Factura
Hoy he salido con mis amigas de toda la vida. Gente que me quiere y me conoce. Gente que me aprecia y sabe cómo soy. Y me he llevado un disgusto. Resulta que hace cosa de un mes salimos de cena Sol, Luna, otra amiga y yo... y la noche nos dejó a Luna y un servidor solos. Y en la soledad de la botella nos hablamos y nos contamos lo que sentiamos. Yo fui totalmente sincero, y eso que la botella no me había inundado. Ella fue más precavida, y eso que la botella le había sobrepasado. Pero fue maravilloso. Juntamos nuestras manos, toda la noche, juntamos nuestros labios, varias veces... y fue un sueño, una isla en un océano de dudas.
Después de aquel episodio vi que lo mejor era finiquitar con Sol lo que hubiese y vivir cada uno por su lado. Y así hice. Pero en la soledad del triste, vi el dolor de ella. Y creí sentir, y siento, que merecía la pena reconstruir sobre cenizas. Así que nos dimos aire. Así que nos dimos calor. Y llevamos tres semanas de reconstrucción. Y no parace que el castillo vaya mal. No parece que sean de naipes sus paredes.
Pero hoy, con toda la serenidad, he salido con mis amigas. Y me han preguntado por Luna llamándola por su nombre (que ellas no sabían) y me han dicho que se dice que nos vieron, y me han cuestionado acerca de lo que siento. Y llego a casa un poco liado. No por lo que sienta, que está más o menos, menos o más claro. Si no por la factura de aquellos besos furtivos....
En fin.
PD: Trio, lo siento. No os merecéis lo de esta tarde
PD2: Luna, te sigo queriendo, pero también a Sol.
PD3: Mi post de "Asamblea" ha sido uno de mis favoritos y ha pasado sin pena ni gloria.... Mi ego ha perdido un punto en la carrera EGOCÉNTRICO 2005. En cualquier caso las prótesis de una y las gominolas de otra hacen que en la competición siga destacado.
Después de aquel episodio vi que lo mejor era finiquitar con Sol lo que hubiese y vivir cada uno por su lado. Y así hice. Pero en la soledad del triste, vi el dolor de ella. Y creí sentir, y siento, que merecía la pena reconstruir sobre cenizas. Así que nos dimos aire. Así que nos dimos calor. Y llevamos tres semanas de reconstrucción. Y no parace que el castillo vaya mal. No parece que sean de naipes sus paredes.
Pero hoy, con toda la serenidad, he salido con mis amigas. Y me han preguntado por Luna llamándola por su nombre (que ellas no sabían) y me han dicho que se dice que nos vieron, y me han cuestionado acerca de lo que siento. Y llego a casa un poco liado. No por lo que sienta, que está más o menos, menos o más claro. Si no por la factura de aquellos besos furtivos....
En fin.
PD: Trio, lo siento. No os merecéis lo de esta tarde
PD2: Luna, te sigo queriendo, pero también a Sol.
PD3: Mi post de "Asamblea" ha sido uno de mis favoritos y ha pasado sin pena ni gloria.... Mi ego ha perdido un punto en la carrera EGOCÉNTRICO 2005. En cualquier caso las prótesis de una y las gominolas de otra hacen que en la competición siga destacado.
Asamblea
La cita era a las dos de la madrugada, pero el sentido del deber llegó tarde, así que hasta las dos y veinte no se comenzó con la reunión. Cuando la cordura pasó lista echó de menos a la memoria pero supuso, con acierto, que lo habría olvidado. El orden del día, redactado por la rectitud, tenía un solo punto:
1.- Estudio y conclusiones del comportamiento del amor, la libertad, la aventura y sus aliados.
