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Blog de Piaf
O el intento desesperado de un chico gay de 27 años que luchaba por empezar a vivir.
Acerca de
El blog de Piaf es un espacio en el que quiero recopilar los mensajes más relevantes que publiqué desde septiembre de 2000 hasta finales de 2006 en el newsgroup "es.charla.gay-lesbiana". También incluiré algunos de los mensajes escritos por algunos miembros de aquella vieja comunidad que fueron importantes para mí (ellos y sus mensajes). Todos estos mensajes son públicos y están disponibles en Internet.

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OFF TOPIC: Mi abuela (Nota del autor: Es el mismo post que el de "Filias y fobias").
Cuando yo nací, mi madre trabajaba fuera de casa. Y durante los 5 primeros años de mi vida, mis abuelos, que eran ya mayores por aquel entonces, me cuidaban cuando mi madre no estaba en casa.
Yo dormía en su casa. Y lloraba cuando mis padres me dejaban allí a dormir para no despertarme temprano por la mañana cuando ellos se iban a trabajar.
Pero sólo lloraba entonces.
Por la mañana, cuando me despertaba, mi abuelo ya estaba escuchando la radio, y muchas veces me despertaba escuchando el Ave María, o la sintonía de "Protagonistas", que ya existía por aquel entonces.
Mi abuela me llevaba a comprar el pan y me compraba una chocolatina de aquellas que venían en forma de moneda con un envoltorio metálico de colores con unos muñecos pintados en cada cara.
Después llegábamos a casa y mientras mi abuela hacía la comida, mi abuelo me llevaba al parque de "los pinos" (que más tarde supe que nunca se llamó así, pero claro, para mi abuelo era el parque de "los pinos", reminiscencias de su vida serrana), aunque nunca me dejaba
subir en los aparatos. Tan sólo en el tobogán y en los columpios (cuando él me acompañaba para hacer cola, porque sino todos los niños se me colaban y acababa sin poder montarme. Pero si estaba mi abuelo allí...ja, anda que se iban a colar!).
Cuando llegábamos a casa después del paseo, mi abuela ya estaba haciendo la comida, y yo me metía en la cocina con ella. Le pedía "pececitos" (unos snacks que vendían a granel en forma de pez, que creo que aún se venden), y hablaba con ella. No recuerdo que me
diera mucha conversación, ni tampoco lo que yo le decía. Pero siempre me decía, con una sonrisa en la boca, que era un cascarreta (hablaba por los codos, aunque yo no me acuerdo).
Luego mientras comíamos, escuchábamos "Lo toma o lo deja", en Radio Barcelona.
Después mi abuelo siempre quería ver "el parte" (el telediario), y se ponía muy serio delante de la tele (yo lo encontraba superaburrido y me sentía triste porque mi abuelo se enfadaba mucho cuando hablaba mientras estaban dando el parte).
A mediodía, mi madre volvía de trabajar, y me traía una tira de caramelos superlarga, que creo que también venden todavía. Y a veces, caramelos "Snipe", que estaban buenísimos.
Luego empecé a ir al colegio, y mi abuela venía a recogerme a veces. Yo prefería que viniera mi madre, pero cuando venía ella era genial, porque siempre me compraba alguna chuchería.
De aquella época guardo menos recuerdos de mi abuela, mi madre dejó de trabajar, y aunque la veía a diario, ya era diferente.
Pero cuando empecé a hacerme más mayor, a mediodía, cuando volvía del colegio, siempre iba a casa de mi abuela, que en realidad era y es la casa de mis tíos (aunque sigue siendo la casa de la abuela). Allí a las dos seguía escuchando con mis abuelos "Lo toma o lo deja", y a veces había llegado a acertar la sexta pregunta, por 16.000 pesetas. Allí siempre cogía pan para comer, porque me estaba más bueno que en mi casa (y eso que mi abuela lo compraba en la misma panadería que mi madre). Yo decía que era por el cajón, y sigo pensando que estaba más bueno.
Mi abuela siempre había estado a la sombra de mi abuelo, una persona muy autoritaria, a la que no se le podía decir nada porque con la mirada mataba. Una vez montó un pollo impresionante porque mi hermano y yo hacíamos una cosa muy divertida, que consistía en juntar la boca como cuando das un morreo, sin que quede ninguna salida de aire, y
soplábamos. Se nos hinchaban los carrillos hasta reventar y nosotros nos meábamos de risa. Le dijimos, "yayo mira los que hacemos". Y él se puso como una fiera porque parecíamos dos maricones. (Yo por entonces no entendía lo que quería decir con eso).
Cuando mi abuelo murió, todos nos pusimos muy tristes, porque en el fondo, le queríamos mucho, y él a nosotros también, aunque nunca nos demostró demasiado afecto. El gesto más simpático que recuerdo de él, era que me hacía "bujeros" con el dedo en la tripa, y me hacía
cosquillas. Yo me meaba de la risa. Y él también. Entonces yo le veía el diente de oro que tenía. Siempre me acordaré de su sonrisa. No sé porqué no sonreía más.
