Y asi empezo todo...
Nota: perdon por la falta de acentos, y tambien por la falta de fotos o dibujos que amenicen el articulo, por favor comprended mis limitaciones tecnicas hasta que tenga casa propia y conexion a internet (por no hablar de ordenador :P)
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Faltaban dos dias para el viaje. Mi actividad diaria era un hervidero de viajes de un edificio oficial a otro tratando de darme de baja en todas partes, desconectarme de todos los servicios (agua, gas, electricidad, telefono, internet…) y asegurarme de que mis cuentas bancarias y mis tarjetas seguirian funcionando correctamente una vez llegase a Nueva Zelanda. Mientras tanto, Maus alternada episodios de panico cerval con periodos de depresion, seguidos de momentos de euforia… puedo asegurar sin miedo a equivocarme que mis ultimos dias en Inglaterra fueron de los mas estresantes de toda mi vida.
Y por fin llego el dia de la partida. Maus y yo pasamos la mañana del lunes 16 de Enero recogiendo tarjetas de credito y despidiendonos de nuestros compañeros de trabajo. El avion salia desde Heathrow a las 10:30 de la noche y en un vuelo transcontinental hay que facturar al menos con 3 horas de adelanto, asi que calculabamos salir de Mix Village unas 6 horas antes para no andar con prisas. A mediodia yo ya tenia todas las maletas preparadas… aunque mas que “preparadas” la expresion correcta seria “a punto de explotar”. Si el limite de equipaje facturado en la compañia Emirates era de 20 kg, lo que yo llevaba en mis dos maletas debia aproximarse al doble de esa cifra… pero a estas alturas me importaba tres pepinos cuanto sobrepeso iba a tener que pagar, lo unico que queria era irme ya de casa y comenzar el viaje.
…Y Maus no preparaba las suyas. Todas sus cosas se encontraban desperdigadas por el salon impidiendome siquiera acabar de limpiar el apartamento, mientras el permanecia sentado languidamente en una de las sillas, mirando al suelo. No consegui que comenzara a moverse hasta las 3 de la tarde, y tuve que aguantarme en varias ocasiones las ganas de atizarle una patada en el culo para que acelerase un poco. No decia una sola palabra ni respondia a mis intentos de animarle o preguntarle que ocurria. Supuse que se trataria del miedo escenido del ultimo dia y le deje tranquilo mientras yo me comia las uñas de nervios viendo que el tiempo iba pasando.
Maus no termino de hacer sus maletas hasta las 4:30 de la tarde. Yo ya estaba que me comia las paredes y me pase todo el viaje hasta la estacion de tren metiendole prisa, como una madre que apura a su hijo a terminar el desayuno e irse al colegio de una santa vez. Perdimos el tren de las 4:45 a Londres y tuvimos que esperar media hora a por el siguiente. Maus no dijo una palabra en todo el trayecto y yo bastante tenia con controlar mis nervios y la voz en mi cabeza que aullaba: “No vas a llegar a tiempo!!! Vas a perder el avion!!!”
Si hubiera podido, habria bajado del tren en marcha cuando este se aproximaba a la estacion de Kings Cross. Os invito a que imagineis lo que es cargar con dos maletas saturadas de cosas y una mochila, y aparte controlando que tu novio ingles no se quede atras; todo ello sazonado por las maravillosas e interminables escaleras que hay que sortear para acceder al metro desde la estacion… yo ya no sentia los brazos, ni las piernas, y me dolia hasta el pelo. Y Maus, no solo no aceleraba, sino que parecia ir renqueando cad vez mas. Finalmente, justo a la entrada de los andenes del metro, se detuvo y me dirigio una mirada que me provoco un escalofrio.
“Fuck! I am staying.” (“Joder! Yo me quedo”)
Era un lunes en hora punta, cuando todos los londinenses toman el metro para volver a casa. Estabamos en medio de una barahunda de gente pisandose y empujandose por atravesar las barreras del metro. A cada 5 o 6 segundos, alguien me pisaba, chocaba contra una de mis maletas o se enganchaba en las correas de mi mochila. No contentos con eso, ahora estabamos los dos detenidos y resistiendo la marea humana, ambos mirandonos fijamente. El, en estado de panico. Yo, en estado de shock.
“No, Maus. No asi, no ahora, no aqui. No me vas a hacer esto, verdad?”
El callo y siguio alli plantado, con una mirada vacia e inexpresiva que no olvidare jamas. Mi corazon latia despacio pero cada latido retumbaba en mi pecho. Ya no oia a la gente, ni sentia sus empujones ni pisotones. Solo existiamos Maus y yo, y una decision en el aire, una decision desesperada que el debia tomar.
De repente me enfade. No fue una sensacion agradable, pero era mejor que el panico atenazador que me impedia moverme. Me enfade por todas las veces que le pedi que se decidiera, que contestara si o no, pero que no me tuviese hasta el ultimo minuto pendiente de su decision. Me enfade por todas las promesas que le hice, que de repente parecian pendientes de un hilo. Pero mas que nada, me puse furiosa porque de haber un adios, tuviera que ser asi, de esa manera brusca e impersonal, rodeados de trabajadores sudorosos en una estacion de metro. No habria besos, ni abrazos, ni buenos recuerdos. Solo quedarian los restos de una cobardia a ultima hora, el recuerdo imborrable de una traicion y un monton de sueños rotos. Tendria que viajar sola en un vuelo de 28 horas, con tiempo de sobra para pensar en lo que habria perdido en escasos segundos, sin haber tenido tiempo para hacerme a la idea o hacer nuevos planes. Y le odiaria, de eso no cabe duda. Todas las horas solitarias sin su compañia, tratando de aceptar aquel brusco desenlace, lo odiaria como nunca he odiado a nadie.
