Confesiones íntimas sin ningún valor ni pretensión literaria

Esta noche pasada no han sido los rayos del Sol por la ventana los que me han despertado, ni una voz al otro lado de la puerta, ni el timbre brusco de mi despertador aullando en la mesilla o alguien insistiendo por teléfono. Han sido mis propios sollozos, la falta de respiración en mi pecho los responsables de que abriera los ojos y encendiera la luz. Ni tan siquiera al incorporarme en la cama se alejaba el llanto, la angustia seguía sin desaparecer de mi alma. Mis ojos iban mirando de reojo el viaje de las agujas del reloj: las 4:54, y luego las 5:08, las 5:40..., los minutos pasaban tan deprisa como rápido desaparecen las mejores piezas de ropa el primer día de rebajas. Asustaba la avidez con qué avanzaban esas agujas, sus ansias de comerse el tiempo como si alguien amenazara en ir a robarlo. Cada vez que vanamente intentaba dejar de llorar, aparecían en mi mente, veloces, fragmentos de ese sueño aferrado en mi cabeza.
Y es que después de casi nueve años me cuesta tanto no acordarme de tí... porqué sé que son tantas las veces que necesito tu mano que de un modo mágico me protegía del mundo, de mis temores. Y aunque era niña, todavía busco en los rincones de mi casa esa caja de videojuego cuyo nombre no he conseguido retener. Tu último regalo en tus también últimas Navidades en las que fui feliz. (Tal vez permanezca ahi el germen de mi aversión a esta época del año).
Necesito encontrar esa caja porque es el último objeto que vi ofrecerme entre tus débiles dedos, ya carentes de la fuerza con qué sujetabas la raqueta en esos lejanos días de vino y rosas. Algo en mí me rezumbaba en el alma que no te volvería a ver; aun sin saber realmente lo que eso significaba. Tú lo sabías con certeza y tardaste ocho días en darte la razón.
Sucede lo que debía pasar cuando uno se marcha antes de que los de su alrededor estén preparados para ver como ese alguien se va. Tú no tenías todavía ese pasaporte con nuestra autorización, aunque me temo que todavía no lo obtendrías a día de hoy. No te reprocho nada, sólo que no me diste tiempo, ni juicio, ni años para hacerme una idea de lo que irte significaría. Derrochabas tanta vida solo con tenerte cerca y ahora te llevaste para tí todo ese sentido que regalabas con cada sonrisa tuya, cada chiste, comentario, cada palabra... Son tantas, tantas cosas que hoy me gustaría poder decirte, preguntarte, escucharte...
Sé que en noches como esta me has tocado con tu varita para decirte que también nos echas de menos y que por esto necesitas colarte en mi sueño, tú única forma de viajar. Y sé también que ahora matarías por no verme llorar de esa forma desmesurada pero se te dibuja media sonrisa en esos labios tan finos, cada vez que recuerdas que es imposible dejar de pensarte después de tu ausencia. Sólo quiero que sepas, allá dónde estés, que hoy daría el alma por una despedida digna y que el último adiós sería solo un "hasta luego, nos vemos a la vuelta de esta esquina que es la vida", y al imaginar esto temo menos la idea irremisible de desaparecer algún día, porqué sé que almenos, en ese lugar, estarán esos brazos tuyos esperándome para darme ese abrazo que tanto añoro esta noche.
Comentario:
nena...que estic inspirant a fons per a que la llàgrimeta no caigui...uffs...
un petó
un petó
Comentario:
Siempre consigues que que tu texto se contagie, que sienta que soy yo la narradora.Transmites tanto...que me siento una plagiadora al sentir que tus narraciones no las habria descrito mejor una misma para expresar lo que llevo dentro. En esta lo has conseguido especialmente.
Schatz
Schatz





