Blogs.ya.com Quitar publicidad
Navegando a la Deriva...
Y el barco de papel, aunque mojado, ponía todo su empeño en continuar flotando
Acerca de
Que el barco se hunde!!!!!!!!!!!!!!!!!! Noooo, que no se hunde, que esto sigue adelante, aunque sea dando tumbos. Y si se hunde... pues habrá que aprender a sobrevivir ahí abajo también ¿no?


Contador Gratis

paperblog@hotmail.com

Sindicación
 
Operación de Autoestima
Todos hemos escuchado alguna vez esa manida frase que resuena una y otra vez en nuestras cabezas y en un millón y medio de manifestaciones artísticas de talante idealista: la belleza está en el interior.

No me cabe la menor duda que esta frase encierra su parte de razón. No obstante, creo que seríamos un pelín hipócritas si no reconociéramos que a todos nos gustan las personas monas, que se nos van los ojos detrás del revisor del tren que de buena mañana viene a pedirnos el billete (y tú, por supuesto, se lo enseñas, se lo colocas en la mano, le sonríes y hasta, si me apuras, estás tentado de un día de estos escribirle el número de teléfono bajo la fecha, para que lo vea inevitablemente, lo memorice, te llame y seáis para siempre felices en un apartamento con vistas a la Costa Blanca), y que cuando entramos en una tienda, si el dependiente es guapo, incluso nos damos una vuelta de más, aunque todo lo que allí se venda nos interese tanto como comprarnos aquel maravilloso disco de Jesulín. De hecho, cuando estamos en un bar, cuando andamos por la calle, cuando miramos fotologs o perfiles del gaydar o cuando le echamos un vistazo a una revista, en seguida se nos van los ojos detrás de una cara mona o un cuerpo de escándalo. Y, esto, no es ser superficial. Es ser humano.

Todavía recuerdo las voces de algunas de las personas que han pasado por mi vida llamándome superficial cuando afirmaba (y afirmo) que si no hay atracción física-sexual no puede existir una relación de pareja con una persona. Esto, así dicho, queda muy mal, pero es la pura verdad. "Acabáramos", pensarán algunos, "mucho pedir respeto, comprensión, ingenio y amor y al fin y al cabo, si no se le pone dura cuando está con él no hay tu tía". En efecto, así es. Todos buscamos un compendio de factores entre los que se encuentra la atracción física.

El problema radica en que muchos confunden la atracción física con buscar una cara perfecta y un cuerpo recién salido del cincel de Miguel Ángel. Y tampoco es eso. El hecho de que alguien nos despierte deseo no tiene tanto que ver con esa supuesta belleza perfecta. Que, seguramente, todos nos avergonzamos por algún tío o tía que en un momento dado nos despertaba un deseo inaudito y, ahora, una vez pasado ese momento, nos miramos los pies cuando pensamos en él o ella como si hubiéramos perdido la virginidad en un monte de heno la noche anterior, ya que si lo confesaras en voz alta a alguno de tus amigos te miraría como si te acabaras de escapar de alguna nave espacial. La atracción es algo que va mucho más allá de lo que se conoce como ideal de belleza y creo que eso todos lo sabemos por pura experiencia.

Será por eso por lo que no logro entender del todo la existencia de concursos de belleza, como el recientemente televisado certamen de las misses y misters. Que sí, que mu bien, que to lo que tú quieras, pero que aquellos supuestos macizorros desfilaran en la pantalla mientras yo engullía a duras penas mi cena, portando unas sonrisas totalmente espontáneas y naturales (para mí que a más de uno se le iba a saltar un empaste o, peor, se le iban a salir los ojos de las cuencas de tanto subir los pómulos) y unas poses que, para nada, eran ensayadas (como los supuestos robados de la Obregón en las revistas... claro que sí, yo espero a mis amigos para tomar café en picardías, con el pelo perfectamente peinado y cayéndome elegantemente sobre el perfil, mirando al infinito y con la pierna por detrás del cuello, así, en plan sexy, sexy, sexy y, sobre todo, sensilla), no me provocaba ni el menor atisbo de querer acostarme con ellos y arrancarles a bocados la escasa ropa que lucían, que es lo que a mí (y a todos, no miréis para otro lado) nos apetece hacer cuando alguien nos pone de verdad.

Será por eso por lo que tampoco logro entender la existencia de programas como el recientemente estrenado y criticado Cambio Radical. Que sí, que mu bien, que si eres un adefesio, qué le vamos a hacer, lo mejor es cambiarte de cara y dejar que te inyecten de todo por el cuerpo hasta que parezcas un modelo de Calvin Klein... de esta manera, todos tus problemas estarán solucionados de un plumazo y pasarás a ser un habitante de la Casa de la Pradera en cuestión de milésimas de segundos. Que sí, que por algo España se gasta 800 millones de euros en cirugía estética al año, tal y como rezaba una noticia no hace muchos días. ¡La virgen, 800 millones de euros, la de cosas que se podrían hacer con ese dinero! Pero nooooo, lo empleamos en ponernos guapos, que todavía siento escalofríos cuando leo que a los jóvenes cada vez les gusta más la cirugía, que el perfil se rompe y es la gente de a pie la que recurre a ella y que es un gasto que llega incluso a estar en el presupuesto familiar:

- Mira, Paco, que este mes comemos menos chuletas y compramos la leche de la marca Carrefour, que hay que ahorrar para ponerle unas tetas nuevas a la niña. No me mires así, hijo, que es que dice que las que le pusimos el año pasado ya tienen aspecto de estar muy manoseadas.

