Los ingleses y las palabrotas
Un pueblo tan peculiar en cuestión de expresarse ante los desconocidos como es el inglés (siempre refiriéndonos a su estado de sobriedad, entiéndase) tiene por necesidad que mostrar un comportamiento también peculiar al tratar un tema tan delicado como el de las palabrotas, insultos y frases malsonantes. La peculiaridad se convierte en algo rayano en lo esperpéntico cuando el pueblo comparado con el inglés es el español, que posee una riqueza inmensa en su repertorio de palabras malsonantes y expresiones díscolas, quizá sólo superado por el pueblo hispanoamericano, que además incorpora a los floridos insultos una clase que muchos españoles no tenemos o no sabemos mostrar en las situaciones adecuadas.Las palabrotas inglesas, como suele pasar con los tíos y tías buenas, son pocas y están mal repartidas; me explico: aunque existe ciertamente una variedad de expresiones idiomáticas para estos menesteres, el inglés descarta automáticamente una gran mayoría de ellas y se queda generalmente con una. La palabra elegida es, en el 99.9% de los casos, la conocida como “the F word” (“la palabra con F”), expresión siempre dicha en voz baja, con cara de admiración y media sonrisa oculta, como diciendo: “esa palabra tan fea que no quiero pronunciar”. La “palabra con F” no es otra que el consabido “fuck” (que se pronuncia /fok/ y significa “joder”) y su derivada directa “fucking” (/fokin/), que puede significar tanto “jodiendo” como “jodido”... de aquí se deduce también que para un inglés es lo mismo estar jodiendo que estar jodido, lo cual explica muchas cosas de este pueblo.
Entre la juventud inglesa, el nivel de osadía y rebelión contra las normas se mide por el número de “palabras con F” que sueltes en cada frase. Cualquier desconocedor del idioma inglés que escuche una “conversación” (llamémosla así) entre dos personas jóvenes de esta nacionalidad, bien en las calles de los bares de Ibiza, bien en los capítulos ingleses de Big Brother (“Gran Hermano”), bien en una visita turística a cualquier ciudad británica, será perfectamente capaz de detectar las construcciones de “la palabra con F”, ya que se utilizan con patética frecuencia a falta de una mayor variedad. Fonéticamente sería algo como: “/fokin-dis-an-fokin-dat- an-fokin-jiar-an-güen-de-fokin-fokin- goy-sed-dis-den-de-fokin -bastar-sed-¡fokin-jel!/”. Esto no quiere decir que los ingleses se pasen el día copulando, sino que no tienen (o no saben utilizar) otra palabrota que no sea esa, y les vale para todo.Lo cierto es que existen otras palabrotas e insultos ingleses, que se caracterizan por tener cualidades similares a “la palabra con F”: la mayoría son monosilábicos y acaban con el fonema /k/. Entre ellos tenemos, aparte de “fuck”, términos como “dick” y “prick” (ambos pueden ser traducidos indistintamente como “polla” e “imbécil” según el contexto, y derivan de palabras que no son insultos, pero donde no se tiene hay que inventar), “jerk” y “wank” (lo mismo de antes pero significando “paja”, y no de la de beber), y otras que no finalizan en /k/ pero cumplen la primera norma, como “slut” y “bitch” (que significan “puta” o “zorra”) y “shit” (“mierda”). Entre las pocas palabrotas de más de una sílaba tenemos “bastard” (que en ocasiones se traduce erróneamente como “bastardo”, pero cuya traducción más correcta sería “cabrón”) y “asshole” (que literalmente significa “agujero del culo”, pero que se refiere a “gilipollas”). Otra palabrota típicamente inglesa pero más suave que “la palabra con F” es “bloody”. En un contexto normal significaría “sangriento” o “cubierto de sangre”, pero utilizada como acompañante de un sustantivo viene a significar “puto” o “jodido”; por ejemplo: “Gimme the bloody pen!” sería algo así como “¡Dame el puto boli!” dicho en plan basto.
