A little less conversation, a little more action
Son adorables, mis niñas de tutoría son adorables (si se enteran de que las llamo “niñas” me corren a gorrazos; ellas ya se sienten “mujeres de bandera”, por supuesto) Después de una intensa hora de atención a madres, llego a la clase como si tal cosa. Pero no me dejan ni abrir el libro de texto.
-Good morning, everyone. Please open your books...
-Profe, ¿qué le has contado a mi madre de mí? –me ametralla una de esas alumnas cuya madre ha venido a verme- Seguro que nada bueno.
-Lo que yo haya hablado con tu madre, si ella quiere, te lo dirá luego en casa –es la respuesta estándar-, ¿no crees?
-Ya, seguro que te pone a parir –interviene la borde oficial del grupo; esta chica es de las que, si les preguntas “¿cómo estás?” te responden “¡pues anda que tú!”- Los profes sois todos iguales.
“Sí, igualitos, por eso yo estoy aquí dialogando con vosotras cuando el de física os hubiera mandado a tomar por el culo (lo tengo que decir con todas sus letras) delante de vuestras narices y no le hubierais rechistado,” todo este pensamiento me cruza la mente en una fracción de segundo, pero lo que digo es
-Yo, a los padres le cuento lo malo y lo bueno si lo hay –quiero ser diplomática-, pero si lo bueno no tiene que ver con lo educativo, pues no se digo.
-¿Qué rollo es ése, profe? –la borde es dura de pelar- ¿Por qué no les contáis lo majos que somos y esas cosas?
Voy a tener que hablar en parábolas, pues estos chicos están más cerca, por edad, de la fábula de Samaniego que de la retórica.
-A ver, no perdamos la perspectiva. Cuando vuestras madres vienen a verme, ¿qué quieren saber? Pues quieren que yo les diga cómo os comportáis en el aula y si estudiáis o no, ¿verdad? –espero haberme explicado, es que a veces soy de un críptico- Y si lo que yo veo no es muy bueno, pues se lo digo, para ayudaros a corregir esos comportamientos.
-¡Pero es que no todo es estudiar! –vuelta la burra al trigo; esta tía borde no se rinde- Vosotros no veis lo que hacemos que está bien, sólo lo malo.
-Pero, vamos a ver –si esto que voy a decir no funciona, me retiro- ¿qué quieres que le diga a tu madre si viene a verme? ¿Que eres muy maja? ¿Qué combinas muy bien la ropa? Claro, sería genial tener una conversación de este tipo, “Señora, su hija no da palo al agua, pero se está poniendo más guapa. No sabe lo bien conjuntada que viene siempre a clase y lo loquitos que tiene a los chicos con su belleza juvenil. ¡Será analfabeta, pero es tan elegante!”
Vaya que si funcionó. Con un “¡jo, profe, no te pases!” y unas risas dejamos el tema. Desde luego, conversaciones ficticias como esa me garantizarían una cierta tranquilidad mental. Una ya no sabe qué es lo que los padres y los alumnos quieren oír.
-Good morning, everyone. Please open your books...
-Profe, ¿qué le has contado a mi madre de mí? –me ametralla una de esas alumnas cuya madre ha venido a verme- Seguro que nada bueno.
-Lo que yo haya hablado con tu madre, si ella quiere, te lo dirá luego en casa –es la respuesta estándar-, ¿no crees?
-Ya, seguro que te pone a parir –interviene la borde oficial del grupo; esta chica es de las que, si les preguntas “¿cómo estás?” te responden “¡pues anda que tú!”- Los profes sois todos iguales.
“Sí, igualitos, por eso yo estoy aquí dialogando con vosotras cuando el de física os hubiera mandado a tomar por el culo (lo tengo que decir con todas sus letras) delante de vuestras narices y no le hubierais rechistado,” todo este pensamiento me cruza la mente en una fracción de segundo, pero lo que digo es
-Yo, a los padres le cuento lo malo y lo bueno si lo hay –quiero ser diplomática-, pero si lo bueno no tiene que ver con lo educativo, pues no se digo.
-¿Qué rollo es ése, profe? –la borde es dura de pelar- ¿Por qué no les contáis lo majos que somos y esas cosas?
Voy a tener que hablar en parábolas, pues estos chicos están más cerca, por edad, de la fábula de Samaniego que de la retórica.
