Mis nuevas colegas
No hay mucho que contar.
Las semanas se suceden con un aburrimiento que raya en lo absurdo.
Han pasado 8 meses desde que empecé a trabajar en ese virulento restaurant y las cosas siguen casi iguales.
Casi porque ahora el restaurant en cuestion es cien por ciento femenino; dos nuevas cocineras se han unido al equipo dinamico y juvenil del servicio (dinàmico por mi colega y juvenil obviamente por mi)
La màs joven se llama Gaelle, una rubisima rubicunda que viene de parir una niña (hace 10 meses ya pero el cuerpo ha quedado resentido) a quien le enseño el español y a cambio me enseña el argot(el lenguaje de la calle) asi que mi francés ha progresado considerablemente entre los empleados del supermercado. Gaelle tiene caracter, mucho a veces, y cuando es no carajo es no y puede caerse el mundo encima, jefa y colegas incluidas y es no, yo no preparao un plato màs porque son las 2:30 y usted no paga horas extras cabrona (ése es mi aporte en español para referirnos a la patrona) por eso me cae tan bien Gaelle: no se deja intimidar por nadie, bueno solo por su marido que a veces la manda al trabajo con dos cachetadas bien dadas y al otro dia con el cuello rojisimo; un dràcula en el sentido pràctico y metaforico del personaje.
La otra se llama Muriel; una rubia también, de 53 años que se ve forzada a trabajar porque aun no tiene edad para la retreta. En realidad bien que podria pero no quiere, intenta sentirte util después que la botaron de un trabajo en el que estuvo 25 años: Si señora està despedida porque ahora tenemos personal màs joven que hace el doble de trabajo y cobra la mitad que usted. Después de esa abrupta despedida Muriel intento de todo antes de querer suicidarse. Felizmente sigue viva y con antidepresivos de por vida. Es tan gentil que cuando me ve con mis animos por los suelos(digamos cinco dias a la semana) saca de su cartera todo un rosario de antidepresivos y me los ofrece; màs de una vez estuve tentada de acepterlas, pero yo ya pase por eso y a otra cosa mariposa. Muriel dice que soy muy flaca (en realidad es ella la gorda) y esta persuadida que tengo que alimentarme mejor; a las doce del dia tiene preparado mi plato; spaguetis con crema y tocino, lentejas con morcillas y patatas con queso fundido, todo mezclado. Ya no sé como decirle que sus menjunges me estan provocando una estreñimiento cronico.
La otra, mi colega después de ocho meses està menos fregona que antes y hasta puedo afirmar que me tiene cariño, la pobre sigue reivindicando que tendria que ser ella la responsable porque la patrona no es una verdadera patrona; ella no sabe dar ordenes, en definitiva ella no sabe maltratar suficientemente al personal. Yo la escucho, veo a una mujer de 58 años, envejeciendo y sin haber hecho otra cosa en su vida que trabajar como empleada de restaurant.
Entre ellas transcurren mis dias.
Las semanas se suceden con un aburrimiento que raya en lo absurdo.
Han pasado 8 meses desde que empecé a trabajar en ese virulento restaurant y las cosas siguen casi iguales.
Casi porque ahora el restaurant en cuestion es cien por ciento femenino; dos nuevas cocineras se han unido al equipo dinamico y juvenil del servicio (dinàmico por mi colega y juvenil obviamente por mi)
La màs joven se llama Gaelle, una rubisima rubicunda que viene de parir una niña (hace 10 meses ya pero el cuerpo ha quedado resentido) a quien le enseño el español y a cambio me enseña el argot(el lenguaje de la calle) asi que mi francés ha progresado considerablemente entre los empleados del supermercado. Gaelle tiene caracter, mucho a veces, y cuando es no carajo es no y puede caerse el mundo encima, jefa y colegas incluidas y es no, yo no preparao un plato màs porque son las 2:30 y usted no paga horas extras cabrona (ése es mi aporte en español para referirnos a la patrona) por eso me cae tan bien Gaelle: no se deja intimidar por nadie, bueno solo por su marido que a veces la manda al trabajo con dos cachetadas bien dadas y al otro dia con el cuello rojisimo; un dràcula en el sentido pràctico y metaforico del personaje.
La otra se llama Muriel; una rubia también, de 53 años que se ve forzada a trabajar porque aun no tiene edad para la retreta. En realidad bien que podria pero no quiere, intenta sentirte util después que la botaron de un trabajo en el que estuvo 25 años: Si señora està despedida porque ahora tenemos personal màs joven que hace el doble de trabajo y cobra la mitad que usted. Después de esa abrupta despedida Muriel intento de todo antes de querer suicidarse. Felizmente sigue viva y con antidepresivos de por vida. Es tan gentil que cuando me ve con mis animos por los suelos(digamos cinco dias a la semana) saca de su cartera todo un rosario de antidepresivos y me los ofrece; màs de una vez estuve tentada de acepterlas, pero yo ya pase por eso y a otra cosa mariposa. Muriel dice que soy muy flaca (en realidad es ella la gorda) y esta persuadida que tengo que alimentarme mejor; a las doce del dia tiene preparado mi plato; spaguetis con crema y tocino, lentejas con morcillas y patatas con queso fundido, todo mezclado. Ya no sé como decirle que sus menjunges me estan provocando una estreñimiento cronico.
La otra, mi colega después de ocho meses està menos fregona que antes y hasta puedo afirmar que me tiene cariño, la pobre sigue reivindicando que tendria que ser ella la responsable porque la patrona no es una verdadera patrona; ella no sabe dar ordenes, en definitiva ella no sabe maltratar suficientemente al personal. Yo la escucho, veo a una mujer de 58 años, envejeciendo y sin haber hecho otra cosa en su vida que trabajar como empleada de restaurant.
Entre ellas transcurren mis dias.