No obstante, rara vez se hace uso de estos y algunos otros términos. El idioma inglés es terriblemente simple: por una parte carece por completo de gramática. Aquí he de hacer un inciso: no os dejéis engañar por haber estudiado en el colegio “Gramática Inglesa”... Es sólo la forma que tienen los profesores de que nosotros comprendamos y aprendamos mejor otro idioma. Sin embargo los niños ingleses jamás dan gramática en el colegio. ¿Por qué? Porque todas esas normas que nos aprendemos nosotros acerca del orden de los adjetivos ingleses, las oraciones y las formas verbales, y los puñeteros “phrasal verbs”... ellos no saben ni que existen: los ingleses aprenden a hablar por imitación. Su vocabulario en el inglés oral es penosamente limitado y se tiende a reducir cualquier palabra de más de una sílaba y a utilizar sólo uno de los muchos sinónimos que puedan existir de una palabra. A resultas de ello, los insultos y palabrotas también se reducen al consabido “fuck”.En ocasiones el inglés puede llegar a hacer un esfuerzo sobrehumano de creatividad y formar nuevas construcciones partiendo de “la palabra con F”. Una de estas técnicas consiste en combinarla con otros términos para así conseguir un nuevo insulto de mayor impacto auditivo: combínalo con “mother” (“madre”), y tendrás un sonoro “motherfucker!” (que podríamos traducir burdamente como “follamadres”); añádesela a la palabra “Hell” (“infierno”) y podrás exclamar un indignado “Fucking Hell!” (algo así como “¡demonios!”). Mi compañero de trabajo Soccer me comentaba una vez lleno de orgullo que los ingleses eran los únicos capaces de convertir un adjetivo en un insulto mediante la sofisticada técnica de insertar “la palabra con F” en el medio. Así, a partir de términos como “unbelievable” e “impossible” (“increíble” e “imposible”) se crean monstruos idiomáticos como “un-fucking-believable” e “im-fucking-possible” que se utilizan en casos de sorpresa extrema, como que de repente aparezca Claudia Schiffer y te pida un polvo sin compromiso en medio de una discoteca (tradúzcase esto a Brad Pitt si la que está leyendo esto es chica heterosexual o chico gay). También en casos de desgracias nacionales como que el equipo de Inglaterra pierda la final de Cricket contra Australia.
Inciso: ¿Alguien en este mundo conoce un deporte más aburrido que el Cricket? ¿Existe algún otro pueblo aparte del inglés capaz de mostrar un interés desorbitado por unos tíos vestidos de blanco dando golpes a una pelota de golf con una tabla de amasar versión “supersize” durante días y días? Y no exagero, no os vayáis a pensar... Aún recuerdo mi estancia de 3 meses en Edimburgo, hace ya algunos años, para aprender algunas técnicas nuevas en el laboratorio. La cafetería del Departamento contaba con 7 pantallas de televisión independientes.
El primer día que me fui a comer a la cafetería estaban emitiendo el Campeonato Internacional de Cricket y jugaban, cómo no, Inglaterra contra Australia... las 7 pantallas mostraban lo mismo, y la gente observaba con ojos desorbitados y pose de profundo interés. En todo el tiempo que estuve allí se golpeó UNA pelota. A los tres días volví otra vez, y de nuevo estaban dando Cricket por las 7 televisiones... le pregunté a uno de los chicos, más que nada por hablar de algo, quién estaba jugando. “Inglaterra contra Australia”, me contestó sin apartar la mirada de la pantalla. “¿Pero esos no habían jugado ya hace tres días?”. El chico me miró como si hablara con una retrasada mental severa: “¡Claro, es que el juego no ha terminado aún!”.Inciso dentro del inciso: ¿existe algún otro país con equipo de Cricket aparte de Inglaterra y Australia?
Fin de ambos incisos
Las reacciones de los ingleses ante las palabrotas son también bastante peculiares: la “palabra con F” y sus derivados son expresiones que se suponen de uso meramente privado, con tus colegas, o en estado de ebriedad (estado que da vía libre tanto a soltar palabrotas como a destrozar lunas de automóviles, incendiar papeleras y violar viejecitas), y por tanto en la vida diaria, el trabajo, las comidas y los programas de televisión en horario diurno están vedadas y se consideran “políticamente incorrectas”. Cuando alguien suelta un taco en televisión en estos horarios, es automáticamente sustituido por un pitido. La situación se hace completamente ridícula en programas basura tales como “Jackass” (cuya traducción sería, literalmente, “tonto del culo”), que se emite justo entre ambos horarios y que consta de un argumento tan loable como un grupo de chicos que se tiran desde un tejado y se rompen una pierna, se dejan caer por unas escaleras montados en una silla de oficina y se abren la cabeza, o se dedican a tocarle las narices a un portero de discoteca hasta que les parte la cara. Si alguno de vosotros ha visto la versión cinematográfica que se emitió en España (“Jackass: la película”) sabrá a lo que me refiero... pues sí, aquí es una serie, y de bastante éxito.