Resulta que si se te ha roto una uña o si te descubres que tienes un ojo más caído que otro en seguida marcas el 3 de la memoria de tu móvil (puesto que el número de Corporación Dermoestética lo tienes memorizado desde que te salieron las tetas y pensaste que no eran lo suficientemente grandes o desde que pensaste que no tenías una tableta de chocolate en el estómago y te tenías que someter a cirugía abdominal) y conciertas otra cita con el Doctor Lourdes para que te arregle ese pequeño desperfecto y vuelvas a ser feliz. Hasta que descubras, de nuevo, que no eres perfecto. Porque... si estás gordo... ¿para qué vas a cuidar tu alimentación y vas a hacer ejercicio? Quita, quita, eso no, te quitamos un poquito de aquí y de allá con una operación que, oye, cuesta su dinero, pero es mucho menos sacrificado y requiere menos fuerza de voluntad, donde va a parar... Porque esa es otra. Se nos vende que todo es muy fácil y estupendo y no vale de nada que te esfuerces. Siempre hay un remedio inmediato y aparentemente fácil, sean cuales sean las consecuencias.

Salvo casos extremos, que yo entiendo que hay personas que lo necesitan por salud, me da a mí que sus problemas no se van a solucionar cuando atraviesen la puerta de casa hechos unas bellezas ideales, que la mari va a seguir siendo mari teniendo que hacer la compra, llevando los niños al colegio y aguantando al cabrón de su marido que puede que, lejos de llegar a tratarla mejor como espera tras su gran operación de estética, la menosprecie más por puro complejo de inferioridad acentuada y expresión del mismo frustrada, ya que ahora no tiene ninguna razón de ser que la llame fea cuando esté harto de ella. Que el hecho de que el marido dijera que querría que tuviese las tetas como la Veneno no era el problema fundamental que existía entre ellos.

Otro gallo cantaría si el programa de marras estuviera dedicado a cambiar radicalmente a la gente de verdad. Deberían emitir un reality de estos dedicado a operar la autoestima, a conseguir que nos aceptáramos con nuestras virtudes y defectos y nos sacáramos partido con lo que hay de base. Una operación de los entresijos de la mente, de todo aquello que nos hace malvivir la vida y que tengamos tantos problemas con nosotros mismos y con los demás.


- Doctor, necesito que me quite un poquito de complejo de inferioridad, unos gramos de culpa, unos centímetros de desidia y me ponga un par de autoestimas sanas de silicona, aderezadas con grandes dosis de autoaceptación, felicidad, ganas de vivir la vida, equilibrio emocional y estabilidad. Ah, y ya que se pone, por favor, póngame cuarto y mitad de una pareja nueva, que la mía no hace más que acentuar lo que usted me va a quitar, de modo que ya no tendrá razón de ser que continúe en mi vida.


Pero, claro, algo así cuesta mucho. Demasiado. Más incluso que una operación de estética. Porque por todos es sabido que estar guapo y sano por dentro siempre ha sido más difícil que estarlo por fuera.
 
Nos hemos vuelto locos ya
Mis queridos y queridas, hoy vengo a escribiros sobre un tema que me preocupa profundamente. Y no, no es si me quedan mejor los vaqueros de Zara o de Springfield ni cuál es mi lado bueno para salir en las fotografías (todo a su debido tiempo). El tema que me preocupa es que la homosexualidad se contagia.

Sí, sí, es tal y como lo habéis leído. Todos sabemos que la orientación sexual es realmente contagiosa, que ya que se trata esto de una enfermedad y una depravación contranatura, hay que tener en cuenta que se nos debería poner en cuarentena o algo así, oye, que yo no digo nada, pero que los maricones cada vez somos más numerosos y las bolleras empiezan a reproducirse a una velocidad vertiginosa, de modo que en unos cuantos años no solo va a haber escasez de agua en el mundo (el 60 por ciento de la población tendrá problemas de escasez de agua), sino que además habrá escasez de embarazos.

Esto es así, a ver. La gente piensa que la especie humana se acabará extinguiendo por culpa de una catástrofe a nivel mundial, por el deshielo, porque un meteorito atraviese la tierra o porque nos invadan extraterrestres con la misma apariencia de la Duquesa de Alba y que nos torturen hasta hacernos morir (de la risa o de la impresión, pero morir al fin y al cabo). Pero están muy equivocados. Lo que realmente hará que la especie humana desaparezca es la proliferación de homosexuales, ya que llegará un momento en el que no habrá uniones heterosexuales y, por lo tanto, la especie vivirá en un continuo Sodoma y Gomorra que producirá un descenso de los hijos recién nacidos. Imaginaos, un mundo dominado por seres de costumbres depravadas, ¿dónde vamos a ir a parar? Un momento, que me aprieto el cilicio, acabo de tener un pensamiento impuro con la tranca de Jesús Vázquez.

Así es, nenes y nenas. Resulta que las nenazas y bolleras nos reproducimos por esporas, de modo que las autoridades de Polonia no han tenido más remedio que fabricar una ley según la cual se impida la promoción de las conductas homosexuales en las aulas. ¿Qué le va a enseñar un profesor a unos alumnos si se toma la desviación sexual como algo natural y completamente aceptable? No, no, esto no puede ser. Así que todo aquel que haga apología de esto será despedido, multado o encarcelado. Vamos, hombre, los progresistas estos de mierda que quieren convertir el país y el mundo en una colonia de invertidos, qué fuerte.