-A ver, no perdamos la perspectiva. Cuando vuestras madres vienen a verme, ¿qué quieren saber? Pues quieren que yo les diga cómo os comportáis en el aula y si estudiáis o no, ¿verdad? –espero haberme explicado, es que a veces soy de un críptico- Y si lo que yo veo no es muy bueno, pues se lo digo, para ayudaros a corregir esos comportamientos.
-¡Pero es que no todo es estudiar! –vuelta la burra al trigo; esta tía borde no se rinde- Vosotros no veis lo que hacemos que está bien, sólo lo malo.
-Pero, vamos a ver –si esto que voy a decir no funciona, me retiro- ¿qué quieres que le diga a tu madre si viene a verme? ¿Que eres muy maja? ¿Qué combinas muy bien la ropa? Claro, sería genial tener una conversación de este tipo, “Señora, su hija no da palo al agua, pero se está poniendo más guapa. No sabe lo bien conjuntada que viene siempre a clase y lo loquitos que tiene a los chicos con su belleza juvenil. ¡Será analfabeta, pero es tan elegante!”
Vaya que si funcionó. Con un “¡jo, profe, no te pases!” y unas risas dejamos el tema. Desde luego, conversaciones ficticias como esa me garantizarían una cierta tranquilidad mental. Una ya no sabe qué es lo que los padres y los alumnos quieren oír.
The Way We Were
Ayer, en el transcurso de una clase con los de 1º de Bachillerato que estaba resultando demasiado caótica, un alumno socarrón y guasón a partes iguales me espetó, sonrisa ladeada en boca, la pregunta del millón:
-Pero tú ¿qué haces aquí? ¿Por qué te hiciste profe?
No me sorprendió la pregunta, la verdad, pues no es la primera vez que me la formulan. De hecho, con la ironía que me caracteriza, suelo responder con un “es que para la Legión Extranjera pedían francés” o “el circo de Ángel Cristo ya tenía cubierta la plaza de domador de leones”, etc. Os habréis dado cuenta de que busco siempre la sonrisa cómplice y el “buen rollito”, pero algo pasó en ese instante que me dejó a mitad de frase. Entonces, en un arranque de sinceridad más propio de programa del corazón que de clase de inglés, dije sin mucha energía:
-Sí, eso digo yo, ¡qué porras hago aquí!
“Porras”, dije “porras” ¡Dios, no se puede ser más ñoña! Ni siquiera tuve el arranque de recurrir al taco genital, tan a mano siempre y tan español él. Y es que una, aparentemente inocente, pregunta como esa encierra una bomba de relojería. No sé, a veces me siento como artificiero en campo minado cuando entro en la clase y no veo más que minas que intento evitar y, en algunos casos, desactivar. Pero no siempre tengo el pulso templado para desarmar todas los artefactos y algunos, y éste fue el caso, los piso y los dejo explotar. Resultado de la deflagración: 10 alumnos sorprendidos y una profe contando una vida que a nadie interesa.
-Pues, sí, porque yo tenía que haber sido actriz o algo así. De hecho, creo que tengo un sentido del humor muy a lo Lina Morgan que ahora habría que resucitar. Claro está que, cuando yo tenía vuestra edad, nunca pensé en ser profesora, por supuesto, yo aspiraba a una profesión de relumbrón y bla, bla, bla.
Una de esas alumnas que de vez en cuando una se encuentra, de las que no paran de tomar apuntes y de las que prestan atención con interés de entomólogo, levantó la cabeza del libro y se dirigió a mi con ceño fruncido:
-Pero, eso ¿en que parte del libro está? –creo que su mundo académico se acababa de derrumbar con esta manía mía de saltarme el protocolo- ¿va a entrar en el examen?
-No, hija, no -y aquí decidí prolongar la gracia-, es que tenía ganas de sincerarme y me pareció que éste era el momento. ¿Te importa si te cuento cómo decidí estudiar filología? Es que no tengo marido, mi madre está lejos, el psicólogo resulta caro...
A estas alturas de la clase, los demás alumnos habían decidido ignorarme, no les culpo por ello, y, para pánico de la alumna perfecta, yo me sentaba a su lado dispuesta a amargarle el día con mis cuitas. Fueron sólo unos segundos, pero creo que se le hicieron eternos. Me separé de ella con una sonrisa y aclarándole que era todo una broma, pero ahora me mira con desconfianza.
Debo ser la única persona en el mundo que, cuando le preguntan “¿cómo estás?”, ¡va y lo cuenta!
-Pero tú ¿qué haces aquí? ¿Por qué te hiciste profe?
