Sin ti no soy nada
Lo voy dejando, lo voy dejando... en fin, que han pasado unas semanas y yo no quería demorarme tanto.
No hay nada honorable en lo que voy a decir, lo reconozco, pero he de decirlo. He vuelto al instituto por que me obligan. Sí, sí, de la misma manera y con el mismo entusiasmo con el que todo el mundo vuelve al trabajo después de las vacaciones, ni más ni menos. Lo comento, aclaro y explico por si alguien se creyó, pensó o dio por hecho que yo era una devota de mi trabajo o, quizás, una mártir de la causa docente. Pues no, nada más lejos de la realidad. Yo estoy en esto por el dinero y por la fama que proporciona este trabajo tan glamoroso (me ha costado escribir esto último porque me ha entrado la risa floja y teclear es más complicado si te descoyuntas a la altura de las costillas flotantes, fíjate tú), no lo olvidéis.
Así que ahí me tenéis la víspera del comienzo de clases, más apagada que la llama de la Estatua de la Libertad y más desganada que Homer Simpson, buscándole el sentido (¿es horizontal..., vertical..., quizás oblicuo?) a la vida y contándole mis cuitas a quien quisiera escuchar (“a mi no me des más la tabarra, que ya te aguanté el rollo el curso pasado”, es la respuesta tipo de mis amigos). Vamos, nada que no hubiera vivido antes, pero no por conocido el miedo al dentista es menor, ¿no?
El caso es que llegué al instituto el primer día arrastrando los pies, como si calzara zapatos de buzo de los de antes. Eso sí, llevaba una sonrisa en la cara más falsa y ensayada que las del posado veraniego de Ana Obregón (no hay más coincidencias entre ella y yo, por suerte o por desgracia), pero que daba el pego. Entre holas y besos a compañeros y conserjes reencontrados y saludos a los nuevos, se pasaron los primeros minutos, los de adaptación al medio. Luego, cuando sonó el timbre, algo se despertó en mí y, de repente, todo volvió a ser como antes, como si no hubieran pasado dos meses: el mismo colegio, las mismas aulas, los mismos alumnos... con caras distintas. Todo ya es tan familiar que no recuerdo haber hecho otra cosa nunca antes y, lo que es más sorprendente, no creo que puede hacer otra cosa distinta. Después de dos horas, cuando ya me había tocado pegar dos voces y hacer de poli malo con un alumno nuevo que todavía no conocía las reglas de juego (el poli bueno es la jefa de estudios; ¿a qué no sabíais que esto funciona muy bien en los institutos?), me di cuenta de que no se me da del todo mal esto, vamos, que me encuentro como pez en el agua.
¿Sabéis qué? A pesar de la pereza, a pesar de la desgana, a pesar del desánimo, "¡cómo me gusta el olor del napalm por las mañanas; huele a victoria!" Que me perdonen Coppola y Robert Duvall
PD: No me malinterpretéis. No soy violenta, pero admito que, de vez en cuando, me posee cierta euforia. Sólo cuando me encuentro verdaderamente a gusto, como era el caso.
No hay nada honorable en lo que voy a decir, lo reconozco, pero he de decirlo. He vuelto al instituto por que me obligan. Sí, sí, de la misma manera y con el mismo entusiasmo con el que todo el mundo vuelve al trabajo después de las vacaciones, ni más ni menos. Lo comento, aclaro y explico por si alguien se creyó, pensó o dio por hecho que yo era una devota de mi trabajo o, quizás, una mártir de la causa docente. Pues no, nada más lejos de la realidad. Yo estoy en esto por el dinero y por la fama que proporciona este trabajo tan glamoroso (me ha costado escribir esto último porque me ha entrado la risa floja y teclear es más complicado si te descoyuntas a la altura de las costillas flotantes, fíjate tú), no lo olvidéis.