Por eso, inteligente y decentemente, porque todo esto está movido por el bien común, no nos olvidemos, el gobierno polaco animó a usar la fuerza si los maricones, bolleras y transexuales no cejaban en su empeño de realizar una marcha a favor de la igualdad en el año 2006. Porque ellos alegan que el Ministerio de Educación no apoya acciones que aspiren a propagar la conducta homosexual y esa actitud entre la gente joven. Porque está claro, en cuanto salen cuatro maricas a la calle, los jovencitos ya se creen que eso es guay y entonces proceden a volverse maricones perdidos y a acostarse con gente de su mismo sexo. Esto es así, los niños son completamente normales hasta que conocen a algún mariquita, entonces ya se plantean la posibilidad.

Servidor tiene muy en cuenta que normalmente exagera en sus escritos, pero os puedo asegurar que todo esto es verídico. Sin ir más lejos, el viceprimer ministro y ministro de Educación de Polonia expresó: “Al enseñar a los jóvenes, no podemos promover como normales las relaciones entre personas del mismo sexo, ya que esas relaciones constituyen objetivamente una desviación de la ley natural”. Ay, ay, ay.... objetivamente dice el tío... si nos tuviéramos que poner a hablar sobre desviaciones y vergüenzas de la naturaleza no sé yo quién iba a salir perdiendo...

Pero, claro, ¿qué se puede esperar de unos políticos y de unos fervientes seguidores que realizan marchas por la “normalidad” y que tienen lemas y hacen declaraciones tan respetuosas y tolerantes como las que siguen:

- Vamos a hacer con los homosexuales lo mismo que hizo Hitler con los judíos. (Cuanta tolerancia en pleno siglo XXI, sí señor).

- Las maricas a la cámara de gas. (Sin comentarios, me abruma tanto respeto).

- Si una persona intenta contagiar a otras su homosexualidad, el Estado debe intervenir en esta violación de la libertad (para que luego digan que los políticos no saben usar las palabras, ¿cómo se puede expresar semejante cosa basándose en la libertad?).

- Si los desviados comienzan a manifestarse, habrá que aporrearlos. (sí señor, diálogo ante todo).

- Las prácticas homosexuales conducen al drama, al vacío y a la degeneración. (Si ya se sabe, que hay mucho drama queen degenerada por el mundo).

- No confundamos la propaganda brutal de la homosexualidad con llamamientos a favor de la tolerancia. Se trata de un tipo de locura, y en vista de esto, para ellos, nuestro gobierno será sin duda la noche oscura (si sigue hablando de noches oscuras, ya verá que nos pone cachondos y todo).

- Las organizaciones de lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero envían a transexuales a los jardines de infancia y piden a los niños que cambien de sexo. (No tenemos otra cosa que hacer más que convencer a los niños de la guardería que tienen que cambiar de sexo, oye, es que somos malos, malos, malos ¿eh?).

- Los gays son "animales" y son "los emisarios de Satán enviados para destruir la Iglesia católica. (Mejor ser un animal que una persona como la que ha dicho esto. Que yo cuanto más conozco a las personas, más me gustan los animales, oye. Destruir a la Iglesia Católica está, por descontado, entre mis prioridades, en la lista de cosas que tengo que hacer antes de morirme, entre hacer puenting y tirarme a un negro de metro noventa, y no me refiero a la altura).

- Hoy son los gays y las lesbianas. ¿Qué vendrá después? ¿La zoofilia? ¿Es esto libertad y democracia? (uys, la zoofilia, qué morbazo, pero no lo digáis, tontos, que esto es como la homosexualidad, que la gente se va a lanzar como loca a tirarse a los chuchos y a los gatos callejeros).

Todo esto, insisto, es real. Y muchas cosas más. Y provienen de un país que es miembro de la Unión Europea y que supuestamente debería aceptar la protección de los Derechos Humanos, entre ellos la no discriminación por razón de orientación sexual. Y violan el derecho de reunión, asociación y expresión atacando a los colectivos gay-lésbicos y saboteando las marchas por la tolerancia y la igualdad que las personas homosexuales y transgénero realizan. Sin que las autoridades policiales muestren el mínimo apoyo ante insultos y abusos, que todo hay que decirlo.

Si queréis saber más del tema, pinchad aquí.

¿Alguna vez habéis tenido miedo de que esto pudiera ocurrir donde vivís? Los polacos ya no tienen ese miedo a que pueda ocurrir. Sino otro muy distinto.

De cualquier manera, les tengo que dar la razón: la homosexualidad es contagiosa. Yo fue acostarme con un homosexual la primera vez y volverme maricón perdido, vamos, que ya es que no pienso en las mujeres en ese sentido para nada...
 
No estamos locos
Hospital del amor absurdo, sala cuatro, lunes, 8:02 de la mañana.

Paper ocupa el primer puesto delante de la ventanilla bautizada con el nombre “novio por encargo”. Ha madrugado mucho para ocupar el primer puesto, cual quinceañera para coger el mejor sitio en el concierto de los Backstreet Gays. A pesar de las ojeras de auténtico oso panda, no le ha supuesto un gran problema debido a la mala costumbre de su jefa de hacerle levantarse a las seis de la mañana y trabajar, para más INRI, lo cual resulta incluso peor que madrugar.

Detrás de él hay varios especímenes de origen diverso y algunos estarían de muy buen ver de no ser porque a esas horas no está guapo nadie y sus legañas solo le dejan ver a una distancia no superior a los cuatro milímetros (es decir, no alcanza a vislumbrar ni la punta de la nariz, y si lo intenta se le queda una cara de gilipollas que me expliquen como va a ligar de este modo).

