Los viajes de Pilimindrina
Viviendo cabeza abajo
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El tiempo pasa, pero yo sigo siendo la misma (con el pelo algo más largo y 31 añitos ya, pero la misma ;). La historia de mis aventuras en Nueva Zelanda dejó de ser contada hace ya año y medio, pero he vuelto. Tengo mil aventuras más que contar, nuevos personajes de los que hablaros... y un nuevo plan, algo muy grande que llevar a cabo.

Algo para lo que necesito vuestra ayuda :)


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Who wants to live forever...?
PhotobucketAparte de ser el título de una de mis canciones favoritas, de los inigualables Queen, la frasecita podría aplicarse perfectamente a la charla a la que acudí hace unos días en el Departamento. El profesor Aubrey deGrey (el de la foto de la derecha), famoso teórico de la Universidad de Cambridge que últimamente sale más en la BBC que la Reina de Inglaterra, vino a exponer sus teorías y sus experimentos científicos destinados a prolongar la vida del ser humano. Aunque suene a broma, o a película de ciencia ficción, lo que este hombre defiende es que, en un breve espacio de tiempo (menos de 20 años) el ser humano alcanzará la práctica inmortalidad: será capaz de vivir más de 1000 años.

Yo ya había oído hablar de sus teorías, pero pensaba que se trataba sólo de eso: teorías, y una cierta necesidad de llamar la atención de este, digámoslo de alguna manera, estrambótico científico de barba kilométrica y costumbres alimenticias extremas (uno de los famosos vegans de los que ya había hablado en mi artículo dedicado a los ingleses). La verdad es que acudí a su charla movida más por la curiosidad morbosa que por un genuino interés científico.

No obstante me aguardaba una sorpresa. Nuestro excéntrico Aubrey había pasado hacía tiempo de las teorías a formar un grupo de investigación que trata el envejecimiento como una enfermedad (aquí tenéis su página web), y dedica todos sus esfuerzos (personales y económicos) a combatir las causas de esa enfermedad y hacernos inmortales. Mi asombro iba en aumento a medida que el hombrecillo exponía sus hipótesis acerca del envejecimiento mitocondrial, la degradación de las membranas y las mutaciones genéticas, todo ello reversible en un tiempo no muy lejano con una inversión mínima de 200 millones de libras anuales.

200 millones de libras, que se dice pronto.

El propio deGrey, que debe andar por los 40 años, confía en ser uno de los primeros beneficiados por esta técnica, y es por ello que se somete a tan estricto régimen alimenticio... que será sanísimo, pero si una tiene que fiarse por su aspecto externo, francamente, prefiero los filetes poco hechos y la fabada asturiana... al menos yo no estoy tan pálida, cenicienta y raquítica como ese hombre.

PhotobucketLos que estéis leyendo esto, así a bote pronto, seguramente lo consideréis una idea estupenda. Según esta teoría, no sólo detendríamos el envejecimiento, sino que lo revertiríamos, de modo que viviríamos esos 1000 años gozando de buena salud y un estado físico comparable al de cualquier persona joven. Podríamos olvidarnos de nuestros achaques, del Alzheimer, del Parkinson, de tener que depender de nuestros hijos, de los asilos y residencias, de la artrosis... y de tantas y tantas cosas... y disfrutaríamos de una eterna juventud por los siglos de los siglos (amén).

Muy bonito, sí.

Ahora vengo yo a romper ese sueño idílico y a echaros el jarro de agua fría.

Como iba contando, mi asombro iba en aumento, así como un profundo sentimiento de repulsa y ofensa ante tamaña idea. Aquí estábamos un puñado de universitarios de una famosa Universidad inglesa, todos nosotros con futuros bastante prometedores, los profesores con trabajo bien remunerado para toda su existencia, en uno de los países industrializados con mejor calidad de vida del planeta. PhotobucketCuando cualquiera de nosotros tiene hambre, llenamos la cartera, o echamos mano de la tarjeta de crédito y nos vamos al supermercado. ¿Que no nos apetece cocinar? Pues nos vamos a un restaurante, que nos lo podemos permitir. Tenemos un lugar donde vivir, una cama calentita donde dormir, un trabajo justo donde se nos da un buen trato, y un Estado que, con sus más o sus menos, se encarga de que tengamos una atención sanitaria envidiable y que no nos falte de nada.

Sin miedo a equivocarnos podemos afirmar que pertenecemos al 5% de población mundial privilegiada.

¿Cómo no vamos a querer vivir 1000 años?

Ahora vamos a abrir los ojos y mirar el Mundo de manera objetiva, os invito a que me acompañéis:

PhotobucketLas 2/3 partes de la población de la Tierra se mueren, literalmente, de hambre. En muchos países del Tercer Mundo la tasa de supervivencia de los recién nacidos es del 50% o menos (nuestros perros tienen una tasa mucho mayor que esa). Los que sobreviven a la niñez tienen una esperanza de vida que muchas veces no llega a los 30 años. Muchos malviven trabajando 16 horas diarias y cobrando una miseria para fabricar los bienes que utilizaremos nosotros pagando dos duros por ellos. Otros recogen basura para comer y venden la chatarra que encuentran enterrada en ella. A veces mueren aplastados por toneladas de basura mientras escarban en ella.

