Las mariliendres (Por Max)
Hace ya varios días que quiero escribir algo que me dijo una amiga acerca de las mariliendres, especialmente las heterosexuales. La conversación era intranscendente, pero en un momento dado, dijo algo que viene dándome vueltas a la cabeza. Lo que vino a manifestar es que nosotros, los gayles, tenemos sitios en los que podemos expresarnos tal y como somos y en los que, si queremos y ponemos un mínimo esfuerzo, podemos hasta sentirnos identificados. Pero las mariliendres no. Las mariliendres no gozan de espacios propios en los que puedan ser.
Uno no puede dejar de recordar la época en la que actuaba de "mariliendre" de los heterosexuales, yendo a sus bares, buscando desesperadamente de madrugada una mirada perdida que se encontrase con la propia unos instantes más de lo habitual. Me divertía, es verdad, pero siempre quedaba un poso amargo, un resabio punzante cuando uno observaba a parejas de amigos amándose. El marica mariliendre con traje de heterosexual que yo era permanecía solo mientras el resto dejaba que actuaran el alcohol, la noche, la música y las feromonas camufladas pero latentes bajo humos y perfumes varios. Fueron tiempos de simular ser lo que uno no es y de borracheras reales o fingidas para no tener que pasar por lo que no se desea.
Cuando observo a las mariliendres siento verdadera fascinación y ternura.
Consiguen abrirme las compuertas del cariño. Mi impresión personal es que son mujeres que no han encontrado su sitio y que buscan tanto dar como recibir alguna clase de amor, y puede que hasta obtener aceptación de otros seres que también lo han buscado y que muy probablemente lo andan acechando desesperadamente. Las mariliendres no suelen ser heterosexuales modelo y puede que sea eso lo que impulsa la atracción de ambos polos. Las víctimas nos (re)conocemos muy bien, dijo Boy George. El rechazado por maricón y la marginada hasta por sus propios iguales con argumentos tan convincentes como la fealdad o la gordura encuentran rápidamente motivos para la alianza y el apoyo mutuos. El marica puede abrir su corazón, orear su armario, contar peripecias y andanzas inenarrables al resto de los heterosexuales mortales, reir, bailar, tocar, y hasta besar a una mujer sin malos entendidos. La mariliendre bascula entre diosa venerada, mitificada, adorada, "divinizada", y mujer maltratada por mariquitas con complejo de Peter Pan o centros del universo. Las más maternales pueden dar rienda suelta a sus instintos de protección o convertirse en sufriditas Wendies. La mariliendre siempre está para el marica ¿Se puede decir lo contrario? ¿Hasta cuando aparece el enésimo "verdadero amor de mi vida"?
Pero pese a ello, uno siempre se pregunta por qué están y siguen ahí. Está claro que junto a la amistad de "mejores amigas", intuyo que también existen razones como el miedo a la soledad y al rechazo. ¿Cuántas mariliendres alcanzan con facilidad relaciones de pareja estables o tienen una vida sexual medianamente satisfactoria? ¿Cuántas son amadas? Es más, me atrevo a formular la siguiente pregunta ¿Cuántas no estarán (secretamente) enamoradas de su mariquita? ¿Cuántas no esperarán en silencio poder compartir sus vidas con ese hombre especial con el que mantienen una relación de pareja con la salvedad de la sexualidad genital?
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Max
Uno no puede dejar de recordar la época en la que actuaba de "mariliendre" de los heterosexuales, yendo a sus bares, buscando desesperadamente de madrugada una mirada perdida que se encontrase con la propia unos instantes más de lo habitual. Me divertía, es verdad, pero siempre quedaba un poso amargo, un resabio punzante cuando uno observaba a parejas de amigos amándose. El marica mariliendre con traje de heterosexual que yo era permanecía solo mientras el resto dejaba que actuaran el alcohol, la noche, la música y las feromonas camufladas pero latentes bajo humos y perfumes varios. Fueron tiempos de simular ser lo que uno no es y de borracheras reales o fingidas para no tener que pasar por lo que no se desea.
Cuando observo a las mariliendres siento verdadera fascinación y ternura.
Consiguen abrirme las compuertas del cariño. Mi impresión personal es que son mujeres que no han encontrado su sitio y que buscan tanto dar como recibir alguna clase de amor, y puede que hasta obtener aceptación de otros seres que también lo han buscado y que muy probablemente lo andan acechando desesperadamente. Las mariliendres no suelen ser heterosexuales modelo y puede que sea eso lo que impulsa la atracción de ambos polos. Las víctimas nos (re)conocemos muy bien, dijo Boy George. El rechazado por maricón y la marginada hasta por sus propios iguales con argumentos tan convincentes como la fealdad o la gordura encuentran rápidamente motivos para la alianza y el apoyo mutuos. El marica puede abrir su corazón, orear su armario, contar peripecias y andanzas inenarrables al resto de los heterosexuales mortales, reir, bailar, tocar, y hasta besar a una mujer sin malos entendidos. La mariliendre bascula entre diosa venerada, mitificada, adorada, "divinizada", y mujer maltratada por mariquitas con complejo de Peter Pan o centros del universo. Las más maternales pueden dar rienda suelta a sus instintos de protección o convertirse en sufriditas Wendies. La mariliendre siempre está para el marica ¿Se puede decir lo contrario? ¿Hasta cuando aparece el enésimo "verdadero amor de mi vida"?
Pero pese a ello, uno siempre se pregunta por qué están y siguen ahí. Está claro que junto a la amistad de "mejores amigas", intuyo que también existen razones como el miedo a la soledad y al rechazo. ¿Cuántas mariliendres alcanzan con facilidad relaciones de pareja estables o tienen una vida sexual medianamente satisfactoria? ¿Cuántas son amadas? Es más, me atrevo a formular la siguiente pregunta ¿Cuántas no estarán (secretamente) enamoradas de su mariquita? ¿Cuántas no esperarán en silencio poder compartir sus vidas con ese hombre especial con el que mantienen una relación de pareja con la salvedad de la sexualidad genital?
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Max