No me sorprendió la pregunta, la verdad, pues no es la primera vez que me la formulan. De hecho, con la ironía que me caracteriza, suelo responder con un “es que para la Legión Extranjera pedían francés” o “el circo de Ángel Cristo ya tenía cubierta la plaza de domador de leones”, etc. Os habréis dado cuenta de que busco siempre la sonrisa cómplice y el “buen rollito”, pero algo pasó en ese instante que me dejó a mitad de frase. Entonces, en un arranque de sinceridad más propio de programa del corazón que de clase de inglés, dije sin mucha energía:
-Sí, eso digo yo, ¡qué porras hago aquí!
“Porras”, dije “porras” ¡Dios, no se puede ser más ñoña! Ni siquiera tuve el arranque de recurrir al taco genital, tan a mano siempre y tan español él. Y es que una, aparentemente inocente, pregunta como esa encierra una bomba de relojería. No sé, a veces me siento como artificiero en campo minado cuando entro en la clase y no veo más que minas que intento evitar y, en algunos casos, desactivar. Pero no siempre tengo el pulso templado para desarmar todas los artefactos y algunos, y éste fue el caso, los piso y los dejo explotar. Resultado de la deflagración: 10 alumnos sorprendidos y una profe contando una vida que a nadie interesa.
-Pues, sí, porque yo tenía que haber sido actriz o algo así. De hecho, creo que tengo un sentido del humor muy a lo Lina Morgan que ahora habría que resucitar. Claro está que, cuando yo tenía vuestra edad, nunca pensé en ser profesora, por supuesto, yo aspiraba a una profesión de relumbrón y bla, bla, bla.
Una de esas alumnas que de vez en cuando una se encuentra, de las que no paran de tomar apuntes y de las que prestan atención con interés de entomólogo, levantó la cabeza del libro y se dirigió a mi con ceño fruncido:
-Pero, eso ¿en que parte del libro está? –creo que su mundo académico se acababa de derrumbar con esta manía mía de saltarme el protocolo- ¿va a entrar en el examen?
-No, hija, no -y aquí decidí prolongar la gracia-, es que tenía ganas de sincerarme y me pareció que éste era el momento. ¿Te importa si te cuento cómo decidí estudiar filología? Es que no tengo marido, mi madre está lejos, el psicólogo resulta caro...
A estas alturas de la clase, los demás alumnos habían decidido ignorarme, no les culpo por ello, y, para pánico de la alumna perfecta, yo me sentaba a su lado dispuesta a amargarle el día con mis cuitas. Fueron sólo unos segundos, pero creo que se le hicieron eternos. Me separé de ella con una sonrisa y aclarándole que era todo una broma, pero ahora me mira con desconfianza.
Debo ser la única persona en el mundo que, cuando le preguntan “¿cómo estás?”, ¡va y lo cuenta!
I heard it through the grapevine
Sigo sintiéndome cotilla... y le empiezo a coger el gustillo, para que os voy a engañar. Suena a justificación innecesaria, ya se sabe que excusatio non petita..., pero os juro que yo no busco sus confidencias, pero me las encuentro en cada esquina, nunca mejor dicho. Veréis, estaba yo en el aula de informática, que es la única que tiene conexión a internet, trabajando duramente... en mi blog, cuando suena el timbre del cambio de clase. Empiezan a salir los alumnos de las aulas contiguas para dirigirse a otras aulas o al servicio o a donde fuera, el caso es que había mucho tráfico y barullo por el pasillo. Yo comienzo a recoger mis cosas para ir a mi clase, apago el ordenador y mientras espero, entre tanto alboroto que hay fuera, distingo unas cuantas voces de alumnos. Inmediatamente pegué la oreja a la puerta ("¿Tú, profe?" Sí, sí, yo, pero si me preguntan, negaré haberlo hecho) Y esto es lo que los muchachos conversaron creyéndose libres de oídos ajenos:
-¡Tío, ven aquí y apréndete esto! Si mi madre te llama, dile que estuve en tu casa entregándote los ejercicios de música que te perdiste el otro día, ¿entiendes? Si se entera de que me voy con la moto, me encierra todo el finde.
-¡Y una mierda! Ya pringué por ti cuando me diste aquella revista porno, que me la pilló mi madre y el cabronazo de mi padre todavía se ríe. Que no me deja ni ver Crónicas Marcianas.