Algo debio cambiar en mi mirada, porque la suya tambien cambio. Agarre las asas de mis dos maletas, le dirigi una ultima mirada y tratando de hacerme oir sobre el barullo de gente, le dije:
“Yo me voy. Tu haz lo que quieras”
Y atravese la barrera. Me fui sin mirar atras, sintiendo que algo se rompia dentro de mi, muriendome por volverme y ver su cabeza aparecer entre las mil cabezas que llenaban aquel reducido espacio. En las escaleras mecanicas que descendian hacia los andenes de la linea de Picadilly me aventure a mirar y no le vi. Mi corazon era como un balon de futbol que alguien ha comprimido hasta reducirlo al tamaño de una pelota de golf; me dolia el pecho y senti que el panico intentaba volver a tomar las riendas. Con un esfuerzo sobrehumano, logre mantenerlo a raya.
Pasaron tres trenes antes de que en uno de ellos se pudiera leer el destino: Heathrow Airport. Durante esosinterminables segundos, Maus aparecio entre la gente y se situo detras de mi, aun con la misma expresion que unos segundos antes en la barrera. A pesar de que verle alli supuso un alivio, mi preocupacion no decrecio: yo sabia que el momento decisivo iba a ser en facturacion, cuando tuviese que decidir si colocaba o no sus maletas en la cinta y enseñaba el billete y pasaporte. No dije una palabra, simplemente me subi al vagon, tratando de hacer sitio para mi y mis maletas entre la masa humana que abarrotaba aquella maquina. Maus hizo lo mismo y ambos quedamos separados por unos dos metros de distancia, cada uno a un lado del vagon.
Desde Kings Cross hasta el aeropuerto de Heathrow hay unas 20 estaciones, y el viaje suele durar mas o menos 1 hora. Segun el reloj, eran mas de las 6:30. Y tenia que facturar antes de las 7:30. Aquel fue el viaje en metro mas largo y espantoso que jamas recuerdo haber hecho. Los nervios por el viaje habian sido relegados a la ultima posicion entre mis preocupaciones; compitiendo por el primer puesto ahora, estaba el panico a que Maus se quedara en tierra, y el riesgo, cada vez mas probable, de llegar al aeropuerto y que me dijeran que facturacion estaba cerrada.
Despues de unos interminables 60 minutos por fin las puertas se abrieron en la parada de Heathrow. Eran las 7:32. En cuanto pude escabullirme entre la gente sali escopetada ignorando a los musculos de mis brazos, que chillaban de dolor, y me puse a correr por las rampas y pasillos, esquivando sin demasiado exito a la gente y siguiendo las señales que indicaban el camino a “Departures” (“Salidas”). Por supuesto, la facturacion que me correspondia era la ultima de todas, en el extremo mas alejado de la Terminal 3. Cuando llegue me costaba leer los carteles y sentia las piernas como si fueran de gelatina. La presion en los musculos de mis brazos y hombros se asimilaba a una paliza propinada con botas de Skin Head. No habia bebido nada en todo el trayecto, y decir que mi boca estaba seca seria quedarme pateticamente corta: tenia la lengua pegada al paladar y me costaba tragar. Tuve que carraspear 3 veces para conseguir preguntarle al primer empleado de la compañia que encontre si la facturacion del vuelo a Auckland seguia abierta. El me indico con la mano la posicion que estaba justo detras de el.
Entonces me volvi. Busque entre la gente que hormigueaba por la terminal tratando de identificar el pelo corto y negro de Maus. No habia nadie. Jadeando de agotamiento volvi atras unos metros para tener una mejor vista del pasillo. Mi corazon bombeaba. Levante la voz por encima de todos los ruidos del aeropuerto en un ultimo grito desesperanzado: “MAUS!!!!”.
Y de repente lo vi. Iba chocando con toda la gente con la que se encontraba. Poco a poco consiguio avanzar lo suficiente como para acabar frente a mi. Le mire. Me miro. Me acerque a la posicion de facturacion de mi vuelo, donde ya no habia ningun cliente esperando, solo nosotros dos. Sin dejar de mirarle subi mis dos maletas como pude a la cinta movil. La chica miro mi pasaporte, me miro a mi, miro a Maus y nos hizo la pregunta que yo llevaba temiendo tanto tiempo.
“Viajais juntos?”
El tiempo se ralentizo, las voces de la gente se amortiguaron, y solo quedamos Maus y yo mirandonos fijamente. Un escaner de mi cabeza habria mostrado un inmenso signo de interrogacion, mientras que uno de la suya probablemente habria mostrado un panal a rebosar de abejas zumbando aqui y alla. Sin llegar a pronunciarla, forme de nuevo la pregunta con mis labios: Viajamos juntos?
“Si”, contesto Maus, y subio su maleta a la cinta.
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Faltaban dos dias para el viaje. Mi actividad diaria era un hervidero de viajes de un edificio oficial a otro tratando de darme de baja en todas partes, desconectarme de todos los servicios (agua, gas, electricidad, telefono, internet…) y asegurarme de que mis cuentas bancarias y mis tarjetas seguirian funcionando correctamente una vez llegase a Nueva Zelanda. Mientras tanto, Maus alternada episodios de panico cerval con periodos de depresion, seguidos de momentos de euforia… puedo asegurar sin miedo a equivocarme que mis ultimos dias en Inglaterra fueron de los mas estresantes de toda mi vida.
Y por fin llego el dia de la partida. Maus y yo pasamos la mañana del lunes 16 de Enero recogiendo tarjetas de credito y despidiendonos de nuestros compañeros de trabajo. El avion salia desde Heathrow a las 10:30 de la noche y en un vuelo transcontinental hay que facturar al menos con 3 horas de adelanto, asi que calculabamos salir de Mix Village unas 6 horas antes para no andar con prisas. A mediodia yo ya tenia todas las maletas preparadas… aunque mas que “preparadas” la expresion correcta seria “a punto de explotar”. Si el limite de equipaje facturado en la compañia Emirates era de 20 kg, lo que yo llevaba en mis dos maletas debia aproximarse al doble de esa cifra… pero a estas alturas me importaba tres pepinos cuanto sobrepeso iba a tener que pagar, lo unico que queria era irme ya de casa y comenzar el viaje.
