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EL RETO DEL JUGLAR
LAS AVENTURAS ANDARIEGAS DE MONTAÑO VALENCIA
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Un destino que se busca por los caminos citadinos de latinoamerica, Un hombre en el portal del sueño, Un andariego, Un vagabundo.
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capitulo 43: Una conversacion sobre la playa

Cotidianidad en Esmeraldas Ecuador

Montaño, paso todo el día sentado en el restaurante escribiendo, había comenzado una nueva obra de teatro y eso lo tenia motivado, también escribía sobre sus memorias de viaje, en su diario dejándolo a punto hasta su llegada a Canoa. Se había levantado un par de veces para ir a la playa a contemplar el mar, no hizo nada mas ese día: caminar muy poco, comer, escribir, fumar pipa, una cerveza, escribir, pensar, llegaron las siete de la noche, a esa hora estaba tan metido en la escritura que no se dio cuenta de primerazo que alguien lo estaba llamando.

-disculpe, si lo interrumpo

cuando Montaño entendió que era con el, vio a una rubia de casi dos metros, ojos oscuros y acento argentino parada un poco distante de el.

-¿le molesta si me siento?

Montaño le dijo que no un poco molesto, no por la compañía como si por la interrupción de una idea que escribía con emoción.

-¿qué escribe?

Le contó de mala gana, que escribía una obra de teatro

-es usted escritor de teatro que bien, me gusta el teatro, hice teatro cuando estaba en el colegio

una de las tres cosas que la gente decía cuando conocían a Montaño por el teatro era: -hice teatro en el colegio, era una respuesta obvia cuando el entendía que lo querían conocer, hubiera querido pasar de descortés y decirle que lo dejara solo, porque una idea se le estaba escapando, pero prefirió cerrar el cuaderno, tomar un sorbo de el café que ya estaba frío y prestar atención a lo que la chica quería decirle.

La charla se fue tornando interesante poco a poco, se llamaba Joyce, había nacido en Estados Unidos y criado durante muchos años en Argentina, sus padres la querían en casa pero ella prefería viajar cada vez que podía, sabia de cine, de literatura, y música, lo que mas le llamo la atención a Montaño de ella era la manera como le contaba sobre grupos poblacionales minoritarios de cada lugar, y como se comportaban cuando emigraban a otros países, le intereso muchísimo sobre un grupo de africanos que vivían casi como un geto en los Ángeles y sobre un grupo de niños que había formado una ciudadela en un pueblo Europeo que ella no recordaba muy bien su nombre, obviamente ella también se intereso por las experiencias de el, y en historias que van y vienen, paso el tiempo hasta cuando les pidieron que se fueran por que iban a cerrar el restaurante.

Se marcharon para la playa donde continuaron su conversación, ella quería viajar a Colombia pero todo sus amigos y familiares le dijeron que no lo hiciera, Montaño le hablo de Bogota, de Cartagena, de la rumba de Cali, de los lugares que el había visitado y que le parecían exóticos, de Villa de Leiva, el Tayrona, El Quindío, el llano, se emociono tanto y ella fue tan receptiva que se fueron por una botella de ron para seguir hablando, aquella noche el aire era cálido y el mar estaba tranquilo, eso facilito la conversación mucho mas, compartieron sus mejores secretos viajeros, ella le dio rutas, lugares, costos de sitios y trucos para entender algunas culturas de otras tierras, el le dibujo un mapa con las mejores rutas de Sudamérica, le hablo de cómo vivir en Cuba viviendo como cubano (que es muchísimos mas barato que como extranjero) le hizo una lista de los lugares que debía conocer de Bogota, ambos parecían magos sacando sus mejores trucos, Montaño tenia la teoría de que no había mejor forma de conocer un nuevo lugar que a través de las experiencias de otro viajero y pensaba que las guías turísticas dimensionaban o subvaloraban los lugares de acuerdo a los intereses de quien las escribía, por eso nunca compraba una y prefería que fuera la gente misma la que le dijera a donde ir, les dieron las seis de la mañana hablando, ella había tomado la decisión de ir por sus cosas y hacer camino hacia Colombia donde algunos amigos de Montaño la estarían recibiendo cuando llegara y le mostrarían que Colombia no es tan violenta, tan insegura y tan poco fiable de visitar como dicen muchas guías turísticas, ella se apuntaría a ser otra de las personas que se atreven a ir y salir encantados con la magia del país de la cumbia, el café y la mejor marihuana del mundo, Montaño la acompañaría al bus y luego se internaría feliz a dormir en su cuartucho del hostal en Canoa.


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