Una mujer de aspecto sórdido y bastante siniestra abre la ventanilla con un golpe seco. Paper se sobresalta porque estaba ya en el quinto sueño y advierte que el sujeto que va justo detrás de él en la cola se encuentra a una distancia demasiado pequeña de su culo. Se vuelve medio abriendo los ojos y, enseñando sus dientes, le grita:

- ¡Zape! ¡Échate p’allá, coño, que es mu temprano!

La mujer le hace un gesto con la mano para que se acerque y comienza a preguntarle los datos con la misma voz del contestador de amena información gratuita, como si no tuviera sangre en las venas (o como si estuviera hasta el moño de aguantar a niñatos como Paper todas las mañanas).

- Bueno, ya tengo sus datos. Ahora, por favor, proceda a darme las características del novio que quiere que le consigamos.

- ¿Cómo dice?

- Que a ver si aumentamos las dosis de cafeína al levantarnos, leñe.

- Qué barbaridad, qué agradable es la gente que trabaja aquí.

- Al grano. ¿Qué buscas en un tío? Aparte de que la tenga grande, claro, que eso ya es mucho pedir, pero como sé que eres un maricón depravado no te vas a conformar con un tamaño estándar.

- ¿Mande?

- Además de mariquita, sordo. O idiota, váyase usted a saber. Proceda, por favor, que no tengo toda la mañana.

- Poooooosss... (Paper se lo piensa como si estuviera delante del kiosko mirando el surtido de gominolas con una moneda de veinte céntimos que le ha dado su tío hace un rato para que se compre chucherías – que ya es encogido el tío, ya se podía haber estirado y darle un leuro). Pues mira que sea emocionalmente estable, maduro y que tenga buen corazón, que sea buena persona.

La buena mujer hace una mueca conteniendo una sonrisa. Pero no una sonrisa de esas de complicidad, sino de las que dicen “qué pena me das, nene”.

- Las dos primeras cosas son prácticamente imposibles de encontrar en el sexo masculino. Haberte quedado hetero, hijo, o haber nacido lesbiana, ¿a mí que me cuentas? Lo de que sea buena persona... quieres decir tonto de remate ¿no?

- No, mujer. Tonto no. Que tenga buenas intenciones, pero porque quiere. Vamos, que no me vale que no tenga maldad ninguna porque sea idiota, sino porque prefiere ser buena gente.

- Vale, introducido este dato acabamos de desestimar al 50 por ciento de los hombres. Y te advierto que los heteros ya están descontados, que aquí no prometemos conversiones extrañas ni amores imposibles.

- A dios gracias. Bueno, a san PalomoCojo o al que sea.

- ¿Qué más, reina?

- Que sepa escuchar. Quiero decir, que sea lo bastante interesante como para dejarme a mí escuchando pero, al mismo tiempo, que no sea tan egocéntrico como para no prestar atención a lo que yo tengo que decir.

- Vale, que escuche es fácil.

- Pero que no esté pensando en la lista de la compra mientras lo hace, por favor. Que entienda.

- Eso me ha quedado claro, que sea tan marica como tú.

- Ya sabe usted a lo que me refiero.

- Sí, sí. La proporción se ha quedado en un 20 por ciento.

- Joder. ¡Qué barbaridad!

- A ver, nene, si fuera tan fácil no estaría abierta esta sección y yo no tendría trabajo. Benditos maricones horribles que os crean traumas de por vida.

- Vale, pues también quiero que sea guapo (por pedir que no quede) e inteligente.

- Claro, claro, y yo que me toque la lotería mañana.

- ¿Cómo dice?

- A ver si me aclaro. Quieres un tío guapo, inteligente, que la tenga grande (esto no puede faltar, que se te ve en la cara que no te conformarías con un pichacorta ni de lejos, por muy de mosquita muerta que me vengas), que sea buena persona pero lo bastante inteligente como para poder ser malo cuando sea necesario (ese punto que tanto os pone a los gays), interesante y que además te escuche. ¿Y tú crees que eso es fácil?

- Mujer, no sé...

- Nos quedamos con un dos por ciento de la población, así que ya me dirá el señor si tiene alguna exigencia más.

- Que fojhsisomror bien.

- ¿Cómo?

- Que folle bien (bajando la voz para que el resto de integrantes de la cola dejen de señalarlo con el dedo mientras se descojonan a su costa).

- Ah, bueno, acabáramos. ¡Cómo se me podía haber pasado! Mucho pedir una persona comprensiva, inteligente y bla bla bla y al final lo que cuenta es lo que cuenta: el mandao. Si ya lo decía yo, que el moña este no me engañaba con la cara de princesa de los cuentos de Disney...

- Mujer... es que eso es esencial ¿no? Sobre todo para no tener la cara que tiene usted.

- Claro, claro. Te queda un 0’4 por ciento de la población.

- Coño, pues sí que ha bajado el porcentaje.

- Es que... que sepan follar... me pides unas cosas, jomío...

- Bueno, y claro, que haya algo entre nosotros. Quiero decir, que surja algo, un sentimiento o algo así.

- Jajajajajajaja jajajajaja jajajaja... perdona es que... jajajajaja ay jajaajaj... jajajajaja.. jajajaja.. me matas... jajajajaja jajajajaja tjo tjo jajajajajajaja que nos ha salido jajaja romántica lajajajajaja niña, ays, ays... esto es buenísimo. Deberías venir todos los lunes, corazón. Jijijiji.

- ...

- Tu porcentaje se queda en un 0’0000000002 por ciento.

- ¿Y eso que quiere decir?

- Que mejor te pongas a la cola de aquella ventanilla, reina.