…Y Maus no preparaba las suyas. Todas sus cosas se encontraban desperdigadas por el salon impidiendome siquiera acabar de limpiar el apartamento, mientras el permanecia sentado languidamente en una de las sillas, mirando al suelo. No consegui que comenzara a moverse hasta las 3 de la tarde, y tuve que aguantarme en varias ocasiones las ganas de atizarle una patada en el culo para que acelerase un poco. No decia una sola palabra ni respondia a mis intentos de animarle o preguntarle que ocurria. Supuse que se trataria del miedo escenido del ultimo dia y le deje tranquilo mientras yo me comia las uñas de nervios viendo que el tiempo iba pasando.
Maus no termino de hacer sus maletas hasta las 4:30 de la tarde. Yo ya estaba que me comia las paredes y me pase todo el viaje hasta la estacion de tren metiendole prisa, como una madre que apura a su hijo a terminar el desayuno e irse al colegio de una santa vez. Perdimos el tren de las 4:45 a Londres y tuvimos que esperar media hora a por el siguiente. Maus no dijo una palabra en todo el trayecto y yo bastante tenia con controlar mis nervios y la voz en mi cabeza que aullaba: “No vas a llegar a tiempo!!! Vas a perder el avion!!!”
Si hubiera podido, habria bajado del tren en marcha cuando este se aproximaba a la estacion de Kings Cross. Os invito a que imagineis lo que es cargar con dos maletas saturadas de cosas y una mochila, y aparte controlando que tu novio ingles no se quede atras; todo ello sazonado por las maravillosas e interminables escaleras que hay que sortear para acceder al metro desde la estacion… yo ya no sentia los brazos, ni las piernas, y me dolia hasta el pelo. Y Maus, no solo no aceleraba, sino que parecia ir renqueando cad vez mas. Finalmente, justo a la entrada de los andenes del metro, se detuvo y me dirigio una mirada que me provoco un escalofrio.
“Fuck! I am staying.” (“Joder! Yo me quedo”)
Era un lunes en hora punta, cuando todos los londinenses toman el metro para volver a casa. Estabamos en medio de una barahunda de gente pisandose y empujandose por atravesar las barreras del metro. A cada 5 o 6 segundos, alguien me pisaba, chocaba contra una de mis maletas o se enganchaba en las correas de mi mochila. No contentos con eso, ahora estabamos los dos detenidos y resistiendo la marea humana, ambos mirandonos fijamente. El, en estado de panico. Yo, en estado de shock.
“No, Maus. No asi, no ahora, no aqui. No me vas a hacer esto, verdad?”
El callo y siguio alli plantado, con una mirada vacia e inexpresiva que no olvidare jamas. Mi corazon latia despacio pero cada latido retumbaba en mi pecho. Ya no oia a la gente, ni sentia sus empujones ni pisotones. Solo existiamos Maus y yo, y una decision en el aire, una decision desesperada que el debia tomar.
De repente me enfade. No fue una sensacion agradable, pero era mejor que el panico atenazador que me impedia moverme. Me enfade por todas las veces que le pedi que se decidiera, que contestara si o no, pero que no me tuviese hasta el ultimo minuto pendiente de su decision. Me enfade por todas las promesas que le hice, que de repente parecian pendientes de un hilo. Pero mas que nada, me puse furiosa porque de haber un adios, tuviera que ser asi, de esa manera brusca e impersonal, rodeados de trabajadores sudorosos en una estacion de metro. No habria besos, ni abrazos, ni buenos recuerdos. Solo quedarian los restos de una cobardia a ultima hora, el recuerdo imborrable de una traicion y un monton de sueños rotos. Tendria que viajar sola en un vuelo de 28 horas, con tiempo de sobra para pensar en lo que habria perdido en escasos segundos, sin haber tenido tiempo para hacerme a la idea o hacer nuevos planes. Y le odiaria, de eso no cabe duda. Todas las horas solitarias sin su compañia, tratando de aceptar aquel brusco desenlace, lo odiaria como nunca he odiado a nadie.
Algo debio cambiar en mi mirada, porque la suya tambien cambio. Agarre las asas de mis dos maletas, le dirigi una ultima mirada y tratando de hacerme oir sobre el barullo de gente, le dije:
“Yo me voy. Tu haz lo que quieras”
Y atravese la barrera. Me fui sin mirar atras, sintiendo que algo se rompia dentro de mi, muriendome por volverme y ver su cabeza aparecer entre las mil cabezas que llenaban aquel reducido espacio. En las escaleras mecanicas que descendian hacia los andenes de la linea de Picadilly me aventure a mirar y no le vi. Mi corazon era como un balon de futbol que alguien ha comprimido hasta reducirlo al tamaño de una pelota de golf; me dolia el pecho y senti que el panico intentaba volver a tomar las riendas. Con un esfuerzo sobrehumano, logre mantenerlo a raya.
Pasaron tres trenes antes de que en uno de ellos se pudiera leer el destino: Heathrow Airport. Durante esosinterminables segundos, Maus aparecio entre la gente y se situo detras de mi, aun con la misma expresion que unos segundos antes en la barrera. A pesar de que verle alli supuso un alivio, mi preocupacion no decrecio: yo sabia que el momento decisivo iba a ser en facturacion, cuando tuviese que decidir si colocaba o no sus maletas en la cinta y enseñaba el billete y pasaporte. No dije una palabra, simplemente me subi al vagon, tratando de hacer sitio para mi y mis maletas entre la masa humana que abarrotaba aquella maquina. Maus hizo lo mismo y ambos quedamos separados por unos dos metros de distancia, cada uno a un lado del vagon.
Desde Kings Cross hasta el aeropuerto de Heathrow hay unas 20 estaciones, y el viaje suele durar mas o menos 1 hora. Segun el reloj, eran mas de las 6:30. Y tenia que facturar antes de las 7:30. Aquel fue el viaje en metro mas largo y espantoso que jamas recuerdo haber hecho. Los nervios por el viaje habian sido relegados a la ultima posicion entre mis preocupaciones; compitiendo por el primer puesto ahora, estaba el panico a que Maus se quedara en tierra, y el riesgo, cada vez mas probable, de llegar al aeropuerto y que me dijeran que facturacion estaba cerrada.