¿Alguna de estas personas va a tener la opción de vivir 1000 años?

¿Alguno de ellos QUERRÍA vivir 1000 años si tuviera la oportunidad?

¿Qué pasaría realmente si los experimentos de Aubrey deGrey siguieran adelante, gastando un mínimo de 200 millones de libras anuales, y encontrara la famosa fuente de la eterna juventud? ¿Hacemos apuestas? Ahí va la mía:

Obviamente, vivir 1000 años no estaría al alcance de cualquiera. Las técnicas de terapia génica, inyección de células madre y tratamientos serían muy costosos al menos al principio, y habría una enorme cola de ricos y poderosos esperando para ofrecer millones por ese privilegio. A consecuencia de ello, los multimillonarios, políticos más influyentes, mafiosos, capos de la droga y demás encantadoras personas serían las que primero vivirían cientos y cientos de años, haciéndose así mucho más ricos y mucho más poderosos. El resto de la población privilegiada accedería más tarde a este tratamiento. Mientras tanto, el resto del mundo subdesarrollado seguiría muriendo a los pocos días de nacer, o a los 20 años agotado y muerto de hambre tras trabajar para mantener el creciente imperio del Primer Mundo, que ahora encima estaría gobernado por seres casi inmortales. Asimismo, la natalidad en este Primer Mundo se detendría casi por completo, ya que al no haber muertes por vejez, deberían limitarse los nacimientos a un número parecido al de muertes accidentales. Es decir, no habría prácticamente niños. Los únicos, seguramente serían los hijos de esos ricos y poderosos, que utilizarían su influencia para conseguir “permisos de reproducción”.

Si este “privilegio” de vivir 1000 años se extendiera a la población “más normal” y menos poderosa (siempre del Primer Mundo, por supuesto), ésta tendría que enfrentarse a otro enorme problema: los 1000 años no serían para viajar y disfrutar, por supuesto... habría que seguir trabajando mucho más allá de los 65 años, ya que no habría sistema de pensiones que mantuviese a alguien desde los 65 a los 1000 años. Es decir, cientos de años trabajando y eternizándonos en puestos de trabajo que no se renovarían ni cambiarían, puesto que la gente sería siempre la misma. Año tras año, siglo tras siglo, siempre las mismas caras, la misma gente.

¿A que ahora no parece tan halagüeña la perspectiva?

No pude evitarlo. Cuando llegó el turno de preguntas levanté la mano y le espeté: “¿Cómo es posible que alguien que se autodenomina “científico” pueda plantearse una aplicación que sólo beneficiaría a la minoría del Primer Mundo? ¿Cómo se pueden pedir 200 millones anuales para el capricho de la clase rica mundial de vivir para siempre? Sólo encuentro una palabra para definirlo: obsceno”

Tras unos segundos de tenso silencio, se sucedieron los comentarios aprobatorios entre el público (¡Pfiu! ¡Yo ya pensaba que me iban a crucificar!). Aparentemente, habían necesitado que alguien mencionara este punto para hacerlos salir del mundo de fantasía que deGrey había hecho brotar en sus mentes (“¡quiero vivir para siempre!”) y poner los pies en el suelo. Sin embargo, el hombre siguió sin inmutarse: este hombre vive de la polémica, y cualquier publicidad que se le de a sus ideas, incluso si es negativa, le sirve de combustible para seguir adelante.

Si fuera creyente rezaría para que nunca consiguiera lo que se propone. Yo NO quiero vivir 1000 años, quiero que haya renovación, que nazca gente nueva, que cada generación de cualquier parte del mundo tenga una esperanza de vivir mejor que la anterior. Quiero que los 200 millones se empleen en técnicas y estudios que garanticen una mejor calidad de vida PARA TODOS. Quiero que la Muerte deje de verse como algo terrible que hay que evitar, y se considere como algo tan natural como el nacimiento. ¿Nos da miedo morir? Por supuesto, el miedo a la Muerte lo llevamos en los genes, y nos ayuda a defendernos de situaciones peligrosas. Pero todo ser vivo en este mundo tiene un período natural de existencia, un período durante el cual se le entrega el regalo de la vida, y es precisamente esa fugacidad, el no saber cuándo va a terminar, la que la hace tan bella y preciosa.

Siento no haberos proporcionado demasiados motivos de risa esta vez. También quería que supierais que, de vez en cuando, sé ponerme seria en asuntos que lo merecen. Y concretamente en este, necesito vuestra opinión; quiero saber si soy la única que piensa así. Por eso, os pregunto a todos los que leáis este artículo:

¿Vosotros querríais vivir 1000 años?

El debate está abierto :). ¡Espero vuestras respuestas!

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