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Blog de Piaf
O el intento desesperado de un chico gay de 27 años que luchaba por empezar a vivir.
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El blog de Piaf es un espacio en el que quiero recopilar los mensajes más relevantes que publiqué desde septiembre de 2000 hasta finales de 2006 en el newsgroup "es.charla.gay-lesbiana". También incluiré algunos de los mensajes escritos por algunos miembros de aquella vieja comunidad que fueron importantes para mí (ellos y sus mensajes). Todos estos mensajes son públicos y están disponibles en Internet.

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Un abrazo de mi parte - A Loli (Por Pink)
Un abrazo de mi parte


Por culpa de la masificación en la facultad, aquel año me obligaron a matricularme en el turno de tarde, el horario de cuatro a ocho me mataba, estaba acostumbrado a ir a clase por la mañana y dedicar las tardes al estudio y a dar clases particulares con las que me financiaba los vicios y la moto, la Vespa, que supuso para mí, el primer pasaporte a la libertad.
Cada tarde, al salir, pillaba la moto e iba a dar la única clase que pude conservar, un repelente niño de doce años, que necesitaba refuerzo en todas las materias; cada tarde al salir ella estaba allí, recostada en los coches y vestida con tres cuartos de pieles sintéticas y tacones de aguja. Durante semanas fui percibiendo su presencia, aprendí a reconocer sus cambios de humor, a saber como iba su vida en cada momento, reconocía cuando estaba cansada, cuando la noche anterior había sido productiva e incluso, tampoco era tan difícil, cuando había tenido bronca con un cliente. A medida que se acercaba el invierno, yo me iba protegiendo del frío de la moto con bufandas, con guantes y con toda clase de prendas de abrigo, mientras que ella seguía allí con el mismo uniforme de travestí de alquiler.
Su presencia cada tarde frente a mi moto, me hizo tomarle cariño, no como a alguien a quien conoces, sino como a una parte de ese paisaje que te es familiar. Poco a poco nos cruzamos alguna sonrisa, un amago de gesto, y por fin un saludo con la mano abierta, en realidad, un "hasta mañana". El primer contacto fue mucho más tarde de la hora habitual, había estado en el despacho del profe de Estructuras resolviendo dudas, ella se acercó cruzando la calle para pedirme fuego, le di fuego y cuando me dio las gracias, le acerqué de nuevo el mechero:
- Ten, mal vas a pasar la noche muerta de frío y sin poder fumar, quédatelo, en cuanto llegue a casa, a mí ya no me hará falta.
- Gracias, me llamo Loli. ¿Y tu?
- Pere
- Muchas gracias, Pere; hoy sales mas tarde, ¿no?
- Si, he estado con un profe, haciendo ejercicios y se me ha hecho tardísimo, voy a llegar tarde a las clases. Es que doy clases a un crío, ¿sabes?. Venga, ya nos veremos...
- Hasta mañana.
- Déu.
De cerca, "la Loli" no era excesivamente agraciada, un exceso de maquillaje, unas facciones exageradamente masculinas y una voz demasiado ronca a pesar de hablar muy pausadamente, delataban su antigua condición de macho. Aún así, las cortas frases que nos cruzamos, nos unieron mas allá de lo que yo en ese momento fui capaz de percibir.
Durante semanas nos saludamos como dos viejos conocidos, cada tarde su "hasta mañana" me daba ánimos para seguir a pesar de mis rotundos fracasos en los parciales. Los días fueron pasando hasta que la noche de autos, al salir, como siempre por la puerta del bar, no la vi donde siempre, la vi sentada en el suelo, recostada en la verja, la cabeza entre las manos y la peluca descolocada. Acercándome:
- ¿Te pasa algo Loli? ¿Estás bien?
Al levantar la cabeza le vi la cara destrozada, le sangraba la nariz, tenía los ojos amoratados y los labios hinchados. ¡ Le habían pegado una buena paliza!
- No me pasa nada, vete, no me pasa nada, vas a llegar tarde a las clases, déjame en paz, vete.