Despues de unos interminables 60 minutos por fin las puertas se abrieron en la parada de Heathrow. Eran las 7:32. En cuanto pude escabullirme entre la gente sali escopetada ignorando a los musculos de mis brazos, que chillaban de dolor, y me puse a correr por las rampas y pasillos, esquivando sin demasiado exito a la gente y siguiendo las señales que indicaban el camino a “Departures” (“Salidas”). Por supuesto, la facturacion que me correspondia era la ultima de todas, en el extremo mas alejado de la Terminal 3. Cuando llegue me costaba leer los carteles y sentia las piernas como si fueran de gelatina. La presion en los musculos de mis brazos y hombros se asimilaba a una paliza propinada con botas de Skin Head. No habia bebido nada en todo el trayecto, y decir que mi boca estaba seca seria quedarme pateticamente corta: tenia la lengua pegada al paladar y me costaba tragar. Tuve que carraspear 3 veces para conseguir preguntarle al primer empleado de la compañia que encontre si la facturacion del vuelo a Auckland seguia abierta. El me indico con la mano la posicion que estaba justo detras de el.
Entonces me volvi. Busque entre la gente que hormigueaba por la terminal tratando de identificar el pelo corto y negro de Maus. No habia nadie. Jadeando de agotamiento volvi atras unos metros para tener una mejor vista del pasillo. Mi corazon bombeaba. Levante la voz por encima de todos los ruidos del aeropuerto en un ultimo grito desesperanzado: “MAUS!!!!”.
Y de repente lo vi. Iba chocando con toda la gente con la que se encontraba. Poco a poco consiguio avanzar lo suficiente como para acabar frente a mi. Le mire. Me miro. Me acerque a la posicion de facturacion de mi vuelo, donde ya no habia ningun cliente esperando, solo nosotros dos. Sin dejar de mirarle subi mis dos maletas como pude a la cinta movil. La chica miro mi pasaporte, me miro a mi, miro a Maus y nos hizo la pregunta que yo llevaba temiendo tanto tiempo.
“Viajais juntos?”
El tiempo se ralentizo, las voces de la gente se amortiguaron, y solo quedamos Maus y yo mirandonos fijamente. Un escaner de mi cabeza habria mostrado un inmenso signo de interrogacion, mientras que uno de la suya probablemente habria mostrado un panal a rebosar de abejas zumbando aqui y alla. Sin llegar a pronunciarla, forme de nuevo la pregunta con mis labios: Viajamos juntos?
“Si”, contesto Maus, y subio su maleta a la cinta.
Emitiendo desde las Antipodas...
Siento haberos tenido tanto tiempo sin noticias. STOP. Estoy en Nueva Zelanda conectada desde un cyber. STOP. No tengo mucho tiempo, pero tratare de haceros un resumen. STOP. Maus se ha venido conmigo, pero el cabronazo me dio un susto de muerte a ultima hora, ya os contare. STOP. Este sitio es alucinante, estoy en camiseta y pantalones cortos y cubierta de cema factor 40, y tengo que sujetarme los ojos para que no se me salgan de las cuencas. STOP. El agua del desague gira en sentido contrario, es verdad!!! STOP. Las constelaciones estan al reves!!! STOP. La gente te saluda por la calle con una sonrisa y desde los barquitos, y en las tiendas entablan conversaciones contigo a la minima, te preguntan como estas, de donde eres y acerca de tu familia... Dios, como echaba de menos a la gente sociable!. STOP. La ciudad en la que estoy es de mil colores, y aunque creo que necesitare un tiempo aqui para determinar el color de Nueva Zelanda, mi primera impresion es que es amarillo ;). STOP.
Lamento no poder daros mas detalles ahora mismo, pero seguro que entendeis que necesito algo de tiempo para organizarme. Maus y yo tenemos los ciclos vitales totalmente escogorciados (como decimos en mi tierra) tras 28 horas de vuelo (mas 6 horas de retraso); nos cuesta dormir por las noches y sobre las 2 de la tarde estamos que nos caemos por las esquinas.
Contad con varios articulos detallados en breve acerca del viaje y la llegada aqui, porque tengo mil cosas que contaros; de momento aun estoy inmersa en la busqueda de una casa de alquiler cerquita de Kiwilabs, Inc. Pero la primera impresion no ha podido ser mejor: este lugar es fabuloso. Alucinante. Y completamente distinto a todo lo que he conocido hasta ahora.
Volvere pronto. Muchisimas gracias por vuestros mensajes, por seguirme dia tras dia. A pesar de estar tan lejos de casa que seria imposible alejarme mas sin estar ya volviendo, recibir vuestros comentarios me emociona.
Vuestra asturianina viajera,
Pilimindri
Lamento no poder daros mas detalles ahora mismo, pero seguro que entendeis que necesito algo de tiempo para organizarme. Maus y yo tenemos los ciclos vitales totalmente escogorciados (como decimos en mi tierra) tras 28 horas de vuelo (mas 6 horas de retraso); nos cuesta dormir por las noches y sobre las 2 de la tarde estamos que nos caemos por las esquinas.
Contad con varios articulos detallados en breve acerca del viaje y la llegada aqui, porque tengo mil cosas que contaros; de momento aun estoy inmersa en la busqueda de una casa de alquiler cerquita de Kiwilabs, Inc. Pero la primera impresion no ha podido ser mejor: este lugar es fabuloso. Alucinante. Y completamente distinto a todo lo que he conocido hasta ahora.
Volvere pronto. Muchisimas gracias por vuestros mensajes, por seguirme dia tras dia. A pesar de estar tan lejos de casa que seria imposible alejarme mas sin estar ya volviendo, recibir vuestros comentarios me emociona.
Vuestra asturianina viajera,
Pilimindri
Tres países en diez días
La cuenta atrás ha comenzado. Ahora os escribo desde mi Asturias. Dentro de dos días estaré de vuelta en Inglaterra para ultimar los preparativos de mi viaje. Dentro de 10 días estaré, literalmente, al otro lado del Mundo.
