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Paraísos desiertos
Una pequeña aproximación a mi microcosmos
Sindicación
 
Cóctel de fin de verano

Hoy he visto asomarse el otoño a través de los árboles y el viento. De vuelta a casa, cuatro gotas aterrizaban sobre los cristales de mis gafas y me recordaban el fin de un algo y el inicio de un otro. Cruel bienvenida. Resucitaron viejos miedos, nacieron nuevas dudas. Recordé antiguas banalidades las cuales creía enterradas tiempo atrás y deseé volver a sentirme niña, o adulta, o compartir caparazón y abrazos. No sé. Siempre se me han dado muy bien las paradojas. Durante demasiados días - y noches - volví a tener necesidad de esas conversaciones largas, interesantes, y llenas de sustancia que tuve el privilegio de presenciar e incluso tomar parte hace tan poco (o, al menos, a mí eso me parece) con personas realmente fascinantes. Reconozco que antes era menor el miedo a dejar la puerta entreabierta al otro y aprender de las palabras y los silencios. O quizás es que después de tanto contacto con el mundo se nos ha pegado algo de su hipocresía, trivialidad y arrogancia. Hemos olvidado esos inicios a veces mitificados (no injustamente) para acabar aprendiendo a duras penas que quién no pisa es pisado. Aborrezco tener que resignarme a admitirlo. Aborrezco vivir a remolque de lo que dicen o piensan otros en mi nombre. Aborrezco ser tratada como parte del ganado que asiente a todo, que se cuestiona poco, que cambiaria lo pensado por hacer el esfuerzo de pensar, sin permitirse ir más allá de lo preconcebido. O dicho de otro modo, Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado- como escribió Juan Ramón Jiménez - que vendría a ser lo mismo.
Il pleure dans mon coeur comme il pleut sur la ville, ilustró Verlaine en un día, imagino, como hoy.
 
... en estos días grises...

Perdonami
per questa voce, disfatta
dal fumo e dalla fatica e per questa
attitudine decadente.

Perdonami
per questo aspetto, dimesso
ed in triste abbandono. Il passare del tempo
concederà saggezza e buon senso.

La mia rivoluzione è pioggia
sul bagnato, un castello di sabbia
e non lascerà
né infamia, né lode…

Perdonami
se non traggo beneficio dal dubbio
e dai vili silenzi. Il passare del tempo
restituirà onore al vero.

La mia rivoluzione è pioggia
sul bagnato, un castello di sabbia
e non lascerà
né infamia, né lode…

La mia rivoluzione sembra già
lotta contro mulini a vento,
e non porterà
medaglie al valore…

La mia rivoluzione è pioggia
sul bagnato, un castello di sabbia
e non lascerà
né infamia, né lode…

La mia rivoluzione sembra già
lotta contro mulini a vento,
e non porterà
medaglie al valore…

- Carmen Consoli, "Mulini a vento" -
 
Conexiones

Sonaba de fondo, alta, la música de ese cantante pop con deje flamenco, icono adolescente cuyas cuerdas vocales se transformaban ahora en ondas que atravesaban mis dos altavoces en Dolby Sorround. Siempre me decía que había contactado personalmente con él para que escribiese para mí, "ex profeso", las letras de esas románticas melodías que después me grababa en un cedé virgen y me regalaba con una dedicatoria en la contraportada.
Hicimos el amor después de semanas. Fue como una primera vez pero con la experiencia que dan más de 2 años; sin el temor a no saber qué hacer ni de qué manera. Conociendo cada rincón de su cuerpo pero redescubriéndolo a la vez y acariciándolo con el temblor de quién lo hace temeroso sin saber la reacción del otro. Yo sí sé qué parte de su cuerpo debo rozar si quiero ver erizada su piel suave y delicada. Se trata de algo así como un juego de esos en qué tiene que relacionarse una imagen con otra, y al juntar ambas, suena un pitido que aplaude la decisión. Si yo rozo debajo de su brazo derecho, su piel se estremece justo al mismo lado en el otro hemisferio. O soplando levemente en un lado de su cuello, toda la zona que rodea éste se revela y me muestra sus poros como arma de defensa y amenaza. Pero no me asusto. Es imposible algo así cuando me está mirando de esa forma y ¡con qué ojos! En momentos como éste lo único por qué temo es por el día que esas pupilas dejen de buscarme y, a través de las no-palabras, transmitirme mil mensajes, mil sensaciones, que viajan fugitivas por el submundo de nuestros cuerpos.
 