- Te tendría que ver un médico. ¿ Quieres que te acerque a urgencias en la moto?
- No, lárgate-
- No puedes trabajar así, nadie va a dar ni un duro por ti con esa pinta.
No te das cuenta? Vete a casa a curarte, mañana estarás mejor.
- No tengo casa, el cabrón del Paco ha salido del trullo y me ha echado del piso.
Todos los miedos del mundo atravesaron mi cabeza, en unos segundos perdí la razón;
- Ven a mi casa, mis padres no están, allí te ayudaré a curarte, te vas a manchar de sangre el abrigo y así no puedes trabajar.
Arrastrándose casi, cruzó la calle, la ayudé a subir en la moto y sentada de costado, feminidad adquirida obliga, fuimos hasta mi casa.
Sentada en la taza del water, la Loli presentaba un aspecto patético, el carmín se confundía con el maquillaje facial, el maquillaje con la pintura de ojos y esta con le rímel, todo esto sin tener en cuenta los moretones y la sangre, ahora ya casi seca.
Es curioso el poco glamour de un travestí al desnudo, el tanga escondiendo la polla, las medias, el pelucón rubio, las tetas casi perfectas, redondas, naturalmente algo exageradas pero con los pezones apuntando directamente a vanguardia. La cara lucía un amago de pelusa, no se le podía llamar barba, creo que la Loli nunca la tuvo, aunque bien podría haber sido una consecuencia de las hormonas. Las facciones, aunque suavizadas por el colágeno, de una clara naturaleza masculina; como hombre, esta, no debía estar nada mal.
- Ahora que te veo sin maquillaje; te hacía mas mayor. ¿Qué edad tienes?
- Treinta.
- Pues yo te hubiera echado más.
- Gracias nene, ¿ Alguna otra cosa bonita que decirme?
- Lo siento, perdona.
En la cocina, frente al bocata, apenas hablamos, ella me miraba y yo observaba su voracidad. De la cocina al sofá y a ritmo de "Local Hero" la tensión desapareció y las lenguas se soltaron, me explicó su vida, la del Paco y se fue acercando a mí. Cuando volví con la tercera ronda de Coca-cola, ella estaba en el centro del sofá, yo pegado a ella. Me abrazó tiernamente y con sus labios hinchados me dio el primer beso, casto y suave pero a la vez sensual y cariñoso, el segundo y el tercero vinieron después.
- Me gustan los tíos y no hace falta que me agradezcas nada, lo he hecho por que he querido.
Por sus ojos vi que me entendió, pero aún así, siguió acariciándome tiernamente y yo la dejé hacer, a nadie le amarga un dulce y el cariño se agradece, venga de quien venga.
Aquella noche dormimos juntos, en la cama de mis padres, yo en calzoncillos - solo pasados unos años me acostumbré a mi desnudez- ella se deshizo del tanga, de las medias y del horrible pelucón rubio. Desnuda en cuerpo y alma se abrazó a mí, me acariciaba el cuello y recorría mi pecho jugando con los cuatro pelos que lo adornaban. Yo no pude evitar acariciarle el hombro y la espalda hasta el culo, que no había perdido su forma masculina a pesar de las hormonas, así me quedé dormido, la ternura y el amor son a menudo el mejor somnífero.
Por la mañana, cuando el despertador comenzó a gritar, ella seguía allí, abrazada a mí, por primera vez en el papel de macho protector, me levanté:
- Voy a hacer café, levántate, anda, tenemos solo tres cuartos de hora para ducharnos los dos y desayunar.
Desde la cocina oí como la puerta se cerró con un chasquido, en un primer momento no entendí que pasaba, pero bastaron unos instantes para que mi cabeza despertara. Loli se había ido, había recogido las medias, la peluca y el abrigo y se había ido pero había dejado su firma en mi corazón.
Nunca he vuelto a ver a Loli, durante cuatro años, al coger la moto a las ocho, nunca quise volver al turno de mañana, miraba hacia la otra acera, incluso hoy cuando paso por los alrededores del campo del Barça, busco a Loli entre los travestíes. Si, he sabido de ella; muy de tarde en tarde, en el retrovisor de la moto han aparecido unas marcas de carmín.
Por favor, si alguien sabe algo de ella, dadle un abrazo de mi parte.

P I N K
No