Violetas para el siglo XXI (Por Atenea)
Soy mujer y lo soy ahora más que nunca.
Maldigo esta sociedad de eunucos que una vez me hizo creer que mi sexo sólo tenía una posibilidad y mi vida, un único sentido.
Soy libre. He sido esclava y ahora soy libre. Y tan feliz, que no resisto la idea de contar al mundo como encontré la felicidad que me ha hecho sentir una persona por primera vez en mi vida...
Todo comenzó cuando conocí a Ángela.
No pienso callarme nada, ya estoy harta de silenciar mis inquietudes y mis penas. Confieso que he sido esclavizada y atenazada por los que me rodeaban, personas que sólo quieren ver a los demás como simples reflejos de si mismos, para ellos o estás a su favor o en su contra, nada es intermedio, son ellos - él más concretamente - los que me han hecho desgraciada durante todo este tiempo.
Llevaba demasiados años sin saber lo que era la felicidad, no diré 35, pero casi... Fui educada, como la mayoría de las féminas del mundo, para crear una familia, para cuidar de un marido y unos hijos, sin otras aspiraciones, cruel destino para una persona. Cumplí con ese destino impuesto: Me casé - bien casada, por cierto - con un hombre que al cabo de unos meses resultó ser un cerdo machista, todo mi afán era tener un hogar feliz ¡qué quimera!, ¡qué miseria!, eso era imposible con el individuo que tuve por marido.
No había nada que él pudiera reprocharme en ningún sentido, yo era la perfecta ama de casa, la perfecta amante y la perfecta compañante cuando se reunía con su círculo de amistades, así que pasados 5 años sin quedarme embarazada, comenzaron las reprobaciones porque según él, no era lo suficiente mujer para darle hijos.
Fue el inicio de una tortura inmensa. Nada hacía que valiese la pena destacar o alabar. Me hizo sentir como un bulto inservible que se mueve de un lado a otro para que no estorbe, porque ni siquiera merece el esfuerzo de sacarlo a la basura. Ante las continuas burlas, mofas y presiones, me decidí a consultar con un especialista experto en reproducción para que me ayudase a buscar una solución a mis desvelos. Pedí información en un teléfono de asistencia a mujeres maltratadas y me dieron media docena de direcciones y teléfonos.
En la clínica que elegí para hacerme las pruebas, me recibió una secretaria vestida con una bata blanca que me miró descaradamente de arriba abajo.
Parece que le caí mal nada más verme, aunque yo, en ese momento, pensé que esa mirada inquisitoria era mas bien por pena. Diez minutos más tarde, la doctora Ángela Baladamendi me atendió. En sucesivas visitas, examinó mi aparato reproductivo, comprobó el grado de fertilidad de mis óvulos y constató que todo en mí estaba dispuesto para alojar una nueva vida, después me dijo que convendría examinar el "aparato" reproductor de la otra parte.
Yo me puse nerviosa, sabía que Mario jamás consentiría poner en entredicho su "hombría" y se lo dije.
-- ¿Y usted no puede conseguir una muestra de su semen?, me respondió ella.
No le prometí nada. Luego me acordé de un programa de la tele en el que las putas explicaban como colocar un condón en el interior de la vagina sin que el cliente se entere y así lo hice. Le animé a beber y luego me mostré receptiva. Cuando acabamos, me saqué la goma, le hice un nudo y la metí en el congelador.
Las pruebas dieron como resultado un número muy pobre de espermatocitos en el líquido seminal y un deterioro innegable en los mismos. Con lo que la doctora aseguró, sin temor a equivocarse, que el culpable de mi infertilidad era él, no yo.
Diréis que por qué no lo mandé a la mierda después de tanto maltrato psicológico, todo a su tiempo, todo a su tiempo....
No obstante, ¡qué fácil es decir eso para quien no se ve envuelto en esas redes, pero qué difícil es hacerlo!, especialmente si ves que nadie te apoya, si estás convencida de que tu misión en la vida es la de tener hijos y cuidarlos y de que tu marido es tu guardián y tu benefactor como así te aseguran los demás....
