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Quién me mandaría meterme a profe
El que sabe, sabe, y el que no, enseña
Acerca de
Sí, sí, soy profesora de verdad. Y de inglés. Esto es todo lo que necesitáis saber... de momento. ¡Ah! Y que todo parecido con la realidad es deliberado, cierto y verdadero, aunque reconozco un gusto, a veces excesivo, por la hipérbole. Para evitarme demandas judiciales, eso sí, he cambiado nombres y referencias demasiado personales. Y si alguien se siente aludido, mejor, es el primer paso para la fama mediática. "Que hablen de uno, aunque sea mal," decía alguien.
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Motes, apodos, nicks
No tengo mote conocido. “Sí, ya, aquí está ésta, tirándose el pegote,” pensaréis, “si no hay alumno que se precie que no desprecie a sus profes con un buen mote.” Será así, no lo niego, pero yo, que tengo mis informadores entre el alumnado, no consto en el ranking de profesores/as más vilipendiados o sometidos a burlas. ¡Y me da una rabia! ¡Pues claro que me gustaría tener un buen apodo! Pero de esos que dan prestigio, que definen un carácter, una personalidad fuerte. Como el de un compañero, conocido como el seispesetas, porque era más duro que un duro. O el de aquella otra, profesora de lengua, con gafas en la punta de la nariz y traje de corte sastre, a quien llamaban... Señorita Rottenmeyer –¿no os parece genial?– De esta categoría de motes “deseables” quedarían descartados aquellos que describen alguna debilidad de carácter, como el de mi profe de literatura, la tontina –era una bellísima persona... pero parecía tonta, la verdad–, el cabestro, el foca, etc. Y tampoco son envidiables los que se ceban en la debilidad física del sujeto, como el del engañabaldosas. Este requiere alguna explicación, aunque seguro que ya sabéis por dónde va: resulta que el pobre hombre tenía una cojera ciertamente peculiar, que le hacía “disparar” una pierna al andar, como en un latigazo, y, claro, al ir a pisar las baldosas, parecía que iba a poner el pie en la de delante, pero, no, pisaba la de atrás, con lo que la “engañaba”. Me río al recordarlo, ¡qué crueles éramos!
Así que comprenderéis mi disgusto, después de un año intentándolo, me temo que dejo el instituto sin haber causado ninguna impresión perecedera, sin pena ni gloria, vaya, como si hubiera pasado de puntillas. ¡Mierda de pelis americanas como Mentes Peligrosas, El Club De Los Poetas Muertos o La Sonrisa de Monalisa! Te hacen creer que los profes podemos marcar la diferencia en la vida de algunos adolescentes, cuando lo cierto es que nos olvidan a las primeras de cambio. Claro, para mí que esto es porque no sé kárate, como Michelle Pfeiffer, no me gusta romper libros de texto, como a Robin Williams, y no tengo la sonrisa cautivadora de Julia Roberts. Por cierto, si alguno alguna vez tuvo una profesora tan guapa como la Pfeiffer o la Roberts, que me lo diga, por favor, porque ni donde yo estudié ni donde he trabajado, he visto yo jamás gente tan guapa. Y ya son muchos años de ver profes.
 
 
Comentario:
En mi instituto tambien habia un "engañabaldosas" tal y como el que tu has descrito! Pero lo llamabamos simplemente "cojo"
 
Comentario:
Que me lo digan a mi, que siempre he tenido profes de la tercera edad. Me pregunto por que.
Te dire una cosa. Tu tambien tienes mote. Fijo. No falla. Si eres profesora, tienes un nick inevitablemente. Tarde o temprano sucede. Otra cosa, claro, es que lo sepas.
 
Comentario:
Que me lo digan a mi, que siempre he tenido profes de la tercera edad. Me pregunto por que.
Te dire una cosa. Tu tambien tienes mote. Fijo. No falla. Si eres profesora, tienes un nick inevitablemente. Tarde o temprano sucede. Otra cosa, claro, es que lo sepas.
No