Paper se giró y vislumbró que al otro lado de la sala había un pequeño ventanal que rezaba “Muñecos hinchables, fantasías imposibles y apuestas timoratas”. Así que tratando de entender qué narices hacía allí en lugar de estar viendo el último capítulo de Mujeres Desesperadas inflándose a gominolas y chocolate y dándose por vencido, se dirigió hacia la ventanilla tarareando aquello de...

- Noooo estamos locos, sabemos lo que queremos...

....Vive la vida igual que si fuera un sueño ;)
 
Taaan exigente...
Amigo de Paper un sábado por la noche después de mucho tiempo sin verlo: - Bueno, Paper ¿y ahora con quién estás? (Como si uno se tirara a uno distinto cada fin de semana, vaya).

Paper con cara de "ya estamos con la típica preguntita. Es que ni mis tíos en las bodas con el consabido a ver cuando te echas novia. Si ellos supieran...): - Con nadie.

Amigo de Paper con cara de incrédulo como si hubiera visto a Silke actuando bien en una película (esa cara de "esto no puede ser verdad, debe haber gato encerrado"): - Venga, va, cuéntamelo. Alguien tiene que haber...

Paper con semblante solemne pensando "¿y por qué narices tengo yo que dar explicaciones? ¿Te pregunto yo a ti por qué te comes un bocata de chorizo todos los días para desayunar?": - No estoy con nadie. En serio.

Amigo de Paper a punto de descojonarse de la risa y señalarlo con el dedo mientras incita a los demás a que le tiren piedras repitiendo incesantemente la palabra ridículooooo: - ¿Y eso?

Paper a punto de poner la excusa de haberse dejado la plancha enchufada y tener que irse corriendo a casa: - Pues ya ves. No hay nadie que me llene o me llame la atención.

Amigo de Paper con rostro sentenciador y ojos de pena mientras piensa "pobrecito, este no se va a comer un colín como siga así. Se le va a pasar el arroz": - A ti lo que te pasa es que eres muy exigente.

Y como el Paper es tonto (ya estamos, el Paper es tonto ¿no? Pooooss tan tonto no será cuando tiene un blog y lo lee la gente, ahh ahhh) se va al diccionario de la Real Academia y busca:

exigir.
(Del lat. exigĕre).
1. tr. Pedir imperiosamente algo a lo que se tiene derecho.
2. tr. Dicho de una cosa: Pedir, por su naturaleza o circunstancia, algún requisito necesario.
3. tr. p. us. Cobrar, percibir por autoridad pública dinero u otra cosa.

Todo esto viene a cuento de que nos meten en la cabeza que hay que tener pareja por narices. Resulta que se nos vende la moto de que tenemos que estar siempre con alguien. Fijaos, en vuestro entorno descubriréis que, efectivamente, todo son parejas: Martes y 13, la Dama y el Vagabundo, Epi y Blas, Maricarmen y sus muñecos (esta es que es un poco promiscua), la sartén y el cazo (manda huevos, hasta los utensilios de cocina), Maria del Monte y la Pantoja... y además se fomenta con promociones como la del pack amena o anuncios como uno que acabo de ver en internet cuando me dirigía apaciblemente a escribir en mi blog:

Quedan 7 horas, 35 minutos y 23 segundos para que acabe el fin de semana. ¿Y aún no tienes pareja? Entra en "eresunatristepersonaincompleta.com".

Por favor... si es que me han amargado la napolitana que me estaba comiendo para merendar, ¿como se puede jugar así con los sentimientos de las personas? La virgen. No puede ser esto.

Y el caso es ese, que nos lo creemos a pies juntillas. De modo que cuando no estamos con alguien parece que es el fin del mundo y que no podemos tener una vida normal y satisfactoria. Todos conocemos a estas personas que saltan de una relación a otra como si se cambiaran de camiseta por tener los sobaquillos sudados. No pueden estar solos ni un segundo, porque si no tienen a alguien que les rasque la espalda por las noches, como que parece que ya no son personas. Y de recordarte esto no solo se encargan los anuncios y las canciones de la radio, sino que muchas de las personas que tienen pareja te miran como si fueras el bicho más raro del mundo y te acarician el pelo con lástima murmurando:

- Pobre criaturita. Hay que ser desgraciado para estar así.

Que nadie me malinterprete. Evidentemente, servidor, como ha quedado patente ya de muchas maneras para aquellos que sepan leer (ánimo para los que no sepan, que el otro día me enteré de que el cerebro adulto produce neuronas), quiere tener pareja (como todo el mundo, vaya, que tire la primera piedra el que no haya pensado alguna noche que otra que su cama es demasiado grande). Pero no por eso se va a colgar el bolsito en la muñeca y lo va a empezar a agitar en cualquier esquina con un letrero colgado del cuello que rece: "Me siento solo, ¿quieres estar conmigo y alegrarme la pajarilla?". No, no se trata de eso. Se trata de que cuando estás con alguien, y llamadme idealista si queréis, se supone que es porque te gusta, te llena en cierto sentido y te produce cierta sensación. Que tampoco quiero decir que tenga que pedirte matrimonio en cuanto compartáis el primer suspiro postcoito, pero no sé ¿no? Que puede pasarte que por irte con el primero que sepa hacer encajes de bolillos (que tanto te ponen) al final acabes despertando al cabo de los tres años con alguien que más que cubrir tu vacío de soledad existencial, lo aumenta hasta límites insospechados. Y no hay nada más triste que sentirte solo cuando tienes pareja. Y que nadie me diga que su amiga Feldespata, que tuvo 28 novios en el período 2006 (que hasta debería ponerlo en la declaración de la renta, a ver si desgrava por adquisición impulsiva de preservativos) estaba enamoradísima de todos ellos. Porque eso no se lo cree ni ella.

