el otro, también abierto
Soñar con un ojo abierto o cerrar los dos. Esa es la cuestión.
Al tener un ojo abierto, veo lo que hay; pienso con la cabeza y siento con el corazón. Pero me da la sensación que no arriesgo todo. Arriesgar todo sería cerrar los ojos y caminar. No se si sería capaz. ¿Dónde iría? Si cierro los ojos, no veo la meta, ni siquiera el camino. Quizá no tenga que verlo.
Si dejo un ojo guiñado, pienso que pongo excusas a soñar; pero cierto es que para saber que estoy soñando, en algún momento tengo que despertar, para darme la vuelta y seguir soñando, con los ojos bien cerrados.
Ya lo tengo. De eso se trata. Es justo como antes de dormir; solo basta pensar lo que quiero soñar, para cerrar los ojos y soñarlo... Pensaré lo que quiero soñar; así veré el camino claro, la dirección correcta y podré cerrar los ojos para echar a andar.
No se trata de soñar dejando un ojillo abierto, sino abrirlos un minuto para saber donde quiero ir y después, tenerlos cerrados tanto tiempo como pueda... para soñar.
Dejar un ojo abierto
Hay una viñeta de Mafalda, que dice algo así; se ve a Mafalda tras unos señores que conversan en la puerta de un bar:
-¡Cambiar el mundo! ¡JA!...¡Cosas de la Juventud!
-También yo cuando era joven tenía esas ideas, y ya ve...
Mafalda va corriendo, acalorada a hablar con sus amigos y les dice:
-¡Sonamos muchachos! ¡Resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno!
Soñar dejando un ojo abierto, porque si cierro los dos lo mismo no me despierto ,lo mismo es que me da miedo la oscuridad. Pero creo que tengo que dejar uno abierto, aunque sea entornado, para ver que tengo delante. Pagar el precio de hacer los sueños a medida o pagar el precio de los sueños, simplemente. Convencerme de que son Tus sueños y los hago míos.