Como podréis imaginaros, las aportaciones lingüísticas de los protagonistas no contribuyen en demasía a la literatura, y cada vez que sueltan una palabrota los productores del programa la tapan con el consabido pitido. Pues bien, los espectadores ingleses se descojonan de la risa. Cuando llegué a Mix Village y fui testigo por vez primera de este programa en el piso compartido de mi amigo Dino con sus compañeros, comprobé que los dos ingleses se tiraban por el suelo de risa y vergüenza cada vez que en la tele sonaba... ¡UN PITIDO! Porque no se oía nada más, os lo puedo asegurar. En aquellos momentos consideré la posibilidad de ganar una fortuna emitiendo un programa de radio a base de pitidos. Me forraría sin esfuerzo y haría feliz a media Inglaterra. Ríete tú de la risoterapia (valga la rebuznancia).Esta forma de entender y vivir las palabrotas que tienen los ingleses lleva a menudo a malentendidos cuando se topan con pueblos tan descarados y faltos de escrúpulos lingüísticos como el español, que no se ríen - ¡ni siquiera! - ante un pitido. Aún recuerdo el revuelo que se armó en un partido de fútbol hace no demasiado tiempo porque un jugador había llamado “hijo de la gran puta” a otro... por supuesto, el revuelo vino del lado inglés, porque se les tradujo la expresión de manera literal, y aquello sonaba pero que muy feo. Y además, nadie le había puesto pitido. El hecho de que para un español la expresión “hijo de la gran puta” pueda utilizarse indistintamente como insulto o como saludo cariñoso está totalmente fuera de su capacidad de comprensión. La complejidad de muchas de nuestras expresiones malsonantes también: no hay más que ver los subtítulos de algunas películas españolas e hispanoamericanas que se emiten por aquí... una verdadera pena. Aquellos de vosotros que hayáis tenido la oportunidad de ver la conmovedora “Diarios de motocicleta” habréis disfrutado de la fresca y amigable riqueza de expresiones malsonantes de nuestros amigos hispanoamericanos. Los angloparlantes que la vieron se creyeron que una frase como “Carajo, a ti lo que te pasa es que echas de menos la concha de tu señora madre” se traducía como “Motherfucker!”... y se quedaban tan a gusto, oye. Probablemente la traducción literal habría sido demasiado para ellos y en su lugar habrían tenido que leer un largo y onomatopéyico: “Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!”.
¡Cómo echo de menos esos insultos y palabrotas tan españoles, con tanta solera, tan llenos de segundos, terceros y cuartos sentidos! Aún recuerdo a mi primer compañero de piso, el Neñu, que cada vez que se enfadaba contigo te soltaba: “¡Así se te cicatrice el agujero del culo!”... ¿a alguno se le ocurre un mal de ojo (nunca mejor dicho) menos deseable que ese?
O a Caro, una compañera de trabajo en la Universidad de Oviedo, que nos contaba que cuando un amigo suyo se empezaba a cabrear, golpeaba rítmicamente los dedos índice y corazón contra el dorso de la otra mano, lanzaba una mirada penetrante a su “enemigo”, y le soltaba con voz tenebrosa: “¡Así, así van a sonar mis huevos contra tus nalgas!”.
Y cómo olvidar esa expresión tan típica de toda mi familia materna: “¡Ah né, van caéte de hosties hasta en el carné de identidad!” (Traducción al castellano, por si hay dudas: “Te van a caer hostias hasta en el carné de identidad”). Claro, entre ingleses no se pueden decir estas cosas, entre otras cosas porque no tienen carnet.
Pero bueno, estábamos hablando de las palabrotas. Y deliberadamente he dejado para el final la palabrota definitiva, la peor, la reina de todas las palabrotas, aquella que ni siquiera los jóvenes más rebeldes se atreven a utilizar. Estoy hablando de “the C word”, la “palabra con C”, el término más prohibido de todos y que hace referencia al aparato genital femenino.Esa palabra es C-U-N-T. la escribo así porque es tan mala malísima que si aparece ligada a mi blog en un buscador, igual se me clasifica como “XXX” y me quitan mis anuncios Google, y no podría permitirme perder semejante cantidad de ingresos extras, que a estas alturas deben ascender a unos... 0,65 dólares.
Pues bien, esa palabra tan terrible, y que en español es un sencillo e inocente “coño”, sólo es empleada en el idioma inglés por traficantes de drogas, asesinos en serie y gente de semejante calaña. Si alguien la utiliza en una película, ésta es inmediatamente calificada como “para mayores de 18” y en la “información para padres” destacará el “uso de lenguaje obsceno y sexual”. Sonará a coña, pero hablo completamente en serio: puede haber una escena de violación de 30 minutos en la película o un destripamiento explícito y con ensañamiento, y seguir siendo “recomendada a mayores de 16”, pero como alguien diga “coño” en voz alta y sin pitido la película sólo se emitirá en salas especiales y bajo la supervisión de las autoridades pertinentes.