La cosa es que sí, que tienen toda la razón del mundo, que soy muy exigente, que si estoy solo es porque quiero. Lo admito. Pero como bien dice la definición número 1, es porque creo que tengo derecho a ciertos mínimos. No pienso conformarme con cualquier cosa, a ningún nivel. Y no es por nada, sino porque, después de todo, no exijo más a los demás de lo que me exijo a mí mismo. Y tal y como está el mercado... y las cosas que se tiene uno que echar a la cara, casi mejor que me quedo con mi gato, que es la mar de cariñoso y comprensivo (la razón puede ser que está castrado... no me deis ideas, no me deis ideas...que ahí tengo unas tijeras de podar que no uso para nada porque no tengo jardín).

Y bien... ¿qué es lo que exige Paper para estar con alguien?

Chán Chán Chán.... (para dar emoción al asunto).

Eso... lo dejamos... para el siguiente post (que ya os aburro, lo sé xDDDD).
 
Soy gay. ¿Lo aceptas?
Dando una vuelta por los blogs me encontré con un post de naranjacool que me recordó cierta conversación que he tenido hace poco sobre la aceptación de los gays asquerosos e invertidos como nosotros. Porque, a decir verdad, ya sabéis que existen distintos tipos de pseudoaceptación y respeto y a poco que hayáis salido del armario medianamente (los que necesitáis salir, claro, que todavía no me imagino a un hetero comentándole a su familia y amigos que le van las personas del sexo opuesto, aunque no veas el drama que se montaría en mi familia si dijera que me van las mujeres a estas alturas) os habréis topado con multitud de reacciones que vienen a conformar el cuadro estricto sobre la Aceptación del Fenómeno Mariquita en los tiempos que corren (en cursiva queda como más tratado, no sé).

Grupo 1: ser gay mola cantidad.

Este conjunto de personas aumenta vertiginosamente ante la percepción social de que ser más maricón que un palomo cojo está de moda. Admitámoslo, en los tiempos que corren, ser gay es guay (no lo entendamos al revés, que ser guay no es ser gay, el orden de los factores sí altera el producto) y hasta los chicos heteros se vanaglorian de llevar la estética gay (nos la están robando, dios, ¿dónde vamos a llegar? Siempre nos quedará el gramur..).

La típica situación se da cuando le dices a alguien que eres de la acera de enfrente, todo acojonado porque, claro, te queda el nerviosismo (en los primeros tiempos sobre todo) de que te haga una señal en la frente con una daga o que te cuelgue una I escarlata (de invertido, se entiende) que penda de tu pecho y que advierta a los demás sobre tu oscura orientación. Lejos de tus premoniciones (y es que ni eres Rappel ni Phoebe de Embrujadas, que es mucho más gay friendly que ese señor con tanga de leopardo) esta persona te mira, te sonríe y se alegra un montón por ti. Sí, sí, se alegra, como si te hubiera tocado la lotería o algo.

Entonces piensas "A ver, que nos entendamos, yo no me alegro de que tú seas heterosexual. Es más, si me apuras, me la trae al fresco (no en vano, los humanos somos unos egoístas de mierda) y en todo caso me podría alegrar de que mi vecino el del quinto me dijera que es gay (porque está más bueno que el pan, pero sigue siendo puro egoísmo) de modo que no puedo llegar a entender del todo esta frase (aunque, claro, mi nivel neuronal se ve gravemente afectado por esta patología homosexual y puede que constituya la razón de mi no entendimiento)".

Pues nada, que tú te creías que por decir que eras gay te iban a quemar en la hoguera para dar ejemplo y resulta que es genial, que es estupendo y divino de la muerte (al menos para tu interlocutor, que empieza a hacer millones de planes con respecto a esta nueva faceta de ti que acaba de conocer). A partir de este momento se desarrolla un síndrome según el cual, cada vez que esa persona hable de ti, subrayará tu orientación sexual:

- Éste es Paper, MI amigo gay. (En una presentación).

- Eso dice Paper que, por cierto, es MI amigo gay. (En una conversación normal y cotidiana).

- Préparame un bocata de chorizo, que Paper es MI amigo gay (en la cocina con tu madre).

- Y quiero agradecer este premio a Paper, MI amigo gay (en la gala de los Oscars).

Este síndrome ha sido bautizado con el nombre de MI pequeño Pony, en memoria de aquellos bichos que cualquier gay de pura cepa añoraba tener pero que no le pedía a los Reyes por temor a que la carta se manchara de aceite.

Grupo 2: Yo lo respeto, pero no lo comparto.

También muy numeroso es el departamento de aquellos que te miran de arriba a abajo, como si te acabaras de escapar de la película El Cubo y te dicen esa genial frase: yo lo respeto, pero no lo comparto.

A ver, entendámonos. Yo no quiero que lo compartas (a menos que seas mi vecino del quinto, insisto). Porque yo sea gay no quiero que el resto de la población mundial lo sea (a pesar de que mis amigas lo repitan constantemente). Obviamente, este respeto no es tal, sino que se trata solamente de quedar de puta madre porque no puedes decir que odias a los gays o que no entiendes como un hombre puede desear comer pililas y una mujer marisco. No se meten contigo, es cierto, no te humillan ni te quieren pegar pero, en cierto modo, puedes advertir una incomprensión bastante evidente en el brillo de sus ojos cuando, por ejemplo, estás con el que se supone que es tu novio (en el caso de que lo encuentres, que ya sería bastante extraño) y le das un impúdico besito en los labios (de esos moñas a más no poder). Entonces algunos de ellos suelen reprimir sus arcadas y si hay niños delante son capaces de pedirte que no lo hagas porque ¡menudo ejemplo que les estás dando! ¡Coño! ¡Es que eso no es normal! ¿Cómo te atreves a darle un beso en la boca a tu novio, hijo de Belcebú?