"Vaya, vaya," pensé, "engañando a mamá, ¿eh?" Estaba a punto de salir y darles un susto, para echarme unas risas nada más, cuando oigo la frase mágica entremezclada con una serie indiscriminada de tacos y/o palabrotas; algo así como
lkjadifuaodifakañielaprofedeinglésakjdlaksdjfafl
La tentación era muy fuerte. ¿Cómo iba a salir justo en ese momento y quedarme sin saber lo que hablaban de mi? Como bien imagináis, adherí aún más la oreja a la puerta, cual ventosa succionante, pero pese a mis esfuerzos la información se perdió en el aire a lo largo de pasillo. Lo que no me perdí fue la cara de susto del profesor de informática que venía a utilizar el aula a continuación cuando, al abrir la puerta, se le echa encima con pasión inusitada aquí, la menda lerenda cogida in fraganti Claro, perdí pie y tuve que disimular como pude:
-Estooooooooooooo, ¿te habías fijado, Paco, que tenemos mapas en las puertas que indican las salidas de emergencia?
-Sí, claro, llevan allí dos años.
-Ah, es como yo soy nueva...
Y tonta, debió de pensar él.
-¡Tío, ven aquí y apréndete esto! Si mi madre te llama, dile que estuve en tu casa entregándote los ejercicios de música que te perdiste el otro día, ¿entiendes? Si se entera de que me voy con la moto, me encierra todo el finde.
-¡Y una mierda! Ya pringué por ti cuando me diste aquella revista porno, que me la pilló mi madre y el cabronazo de mi padre todavía se ríe. Que no me deja ni ver Crónicas Marcianas.
"Vaya, vaya," pensé, "engañando a mamá, ¿eh?" Estaba a punto de salir y darles un susto, para echarme unas risas nada más, cuando oigo la frase mágica entremezclada con una serie indiscriminada de tacos y/o palabrotas; algo así como
lkjadifuaodifakañielaprofedeinglésakjdlaksdjfafl
La tentación era muy fuerte. ¿Cómo iba a salir justo en ese momento y quedarme sin saber lo que hablaban de mi? Como bien imagináis, adherí aún más la oreja a la puerta, cual ventosa succionante, pero pese a mis esfuerzos la información se perdió en el aire a lo largo de pasillo. Lo que no me perdí fue la cara de susto del profesor de informática que venía a utilizar el aula a continuación cuando, al abrir la puerta, se le echa encima con pasión inusitada aquí, la menda lerenda cogida in fraganti Claro, perdí pie y tuve que disimular como pude:
-Estooooooooooooo, ¿te habías fijado, Paco, que tenemos mapas en las puertas que indican las salidas de emergencia?
-Sí, claro, llevan allí dos años.
-Ah, es como yo soy nueva...
Y tonta, debió de pensar él.
Sunset Boulevard...
...o El Crepúsculo de los Dioses. ¿Por qué este título tan melodramático, si todavía queda un trimestre? Es que, bueno yo, tenía que deciros, vale, me lo estoy pensando, que, bueno, no es seguro, pero... puedequedejeestodelblogahoraquecumplounaño.
Ya está, de un tirón, como cuando una se depila a la cera, que duele menos. Es que tengo miedo a morir de éxito, todo por vuestra culpa. De todos modos, mientras me lo pienso y no, os dejo aquí algunos comentarios a vuestros comentarios.
Primero: sí, lo que habéis leído son mensajes que se escribieron... ¡en la portada del cuaderno! Claro, ahí no había posibilidad de arrancar la hoja. Pero cuando se los devolví y les comenté que había cosas que yo no tenía que saber, no os creáis que se sonrojaron. ¡Al contrario, se pusieron a fardar de lo enrollados que eran! El lenguaje de dichos mensajitos, como véis, está muy influído por los sms
Segundo: Sí, claro, también funciona entre alumnos la mensajería puramente epistolar. Precisamente conservo dos cartas que intercepté en una clase entre dos descerebradas que ponían a parir a una tercera y, entre medias, se contaban los porretes que se habían fumado el fin de semana pasado entre morreo y morreo (o algo así) Estos textos estoy pensando en editarlos convenientemente y enviarlos al premio de literatura erótica "La sonrisa vertical", para que no lo declaren desierto esta vez.
Tercero: Cambiando de tema, sí, ya sé que Sarah Waters, libro que escribe, libro que le hacen película. Ya me haré con ella, ya.
Y Cuarto: Alguien por ahí no sabía cómo leer más de mi blog. Es fácil. En una columna a la derecha, donde pone archivos, figuran los meses en los que he escrito algo, desde abril del 2004. Sólo hay que hacer click y voilà
Besos a todos.