Supongo que por la vida tan dura que tuvo. Huérfano de padre, y cabeza de família desde los 10 años, siempre fué muy trabajador y padre y hermano protector.
Cuando murió, hace 11 años, mi abuela se sintió "más libre". Y contaba cosas que hasta entonces nunca había contado. Siempre me acordaré de que me encantaba ir a casa de mi abuela y encontrarla sola para que me contara cosas de la guerra.
Ella decía que había sufrido mucho, porque al casarse con mi abuelo en los años de la guerra, en un pueblo de menos de 300 habitantes donde todo el mundo se conoce y es família, la suya se dividió en dos y ella se quedó en medio. Ella era de família de derechas (de esas que tienen
4 pinos en el monte y 4 ovejas, y que por eso se creen con más derechos que los demás), y mi abuelo era rojo.
Siempre decía lo mismo. "Eran todos iguales". Cuando los rojos dominaban el pueblo entraron en casa de su hermano y le robaron todos los sacos de trigo de la cosecha, y les dejaron sin grano para poder hacer pan durante ese año. Entre otras tropelías. Y cuando estaban los otros, a mi abuelo lo llevaron preso al cuartel de la guadia civil, por escuchar Radio España-Emisión Pirenaica. Mi madre recuerda que mi abuela sufría un montón, y que siempre estaba riñendo
con mi abuelo para que pusiera la radio más baja para que no le oyeran, y no se lo volvieran a llevar preso.
Al final de la guerra, desterraron a mi abuelo a Barcelona (supongo que gracias a eso yo estoy ahora aquí). Y aquí pasaron "el año del hambre", que no sé exactamente cuál fué.
Aprendí muchas cosas de mi abuela. Ella siempre decía que ella nunca iba a ir a votar, porque todos son iguales (pensando en los tiempos de la guerra, y lo que ella pasó entonces).
Hace unos años, empezó a quedarse sorda, y ya no le apetecía mantener conversaciones largas como las que habíamos tenido hasta entonces. No sé. Supongo que se cansaba. Nunca se lo pregunté.
Hace unos meses, yo le compré el piso en el que habían vivido cuando llegaron a Barcelona, y en el que pasé mi infancia junto a ellos, y del que guardo tantos y tantos recuerdos. Ella se emocionó mucho cuando dije que me lo quería quedar. Y cuando firmamos la compra-venta en su casa, me dijo con lágrimas en los ojos, que ojalá fuera la mitad de feliz en el piso, de lo que ellos lo habían sido.
El jueves por la noche fuí a ver a mi abuela. Estaba bien. Con muy pocas fuerzas, eso sí. Ya hace tiempo que dijo que aunque vinieran a verla visitas de cumplir, ella ya no se levantaba del sofá. Y es que una vez se le escapó un pedete de la fuerza que tuvo que hacer.
Cómo se reía despues!!!
El viernes cuando volví de trabajar, mi madre me dijo, que la abuela había perdido la cabeza. Que sólo hacía que decir disparates y que estaba fatal.
Cuando me metí en la ducha, me sentí muy triste, y me puse a llorar. No quería que se fuera. Y sentía que ya se había ido. Que si había perdido la cabeza, de alguna forma es como si se hubiera muerto. Y me dió mucha pena, porque aunque tiene 90 años y es algo que cabe esperar en cualquier momento, todavía no he aceptado que un día se irá para
siempre.
Ayer la vi y se me cayó el alma a los pies. No tuve ánimos para salir de casa.
Pero hoy me he levantado con otro ánimo.
Quiero mucho a mi abuela, y aunque haya perdido el juicio, está viva, y ahora necesita más que nunca que estemos a su lado, que le demos el cariño que nunca hemos sabido demostrar en mi familia y que tanto me cuesta demostrar a las personas a las que quiero.
Me gustaría que la hubierais conocido. Con 90 años, es la persona más tolerante que he conocido. Todo lo que hacía la gente con su vida privada, le parecía bien: "La fulana se ha desapartao. Bien que ha hecho. En estos tiempos, igual yo también lo había hecho".
"El fulano tiene una novia. Llevan 10 años juntos y cada uno vive en su casa, y no tienen idea de arrejuntarse ni casarse ni ná. Pos si están bien así pa que se van a arrejuntar. Que se junten cuando quieran y ya está".
Siempre me ha sorprendido y he admirado esa actitud de mi abuela. Esa asimilación de los "nuevos tiempos" que ha llegado a vivir, aunque muchas cosas no las entienda.
Me quedo con la duda de saber como hubiera aceptado mi homosexualidad. No sé si lo habría aceptado, pero tengo la seguridad total y absoluta, de que me habría seguido queriendo tanto como ahora.
Nunca le he dicho lo mucho que la quiero, pero estoy seguro de que ella lo sabe. Porque yo sé lo mucho que ella me quiere, aunque nunca me lo haya dicho tampoco.
La voy a echar mucho de menos. Pero los años que hemos vivido juntos no los olvidaré mientras viva. Y el lugar que ocupa en mi vida va a dejar un vacío difícil de llenar.
Besos.
Chao.
Piaf.

29 oct 2000
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