Esto... tú me respetas un taco ¿eh?

Y es que por mucho que no tengas intención de querer meterme fuego en una pira, eso no quiere decir que me toleres y que me respetes. Es lo que se conoce como racismo simbólico aplicado al caso, que es una forma de discriminación menos evidente y que tal vez no atenta contra tu integridad física, pero sí contra tu normalización social.

Como último apunte, podríamos englobar aquí a esos heteros que cuando descubren que su amigo es gay temen porque les vaya a meter mano, les coma la oreja y se la enchufen en cuanto se descuiden hojeando la revista Man o alguna de esos horripilantes magacines de motor que a todos nos ponen los pelos de punta pero que dejan patente lo machotes que son.

Grupo 3: Los gays deben arder en el infierno. (Amén, oremos y viva Franco)

Sobre este grupo no hay demasiado que decir. Creo que más o menos todos sabemos de qué tipo de personas se tratan. Tienen arraigados muchos estereotipos, como que eres un vicioso, un promiscuo y no puedes sentir amor por una persona de tu mismo sexo, porque es un acto "contranatura" (ignoran que no puedes hacerlo porque los tíos son tontos y no encuentras a nadie que despierte tal sentimiento). Lo peor es que los integrantes de este conjunto se cierran en banda a conocernos, a recibir información de su entorno que, quizás, pudiera ayudarles a comprender una realidad que les queda muy lejos (o tal vez no pues no será el primero que tras tanta animadversión ocultaba unas ganas tremendas de montárselo con su peluquero al más puro estilo película porno salvaje).

Por supuesto que también hay personas que lo aceptan sin más, lo normalizan y se la trae al fresco tanto como a ti su heterosexualidad. No te miran raro, esperando a que aparezcas un día disfrazado de la Pantoja y con un penacho de plumas recubriendo tu cabellera ni tampoco se escandalizan cuando dices que el camarero está para mojar pan (o para intentar hacerle un hijo aunque la naturaleza esté en vuestra contra, dependiendo de la belleza de éste y de lo salido que estés, que ya se sabe que la primavera es lo que tiene). También es cierto que una persona de los grupos anteriores puede pasar a ser de estos últimos si se esfuerza un poco por comprender y deshacerse de sus ilógicos tópicos.

Lo que está claro es que todos, tanto unos como otros, tenemos que poner de nuestra parte. No para aceptar a los gays (puaff, qué asco, no me pidáis eso, por favor, que ya me conocéis y sabéis que yo no soy gay, pero mi novio sí -frase dicha por algunos hombres en mis noches de conocer gente rara) sino para ser conscientes de que hay que respetar la diversidad en todas sus variantes.
 
Sexo, sexo, sexo
Haciendo gala de aquello que dicen sobre que los jóvenes (y mucho más los gays depravados como nosotros) solo hablamos de sexo, la otra noche mantuve una conversación la mar de interesante con su eminencia Pau. Que nadie piense cosas raras, que lejos de colocarnos la webcam y empezar a tocarnos como posesos, nosotros, que somos unas mentes inteligentes, finas y elegantes, dimos un pequeño repaso a conductas sexuales varias. Algo parecido a lo que hice con Puka hace cosa de unos días en mitad de una discoteca, copa en mano y gritando ante el estruendo musical (y ante la cara de estupefacción de algún que otro cotilla que ponía la antena con el fin de ligarse a mi amiga).

Y es que, mis queridos y queridas, las películas porno han hecho mucho daño. Sin quitar la gran labor social que realizan con todos nosotros, hay que reconocer que pueden desembocar en situaciones tronchantes y, servidor que es la mar de cachondo, por si no se ha notado ya, tiende a estronciarse de la risa en situaciones surrealistas que también se dan en la cama. Ahora procedo a quitarme el disfraz de coco (que me resta credibilidad y sensualidad) y me coloco el de Lorena Verdún (con peluca incluida, que no se diga) para proceder a contaros ciertas cosillas.

En primer lugar y porque considero que esto es básico y primordial para la salud, mis niños y niñas, cuando estéis con un tío en la cama, haced el favor de no tirar de aquello como si se tratara de un chicle boomer. A ver, las cosas se hacen con cierta suavidad, aunque en las pelis porno veáis que uno se la machaca a otro con tal virulencia que casi podría parecer que está batiendo huevos para hacer una tortilla, la vida real es otra cosa y no en vano se recuerda que aquello que tenemos entre las piernas es un órgano sensible. Y es del tamaño que es, porque tiréis con más fuerza no va a suceder que se convierta de repente en la farola de vuestra calle ni va a llegar a la rodilla. No. Porque si lo hacéis de esa manera puede suceder que se dé esta situación:

Uno/a - Oye, ¿qué pasa? Que te está gustando ¿ehhhhhhh? (a modo de conclusión y en plan "mira que bien lo hago").

El otro:- Esto... sí, claro, pero ¿podrías hacer el favor de hacerlo un poquitín más flojo? (mientras piensa ¿pero no se supone que esto debía ser placentero?" con lágrimas inundando sus ojos).

Quedaos con una premisa: siempre es mejor que os pidan que lo hagáis más fuerte que creer que aquello es la baticao o la manivela de una pianola.