Ya está, de un tirón, como cuando una se depila a la cera, que duele menos. Es que tengo miedo a morir de éxito, todo por vuestra culpa. De todos modos, mientras me lo pienso y no, os dejo aquí algunos comentarios a vuestros comentarios.
Primero: sí, lo que habéis leído son mensajes que se escribieron... ¡en la portada del cuaderno! Claro, ahí no había posibilidad de arrancar la hoja. Pero cuando se los devolví y les comenté que había cosas que yo no tenía que saber, no os creáis que se sonrojaron. ¡Al contrario, se pusieron a fardar de lo enrollados que eran! El lenguaje de dichos mensajitos, como véis, está muy influído por los sms
Segundo: Sí, claro, también funciona entre alumnos la mensajería puramente epistolar. Precisamente conservo dos cartas que intercepté en una clase entre dos descerebradas que ponían a parir a una tercera y, entre medias, se contaban los porretes que se habían fumado el fin de semana pasado entre morreo y morreo (o algo así) Estos textos estoy pensando en editarlos convenientemente y enviarlos al premio de literatura erótica "La sonrisa vertical", para que no lo declaren desierto esta vez.
Tercero: Cambiando de tema, sí, ya sé que Sarah Waters, libro que escribe, libro que le hacen película. Ya me haré con ella, ya.
Y Cuarto: Alguien por ahí no sabía cómo leer más de mi blog. Es fácil. En una columna a la derecha, donde pone archivos, figuran los meses en los que he escrito algo, desde abril del 2004. Sólo hay que hacer click y voilà
Besos a todos.
Don Quixote
The English teacher is back! Me gustaría saludaros a la vuelta de vacaciones de Semana Santa con un poquito de literatura de la buena. Estos son extractos tomados de los cuadernos de mis alumnos. Tengo la mala costumbre de recoger cuadernos y ponerles nota. Y aunque yo sólo busco información académica, pues siempre me encuentro estas pequeñas “perlitas” literarias que me hacen sentir un poco cotilla, pero no es mi culpa. Ellos (sobre todo, ellas) son así de naturales y abiertos: todo lo cuentan.
“Para 1 xabala divertida y la + perra! (yo esto no lo entiendo, si mi mejor amiga me llamara “perra” le retiraría el saludo a la voz de ya) Je, je. Muxos besos y no cambies nunca”
“Para mi xoxo goloso! (o “xoxo” significa algo distinto de lo que yo creo o... ¿cómo sabe ella lo de “goloso”? Mejor no pregunto) TKM Wapa!”
“Para mi xurrina, q es la ostia (cuando tiene sueño) xo es la jefa! No cambies y q dures muxo con mi Tato! Q aceis una pareja de p.m.! TQM Wapa!” (este mensaje es mi favorito: la tía no tiene reparos en decir “ostia” pero se corta con lo de “puta madre”; are they just not adorable?)
“Querida Xoxona:
T. escribo xa decirte tó lo q te quiero, se q no te lo demuestro con mi mal genio, xo ya sabes q no lo hago con mala intención!! Aquí tienes una amiga xa tó lo q necesites; ya sabes y nunca dudes en contar conmigo xa lo q sea, vale?” (Eso, eso, te quiero pero no me cabrees. ¡Qué dulce!)
En la siguiente evaluación, más.
“Para 1 xabala divertida y la + perra! (yo esto no lo entiendo, si mi mejor amiga me llamara “perra” le retiraría el saludo a la voz de ya) Je, je. Muxos besos y no cambies nunca”
“Para mi xoxo goloso! (o “xoxo” significa algo distinto de lo que yo creo o... ¿cómo sabe ella lo de “goloso”? Mejor no pregunto) TKM Wapa!”
“Para mi xurrina, q es la ostia (cuando tiene sueño) xo es la jefa! No cambies y q dures muxo con mi Tato! Q aceis una pareja de p.m.! TQM Wapa!” (este mensaje es mi favorito: la tía no tiene reparos en decir “ostia” pero se corta con lo de “puta madre”; are they just not adorable?)
“Querida Xoxona:
T. escribo xa decirte tó lo q te quiero, se q no te lo demuestro con mi mal genio, xo ya sabes q no lo hago con mala intención!! Aquí tienes una amiga xa tó lo q necesites; ya sabes y nunca dudes en contar conmigo xa lo q sea, vale?” (Eso, eso, te quiero pero no me cabrees. ¡Qué dulce!)
En la siguiente evaluación, más.