En el banquillo de los “acusados” estaban bien apretaditos el amor, la libertad, la aventura y junto a ellos sus sensaciones correspondientes. No se sentían solos. Más bien al contrario. En la calle se había pasado un panfleto recogiendo firmas en su apoyo y estaba rubricado por doquier. Se distinguían los garabatos del libertinaje, del inconformismo, del ansia, de la juventud e incluso de la poesía, de algunos sueños... Como en todo problema que se etiqueta de social, había un correspondiente movimiento contrario. Sus defensores: la moral, la imagen (dónde incluso la sección del “quedirán” había planteado movilizaciones), el miedo, la fidelidad, una sección del amor más conservadora y que estaba en proceso de escisión... en fin, los de siempre, la derecha más rancia de nuestro ser.
El turno de alegatos comenzó con la intervención de la moral. Sus preguntas, directas, inquisitorias e incluso amenazantes, buscaban más el aplauso del respetable que el esclarecimiento de los hechos. Qué si actuaba sólo, qué si buscaba notoriedad, qué si lo hacía a escondidas, qué si pensé en las consecuencias... La imagen atacó por el lado de lo que otros decían, de lo que otros pensaban, de lo que otros contaban... de lo que otros. La defensa fue sencilla... váyase usted con otros, váyase. El miedo no acertó a articular palabra aterido por si mismo que al verse en un espejo se sintió asustado. La fidelidad... la fidelidad si atacó bien. Habló de lo que había, del compromiso, de la sinceridad (que estaba escuchando atenta en los bancos de la mitad de la sala), del amor verdadero (que es tan puro que no puede ser visto por miedo a que se corrompa), de sentimientos plenos, de sensaciones ocultas. Habló de pasado, de lo vivido, de lo atado. Y por ahí es por donde pude defenderme. Haciendo alegatos a futuro, lanzando nuevas perspectivas, llamando a la valentía al estrado y sacando de la actitud del miedo la lectura de vivir sin acorazarse.
En la calle se oían los gritos de unos y otros, los cantos de ánimo de los progres y los gritos e insultos de los rancios. De la lucha, hoy visible, entre el paso adelante y el estate quieto que estás más guapo. Carteles que decían SÉ TÚ y otros que rebatían EL MUNDO ES ASÍ, ACÉPTALO YA.
Y llegó mi turno, y reivindiqué el espejismo de ser uno mismo, de la búsqueda de la belleza, de la paz interior, de luchar por salir de la burbuja y respirar el aire contaminado que nos correspondía, de intercambiar, de hacer campañas contra la hipocresía, contra la vieja moral, de hacer planes nuevos, de renovar conductas, de abrir miras, de vivir el momento, de dar la vida por vivirla, de entrar en la risa de la gente y convertirla en carcajada, de señalar con el dedo las virtudes ajenas, de tapar con el pulgar el sol que nos quema, de llorar las penas del vecino y hacer barcos sobre nuestras lágrimas, de embarcar en esos lagos salados y conocer nuevos mundos que ahoguen las penas, de ser feliz, de dejar el lastre de la imagen y vivir sin espejos, de subir el volumen de los auriculares al paso de los tanques, de ponerse delante de ellos, de mirarles a la cara y gritarles nuestras verdades, de ponernos en el lado del no amigo y pensar porqué piensan así, de dar la mano al diferente, de besar la mejilla del amigo, de soñar con muros caídos, de abrir nuevas botellas de ilusión, de hacer un pedido de libertad, de dejar pensar a los que piensen, de escuchar a los que tengan algo que decir, de sentir que estamos sintiendo, de saber que los amigos son amigos, de quitarnos la ropa y liberarnos de vergüenzas, del fantástico viaje al mañana, de lo maravilloso que podría ser hoy, de hacer lazos reversibles que se aten y desaten al gusto de todos, de volar con la mente hasta nuestros ingenieros nos den alas, de vivir en mayúsculas, de vivir en minúsculas, de vivir. Vivir.