Esta última semana va a ser toda una prueba para mis nervios; tengo que hacer copias de seguridad de mi disco duro por si acaso el ordenador se escacharra en el viaje (lo mando por barco junto con otras tantas cosas y tardará unos ¡dos meses! en llegar a las Antípodas); tengo que empaquetarlo todo y quedar de acuerdo con la compañía de mudanzas para enviar los paquetes; cancelar mis cuentas bancarias inglesas y decidir cómo leches hago para enviar mi dinero a Nueva Zelanda y poder disponer de él lo antes posible; darme de baja en la compañía eléctrica, telefónica y en el Ayuntamiento, y de paso preguntar qué pasa con los dos años y medio cotizados en Gran Bretaña (si me valdrán de algo a la hora de computar para la pensión o el paro); tengo que decidir qué trastos me llevo y cuáles tiro a la basura, vendo o regalo; tengo que avisar en el centro de salud y en el dentista de que ya no voy a seguir acudiendo a revisiones; tengo que pasarme por el laboratorio para comprobar que todo haya quedado en orden. Y unas 300 cosas más.
Para todo esto, y lo que vaya surgiendo, tendré… ¡cuatro días laborales! ¡AAAAARRRGGGHHHH!
Voy a tratar de informaros acerca de todos estos preparativos antes de empaquetar definitivamente mi ordenador, cosa que, si todo va según lo previsto, ocurrirá el próximo jueves. Después de ello dependeré de los cibercafés que pueda encontrarme en Nueva Zelanda hasta que me haga con un portátil baratillo y una conexión a Internet… porque si algo tengo claro es que no pienso esperar dos meses para volver a tener ordenador y poder informaros acerca de las peripecias que sin duda me ocurrirán a montones en mis primeros días en el “Mundo Desconocido de la Gente Que Vive Cabeza Abajo”.
Afortunadamente en Nueva Zelanda ahora es verano, y en la maleta que me lleve en el avión no tendré que cargar con abrigos voluminosos. Con un poco de suerte podré haceros llegar en breve algunas foto de playas paradisíacas, para que paséis envidia ;)
¿Qué si estoy nerviosa? ¡Por supuesto que no! Hombre por favor, esta menda es una chica dura, fría y con nervios de acero. No hay tarea lo bastante difícil ni lugar lo bastante lejano como para amedrentarme. ¿Miedo yo? Ja. Ja y ja. Y más ja.
Joder, estoy acojonada.
No he podido hablar demasiado con Maus estos días. Los mensajes suyos que he recibido han sido bastante contradictorios. Yo siempre he sido lo que yo llamo “una optimista realista”; mi filosofía es: “estáte preparada para lo peor, y así todo lo que ocurra te sorprenderá de forma positiva”, así que tengo que considerar, me guste o no, la opción de que el chaval se me acojone y me diga en el último momento que no se viene conmigo. Si esto sucediera tendría que enfrentarme a la vez con varios ligeros problemillas:
1. Me acabo de despedir de mi familia y amigos hasta sabe Dios cuándo (desde Nueva Zelanda no podré venirme de visita mes sí-mes no como ahora).
2. Tendría que hacer el viaje y el traslado, así como el período de adaptación, completamente sola… no olvidemos que por allá no conozco absolutamente a nadie.
3. Tendría que enfrentarme a una ruptura súbita e irreversible con una persona por la que, digámoslo claro de una puñetera vez, estoy colada. No estoy colada por él con ese amor pasional y adolescente del estilo: “amor, corazón, cariñín, eres la luz de mi vida, el Adonis de mi existencia, si te vas me moriré, me moriré mucho, me moriré dos veces”. No. Estoy colada con el tipo de amor con el que, una persona que jamás se ha planteado estar con nadie por más de dos primaveras seguidas, ni matrimonios ni hijos, en casi 30 años de vida, un día se descubre pensando: “pues sigo sin querer casarme y tener hijos, pero en un mundo paralelo inexistente, en un futuro lejano a unos 3000 siglos del presente, en una falla espacio-temporal imposible, si la otra yo allí existente sufriera un colapso cerebral y decidiera formar una familia, creo que este inglesillo vegetariano podría ser el candidato”. Y os aseguro que eso para mí son palabras mayores. Tan mayores que me acabo de pasar 10 minutos tratando de decidir si borro este párrafo entero y me olvido del artículo de hoy hasta que se me quiten estas ideas extrañas de la cabeza.
Y aunque duela pensarlo, sé que la posibilidad de que en el último momento Maus decida no venirse conmigo está ahí presente. Si eso sucediera se acabaría todo: no nos volveríamos a ver jamás. Yo me iría, porque algo dentro de mí me dice que debo hacerlo. No me moriría, no pensaría que “jamás volveré a conocer a alguien” ni caería en una depresión suicida, porque yo no soy así. Pasaría una temporada muy jodida, aunque la novedad del lugar y las circunstancias, sumado a que Nueva Zelanda es un lugar sin recuerdos de Maus, probablemente contribuyeran a cicatrizar pronto la herida. Y luego seguiría adelante, como seguiría él en Inglaterra. Al cabo de un tiempo más o menos largo de "…¡y otra vez single en Nueva Zelanda!” y de aventuras amorosas de una noche aparecería otra persona, porque el corazón humano está hecho para enamorarse.
Pero dudo mucho, muchísimo, que ninguna otra persona en una larga temporada me haga sentir lo que siento ahora.
Por otra parte, si todo va bien y Maus se viene conmigo, comenzará una vida en común que a su vez me llena de interrogantes. Hace unos pocos días, en medio de uno de sus ataques de pánico previos a mi partida hacia Asturias, le hice una promesa que cumpliría en caso de que él decidiese romper con su vida en Inglaterra y acompañarme. No le prometí casarme con él, ni amarle eternamente, ni convertirle en el padre de mis hijos. Mi promesa tiene que ver con sacrificio, con agradecimiento y con corresponder a lo que él hace por mí en esta ocasión. Es una promesa que deberé cumplir en caso de que nuestros planes no vayan bien. Si las cosas se tuercen, tendré que estar a la altura.
