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Memorias de un mindundi
Un día se nace y otro se muere, pero en medio pasan muchas cosas. ¿Por qué no contarlas?
Acerca de
Ya me ireis conociendo, ya. Al fin y al cabo, este cuaderno va sobre mí. AH, AQUÍ APARECEN LOS ÚLTIMOS ARTÍCULOS, PERO PARA QUIEN LE INTERESE CONOCERME DESDE MI NACIMIENTO ("hay gente pa tó"), ES MEJOR QUE EMPIECE LEYENDO EN ORDEN, DESDE LOS ARCHIVOS DE MARZO.
Sindicación
 
El amigo americano
Probablemente fue en séptimo de E.G.B. A nuestra clase llegó un compañero nuevo. Su padre debía tener uno de esos trabajos itinerantes que a nosotros se nos escapaban de nuestras entendederas. Él era de Navarra, y su manera de hablar nos sonaba a todos exageradamente "finoli". Pronto olvidamos su nombre y empezamos a llamarlo indistintamente con dos motes. El que menos usábamos era el más obvio, Navarrico. Pero el nombre con el que al instanté empezó a ser conocido y que sepultó en el olvido a su verdadera identidad fue el de El Americano. ¿Por qué? Simplemente porque hablaba distinto, vocalizaba bien, pronunciaba las "eses". Un tipo raro.

El Americano era además un chico listo, estudioso, bien vestido, cuando el profesor que montaba obras de teatro pensaba en un protagonista, inmediatamente confiaba en él, pues su dicción era perfecta. Los ingredientes adecuados para despertar la envidia y el odio de todos los demás. Sin embargo, recuerdo haber hecho buenas migas con él.

Una cruz para él y una bendición para nosotros era la forma física de su madre. Sus padres habían alquilado un chalet en el pueblo, y de vez en cuando íbamos allí a jugar. Bueno, jugar era una excusa. Lo que nosotros queríamos (doce años y la testosterona empezando a dominarnos) era ver a su madre. Nosotros, que teníamos madres trabajadas, con manos rugosas de fregar el suelo de rodillas, no entendíamos cómo se podía tener una madre que estuviera tan buena. Tuvo que ser duro para el Americano oírnos todos los días comentarios obscenos sobre ella. Era el pago que tenía que soportar si quería tener amigos.
 
Comentario:
¡joder! ¡el americano! ¿Dónde coño tenías guardado al americano en la memoria? Hasta hoy jamás lo volví a recordar.
No