Hoy, desde las rejas de mi celda, veo gaviotas que buscan más poder, veo rosas que se marchitan en el sillón, veo flores que deslucen en el púlpito, veo personas que andan sobre charcos, veo niños llorar porque no quieren ser mayores, veo infelices buscando más infelicidad, infelices que creen que arrebatando la alegría de los demás baja la media y suben peldaños. Y quiero echar abajo la puerta, pero el miedo, que cabrito, sigue acorralado y me ata a la pata de la cama del insomnio.
1.- Estudio y conclusiones del comportamiento del amor, la libertad, la aventura y sus aliados.
En el banquillo de los “acusados” estaban bien apretaditos el amor, la libertad, la aventura y junto a ellos sus sensaciones correspondientes. No se sentían solos. Más bien al contrario. En la calle se había pasado un panfleto recogiendo firmas en su apoyo y estaba rubricado por doquier. Se distinguían los garabatos del libertinaje, del inconformismo, del ansia, de la juventud e incluso de la poesía, de algunos sueños... Como en todo problema que se etiqueta de social, había un correspondiente movimiento contrario. Sus defensores: la moral, la imagen (dónde incluso la sección del “quedirán” había planteado movilizaciones), el miedo, la fidelidad, una sección del amor más conservadora y que estaba en proceso de escisión... en fin, los de siempre, la derecha más rancia de nuestro ser.
El turno de alegatos comenzó con la intervención de la moral. Sus preguntas, directas, inquisitorias e incluso amenazantes, buscaban más el aplauso del respetable que el esclarecimiento de los hechos. Qué si actuaba sólo, qué si buscaba notoriedad, qué si lo hacía a escondidas, qué si pensé en las consecuencias... La imagen atacó por el lado de lo que otros decían, de lo que otros pensaban, de lo que otros contaban... de lo que otros. La defensa fue sencilla... váyase usted con otros, váyase. El miedo no acertó a articular palabra aterido por si mismo que al verse en un espejo se sintió asustado. La fidelidad... la fidelidad si atacó bien. Habló de lo que había, del compromiso, de la sinceridad (que estaba escuchando atenta en los bancos de la mitad de la sala), del amor verdadero (que es tan puro que no puede ser visto por miedo a que se corrompa), de sentimientos plenos, de sensaciones ocultas. Habló de pasado, de lo vivido, de lo atado. Y por ahí es por donde pude defenderme. Haciendo alegatos a futuro, lanzando nuevas perspectivas, llamando a la valentía al estrado y sacando de la actitud del miedo la lectura de vivir sin acorazarse.
En la calle se oían los gritos de unos y otros, los cantos de ánimo de los progres y los gritos e insultos de los rancios. De la lucha, hoy visible, entre el paso adelante y el estate quieto que estás más guapo. Carteles que decían SÉ TÚ y otros que rebatían EL MUNDO ES ASÍ, ACÉPTALO YA.
Y llegó mi turno, y reivindiqué el espejismo de ser uno mismo, de la búsqueda de la belleza, de la paz interior, de luchar por salir de la burbuja y respirar el aire contaminado que nos correspondía, de intercambiar, de hacer campañas contra la hipocresía, contra la vieja moral, de hacer planes nuevos, de renovar conductas, de abrir miras, de vivir el momento, de dar la vida por vivirla, de entrar en la risa de la gente y convertirla en carcajada, de señalar con el dedo las virtudes ajenas, de tapar con el pulgar el sol que nos quema, de llorar las penas del vecino y hacer barcos sobre nuestras lágrimas, de embarcar en esos lagos salados y conocer nuevos mundos que ahoguen las penas, de ser feliz, de dejar el lastre de la imagen y vivir sin espejos, de subir el volumen de los auriculares al paso de los tanques, de ponerse delante de ellos, de mirarles a la cara y gritarles nuestras verdades, de ponernos en el lado del no amigo y pensar porqué piensan así, de dar la mano al diferente, de besar la mejilla del amigo, de soñar con muros caídos, de abrir nuevas botellas de ilusión, de hacer un pedido de libertad, de dejar pensar a los que piensen, de escuchar a los que tengan algo que decir, de sentir que estamos sintiendo, de saber que los amigos son amigos, de quitarnos la ropa y liberarnos de vergüenzas, del fantástico viaje al mañana, de lo maravilloso que podría ser hoy, de hacer lazos reversibles que se aten y desaten al gusto de todos, de volar con la mente hasta nuestros ingenieros nos den alas, de vivir en mayúsculas, de vivir en minúsculas, de vivir. Vivir.