Soplan vientos de cambio. La asturianina viajera sigue con su búsqueda de la felicidad, del lugar en el que pueda combinar un buen trabajo con una buena vida. Sigo buscando lo que me falta, sea lo que sea. ¿Queréis seguir acompañándome?
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Vuestras opiniones me ayudan. ¿Qué creéis vosotros que hará Maus?
Esta última semana va a ser toda una prueba para mis nervios; tengo que hacer copias de seguridad de mi disco duro por si acaso el ordenador se escacharra en el viaje (lo mando por barco junto con otras tantas cosas y tardará unos ¡dos meses! en llegar a las Antípodas); tengo que empaquetarlo todo y quedar de acuerdo con la compañía de mudanzas para enviar los paquetes; cancelar mis cuentas bancarias inglesas y decidir cómo leches hago para enviar mi dinero a Nueva Zelanda y poder disponer de él lo antes posible; darme de baja en la compañía eléctrica, telefónica y en el Ayuntamiento, y de paso preguntar qué pasa con los dos años y medio cotizados en Gran Bretaña (si me valdrán de algo a la hora de computar para la pensión o el paro); tengo que decidir qué trastos me llevo y cuáles tiro a la basura, vendo o regalo; tengo que avisar en el centro de salud y en el dentista de que ya no voy a seguir acudiendo a revisiones; tengo que pasarme por el laboratorio para comprobar que todo haya quedado en orden. Y unas 300 cosas más.Para todo esto, y lo que vaya surgiendo, tendré… ¡cuatro días laborales! ¡AAAAARRRGGGHHHH!
Voy a tratar de informaros acerca de todos estos preparativos antes de empaquetar definitivamente mi ordenador, cosa que, si todo va según lo previsto, ocurrirá el próximo jueves. Después de ello dependeré de los cibercafés que pueda encontrarme en Nueva Zelanda hasta que me haga con un portátil baratillo y una conexión a Internet… porque si algo tengo claro es que no pienso esperar dos meses para volver a tener ordenador y poder informaros acerca de las peripecias que sin duda me ocurrirán a montones en mis primeros días en el “Mundo Desconocido de la Gente Que Vive Cabeza Abajo”.
Afortunadamente en Nueva Zelanda ahora es verano, y en la maleta que me lleve en el avión no tendré que cargar con abrigos voluminosos. Con un poco de suerte podré haceros llegar en breve algunas foto de playas paradisíacas, para que paséis envidia ;)
¿Qué si estoy nerviosa? ¡Por supuesto que no! Hombre por favor, esta menda es una chica dura, fría y con nervios de acero. No hay tarea lo bastante difícil ni lugar lo bastante lejano como para amedrentarme. ¿Miedo yo? Ja. Ja y ja. Y más ja.
Joder, estoy acojonada.
No he podido hablar demasiado con Maus estos días. Los mensajes suyos que he recibido han sido bastante contradictorios. Yo siempre he sido lo que yo llamo “una optimista realista”; mi filosofía es: “estáte preparada para lo peor, y así todo lo que ocurra te sorprenderá de forma positiva”, así que tengo que considerar, me guste o no, la opción de que el chaval se me acojone y me diga en el último momento que no se viene conmigo. Si esto sucediera tendría que enfrentarme a la vez con varios ligeros problemillas:1. Me acabo de despedir de mi familia y amigos hasta sabe Dios cuándo (desde Nueva Zelanda no podré venirme de visita mes sí-mes no como ahora).
2. Tendría que hacer el viaje y el traslado, así como el período de adaptación, completamente sola… no olvidemos que por allá no conozco absolutamente a nadie.
3. Tendría que enfrentarme a una ruptura súbita e irreversible con una persona por la que, digámoslo claro de una puñetera vez, estoy colada. No estoy colada por él con ese amor pasional y adolescente del estilo: “amor, corazón, cariñín, eres la luz de mi vida, el Adonis de mi existencia, si te vas me moriré, me moriré mucho, me moriré dos veces”. No. Estoy colada con el tipo de amor con el que, una persona que jamás se ha planteado estar con nadie por más de dos primaveras seguidas, ni matrimonios ni hijos, en casi 30 años de vida, un día se descubre pensando: “pues sigo sin querer casarme y tener hijos, pero en un mundo paralelo inexistente, en un futuro lejano a unos 3000 siglos del presente, en una falla espacio-temporal imposible, si la otra yo allí existente sufriera un colapso cerebral y decidiera formar una familia, creo que este inglesillo vegetariano podría ser el candidato”. Y os aseguro que eso para mí son palabras mayores. Tan mayores que me acabo de pasar 10 minutos tratando de decidir si borro este párrafo entero y me olvido del artículo de hoy hasta que se me quiten estas ideas extrañas de la cabeza.
Y aunque duela pensarlo, sé que la posibilidad de que en el último momento Maus decida no venirse conmigo está ahí presente. Si eso sucediera se acabaría todo: no nos volveríamos a ver jamás. Yo me iría, porque algo dentro de mí me dice que debo hacerlo. No me moriría, no pensaría que “jamás volveré a conocer a alguien” ni caería en una depresión suicida, porque yo no soy así. Pasaría una temporada muy jodida, aunque la novedad del lugar y las circunstancias, sumado a que Nueva Zelanda es un lugar sin recuerdos de Maus, probablemente contribuyeran a cicatrizar pronto la herida. Y luego seguiría adelante, como seguiría él en Inglaterra. Al cabo de un tiempo más o menos largo de "…¡y otra vez single en Nueva Zelanda!” y de aventuras amorosas de una noche aparecería otra persona, porque el corazón humano está hecho para enamorarse.Pero dudo mucho, muchísimo, que ninguna otra persona en una larga temporada me haga sentir lo que siento ahora.
Por otra parte, si todo va bien y Maus se viene conmigo, comenzará una vida en común que a su vez me llena de interrogantes. Hace unos pocos días, en medio de uno de sus ataques de pánico previos a mi partida hacia Asturias, le hice una promesa que cumpliría en caso de que él decidiese romper con su vida en Inglaterra y acompañarme. No le prometí casarme con él, ni amarle eternamente, ni convertirle en el padre de mis hijos. Mi promesa tiene que ver con sacrificio, con agradecimiento y con corresponder a lo que él hace por mí en esta ocasión. Es una promesa que deberé cumplir en caso de que nuestros planes no vayan bien. Si las cosas se tuercen, tendré que estar a la altura.
