la historia de la piedra anónima
Tocó el timbre y todos los niños salimos al patio. Yo caminaba muy tranquilo hacia donde mi prima me esperaba. Iba solo.
De pronto, venida de Dios sabe dónde, una piedra apareció del cielo y me golpeó en la frente. Inmediatemente, comencé a sangrar. Me dolía y me asusté, así que con cinco años sólo podía hacer una cosa: llorar.
Cuando las monjas me vieron llorando y con sangre en la frente corrieron hacia donde yo estaba y me llevaron al interior, para curarme la herida con algodón y mercromina. Pero, y ahí está lo malo del asunto, no se limitaron a curarme, sino que les dio por juzgarme.
¿Que tienes sangre en la frente? Eso sólo puede indicar una cosa: estabas peleándote con tus compañeros. Me echaron una bronca tremenda. Yo les explicaba que no era sí, que yo iba solo y la piedra me dio, que no sabía quién me la había tirado. Pero ellas no me creían.
¿Sabéis la impotencia que sentía intentando explicar una y otra vez que mi teoría era la cierta y comprobando que no había manera de que me creyeran? No sólo me siguieron riñendo, sino que ante mi insistencia en decirles que se equivocaban, llegaron incluso a zarandearme para que me callara y... ¡me castigaron!
Aquella injusticia me indignó muchísimo. De hecho, durante mucho tiempo he sufrido bastante viendo películas del género "falso culpable" y creo que se debe a que todas me recuerdan a aquel momento en que las monjas me lo hicieron pasar tan mal.
De pronto, venida de Dios sabe dónde, una piedra apareció del cielo y me golpeó en la frente. Inmediatemente, comencé a sangrar. Me dolía y me asusté, así que con cinco años sólo podía hacer una cosa: llorar.
Cuando las monjas me vieron llorando y con sangre en la frente corrieron hacia donde yo estaba y me llevaron al interior, para curarme la herida con algodón y mercromina. Pero, y ahí está lo malo del asunto, no se limitaron a curarme, sino que les dio por juzgarme.
¿Que tienes sangre en la frente? Eso sólo puede indicar una cosa: estabas peleándote con tus compañeros. Me echaron una bronca tremenda. Yo les explicaba que no era sí, que yo iba solo y la piedra me dio, que no sabía quién me la había tirado. Pero ellas no me creían.
¿Sabéis la impotencia que sentía intentando explicar una y otra vez que mi teoría era la cierta y comprobando que no había manera de que me creyeran? No sólo me siguieron riñendo, sino que ante mi insistencia en decirles que se equivocaban, llegaron incluso a zarandearme para que me callara y... ¡me castigaron!
Aquella injusticia me indignó muchísimo. De hecho, durante mucho tiempo he sufrido bastante viendo películas del género "falso culpable" y creo que se debe a que todas me recuerdan a aquel momento en que las monjas me lo hicieron pasar tan mal.
Comentario:
si es que... que mania tenian los mayores de desconfiar de los niños! cuando no acusas a nadie es porque tienes miedo de que alguien te haga algo y te callas y cuando acusas a alguien seguro que te lo hiciste solo y quiere cargarle el muerto a otro!!
el caso era volvernos locos!
que infancia mas injusta!
el caso era volvernos locos!
que infancia mas injusta!





