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EL RETO DEL JUGLAR
LAS AVENTURAS ANDARIEGAS DE MONTAÑO VALENCIA
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Un destino que se busca por los caminos citadinos de latinoamerica, Un hombre en el portal del sueño, Un andariego, Un vagabundo.
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capitulo 42: San Vicente, un pueblito matao

Canoa

4.San Vicente es un pueblito donde tampoco hay mucho por hacer, al menos es lo que puedo notar, caminando un poco por las calles cercanas al hostal, cuando voy a llegar a la puerta un grupo de jóvenes me ofrecen marihuana, yo sigo sin mayor preocupación, timbro y un anciano que hace rato le esta haciendo el quite a la muerte, abre, le pregunto cuanto cuesta la noche y la voz imponente de una mujer al fondo grita dos dólares, le digo al anciano que si y abre la puerta sin ningún tipo de expresión, me hace caminar por un pasillo largo de piso de madera que cruje a cada paso y noto que el sitio a perdido la pelea hace rato contra el polvo, el oxido, el color y la solidez de sus paredes, no existe un solo televisor y solo cuelga de una pared al fondo, un reloj que no funciona marcando las once y treinta y tres. Mi cuarto es una cama de madera antigua con cobijas de flores y un mosquitero de encajes rosados, no hay mas que una mesita donde pongo mis cosas y una ventana demasiado pequeña y alta por donde a duras penas entra el aire.

Me cambio de camiseta y salgo a buscar algo de comer, deben ser casi las doce y pierdo la esperanza de encontrar algo abierto así que regreso al hostal, la voz se escucha de nuevo:-si quiere comer el plato de sopa vale cincuenta centavos sin arroz.

Me sorprende pero voy a la cocina a mirar el producto y veo una olla negra por el tizón, metida en un hueco de barro sobre la leña que se quema, destapo la olla con cuidado y el olor que sale me hace ensalivar, sirvo una taza llena y degusto con ansias la sopa con un pedacito de pollo adentro, me da suficiente satisfacción como para tener buenos sueños hasta antes del amanecer, hasta antes de que algún gallo lejano le de por cantar sus acostumbrados cantos.

5. me levanto del todo pasadas las ocho, me doy un baño de agua fría, me cambio el pantalón y salgo a la calle con el morral, el anciano me abre de la misma manera como la noche anterior, sin ninguna expresión de aprobación o mal genio. Camino tres cuadras y en una esquina me informan que ahí van los buses para Canoa, se ve bastante comercio y movimiento en la mañana, viene el bus, lo tomo, me cuesta treinta y cinco centavos y me lleva en veinte minutos a la playa, busco un hostal barato, encuentro uno de tres dólares que se ve mas o menos decente, a pesar de que no tiene baño privado, por lo menos ahí un ventilador que orgullosamente aun funciona con potencia, la dueña del hostal es una señora muy amable, me cambio de zapatos, saco un libro, mi pipa y mi cuaderno de apuntes, salgo a caminar el pueblo, ahora esta desolado, es muy temprano aun, los turistas solo lo visitan los fines de semana, para mi esta bien, me gusta la cotidianidad de aquí, la gente pasando en bicicleta, algunos niños venden verduras, un par de señoras sentadas en una banca se abanican, un grupo de hombres conversa en una esquina, algunos comienzan a abrir sus locales, pasa un niño de no mas de diez años vendiendo el periódico, es todo un personaje en el pueblo, se me hace muy divertido su peculiar forma de venderlo: se para en las esquinas y vocea las noticias del día como un narrador de cuentos, la gente lo ve y se ríe, algunos vienen a comprarle, camino después a un restaurante al lado del mar y pido un desayuno suave, solo jugo y un par de tostadas con mantequilla.
No