Soplan vientos de cambio. La asturianina viajera sigue con su búsqueda de la felicidad, del lugar en el que pueda combinar un buen trabajo con una buena vida. Sigo buscando lo que me falta, sea lo que sea. ¿Queréis seguir acompañándome?
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Vuestras opiniones me ayudan. ¿Qué creéis vosotros que hará Maus?
Vuelta a la vida familiar…
Cuando llevas desde los 20 años acostumbrada a la vida independiente - primero en pisos compartidos, y luego en tu propio (o más bien alquilado) apartamento -, lo que para muchos otros jóvenes españoles es “la buena vida” para ti se convierte en un suplicio. A muchos de mis amigos no hay quién los saque del hogar materno ni regalándoles un chalet en la costa: “Aquí me cocinan, me compran la ropa, me la lavan, me la planchan y me dan dinero para salir… ¿qué más quiero?”. Nunca entendí esa filosofía. Al igual que en los negocios y la política, quien tiene el dinero tiene el poder, y la libertad de la que se goza dependiendo de tus padres es más o menos la misma que posee un pájaro enjaulado. Pero en fin, si es lo que han elegido libremente y ambas partes están de acuerdo, “ande yo caliente, y ríase la gente”.El problema viene cuando después de años de hacer lo que te da la gana en tu propia casa – véase: dejar el sujetador en el respaldo de una silla en la habitación, la ropa sucia sobre el suelo del baño durante tres días, la cama sin hacer durante semanas, los platos sin fregar de un día para otro, etc etc – te ves obligada a volver a vivir en familia durante las supuestas vacaciones, que realmente acaban convirtiéndose en “tu obligación periódica de visitar a to Dios en 10 días”. Cuando pasas de tus relajadas rutinas domésticas a acatar las no-tan-relajadas rutinas de unos familiares que como mínimo doblan tu edad y que han sido educados en la idea de que todo ser de provecho debe guardar unos hábitos de orden, concierto y decencia (esta última palabra he tenido que buscarla en el diccionario :P).
Para ilustraros a qué me refiero expondré una comparación punto por punto de lo que es un día ocioso en mi apartamento en Mix Village y uno en Oviedo en casa de mis abuelos:
Caso práctico 1 -> Pilimindrina se despierta un Sábado a las 9 de la mañana con una urgente necesidad fisiológica (también conocido como: Pilimindrina se mea toa): abres un ojo legañoso y miras el despertador. Tu cerebro tarda dos segundos en registrar que son las 9 de la mañana y que hoy no hay que levantarse temprano. Bostezas. Apartas las sábanas, pero no demasiado para que no se vaya todo el calorcillo. Sacas los pies de la cama.
Te agarras a la mesita de noche y vas dando tumbos y con los ojos aún semicerrados hasta el baño, que al ser un apartamento tamaño “ministra Trujillo” está a metro y medio como mucho de cualquier zona de la casa. Pegas un respingo… la taza del water está congelada; vagamente te preguntas si resultaría rentable patentar un calentador eléctrico de inodoros. Acabas lo que tenías que hacer. Sales del water agarrándote al marco de la puerta. Te despatarras sobre la cama y te arrebujas lo más posible bajo las mantas para volver a estar calentita lo antes posible. Te vuelves a dormir con una sonrisa de felicidad cuasi-orgásmica y no te despiertas hasta pasadas las 12 del mediodía. Nota: no llegar a abrir los ojos del todo es importante para no perder el estado semiletárgico.Modificación del caso práctico 1 -> Pilimindrina se mea toa, pero ha dormido acompañada: los pasos son los mismos hasta llegar a “te despatarras sobre la cama”, momento en el cual tu compañero de cama se despierta. Te tapas con las mantas y te arrebujas contra él queriendo recuperar el calorcillo perdido. En breves instantes descubres que has recuperado algo más que el calorcillo perdido y que tu acompañante está dispuesto a aprovechar la trempera mañanera para funciones más útiles que las meramente urinarias. Momentos XXX, de duración indeterminada. Te quedas grogui y te vuelves a dormir con sonrisa de felicidad orgásmica completa y no te despiertas hasta pasadas las 12, o la 1, o las 2…
Caso práctico 2 -> Pilimindrina en vacaciones familiares durmiendo en casa de sus abuelos se mea toa por la mañana: mismos pasos hasta llegar al “Bostezas”. Te levantas de la cama y te encuentras en territorio desconocido. Tu neurona aún letárgica registra que no estás en tu mini apartamento y que desde tu habitación al único baño hay unos 20 metros de pasillo. Recorres el pasillo dando tumbos de pared a pared y medio congelada de frío porque todas las ventanas de la casa están abiertas “para ventilar”. Pisas al gato, que te hace “¡fu!”. Esperas 15 minutos a que la persona que estaba en el baño acabe de peinarse/ducharse/aplicarse crema reparadora antiarrugas/afeitarse los pelos de las patorras con guadaña. Entras al baño y descubres que el water está igual de frío que en tu casa. Terminas y sales del baño, volviendo a recorrer a la inversa el interminable pasillo congelado. Mantener el estado semiletárgico requiere un esfuerzo sobrehumano, pero ya ves cercano tu premio. Entras en tu habitación, dispuesta a despatarrarte sobre la cama… y descubres que en tu ausencia tu tía ha subido las persianas, abierto las ventanas, encendido las luces, hecho la cama y está pasando por el parquet un aspirador de los años 50 que hace un ruido similar al de un F16 en pleno aterrizaje. Toda resistencia o queja será fútil. Como mucho se verá recompensada con un: “Ah, pero ¿¿es que pensabas volver a la cama a estas horas??”
Otro de los inconvenientes de regresar temporalmente al hogar familiar es la pérdida total de privacidad. Yo soy una persona que odia estar localizable, explicar a qué sitios va a ir, a qué hora va a volver, o prometer que “va a llamar en cuanto llegue”. Por no tener, no tengo ni móvil.