Hoy, desde las rejas de mi celda, veo gaviotas que buscan más poder, veo rosas que se marchitan en el sillón, veo flores que deslucen en el púlpito, veo personas que andan sobre charcos, veo niños llorar porque no quieren ser mayores, veo infelices buscando más infelicidad, infelices que creen que arrebatando la alegría de los demás baja la media y suben peldaños. Y quiero echar abajo la puerta, pero el miedo, que cabrito, sigue acorralado y me ata a la pata de la cama del insomnio.
1+1+1=1
Andaba yo por esta autopista que llaman de la información cuando, de noche, cansado de circular y circular, me encontré abierto un chiringuito. Sus luces de neón, rosa chillón, me llamaron. Detuve mi vehículo y entré. Dentro estaba una joven muchacha, tiznada de sonrisa, sentada en la barra, dividida en su pensar. Tenía ante sí dos televisores. Uno real, el de toda la vida, el que tan buen resultado le había dado. Otro virtual, con todos los adelantos, con toda la vehemencia con la que atacan las cosas nuevas. Ella estaba dudando. Jugando con los dos mandos. Viendo las dos programaciones. Probando en todos los concursos. Pero perdía. Perdía cada vez, perdía cada apuesta.
A la hora del cierre del bar, marcada por un reloj de cucú del que salía un pajarito de madera vestido con una horrible blusa verde, seguí conduciendo. Y seguí. Pero cada noche volvía a este bar, a sentarme en la mesa con la chica de entre dos mares, a discutir de soles y lunas, de realidad y virtualidad.
Otro día, diferente, encontré otro local llamativo. Tenía pinta de narcosala. Parecía de un estilo sin definir. Un dilema. Y dentro había una niña de ojos robados al mar. Caliente, calurosa, cálida. Una piel aterida por el acoso de dos miradas, una mente dividida entre dos espejos. Un cuerpo deseado por dos cuerpos. Me senté a su lado y escuché. Sentí su sentir, viví su vivir y me apoye en su hombro. Hablamos, también de soles y lunas, de realidad y reflejo, de meterse en nosedonde. Y hablamos. Hablamos.
Un día, afortunado, entre el bar de neón rosa y el de estilo sin definir surgió un puente, una pasarela que con el tiempo se fue acristalando, se fue convirtiendo en una estancia cómoda, en un lugar de reunión, en un sillon donde la luna daba paso al sol, donde la realidad borraba lo virtual, donde las dudas se tornaban en claridades. Y allí, junto a melona y dilemas, este pez compartió su tiempo a la sombra de la luna, al calor del sol, bajo la atenta mirada del cucú cabrón y empecinado que a las dos nos echaba de malas maneras. Y allí a veces paro todavía. Y allí sigo encontrando calor.
A la hora del cierre del bar, marcada por un reloj de cucú del que salía un pajarito de madera vestido con una horrible blusa verde, seguí conduciendo. Y seguí. Pero cada noche volvía a este bar, a sentarme en la mesa con la chica de entre dos mares, a discutir de soles y lunas, de realidad y virtualidad.
Otro día, diferente, encontré otro local llamativo. Tenía pinta de narcosala. Parecía de un estilo sin definir. Un dilema. Y dentro había una niña de ojos robados al mar. Caliente, calurosa, cálida. Una piel aterida por el acoso de dos miradas, una mente dividida entre dos espejos. Un cuerpo deseado por dos cuerpos. Me senté a su lado y escuché. Sentí su sentir, viví su vivir y me apoye en su hombro. Hablamos, también de soles y lunas, de realidad y reflejo, de meterse en nosedonde. Y hablamos. Hablamos.
