Ingenuos pretextos para no confesar que te echo de menos

No, de verdad, que no me pasa nada. ¡Pues claro que te lo contaría! Sí, he dormido bien esta noche y la otra también. ¿No recuerdas que me has tenido que despertar que eran ya más de las 12? ¿Pero cómo quieres que esté cansada si estos días no hago más que comer, leer y dormir? Casi lo mismo que un bebé. Sí que soy la misma de siempre, ¿por qué dices eso ahora? No es cierto que esté como ausente, eso son manías tuyas. Yo no voy a ningún médico para que me acabe diciendo que tengo los ojos hinchados; me tomaría por una hipocondríaca o una histérica. ¡Pues a mí no me da igual! ¿No ves que ya te tiene “clichada”? ... eh... eh... además, creo que estos días me estoy constipando un poco, además del cloro de la piscina, que últimamente pica mucho. Eso, o que debo de tener alguna alergia. Sí, mujer, a esos árboles y esas plantas a los que no estoy acostumbrada en Barcelona. Exacto mamá, esto debe de ser el polen, el polen que desprenden las flores, ¿no ves que estamos en verano? Sí, ya sé que en primavera también, pero te digo yo que en verano todavía dura esto de las poluciones... o cómo se les llame. Venga, vuelve a apagar esa luz, que me está entrando el sueño. Buenas noches mamá, hasta mañana. Parecía que no pero el día de hoy ya está a punto de ser olvidado en el calendario... y muerto. Un día más. Un día menos.