Mi abuela es el prototipo de “gallina protectora de sus pollitos”. A su avanzada edad, no soporta no saber en cada momento dónde y qué cosa está haciendo cada miembro de la familia. Como encima la pobre está medio sorda y no se entera de la misa la mitad, tratar de pasar un momento a solas en esta casa es como que Brad Pitt trate de pasar desapercibido en un internado femenino.Ejemplo práctico: Pilimindrina tratando de leer un libro en una de las habitaciones mientras mi abuela ve la tele en el salón. Pilimindrina empezando a leer el párrafo 2 de la página 1.
Abu: “¡Piliiiii!”
Pilimindrina: “Dime Abu”
Abu: “¡PIIIILIIIIII!”
Pilimindrina: “DIMEEEE ABUUUUUUU”
Abu: “¡PIIILIIIIIIIIIIIIIII!”
Pilimindrina pone los ojos en blanco, se levanta de la butaca, deja el libro y va hasta el salón.
Pilimindrina: “Aquí estoy, ¿qué quieres?”
Abu: “Mujer, es que no me oías”
Pilimindrina: (suspiro) “Sí, es que últimamente ando algo sorda…”
Abu: “Qué dices, mujer, si cada vez que vienes te veo más delgaducha… ¡Tú lo que tienes es que comer! A ver si me acabas atomésica de esas”
Pilimindrina: “No Abu, sorda, ¡SORDA!”
Abu: “Ya sé que estoy sorda, hija, qué quieres, son los años, una ya no oye como antes, que podía escuchar reñir a los vecinos del cuarto…”
Pilimindrina: “¿Qué querías Abu?”
Abu: “¿Qué?”
Pilimindrina: “¿QUE QUÉ QUERÍAS?”
Abu: “Nada, hija, era para ver dónde estabas, es que no te veía”
Pilimindrina resopla.
Pilimindrina: “Estaba leyendo una novela”
Abu: “No, con tu abuela no estabas, mentirosilla, que tu abuela ha estado aquí todo el rato”
Pilimindrina: “No Abu, leyendo, LEYENDO UNA NOVELA”
Abu: sí, yo estaba viendo la telenovela, tú por Inglaterra no ves “Pasión de gavilanes”, ¿verdad? pues verás que te explico: está la mujer esta mala, mala, malísima y el padre del hermano de Carlos Javier…
Tres horas más tarde, cuando vuelves a buscar tu libro, te encuentras con que ha desaparecido. Tu tía lo ha guardado sabe Dios dónde, porque “es que estaba aquí abierto encima de la mesa, y ese no es su sitio”. ¿Cuál es su sitio? Lo más probable es que no lo descubras jamás.
Estas vacaciones tienen además un puntillo extra de estrés: aparte del tema “papeleo” que me trae por la calle de la amargura - que si bancos, que si carné internacional de conducir (que necesitas para conducir por Nueva Zelanda), que si dar de baja el Reichín para que no me sigan cobrando la viñeta, etc etc – , Maus se encuentra en un estado de pánico casi permanente. Cada vez ve más cerca el viaje y día sí, día no, recibo correos electrónicos suyos tan edificantes como este:
De: Maus
Para: Pilimindrina
Asunto: acojonadeixon
Hola Preciosa,
Cada vez me planteo más a menudo la locura que estoy haciendo. Dejar mi trabajo, mi familia, mi país para largarme al otro lado del mundo con una persona cuyo historial de parejas incluye haber mandado a freír monas a la mayoría de ellas y con la que llevo saliendo apenas tres meses. Te quiero, estoy convencido de que lo nuestro puede funcionar, pero debo confesar que estoy acojonado. Sé que tú te irías aunque yo te dijese que me quedaba aquí, y eso me hace dudar. Si voy contigo y tú me dejas me quedaré sin nada. A veces me despierto convencido de que lo que tengo que hacer es hablar con el jefe de personal y pedirle que me vuelva a admitir y olvidarme de todo. Luego pienso que, al fin y al cabo, lo que tengo aquí es una mierda, e irme contigo, aunque pueda salir mal, me ofrece una esperanza. Y luego vuelve el miedo otra vez. Si te tuviera aquí a mi lado para abrazarte cada noche todo sería más fácil.
Te quiero y te echo de menos,
Maus
Cuando leo estas cosas me apetece llamarle y asegurarle que todo va a ir bien, que no va a haber ningún problema, que esta vez será diferente. Y luego pienso, ¿qué garantías puedo darle? Siempre he sido una cabeza loca a la que no ha importado dejar atrás familia, amigos y pareja por buscar lo que sea que estoy buscando. Y es cierto, aunque él me dijese que no viene conmigo, yo me iría igual. Creo que con Maus puede haber algo especial, diferente a lo que he tenido hasta ahora… pero también sé que no me puedo quedar en Inglaterra durante mucho más tiempo. No me gusta este país para vivir en él más de una temporada, a la gente le falta algo que yo necesito: profundidad, cercanía, confianza… no sé definir lo que es, pero sé que ha llegado el momento de buscar lo que sea en otro sitio. Y si Maus se viene conmigo, debe ser él mismo quien tome la decisión, sin presionarlo ni manipularlo.
Cada país, cada ciudad en la que he estado, tienen un color que los define. Un color con el que las relacionas siempre que piensas en ellas. Mi Asturias es, sin lugar a dudas, verde. No sólo por sus verdes prados y bosques… sencillamente es así, es su color. Verde vivo. Roma es azul, de un azul algo más oscuro que el del cielo, alegre y pícaro. Escocia para mí es naranja brillante, no sé explicar bien por qué.Inglaterra es gris; gris humo. Incluso en la ciudad más bonita, el color gris emana de la propia gente, de sus gestos, de la lejanía con la que te sientes tratada. A excepción de Londres, a la que veo como una explosión de colores de todos los tonos y brillos, sin duda Inglaterra es gris.
¿De qué color será Nueva Zelanda?
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¿De qué color es tu ciudad?