Un día, afortunado, entre el bar de neón rosa y el de estilo sin definir surgió un puente, una pasarela que con el tiempo se fue acristalando, se fue convirtiendo en una estancia cómoda, en un lugar de reunión, en un sillon donde la luna daba paso al sol, donde la realidad borraba lo virtual, donde las dudas se tornaban en claridades. Y allí, junto a melona y dilemas, este pez compartió su tiempo a la sombra de la luna, al calor del sol, bajo la atenta mirada del cucú cabrón y empecinado que a las dos nos echaba de malas maneras. Y allí a veces paro todavía. Y allí sigo encontrando calor.
Asturias contigo

PD: Ya era hora. El primer post dedicado a Sol.
Una carta
Una carta. Me siento delante de la pantalla y pienso en escribirte una carta. Un trozo de papel que resuma lo que siento cuando te veo, lo que pienso cuando apareces, lo que veo que eres. Y me doy cuenta de que es inútil. Que no se puede. No hay folio que aguante tanto peso. Peso porque tú sabes que vales mucho. Que tienes un corazón que no te cabe en el cuerpo. Que tienes una cabeza que solo siembra cosas buenas. Un cuerpo perfecto para entregarse, para perderse... Y peso también, porque con el tiempo tengo la sensación de ponerme pesado.
Tu compañía me arropa, me desinhibe, me da calor. Tus manos me envuelven, tus ojos me esconden, tu risa me atrapa, tus lágrimas me matan, tus latidos me mueven, tus pasos me encandilan, tus guiños me penetran, tu mirada me ilumina... Tu belleza me transporta, tu cuerpo, tu piel, tus formas, tú. Contigo se congela el reloj, se para la rutina, se muere la prisa, se ahoga la pena, huye la condena, muere el desconsuelo, brilla la alegría, multiplica la sensación, arroya el sentimiento, fuerza la locura, nace la vida. Contigo soy yo.
Pero tú vives en tu mundo y está lejos de mi rincón. Y yo rehabito de nuevo mi vida, y aunque lo hago convencido, sé, creo, pienso que en el fondo, yo te necesito. No te busco más, ya decidí hace tiempo dejarte volar, sé que suelta eres libre y sé que libre eres feliz. Conozco, porque tú me lo has contado, que hay borrones en tu historia. Y aunque ya te lo dije te lo vuelvo a repetir. Borrones tenemos todos, muchas veces sin culpa alguna, pero lo que nos hace seguir adelante son las ganas de vivir. Vivir. Cuántas veces te he hablado de eso. De que vivas, de que seas feliz, de que aparques las penas, de que vuelvas a sonreír, de que despliegues todas tus velas y de que vuelvas a vivir. No pienses más en nadie, hasta que no hayas terminado de pensar en ti.
Sabes que me debo a otra, como a otro te veo entregada a ti. Sabes que por ti dejo mis aguas y embarco en una nave a punto de partir, que me lleve cerca de tu orilla, que en tus ríos me deje morir. Pero ahora hemos tomado caminos opuestos, caminos que no se van a unir, y sólo te pido que sean parejos y que desde mi orilla te pueda ver vivir. Que sepa que te levantas con alegría, que tienes ganas de reír, que tus proyectos te llenan de nuevo, que tu vida te vuelve a lucir, que sabes que nunca estarás sola, que sabes que siempre estaré ahí. Tú en tu orilla, yo en la mía, pero mirando desde mi ventana tu discurrir.
Y qué de quien ocupa ahora mi carroza, de quien vive ahora mi vivir. Sabes que ella es oro puro, que siente con fuerza mi latir, que por ella también muero, y que por dudarlo he estado en un sinvivir, que siento su vida como un cielo en el que no quisiera dejar de existir, pero que me he ahogado con mi velero en las aguas rotas de la duda. Y a pesar de todo por ella muero, y a pesar de todo también muero por ti.
