De sofás
Alquiló la casa de sus sueños, con las vistas de sus sueños, la cocina de sus sueños y totalmente desamueblado, salvo por un peculiar sofá en el salón. Total, por la ganga de alquiler que iba a pagar no le iba a pedir peras al olmo...Con el dinero que se ahorraba pensaba redecorar la casa, quizá deshaciéndose de ese sofá tan anticuado lo primero. Compró cama, mesa, sillas, tv, pero fue retrasando la compra de un sillón nuevo. El primer día lo probó y tras algunas semanas pudo comprobar que se encontraba en muy buen estado, no tenía ni un solo muelle y contaba con la dureza necesaria y el confort imprescindible, le daría un toque kirsch y original por lo que lo conservó como elemento principal de su nuevo salón.
Con el uso, se fue dando cuenta de que el sofá era la pieza clave de su mobiliario. Cada vez, el mueble se amoldaba un poco más al nuevo inquilino y este se pasaba muchas más horas descansando sobre él que sobre la cama. Las cabezaditas de cinco minutos se fueron alargando y más de una visita prefirió dormir en el sofá antes que en la habitación de invitados.
Con el paso del tiempo sus costumbres fueron cambiando, pasaba más horas en casa que fuera, viendo alguna película, leyendo o simplemente escuchando música, pero eso sí, siempre en su sofá.
Tanto fue así que en un par de meses perdió sus hábitos sociales, sus comidas se volvieron más frugales y dejó de presentarse a trabajar. Comenzó a hacer su vida, o mejor dicho, pretender hacerla desde el sofá.
Tras varios meses sin pagar el alquiler, resultar imposible contactar con él, y no tener noticias suyas desde hacía semanas, los dueños del piso decidieron usar la llave maestra y entrar en el piso.
Encontraron la casa en perfecto estado, todo limpio y ordenado pero sin rastro de su inquilino, salvo por una zapatilla desparejada a los pies del sofá.
Era su primer piso como mujer independiente, con veintidós años y acabada la carrera, ya era hora de hacer su vida. Alquiló un apartamento muy coqueto totalmente amueblado y con un sofá que ocupaba una zona privilegiada del salón. No supo por qué, pero desde un primer momento le encantó...
PD. Y es que hay veces que los sofás atrapan personas...





