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Navegando a la Deriva...
Y el barco de papel, aunque mojado, ponía todo su empeño en continuar flotando
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Que el barco se hunde!!!!!!!!!!!!!!!!!! Noooo, que no se hunde, que esto sigue adelante, aunque sea dando tumbos. Y si se hunde... pues habrá que aprender a sobrevivir ahí abajo también ¿no?


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Regalos al Olvido
Cuando era pequeño solía pensar que a medida que fuera creciendo todo sería más fácil y no habría tanto por lo que preocuparse. Que a medida que fuera aprendiendo, las cosas serían mucho más sencillas, las tendría bajo control y sabría qué hacer y qué decir en cada momento, al contar yo con cierto bagaje experiencial y vérmelas venir.

Se supone que a lo largo del tiempo vivimos y sufrimos. Vamos, que nos dan fuerte y flojo y se nos queda una boca que ya quisieran las muñecas hinchables. Los humanos vamos y vamos aprendiendo incesantemente para enfrentarnos a lo que nos ocurre. Sí, sí, sí, de todo se aprende y blablabla. Estas cosas que se suelen decir cuando lo estás pasando mal. Nos la pegamos unas cuatro o cinco veces y ya creemos que hemos vivido lo suficiente como para decir ciertas cosas a boca llena, creyendo en una verdad supuestamente universal. Es como si todos tuviéramos que alcanzar un nivel de sabiduría que no existe más que en nuestras cabezas, y por eso algunos miran a otros con condescendencia, con la prepotencia de los que creen saber más de la vida y creen tener la verdad verdadera: “esto se hace así, de cualquier otra manera no saldrá bien”.

A todo esto, recuerdo yo una cita de Einstein que dice que Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. Tú sabes de algunas cosas y yo de otras. Juntos sabremos más. Pero seguiremos siendo unos puñeteros ignorantes. Y esto viene a que, yo no sé por qué, pero en ocasiones creemos que tenemos todas las respuestas, cuando éstas varían, siempre varían. No existe un manual para comportarse en según qué momentos y creo que aquí nadie ha descubierto el santo grial sobre cómo conseguir lo que desea, una especie de programa o de pasos a seguir mediante los cuales alcanzar un objetivo marcado. Todo sería genial si dispusiéramos de una receta mágica, ¿no creéis? La cosa podría ser tal que así:

Sujeto: -Quiero ligarme a Fulanito y ponerlo mirando pa Cuenca.

Oráculo de la sabiduría: -Muy bien. Para eso es necesario:
a. un trozo de piel de avestruz en celo.
b. una miajá de hierbabuena tomada de los alpes Suizos.

Sujeto: -Estoooo... ¿Pero allí hay hierbabuena?

Oráculo de la sabiduría: yo que sé. Tú ve y me lo cuentas. Sigo.

c. Semen de un habitante de Cuenca.

1.Hacer la mezcla con paciencia. Remover en una olla exprés mientras cantamos el “Devórame otra vez” moviendo los pechos y en versión Canto Gregoriano.

2.Escupir tres veces en el ungüento en plan gargajoso.

3.Conseguir que el ser amado introduzca la punta de la... de la... de la nariz mientras dice en voz alta “supercalifragilisticuespiladiloso” (y no, no me acuerdo de como coño era esto, me acabo de inventar la palabra).

4.Poner mirando pa Cuenca con cualquier excusa “uy, se me ha caído la pastilla de jabón, ¿me la coges?”, “Llevas los cordones desatados”, “Te apuesto cincuenta eurazos a que no eres capaz de tocarte las puntas de los pies con las manos” o, prescindiendo de sutilezas, “Mira, cari, que es que te quiero poner mirando pa Cuenca, ¿te agachas?”.

Cosas así.

No, por desgracia o por fortuna, no existen unas pautas claves que llevar a cabo para conseguir ciertas cosas. Aunque muchos de los patrones situacionales se repitan hasta la saciedad, aunque a veces creamos que nos encontramos con individuos calcados los unos a los otros y nos veamos venir el futuro como si fuéramos primos hermanos de Rappel. No. Sin embargo, tendemos a pensar que debemos aplicar lo que ya nos ha pasado a lo que estamos viviendo, esperando unos resultados determinados y sin siquiera molestarnos en saber qué ocurrirá. Lo hacemos para sentirnos bien con nosotros mismos, claro, se trata de decir “algo he aprendido, ya no soy un gilipollas” y “no puedo ser tan tonto. Yo soy listo como el que más”. Y no es verdad. Tienes más conocimiento, pero no tienes ni puta idea de lo que verdaderamente va a pasar, No, no la tienes aunque creas, porque sí, que todo va a ocurrir del mismo modo.

Las experiencias nos enriquecen, eso sí (alguna utilidad han de tener), y nos ayudan a conocernos a nosotros mismos y a discernir con claridad lo que queremos y, sobre todo, lo que no queremos. Pero nadie nos garantiza que siguiendo pautas de comportamiento similares con diferentes personas vayamos a obtener los mismos resultados, ni que siguiendo pautas de comportamiento diferentes con la misma persona no vayamos a obtener los mismos resultados. Todo es relativo. Las personas, las situaciones, el movimiento de traslación del planeta Saturno en perpendicular con el eje de la Tierra... todo influye y es diferente en cada caso. Incluso nosotros mismos somos diferentes en cada caso. Por lo tanto, no se puede acotar tantísimo el mundo y creer que porque hayamos vivido un par de experiencias lo sabemos absolutamente todo. No hay una regla causa-efecto infalible que debemos descubrir conforme avanzan los años y que nos garantizará un grado de seguridad enorme y bajo el cual nadie podrá hacernos daño porque lo veremos todo con una claridad meridiana. La cosa no funciona diciendo “si en este caso hice esto y salió mal, ahora no puedo hacer lo mismo”. ¿Por qué? Tal vez la culpa de que saliera mal no es que tú hicieras esta cosa u otra. ¿No se te ha ocurrido pensarlo?