Así que ahí me tenéis la víspera del comienzo de clases, más apagada que la llama de la Estatua de la Libertad y más desganada que Homer Simpson, buscándole el sentido (¿es horizontal..., vertical..., quizás oblicuo?) a la vida y contándole mis cuitas a quien quisiera escuchar (“a mi no me des más la tabarra, que ya te aguanté el rollo el curso pasado”, es la respuesta tipo de mis amigos). Vamos, nada que no hubiera vivido antes, pero no por conocido el miedo al dentista es menor, ¿no?
El caso es que llegué al instituto el primer día arrastrando los pies, como si calzara zapatos de buzo de los de antes. Eso sí, llevaba una sonrisa en la cara más falsa y ensayada que las del posado veraniego de Ana Obregón (no hay más coincidencias entre ella y yo, por suerte o por desgracia), pero que daba el pego. Entre holas y besos a compañeros y conserjes reencontrados y saludos a los nuevos, se pasaron los primeros minutos, los de adaptación al medio. Luego, cuando sonó el timbre, algo se despertó en mí y, de repente, todo volvió a ser como antes, como si no hubieran pasado dos meses: el mismo colegio, las mismas aulas, los mismos alumnos... con caras distintas. Todo ya es tan familiar que no recuerdo haber hecho otra cosa nunca antes y, lo que es más sorprendente, no creo que puede hacer otra cosa distinta. Después de dos horas, cuando ya me había tocado pegar dos voces y hacer de poli malo con un alumno nuevo que todavía no conocía las reglas de juego (el poli bueno es la jefa de estudios; ¿a qué no sabíais que esto funciona muy bien en los institutos?), me di cuenta de que no se me da del todo mal esto, vamos, que me encuentro como pez en el agua.
¿Sabéis qué? A pesar de la pereza, a pesar de la desgana, a pesar del desánimo, "¡cómo me gusta el olor del napalm por las mañanas; huele a victoria!" Que me perdonen Coppola y Robert Duvall
PD: No me malinterpretéis. No soy violenta, pero admito que, de vez en cuando, me posee cierta euforia. Sólo cuando me encuentro verdaderamente a gusto, como era el caso.
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Good design!
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Yo tuve la suerte de no tener que ir al colegio más que tres meses, y creo que ha sido la experiencia más horrible de mi vida: odié a los compañeros, a los profesores, a los conserjes, el olor y el aspecto de las aulas. A mis casi setenta años aún tengo pesadillas en las que me obligan a ir a clase.
Por cierto, sin ánimo de hacer tu trabajo, corrige "He vuelto al instituto por que me obligan", que ese porque se escribe junto.
Un abrazo, y no te desanimes: los alumnos se sentirán tan profundamente desgraciados como tú.
Por cierto, sin ánimo de hacer tu trabajo, corrige "He vuelto al instituto por que me obligan", que ese porque se escribe junto.
Un abrazo, y no te desanimes: los alumnos se sentirán tan profundamente desgraciados como tú.
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Excelente la descripción del primer días después de las vacaciones.
Esa sensación de que, a pesar de los dos meses que parece que estuviste en la Luna, de repente de das cuenta que el tiempo no ha pasado y todo sigue en el mismo sitio...y queda todo un curso por delante...
Esa sensación de que, a pesar de los dos meses que parece que estuviste en la Luna, de repente de das cuenta que el tiempo no ha pasado y todo sigue en el mismo sitio...y queda todo un curso por delante...
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¿volverás?
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Es decir, que tú eres de las que trata de amargarnos el curso a los muchachuelos que nos sentamos ahí como buenos hombres que somos, ¿no?
Jeje, que gracias, esto promete^_^
Suerte con "las bestias";)
Jeje, que gracias, esto promete^_^
Suerte con "las bestias";)
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Ánimo , que el curso sólo ha hecho que comenzar. Entiendo muy bien todas las sensaciones que describes...
Te lo dice un "colega" de francés.
Te lo dice un "colega" de francés.
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Ya comenzaron las historias de mi colegio en "Desde el Cerrito". Have a look at the site, you are most welcome, dear compi. Los maestros vemos el mundo de una manera que muy pocas personas pueden comprender y entender.
