De polillas
De pequeña, siempre las llamaba mariposas, para mi no había diferencia entre ellas, todas volaban, libaban para comer y tenían bonitas formas…Pero para los demás, no son lo mismo y parece estar bien claro, las unas elegantes y coloridas, seres del sol que revolotean de flor en flor; las otras de apagados tonos y de vuelo nocturno, rechonchas, que acaban sus días quemando las alas en la luz de las bombillas.
Así que, aquí me hayo, con las alas chamuscadas y dispuesta a estrellar mi vuelo kamikaze contra el resplandor de otra lámpara.
De sofás
Alquiló la casa de sus sueños, con las vistas de sus sueños, la cocina de sus sueños y totalmente desamueblado, salvo por un peculiar sofá en el salón. Total, por la ganga de alquiler que iba a pagar no le iba a pedir peras al olmo...Con el dinero que se ahorraba pensaba redecorar la casa, quizá deshaciéndose de ese sofá tan anticuado lo primero. Compró cama, mesa, sillas, tv, pero fue retrasando la compra de un sillón nuevo. El primer día lo probó y tras algunas semanas pudo comprobar que se encontraba en muy buen estado, no tenía ni un solo muelle y contaba con la dureza necesaria y el confort imprescindible, le daría un toque kirsch y original por lo que lo conservó como elemento principal de su nuevo salón.
Con el uso, se fue dando cuenta de que el sofá era la pieza clave de su mobiliario. Cada vez, el mueble se amoldaba un poco más al nuevo inquilino y este se pasaba muchas más horas descansando sobre él que sobre la cama. Las cabezaditas de cinco minutos se fueron alargando y más de una visita prefirió dormir en el sofá antes que en la habitación de invitados.
Con el paso del tiempo sus costumbres fueron cambiando, pasaba más horas en casa que fuera, viendo alguna película, leyendo o simplemente escuchando música, pero eso sí, siempre en su sofá.
Tanto fue así que en un par de meses perdió sus hábitos sociales, sus comidas se volvieron más frugales y dejó de presentarse a trabajar. Comenzó a hacer su vida, o mejor dicho, pretender hacerla desde el sofá.
Tras varios meses sin pagar el alquiler, resultar imposible contactar con él, y no tener noticias suyas desde hacía semanas, los dueños del piso decidieron usar la llave maestra y entrar en el piso.
Encontraron la casa en perfecto estado, todo limpio y ordenado pero sin rastro de su inquilino, salvo por una zapatilla desparejada a los pies del sofá.
Era su primer piso como mujer independiente, con veintidós años y acabada la carrera, ya era hora de hacer su vida. Alquiló un apartamento muy coqueto totalmente amueblado y con un sofá que ocupaba una zona privilegiada del salón. No supo por qué, pero desde un primer momento le encantó...
PD. Y es que hay veces que los sofás atrapan personas...
De apariciones
Tus recuerdos en mis sueños van componiendo un retrato inexistente de ti. Algo que no existe, existió y nunca existirá.
Pero este síndrome me asalta en los lugares más inesperados, en la parada del autobús, en un café, en el reflejo de un escaparate...
Una mano transparente me aprisiona el estómago y lo hace subir lentamente hasta la garganta, sin dejarme articular palabra, porque intentar hablar entonces, duele. Entonces, va subiendo por mis mejillas un ligero picazón que al llegar a los ojos confundo con lágrimas.
Y es entonces cuando esa imagen, desaparece. En ese mismo momento, desapareces.
Alicia en el País de las Maravillas
Hace mucho que no incluyo nada de animación, pero ha sido verlo y no lo he podido resistirme. Hasta el año que viene nada, pero promete.
Mi favorito: el Gato de Cheshire!!!
3q6kivxuga
Mi favorito: el Gato de Cheshire!!!
3q6kivxuga
De vidas
Ella era una vieja gloria del teatro, retirada hace años y con toda una vida a sus espaldas. Un día, como otro cualquiera, recibió la llamada de un joven editor que le propuso publicar la historia de su vida, memorias, sólo debía de hacer memoria y redactarlas; ella sería su propia biógrafa.
A ella en principio no le seducía la idea.
- Poca cosa tengo yo que contar – pensaba ensimismada.
Pero tras consultarlo varias veces con la almohada, y otras tantas nuevas llamadas, decidió aceptar con la condición de no tener una fecha fija de entrega.
Tras un par de años de escritura, por fin presentó el manuscrito al editor. Este, tras una semana intentando descifrar, primeramente su letra, y más tarde, cada una de las páginas de la vida de ella, por fin convocó una reunión para comunicarle que ese libro jamás podría ser publicado.
El editor adujo que por más que había intentado poner orden en aquel galimatías, le parecía sólo un montón de papeles sin orden ni concierto, a veces palabras incompletas, otras, fragmentos de poemas, descripciones sin acabar, mezcla de temas y de frases, cruce de personas y personajes, una ingente cantidad de pensamientos vomitados en el papel, además de contradicciones continuas que hacían de aquel documento algo completamente ininteligible para cualquier mortal.
Ella durante toda la reunión no pronunció palabra, cuando el editor finalizó su diatriba, recogió sus cosas, el portafolio de encima de la mesa y se despidió educadamente, al fin de cuentas, era él el que la había llamado. Al salir al portal, nada más cerrar la puerta acertó a murmurar:
- Quizá eso es lo que puede significar para usted, que no sabe leerlo. Pero esto se trata de una vida. Es mi vida, de verdad.
A ella en principio no le seducía la idea.
- Poca cosa tengo yo que contar – pensaba ensimismada.
Pero tras consultarlo varias veces con la almohada, y otras tantas nuevas llamadas, decidió aceptar con la condición de no tener una fecha fija de entrega.
Tras un par de años de escritura, por fin presentó el manuscrito al editor. Este, tras una semana intentando descifrar, primeramente su letra, y más tarde, cada una de las páginas de la vida de ella, por fin convocó una reunión para comunicarle que ese libro jamás podría ser publicado.
El editor adujo que por más que había intentado poner orden en aquel galimatías, le parecía sólo un montón de papeles sin orden ni concierto, a veces palabras incompletas, otras, fragmentos de poemas, descripciones sin acabar, mezcla de temas y de frases, cruce de personas y personajes, una ingente cantidad de pensamientos vomitados en el papel, además de contradicciones continuas que hacían de aquel documento algo completamente ininteligible para cualquier mortal.
Ella durante toda la reunión no pronunció palabra, cuando el editor finalizó su diatriba, recogió sus cosas, el portafolio de encima de la mesa y se despidió educadamente, al fin de cuentas, era él el que la había llamado. Al salir al portal, nada más cerrar la puerta acertó a murmurar:
- Quizá eso es lo que puede significar para usted, que no sabe leerlo. Pero esto se trata de una vida. Es mi vida, de verdad.





