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Quién me mandaría meterme a profe
El que sabe, sabe, y el que no, enseña
Acerca de
Sí, sí, soy profesora de verdad. Y de inglés. Esto es todo lo que necesitáis saber... de momento. ¡Ah! Y que todo parecido con la realidad es deliberado, cierto y verdadero, aunque reconozco un gusto, a veces excesivo, por la hipérbole. Para evitarme demandas judiciales, eso sí, he cambiado nombres y referencias demasiado personales. Y si alguien se siente aludido, mejor, es el primer paso para la fama mediática. "Que hablen de uno, aunque sea mal," decía alguien.
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Mens sana in corpore... in sepulto
Hace unos días celebramos la fiesta del instituto. No, no era San Instituto Bendito ni Santa Tiza del Monte, ni siquiera San Alumnito del Niño Jesús. Simplemente teníamos derecho a dos días libres en los que buscar la convivencia entre padres, alumnos y profesores. Y la buscamos. ¿En qué consiste eso de la convivencia? Muy buena pregunta, que conste, porque a mí, lo primero que se viene a la cabeza es la súper-vivencia. Pues bien, la con-vivencia es eso, vivir juntos. ¡Je, como si no viviéramos juntos ya bastante tiempo! Porque esas 6 horas diarias de clases dan para mucho, creedme.
En fin, la cosa resultó bastante bien. Para que los chicos se entretuvieran, había talleres varios: de hostelería, instrumentos tradicionales, bailes, aeróbic, etc. Incluso había uno de educación sexual y ligoteo (¡lo juro!) que se quedó sin participantes. Creo que los chicos esperaban clases prácticas, y no teoría. ¡Eso si que hubiera sido un instituto progre!
Pero el plato fuerte del último día fue, sin duda, el partido de la jornada. Imaginaos el siguiente relato como si fuera la crónica del encuentro profes-alumnos (si lo leeis con la voz de Matía Prats Padre, mucho mejor):
Ayer tuvo lugar en el campo de fútbol del camping, en una bonita mañana soleada, el tradicional encuentro de fútbol entre profesores alumnos. Como ya es acostumbrado, el equipo de profesores, ante la imposibilidad de completar el equipo con once jugadores, contó entre sus filas con una nutrida selección de alumnos cooperadores, pues parece ser que el colectivo docente está más cascado de lo esperado (además de que hay muy pocos profes dispuestos a dejarse la espinilla en el campo, que los chicos llevan muy mala leche acumulada). Ah, eso sí. La grata sorpresa la dio la profe de inglés, quien, neither short, nor lazy (ni corta ni perezosa, que parecéis analfabetos) decidió que el masculino genérico es eso, genérico e incluye a los dos sexos, y cuando se dice “profesores” también está ella incluída. Por cierto, tendría tiempo de sobra de arrepentirse de su decisión. Por su parte, los alumnos, jóvenes y lozanos, nutrieron su escuadra de los once jugadores de campo reglamentarios, por supuesto, suplentes, masajista, utillero y uno con una bici que pasaba por allí, además de disponer de botas de tacos y guantes para el portero, todo un lujo. Una vez dispuestos los dos contendientes en el campo y encontrado un árbitro (sin silbato, tuvo que pitar a voz en grito y con una pañuelo, para hacerse ver) comenzó el encuentro. No hubo tregua en ningún momento, los aguerridos estudiantes se lanzaron a por los profes con todas sus energías, sin respiro. Los profes, prudentes, se replegaron atrás, en un catenaccio que habría hecho la envidia de la selección italiana (¡no te joroba! Y por que no tenían fuerzas para correr, que ninguno cumple ya los 35). Balones aquí, balones allá, patadón y cuenta nueva, por parte de los profes, toque y regate filigranesco, por parte de los alumnos (ya, pero terminaban siempre por hacerse la ***** un lío). En un despiste defensivo (nuestro portero se había puesto a hablar con unas amigas detrás de la portería), se adelantaron los alumnos en el marcador. Los profes, sin amilanarse, se lanzaron al ataque con ímpetu juvenil (!), el cual recibió su fruto en un gol, producto de una jugada ensayada (tú agarras al defensa ese altón, que yo le piso el pie al portero). Alborozo general. A todo esto, la profe de inglés, en la defensa, intentaba no desentonar mucho (¡pero quítate de ahí, mendruga, que anulas el fuera de juego!). El partido siguió su curso (correcalles, esto es un correcalles), cayeron goles en ambas porterías, para disgusto de los dos cancerberos (¡portero, matao, que puedes coger el balón con las manos!), no se paró de correr (de patio de colegio, esto es de patio de colegio... claro) y cuando estaba a punto de darse por concluido el encuentro, la jugada polémica. Un contrataque de los estudiantes, en tromba hacia la portería contraría. El delantero, regateando, se plantó delante de la profe de inglés, al borde del área. Y, encarándola, la embistió y cayeron ambos dos en un batiburrillo de piernas y brazos. El balón salió rechazado a la banda. Ante las protestas insistentes de los estudiantes (¡árbitro, mamón, que ha sido penalty! Deja de agitar el pañuelito y pítalo), consultó a su linier (el de la bici, que no vio nada, porque estaba hablando con el utillero) y pitó saque de banda. Con un “aquí no ha pasado nada” siguió el partido 30 segundos más, momento en el que el colegiado determinó el final. Apretones de manos entre todos los jugadores, cordialidad por parte de los profes (Jesús, después de esa patada que me diste, vas a aprobar la historia cuando las ranas críen pelo, lo juro) y alumnos (árbitro, tío, que la de inglés no te va a aprobar porque le hayas perdonado un penalty). Con este buen ambiente, se dio por concluido el choque deportivo, que a nadie decepcionó, con el resultado final de 3-3.
Pd: La profe de inglés tardó 10 minutos en recuperarse del golpe. Llamadas las asistencias médicas (uno con un botiquín que vino desde el bar), dictaminaron que no había necesidad de ingreso en el hospital. Ahora, eso sí, luce en el brazo un bonito moratón, grande como el mapa de La Rioja)
 
 
Comentario:
Pues es una pena que no haya comentarios a este texto. Sin duda nuestra geografía está plagadita de partidos profes-alumnos. Dudo que exista algún partido de estos exentos de mil y una anécdotas. El jefe de departamento de E.F. de mi insti siempre me apuntó "voluntaria" a estos eventos. Pero ha tenido el buen criterio de no repetir aún (en los años que llevo en este centro) el tipo de encuentro. El primer año fue futbito, o futbol sala, que no entiendo mucho, pero a descubierto. Yo fui la portera. A partir del décimo gol dejé de contar. A mí me gusta que ganen los alumnos, les hace sentirse importantes... y dan menos patadas. ;-)
El siguiente año fue voleibol. No entiendo aún cómo no me rompí ambas muñecas. Además en este, mi jefe deportivo me apuntó voluntaria el mismo día del evento, y tuve que buscar una alumna con deportivas que usase mi mismo número de calzado. El resultado de este partido no lo recuerdo.
Al año siguiente tocó baloncesto. De las cuatro féminas que jugábamos, tres acabamos en enfermería por diversas lesiones poco importantes, pero molestas. Yo tuve un dedo entablillado un par de semanas.
Os contaré el de este curso, si llega a perpetrarse. Un beso, sigue con esas fuerzas.
No