___
Saludos
atenea.
Maldigo esta sociedad de eunucos que una vez me hizo creer que mi sexo sólo tenía una posibilidad y mi vida, un único sentido.
Soy libre. He sido esclava y ahora soy libre. Y tan feliz, que no resisto la idea de contar al mundo como encontré la felicidad que me ha hecho sentir una persona por primera vez en mi vida...
Todo comenzó cuando conocí a Ángela.
No pienso callarme nada, ya estoy harta de silenciar mis inquietudes y mis penas. Confieso que he sido esclavizada y atenazada por los que me rodeaban, personas que sólo quieren ver a los demás como simples reflejos de si mismos, para ellos o estás a su favor o en su contra, nada es intermedio, son ellos - él más concretamente - los que me han hecho desgraciada durante todo este tiempo.
Llevaba demasiados años sin saber lo que era la felicidad, no diré 35, pero casi... Fui educada, como la mayoría de las féminas del mundo, para crear una familia, para cuidar de un marido y unos hijos, sin otras aspiraciones, cruel destino para una persona. Cumplí con ese destino impuesto: Me casé - bien casada, por cierto - con un hombre que al cabo de unos meses resultó ser un cerdo machista, todo mi afán era tener un hogar feliz ¡qué quimera!, ¡qué miseria!, eso era imposible con el individuo que tuve por marido.
No había nada que él pudiera reprocharme en ningún sentido, yo era la perfecta ama de casa, la perfecta amante y la perfecta compañante cuando se reunía con su círculo de amistades, así que pasados 5 años sin quedarme embarazada, comenzaron las reprobaciones porque según él, no era lo suficiente mujer para darle hijos.
Fue el inicio de una tortura inmensa. Nada hacía que valiese la pena destacar o alabar. Me hizo sentir como un bulto inservible que se mueve de un lado a otro para que no estorbe, porque ni siquiera merece el esfuerzo de sacarlo a la basura. Ante las continuas burlas, mofas y presiones, me decidí a consultar con un especialista experto en reproducción para que me ayudase a buscar una solución a mis desvelos. Pedí información en un teléfono de asistencia a mujeres maltratadas y me dieron media docena de direcciones y teléfonos.
En la clínica que elegí para hacerme las pruebas, me recibió una secretaria vestida con una bata blanca que me miró descaradamente de arriba abajo.
Parece que le caí mal nada más verme, aunque yo, en ese momento, pensé que esa mirada inquisitoria era mas bien por pena. Diez minutos más tarde, la doctora Ángela Baladamendi me atendió. En sucesivas visitas, examinó mi aparato reproductivo, comprobó el grado de fertilidad de mis óvulos y constató que todo en mí estaba dispuesto para alojar una nueva vida, después me dijo que convendría examinar el "aparato" reproductor de la otra parte.
Yo me puse nerviosa, sabía que Mario jamás consentiría poner en entredicho su "hombría" y se lo dije.
-- ¿Y usted no puede conseguir una muestra de su semen?, me respondió ella.
No le prometí nada. Luego me acordé de un programa de la tele en el que las putas explicaban como colocar un condón en el interior de la vagina sin que el cliente se entere y así lo hice. Le animé a beber y luego me mostré receptiva. Cuando acabamos, me saqué la goma, le hice un nudo y la metí en el congelador.
Las pruebas dieron como resultado un número muy pobre de espermatocitos en el líquido seminal y un deterioro innegable en los mismos. Con lo que la doctora aseguró, sin temor a equivocarse, que el culpable de mi infertilidad era él, no yo.
Diréis que por qué no lo mandé a la mierda después de tanto maltrato psicológico, todo a su tiempo, todo a su tiempo....
No obstante, ¡qué fácil es decir eso para quien no se ve envuelto en esas redes, pero qué difícil es hacerlo!, especialmente si ves que nadie te apoya, si estás convencida de que tu misión en la vida es la de tener hijos y cuidarlos y de que tu marido es tu guardián y tu benefactor como así te aseguran los demás....
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Saludos
atenea.