Ese es mi drama. Maldito latido, que lanza sus ramas hacia dos soles. Que busca en dos casas el fuego perpetuo, la llama dorada que asiste al corazón. Que me hace zozobra, que me hace desgana, que me hace desdicha por querer a dos. Y aunque quiero fijar las puertas, y quiero dejarlo todo claro. Aunque quiero aclarar mis ideas y ver de nuevo todo en su sitio. Aunque lo intento y no desisto... ni siquiera en este folio, que nació para decirlo, soy capaz de asegurar que mis ojos no se nublarán más por ti...
Tu compañía me arropa, me desinhibe, me da calor. Tus manos me envuelven, tus ojos me esconden, tu risa me atrapa, tus lágrimas me matan, tus latidos me mueven, tus pasos me encandilan, tus guiños me penetran, tu mirada me ilumina... Tu belleza me transporta, tu cuerpo, tu piel, tus formas, tú. Contigo se congela el reloj, se para la rutina, se muere la prisa, se ahoga la pena, huye la condena, muere el desconsuelo, brilla la alegría, multiplica la sensación, arroya el sentimiento, fuerza la locura, nace la vida. Contigo soy yo.
Pero tú vives en tu mundo y está lejos de mi rincón. Y yo rehabito de nuevo mi vida, y aunque lo hago convencido, sé, creo, pienso que en el fondo, yo te necesito. No te busco más, ya decidí hace tiempo dejarte volar, sé que suelta eres libre y sé que libre eres feliz. Conozco, porque tú me lo has contado, que hay borrones en tu historia. Y aunque ya te lo dije te lo vuelvo a repetir. Borrones tenemos todos, muchas veces sin culpa alguna, pero lo que nos hace seguir adelante son las ganas de vivir. Vivir. Cuántas veces te he hablado de eso. De que vivas, de que seas feliz, de que aparques las penas, de que vuelvas a sonreír, de que despliegues todas tus velas y de que vuelvas a vivir. No pienses más en nadie, hasta que no hayas terminado de pensar en ti.
Sabes que me debo a otra, como a otro te veo entregada a ti. Sabes que por ti dejo mis aguas y embarco en una nave a punto de partir, que me lleve cerca de tu orilla, que en tus ríos me deje morir. Pero ahora hemos tomado caminos opuestos, caminos que no se van a unir, y sólo te pido que sean parejos y que desde mi orilla te pueda ver vivir. Que sepa que te levantas con alegría, que tienes ganas de reír, que tus proyectos te llenan de nuevo, que tu vida te vuelve a lucir, que sabes que nunca estarás sola, que sabes que siempre estaré ahí. Tú en tu orilla, yo en la mía, pero mirando desde mi ventana tu discurrir.
Y qué de quien ocupa ahora mi carroza, de quien vive ahora mi vivir. Sabes que ella es oro puro, que siente con fuerza mi latir, que por ella también muero, y que por dudarlo he estado en un sinvivir, que siento su vida como un cielo en el que no quisiera dejar de existir, pero que me he ahogado con mi velero en las aguas rotas de la duda. Y a pesar de todo por ella muero, y a pesar de todo también muero por ti.
Ese es mi drama. Maldito latido, que lanza sus ramas hacia dos soles. Que busca en dos casas el fuego perpetuo, la llama dorada que asiste al corazón. Que me hace zozobra, que me hace desgana, que me hace desdicha por querer a dos. Y aunque quiero fijar las puertas, y quiero dejarlo todo claro. Aunque quiero aclarar mis ideas y ver de nuevo todo en su sitio. Aunque lo intento y no desisto... ni siquiera en este folio, que nació para decirlo, soy capaz de asegurar que mis ojos no se nublarán más por ti...
Jorge Luis Borges
Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender...
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistadas falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar... cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.
Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo...
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistadas falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar... cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.
Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo...





