño, se levantaba sagradamente a las seis de la mañana a tomar mate argentino y a charlar en la salita con sus personajes imaginarios, a veces le daba por la bebeta de largo con ellos pero eso solo lo hacia en las noches cuando ya todos estaban dormidos, vivía con Lucrecia Palacios, una buena mujer titiritera que de tanto andar con títeres se estaba convirtiendo en uno de ellos, los dos tenían un perrito criollo al que le decían glándula y glándula cada vez que había visita no paraba de menear la cola como si estuviera nervioso, El mago vivía de hacer magia, aunque era conocido popularmente por sus obras de teatro y su infinidad de sueños interminables, el escribía y le encantaba hacerlo en la mesita que estaba debajo de las escaleras, Montaño que nunca lo conoció como hasta ahora, empezó a entender que los personajes imaginarios con los que hablaba, eran los mismos de sus historias dramaturgicas.
Cuando Montaño y Manuel se instalaron en la casa del Mago para pasar su primera temporada en Quito, sintieron que una extraña energía los envolvía y fueron entendiendo con el tiempo que era la energía que El mago creaba para los viajeros que pasaban por su casa. Entrapada de misticismo, cariño, tertulia, buena vibra y distanciamiento, el Mago demostraba que también era hombre de mundo y sabia cuales eran los avatares que llevan consigo los que hacen nomadismo en su vida, Lucrecia también era una viajera empedernida, Manuel recordaría siempre, el día en que Lucrecia les contó sus peripecias por Europa, y lo recordaría toda la vida por la forma ávida y sentida de contarlo, dibujando parajes, personajes y situaciones.
Ahora Montaño y Manuel estaban instalados en Quito, en un cuarto de madera, decidieron sortearse la cama y un colchón al piso que ganaría Manuel y el que hubiera preferido Montaño cuando descubrió que la cama sonaba con el solo paso del viento.
Esa noche, mientras dormían, el destino les organizaba el mapa de sus vidas en la nueva ciudad, ninguno de los dos presentía al menos, lo que ocurriría en el tiempo siguiente de su historia.