No, cariños, no, siento deciros que muy en el fondo, aunque hayáis aprendido ciertas cosas, seguís siendo los mismos gilipollas de siempre que tienen mucho por aprender y que a pesar de esa gran fuente de sabiduría que creéis tener, la vida y las personas os seguirán sorprendiendo para bien y para mal. Porque nadie tiene la menor idea de qué va ocurrir, de cómo va a comportarse otro alguien, de lo que creerá conveniente, de lo que siente, de lo que valorará, de los motivos que le mueven a actuar. Nadie. Por mucho que te las des de panacea de la sabiduría, de castigador, de rompecorazones y de arrasacalzoncillos delante de tus amigos.

Es esta manía que tenemos de pretender tenerlo todo bajo control. Ojalá todos nos relajásemos más a menudo, dejásemos de tener tanto miedo, ese miedo que aumenta con el paso de los años y que silencia nuestras bocas y nuestros cuerpos. El miedo a no estar a la altura, a defraudar, a caer en los mismos errores que en el pasado, a sufrir. Un miedo que nos obsesiona hasta el punto de desconfiar de todo y de todos, que nos impide disfrutar de ciertas cosas sin más y que nos mantiene en tensión con la mirada fija en el horizonte, no para vivir la situación en toda su plenitud independientemente de lo que esperemos, sino para adivinar lo que sucederá y poder echar a correr o devolver la puñalada trapera que creemos que nos asestarán antes incluso de que ésta se produzca.

Como final de este post, os dejo esta canción, especialmente dedicada al señor J. No para que se ponga triste, sino todo lo contrario. Porque a veces me gustaría ser aquella persona que fui, que decía tonterías por decir, que no tenía tanto miedo a que le hicieran daño y que no sentía que los demás lo tuvieran, que no se preocupaba tanto por lo que esperaban los otros y que se limitaba a dejarse guiar por sus emociones y sus instintos.

Porque a veces creemos aprender, pero no aprendemos nada bueno, así no se aprende nunca para bien, y muchas de las cosas que guardamos nos hacen demasiado daño.

Y porque a veces, aunque sólo sea a veces, regalaría un buen montón de cosas al olvido con el objetivo de poder sentirme más libre.



[ELEFANTES – Al Olvido]
 
Comentario:
Ains mi querido Paper tu siempre tan hobbsiano.Es verdad que a priori el hecho de encontrarse en una misma situación no garantiza que los resultados sean los mismos y quizás a veces sea una especie de mecanismo de defensa,el hecho de creer que podemos anticiparnos a los resultados aunmenta nuestra sensación que podemos mantenerlo todo bajo control y nos hace sentirnos menos vulnerables todo eso es verdad.Entonces porque vivo sumergido en esta sensación de deja vu?
 
Comentario:
La vida es un enigma. Y resolverlo nos empuja a vivir, no? Saluditos
 
Comentario:
Nunca hay dos situaciones iguales, pero al enfrentarte a cualquier situación, siempre es mejor que tengas una de referencia, no porque te garantice no caerte esa vez sino porque así luego puedes analizarla ex post bastante mejor.

por otro lado, yo creo que las personas somos un poco como las sartenes..tenemos teflon para que nos resbalen muchas cosas (injusticias del mundo, comer con el telediario por ejemplo, u oir las declaraciones del PP sin producir úlceras..) pero como las sartenes, con el uso de ciertos alimentos o situaciones, se hace una rallita y ya no freimos fenomenal,sino que se pega un poquito..

pero bueno, la comida sabe mejor en una sartén usada..le da otro toque..

muchas gracias por la canción.
besos
 
Comentario:
Está claro. La vida es un caos. Nunca sabes qué te puede deparar el mañana y, por muy curtidos que estemos, siempre surgirán nuevas situaciones que nos descoloquen y que nos hagan ver más claro aún que no tenemos tanto control sobre las cosas como habíamos querido creer. Basta con que a la suerte, al azar o al destino se les antoje así.
Pero la experiencia es un valor añadido importantísimo, es una larga enciclipedia compuesta por miles de palabras e imágenes, que nos va ayudando a esquivar algunos golpes, a asumir con más entereza otros y, al mismo tiempo, nos va ayudando a saborear la vida con mayor plenitud.
Los recuerdos hacen daño a veces. Pero son imprescindibles para nuestra supervivencia.
Yo también mandaría al olvido un montón de recuerdos para sentirme menos pesada, para que no me asaltara la meloncolía al oír una canción, por ejemplo.
Aunque, por otro lado, sería como regalar buena parte de nosotros mismos. Las cosas no siempre salen bien, se tuercen, se frustran, se deshacen. Y eso tampoco conviene olvidarlo.
No