Comentario:
Ánimo, colega.
Dentro de unos días comenzaré a repartir las historias de mi cole, en Las Tres Mil Viviendas, Sevilla. No estás sola. Ser maestro (maestra) es lo mejor que te puede pasar.
Dentro de unos días comenzaré a repartir las historias de mi cole, en Las Tres Mil Viviendas, Sevilla. No estás sola. Ser maestro (maestra) es lo mejor que te puede pasar.
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Ánimo, colega.
Dentro de unos días comenzaré a repartir las historias de mi cole, en Las Tres Mil Viviendas, Sevilla. No estás sola. Ser maestro (maestra) es lo mejor que te puede pasar.
Dentro de unos días comenzaré a repartir las historias de mi cole, en Las Tres Mil Viviendas, Sevilla. No estás sola. Ser maestro (maestra) es lo mejor que te puede pasar.
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Yo enseño en una academia de clases de apoyo por la tarde, y la verdad es que a veces caigo en el desánimo. Así que ánimos para las dos ante el nuevo curso no?jajaja
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¿Y quién no siente pereza ante la perspectiva de un nuevo curso?
Acabo de descubrir tu blog y me he leído todos los posts de una tirada. Me gusta tu estilo y tu forma de ver las cosas. Y me recuerdas a una amiga... sí, es profesora ;)
Best wishes.
Acabo de descubrir tu blog y me he leído todos los posts de una tirada. Me gusta tu estilo y tu forma de ver las cosas. Y me recuerdas a una amiga... sí, es profesora ;)
Best wishes.
Comentario:
jue pos si que es raro tu insty en el mio el poli malo son todos los que estan en jefatura y algun conserje que otro.
ojala yo tubiese una profe de ingles como tu que la mia cuando te habla parece que te esta canatando las buenas noches.
ojala yo tubiese una profe de ingles como tu que la mia cuando te habla parece que te esta canatando las buenas noches.
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Dicen que la mejor vida es la de estudiante... lo de ser profesor es como el complejo de Peter Pan pero acoplado al termino instituto :P
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Tú eres de las que, digas lo que digas en este "post", te gusta la enseñanza.
Lo que sucede es que los que os gusta la enseñanza estáis más expuestos a llevaros bastantes desilusiones... y tu reacción de distanciamiento es comprensible, es bueno no implicarse demasiado en cosas que a uno le gustan ni hacer de ello el centro de su vida.
Aunque este "blog" esté pensado sólo para escribir tus experiencias en el instituto...¿por qué no pruebas a contar otras cosas de tu vida?
Lo que sucede es que los que os gusta la enseñanza estáis más expuestos a llevaros bastantes desilusiones... y tu reacción de distanciamiento es comprensible, es bueno no implicarse demasiado en cosas que a uno le gustan ni hacer de ello el centro de su vida.
Aunque este "blog" esté pensado sólo para escribir tus experiencias en el instituto...¿por qué no pruebas a contar otras cosas de tu vida?
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Demuéstrales quién manda! y si se te rebelan sueltales un speech en inglés cagandote en todo lo que se menea verás como los dejas blancos y como mínimo unos segundos desconcertados. Yo lo hago en mis clases, pero no en inglés, basta con usar alguna palabra que no conozcan y los dejas rotos.
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humm. Ya es lunes. Halé, vengá. A mover.
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en mi instituto el poli malo es el jefe de estudios...jajaja
saludos!
saludos!
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Un consuelo, querida: es viernes!!!
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Es que tiene que ser un subidón estar delante de unos adolescentes y hacerles ver que la que manda eres tu... con lo dificiles que son los adolescentes hoy en día...
Pos nada suerte, que ya queda menos pa navidad!!!
Pos nada suerte, que ya queda menos pa navidad!!!
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A mi el polvo de tiza tampoco me pone nada..., pero me pasa como a tí, de da el subidón cuando empiezo a percibir que voy ganando en la partida.
Es un disfrute leerte.
Es un disfrute leerte.





