Todo empezó con unos pantalones iguales...
Dicen por ahí que hace unos diez años, aparecimos con los mismo pantalones, beig con florecitas rojas sentadas en la entrada de lo que poco después se convertiría en nuestra segunda casa; pura casualidad que no podía decirnos que durante los próximos cuatro años no solo los pantalones, sino los polos, jerséis, sudaderas...
Quién podía decir que esas coincidencias se convertirían en los recuerdos de hoy.
Quien diría que ayer, hoy y muchas veces que nos juntamos a, como no, comer, cenar o merendar recordaríamos a una loca dándose la vuelta en mitad de clase para hacer la “hormiguita”, exámenes de formulación que desaparecían de las mesas, exámenes de latín que daban a entender que las chicas se habían picado (jeje, iluso...), las palmadas que hacían aparecer a un Paulino entre tiza para preguntar que habías hecho en verano –pos yo estar en mi pueblo...pos una calle-, a una pobre chica sacada a la pizarra a poner faltas de ortografía cometidas en un examen de ciencias, un examen de latín leído por lo mal traducido que estaba, o una clase de lengua a cambio de una de filosofía. Memorable igualmente es el estrés provocado por decir las derivadas con cronómetro, las notitas pasadas en clase o lo mejor de todo... que le regañaran a alguien que no correspondía que se sentaba detrás de ti y que encima te ponía los pelos en toda tu mesa...
Diez años conociéndonos, deprisa o despacio; pero cuando ahora hablamos, todos sabemos cuando hay que leer entre líneas (aunque cada vez menos...), cuando hay que tener menos en cuenta lo dicho o cuando perdonar un comentario demasiado borde. Diez años compartiendo clases, equipos, recreos, tardes de goku, tardes de sábado o la tapa de los miércoles ( que por cierto hay que retomar) o el perrear en Calahonda, Beznar o Alhelín...
Diez años “aguantándonos”, queriéndonos tal y como somos, a cada una de nosotras... Somos unos genios.
Parece que instaurar la comida de los últimos jueves de cada mes, nos hace acercarnos un poco al mundo de los mayores, pero ¿qué queréis que os diga? Si es con vosotros, no me importa hacerme mayor... ¡Dios bendiga las fondís! ¡Dios bendiga el subidón del chocolate! Y... primera anécdota para recordar: la pompa de chocolate o el heroico y generosísimo cedimiento del dátil con baicon...
Quién podía decir que esas coincidencias se convertirían en los recuerdos de hoy.
Quien diría que ayer, hoy y muchas veces que nos juntamos a, como no, comer, cenar o merendar recordaríamos a una loca dándose la vuelta en mitad de clase para hacer la “hormiguita”, exámenes de formulación que desaparecían de las mesas, exámenes de latín que daban a entender que las chicas se habían picado (jeje, iluso...), las palmadas que hacían aparecer a un Paulino entre tiza para preguntar que habías hecho en verano –pos yo estar en mi pueblo...pos una calle-, a una pobre chica sacada a la pizarra a poner faltas de ortografía cometidas en un examen de ciencias, un examen de latín leído por lo mal traducido que estaba, o una clase de lengua a cambio de una de filosofía. Memorable igualmente es el estrés provocado por decir las derivadas con cronómetro, las notitas pasadas en clase o lo mejor de todo... que le regañaran a alguien que no correspondía que se sentaba detrás de ti y que encima te ponía los pelos en toda tu mesa...
Diez años conociéndonos, deprisa o despacio; pero cuando ahora hablamos, todos sabemos cuando hay que leer entre líneas (aunque cada vez menos...), cuando hay que tener menos en cuenta lo dicho o cuando perdonar un comentario demasiado borde. Diez años compartiendo clases, equipos, recreos, tardes de goku, tardes de sábado o la tapa de los miércoles ( que por cierto hay que retomar) o el perrear en Calahonda, Beznar o Alhelín...
Diez años “aguantándonos”, queriéndonos tal y como somos, a cada una de nosotras... Somos unos genios.
Parece que instaurar la comida de los últimos jueves de cada mes, nos hace acercarnos un poco al mundo de los mayores, pero ¿qué queréis que os diga? Si es con vosotros, no me importa hacerme mayor... ¡Dios bendiga las fondís! ¡Dios bendiga el subidón del chocolate! Y... primera anécdota para recordar: la pompa de chocolate o el heroico y generosísimo cedimiento del dátil con baicon...





