Blogs.ya.com Quitar publicidad
AVISO IMPORTANTE: ESTO NO ES UN DIARIO
Pensamientos y vivencias de una Perfecta Ilusa
Acerca de
Soy como todas las demás, de carne y hueso. No soy una belleza de mujer, no tengo pelo rubio, ni ojos claros. No tengo el cuerpo de Miss Universo ni mucho menos las riquezas. Pero soy apestosamente feliz... y con eso me basta.
Sindicación
 
De regreso
Tras cientos de problemas de conección e interminables horas de trabajo, regreso al lugar donde guardo mis pensamientos.

Se me ha triplicado la carga de trabajo, llego tan agotada en las noches que apenas puedo mantener los ojos abiertos por más de un rato. Mi jefe, al que estimo mucho (a pesar de tener todos los defectos caracteristicos de los jefes), se le ha venido el mundo abajo tras descubrir la infidelidad de su esposa. Durante las pasadas tres semanas ha sido poco el tiempo que ha pasado "supervisandonos"... y cuando está, lo que provoca es lástima. Sus ojos constantemente hinchados, la voz cortada, la mirada distraída... todos los síntomas típicos de una profunda depresión.

Una de mis compañeras, la más antigua de nosotras, ya tenía sus vacaciones pautadas para ésta época. Y la otra, la más nuevita, ha abandonado el empleo. O sea... me toca manejar mi área prácticamente sola por las próximas dos semanas.

Entonces... ¿que tiempo me queda para socializar? Pues poco, pero hago el esfuerzo.

Tengo un "amigo", le llamaremos José. Lo conocí a traves de aquí mismo, hace un par de años. Luego de una larga amistad telefónica y cibernética, decidimos encontrarnos con un pretexto muy casual: le iría a entregar unos cd's que le grabé con mucha de su música favorita. Desde ese día la amistad siguió creciendo, y aveces sentimos que eramos más que amigos. Entre nosotros fue creandose esa dependencia, o como se llame... ese sentir de que debemos estar en contacto mil veces al día, de que no podemos tomar decisiones críticas sin consultar con el otro. Pero a la misma vez nos fuimos dando cuenta de lo inmensamente diferentes que podemos ser, y esas diferencias poco a poco fueron creando un abismo entre nosotros. Entonces en lugar de dialogar, comenzamos a discutir con más frecuencia. El uno jamás podía comprender la opinión del otro, y cuando esas opiniones se econtraban en el centro, estallaban en peleas y hasta palabras dolorosas.

Pero hace dos semanas parece que todo está ubicandose en su lugar otravez. Hablamos más tranquilamente, y hemos compartido una cena casi en total silencio, pero no de ese silencio incómodo que hace que algo te chille en los oidos... sinó un silencio de tranquilidad, de paz. Como una oportunidad de mirarnos y estudiarnos mutuamente sin reservas.

El sábado pasado quedamos en que el domingo nos ibamos a ver, a pasar la tarde y la noche juntos. Ese día, no se porqué, tomé tiempo extra para arreglarme (total, él me ha visto en mis peores y mejores díás). Me puse una camisa roja, con un escote impresionante, unos calzones negros muy ceñidos al cuerpo, y mis zandalias negras preferidas. Pero... todo eso fue en vano. El muy tonto no apareció a la cita. Mas sin embargo, la noche no fue un desperdicio... me fui con mi mejor amiga a un bar y allí la pasamos de lo más bien. Nos conseguimos un par de gringos y hasta me tomé unas cuantas cervezas. En fin, llegué a la casa a las 2:30 de la madrugada.

El lunes a primera hora mi celular timbraba y timbraba. No tenía que mirarlo para saber que era él, no le respondí ni una sola llamada. A media mañana me envió un SMS: "gracias por ignorar mis llamadas." Por supuesto, tampoco le respondí. A medio día, cuando se acercaba mi hora de almuerzo, comenzó a enviarme más SMS: "tengo mucha hambre", "no sé que me comería", "me ayudas a escoger?", "vamos, respondeme, no seas así"... Igual no le respondí, porque jamás pensé que cuando pusiera un pie afuera de mi trabajo para irme a almorzar, él estaría ahí esperandome con una rosa en la mano. Luego de tragar profundo unas siete veces, acepté su invitación a llevarme a almorzar.

Nunca había sido tan atento conmigo, hasta recordó cual era mi plato preferido de ese restaurante específico, aunque solo se lo había contado, puesto que nunca habíamos ido juntos ahí. Me pidió miles de disculpas, y entre una y otra decidí disculparlo (pero sin dejarselo saber, claro). Cuando me llevó de regreso al trabajo sacó de la parte trasera de su carro una bolsa, donde tenía dos regalitos que me había traido, adicional a una linda carcasa que me trajo para mi nuevo celular que me compré hace dos semanas. Nos despedimos con un simple abrazo, y un roce de los labios.

Desde ese día hemos hablado varias veces con bastante tranquilidad. Creo que estamos reaprendiendo a ser como eramos antes, pero no puedo decir que siento algo por él ni remotamente parecido al amor. Ya veremos como surgen las cosas.
 
Viceversa
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oirte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Mario Benedetti