Una huida en instantes breves

Llegar al hotel y ver la cara de sorpresa del conserje al recordar que no ha mandado poner dos camas sino una de la grandes; error imperdonable o favor inconsciente? Mostrar siempre cierta ambigüedad a cualquier parte que vamos. Compartir. Ver salir el Sol. Abrazarte. Largos intercambios de miradas. Risas. Besarte en un lugar entre dos montañas y ser los dos únicos testigos. Despedir el Sol y dar la bienvenida a la Luna. Dormir. Conocerte un poquito más. Sentirme un poco culpable de tanta felicidad. Tener miedo y necesidad de decir pequeñas mentiras piadosas para no hacer daño y sobrevivir un poco más. Verte amanecer. Hablar sin palabras. Estar orgullosa de esto. Despertarme entre tus abrazos, besos y susurros. Verte a lo lejos y saber que el verbo traicionar no existe en tu diccionario. Secretos a media voz. Confesarme que lo soy todo. Repetirte que lo eres todo. Tener la certeza de estar vivos. Amistad. Vivir cada momento como si fuera el último. Paciencia mutua ante cada una de nuestras debilidades. Aprender que todo tiene su precio. Empatía y respeto siempre. Hacer y deshacer caminos. Amor. Leer libros así como pensamientos. Adivinar en cada momento lo que necesito, lo que necesitas. Averiguar que hace tiempo que dejamos de ser dos. Aprender que hemos dejado atrás la infancia, que ahora todo "va en serio". Besos eternos. Besos robados donde la luz del día no alcanza. Besos, más besos.
 
Confesiones íntimas sin ningún valor ni pretensión literaria

Esta noche pasada no han sido los rayos del Sol por la ventana los que me han despertado, ni una voz al otro lado de la puerta, ni el timbre brusco de mi despertador aullando en la mesilla o alguien insistiendo por teléfono. Han sido mis propios sollozos, la falta de respiración en mi pecho los responsables de que abriera los ojos y encendiera la luz. Ni tan siquiera al incorporarme en la cama se alejaba el llanto, la angustia seguía sin desaparecer de mi alma. Mis ojos iban mirando de reojo el viaje de las agujas del reloj: las 4:54, y luego las 5:08, las 5:40..., los minutos pasaban tan deprisa como rápido desaparecen las mejores piezas de ropa el primer día de rebajas. Asustaba la avidez con qué avanzaban esas agujas, sus ansias de comerse el tiempo como si alguien amenazara en ir a robarlo. Cada vez que vanamente intentaba dejar de llorar, aparecían en mi mente, veloces, fragmentos de ese sueño aferrado en mi cabeza.
Y es que después de casi nueve años me cuesta tanto no acordarme de tí... porqué sé que son tantas las veces que necesito tu mano que de un modo mágico me protegía del mundo, de mis temores. Y aunque era niña, todavía busco en los rincones de mi casa esa caja de videojuego cuyo nombre no he conseguido retener. Tu último regalo en tus también últimas Navidades en las que fui feliz. (Tal vez permanezca ahi el germen de mi aversión a esta época del año).
Necesito encontrar esa caja porque es el último objeto que vi ofrecerme entre tus débiles dedos, ya carentes de la fuerza con qué sujetabas la raqueta en esos lejanos días de vino y rosas. Algo en mí me rezumbaba en el alma que no te volvería a ver; aun sin saber realmente lo que eso significaba. Tú lo sabías con certeza y tardaste ocho días en darte la razón.
Sucede lo que debía pasar cuando uno se marcha antes de que los de su alrededor estén preparados para ver como ese alguien se va. Tú no tenías todavía ese pasaporte con nuestra autorización, aunque me temo que todavía no lo obtendrías a día de hoy. No te reprocho nada, sólo que no me diste tiempo, ni juicio, ni años para hacerme una idea de lo que irte significaría. Derrochabas tanta vida solo con tenerte cerca y ahora te llevaste para tí todo ese sentido que regalabas con cada sonrisa tuya, cada chiste, comentario, cada palabra... Son tantas, tantas cosas que hoy me gustaría poder decirte, preguntarte, escucharte...
Sé que en noches como esta me has tocado con tu varita para decirte que también nos echas de menos y que por esto necesitas colarte en mi sueño, tú única forma de viajar. Y sé también que ahora matarías por no verme llorar de esa forma desmesurada pero se te dibuja media sonrisa en esos labios tan finos, cada vez que recuerdas que es imposible dejar de pensarte después de tu ausencia. Sólo quiero que sepas, allá dónde estés, que hoy daría el alma por una despedida digna y que el último adiós sería solo un "hasta luego, nos vemos a la vuelta de esta esquina que es la vida", y al imaginar esto temo menos la idea irremisible de desaparecer algún día, porqué sé que almenos, en ese lugar, estarán esos brazos tuyos esperándome para darme ese abrazo que tanto añoro esta noche.