Esto resulta muy peligroso para españoles que lleguen a las islas sin estar advertidos; les puede pasar como a esta menda una de las primeras veces que pisó suelo inglés. Acababa de llegar a Mix Village, y uno de los primeros fines de semana me fui a visitar Londres con Dino, un italiano y un inglés. Nos encontrábamos los 4 esperando al metro en la estación de Kings Cross, rodeados de una multitud de personas por los 4 costados, cuando se me ocurrió hacer una tentativa de contar un chiste en inglés. El chiste es archiconocido y bastante malejo, pero lo pondré aquí por si alguno de vosotros aún no lo ha sufrido en propias carnes:Esta es Caperucita Roja, que va por el bosque dando saltitos con su cestita. De repente el Lobo Feroz aparece frente a ella de un salto y le pregunta:
“¿A dónde vas, Caperucita?”
Ella lo mira inocentemente y le responde: “¡A lavar el coño al río!”
El lobo se la queda mirando y exclama: “¡Joder, cómo ha cambiado el cuento!”
Pues bien, estaba yo toda emocionada traduciendo el chiste cuando llego a la parte “chenchual” del tema y suelto a la manera española (o sea, en voz bastante alta): “I’m going to wash my c-u-n-t in the river!”.
De repente toda la estación de Kings Cross enmudece y las caras de unas 200 personas se vuelven hacia mí al unísono. Mis colegas y yo quedamos aislados en un pequeño claro rodeados de 400 ojos. Sólo se oye el viento en los túneles y se ve algún rastrojo pasar. Momentos de tensión. Yo me empiezo a plantear qué se sentirá siendo linchada por una multitud de ingleses furibundos en una estación de metro. El chico inglés rompe el hechizo y me comenta, sumamente avergonzado: “Erm... has dicho la palabra con C”.
Desde entonces siempre llevo conmigo el aparato de moda entre los visitantes extranjeros en Inglaterra: el PITIDEIXON PLUS®... este artilugio es capaz de detectar cualquier palabra malsonante en el idioma inglés y ocultarla inmediatamente con un pitido para no ofender los tiernos oídos de los ingleses. Adquiéralo ya en Pilimindri’s Blog por el módico precio de 999,99 €, gastos de embalaje y envío no incluidos.
Cuando llegué a mi laboratorio en Mix Village teníamos a una irlandesa muy maja, Jill, escribiendo la tesis. Los nervios de su doctorado y el hecho de que ella tampoco se llevara demasiado bien con RanciaWoman (¿pero es que hay alguien que se lleve bien con esta mujer?) la tenían con el alma en vilo, hasta que una tarde le estuve hablando acerca del idioma español y las palabrotas. Ella vio el cielo abierto y me pidió que le escribiera en un papel las expresiones más bestias que se me ocurrieran en español. Cada vez que discutía con RanciaWoman, o que se le atascaba una frase de su tesis, o que la tensión se acumulaba y no sabía por dónde soltarla, cogía mi lista y gritaba: “¡¡¡Me c. PIIIIII.o hasta en tu p..PIIIIII..a madre!!! ¡¡¡Jod... PIIIII cabr... PIIII maric... PIIIII gilip... PIIIIIIIII!!!”Vaya joer, me he dejado el Pitideixon Plus encendío...
Resumiendo, que los ingleses ni siquiera son capaces de desahogarse utilizando el lenguaje... en el fondo no me extraña que necesiten litros y litros de alcohol para “desreprimirse” viendo la sociedad en la que les ha tocado vivir. Tampoco me extraña que se escapen a España en cuanto puedan, o que estén deseando que les llegue la jubilación para comprarse un chalecito en Mallorca. Ni que algunos españoles acaben “inglesizándose” cuando llevan en estas tierras demasiados años. Espero poder volver pronto a mi tierrina, antes de convertirme en un ser estirado bebedor de té con limón e incapaz de llamar “coño” a un “coño”. Empezaré a asustarme el día que me descubra contemplando embelesada un partido de Cricket (Inglaterra contra Australia, of course). El cerco de los ingleses se estrecha... cada vez estoy más rodeada... ¡pero yo resisto!
¡Coño, coño y coño!
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Actualización Domingo 23:00 --> La desgracia nacional ha sucedido... Inglaterra ha perdido el campeonato de Cricket... Un-fucking-believable! ¿A que no adivináis contra qué equipo? Pincha aquí si la duda te corroe. Yo me voy a celebr... estooo... a llorar de dolor por las esquinas.
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