En segundo lugar, y especialmente dedicado a las nenas (va por vosotras), poned algo de empeño cuando le hagáis algo a vuestra novia. Varias me han contado que se han quedado dormidas mientras le practicaban sexo oral (que ya es triste) o que deseaban meterles una torta a sus compañeros de cama y no porque les fuera el sado (que es más triste aún). Aquello no es el boquete de un ladrillo, señores y señoras, es otro órgano sensible. Hay que hacer las cosas con cariño (sí, con pasión también, pero no os excedáis), que os puede pasar que la persona os diga en un momento dado:

- Mira, perdona. Deja, que para eso ya me lo hago yo sola.*

* Puka con tres copas bailando al son de la última de Fito y Fitipaldis y cara de perjudicada por el alcohol.

En tercer lugar, que haya naturalidad, por favor. No os empeñéis en poner una cara de que os han insertado en la última de Chi Chi La Rue. Vamos a ver, aceptadlo, no sois actores porno, no tenéis por qué poner ojos de pervertido y bocas de... bueno, ya me entendéis. Las caras de vicioso le quedan muy bien a la rubia aquella con tetas naturales (sí, sí, segurísimo, nada operadas) o al buenorro (que no ha pisado un gimnasio en su vida) con cara de pillo que se lo está montando con el fontanero (cambiad la profesión y el uniforme al que más os guste). Pero, vuelvo a repetir, esto es el mundo real y no es necesario sobreactuar. Sonrisas, gemidos y miradas normales, no las que se han aprendido y grabado en la retina procedentes de vuestros ídolos favoritos del porno.

Por supuesto, hay que tener cierto cuidado a la hora de expresar frases como "Te voy a ordeñar", "Vamos a echarle un vistazo a el soldadito", "Mueve tu cucu" o el muy famoso rugido a modo de tigresa escapada del zoológico buscando guerra. Porque puede que a la otra persona se le quede semblante de creer haberse visto inserto en una película de Ozores, que para esto hace falta cierta confianza.

En cuarto lugar, no pidáis que os hagan algo que vosotros no haríais. Esto viene a cuento de que muchos muchos muchos hombres se creen con el derecho de ponerte mirando pa Cuenca en el momento en el que te despistes mirando las musarañas, y sin preguntar o proponértelo al menos. Dan por hecho que es que a ti te gusta ponerte mirando hacia tan mona ciudad porque ellos son la mar de generosos (les gusta mucho dar). Muchos de ellos, cuando le propongas el sentido inverso, te dirán que ellos no hacen eso (como si fuera algo malo que atenta contra su dignidad) y no porque prefieran ser activos (opción totalmente respetable) sino porque se creen menos machotes por ocupar la otra posición. De hecho, más de uno no habrá mostrado ni el mínimo interés por probarlo en su vida, aunque asumirán que a ti te resulta la mar de placentero. Claro, como van a hacer eso, si lo hacen son unos maricas. A lo que podríamos contestar, a esas alturas de la escena en la que se han revolcado contigo durante un buen rato:

- Eso, pero comer pollas bien que comes como un marrano. **

** Pau, una noche de viernes, indignado y con el disfraz de Doctora Ochoa puesto.

No seamos hipócritas, por favor, que eso está muy feo.

En quinto lugar, cuidado con los dientes. Lo de "cómeme a bocados" se dice en sentido figurado y si notas cierto regusto a sangre en tu boca, por favor, creo que es hora de parar lo que estés haciendo y abandonar tu complejo de Drácula cachondo del sexo. Que una cosa es un mordisquito de pasión y otra que os toméis al pie de la letra lo del "devórame otra vez".

En sexto lugar, que no haya pudor a la hora de innovar. Un kama sutra, una porno de fondo, un uniforme de boy-scaut o de enfermera o unos condones de colores y sabores pueden resultar maravillosos en un momento dado.

Por otro lado, y ya para terminar, está claro que esto es como los bocadillos, a cada cual le gusta de una cosa y de una manera, de modo que el éxito de la relación sexual reside en que haya cierta comunicación y naturalidad. No pasa nada por decir que quieres una cosa de esta manera o por decir que aquello no te gusta. Todo es absolutamente respetable y nadie tiene por qué mirar mal a otro porque le guste comerse un plato de lentejas mientras alcanza el orgasmo.

Eso sí, no hagáis cosas de las que os podáis arrepentir o que no os gusten solo por complacer a la otra persona (que no vas a querer más a tu novio por montarte un trío sado-maso, a pesar de que vayas a disfrutar menos que en un concierto de Paloma San Basilio) y llevad siempre actitud póntelo-pónselo, que luego vienen los disgustos por una noche loca y, realmente, no merece la pena.

¡Qué mojéis mucho y con salud!
 
La Cuerda de Terciopelo
Dice nuestra querida Janet en el mejor CD que ha hecho hasta ahora (en humilde opinión de este bloguero) que todos tenemos una cuerda de Terciopelo rodeando nuestros corazones, similares a las que se colocan en las zonas VIP de las discotecas más fashions y estupendas. Esta cuerda, como ya habréis deducido, evita que un cualquiera entre en esa zona delimitada y permite preservar el espacio tan solo para aquellos "elegidos" que tengan el privilegio (o la desgracia, según se mire) de sobrepasar la media y ser considerados especiales por cualquier motivo recibiendo atenciones preferentes.

Sabiamente, en la canción homónima "The Velvet Rope", Janet con la ayuda de Vanessa Mae nos aclara que todos tenemos una necesidad de sentir que pertenecemos, que formamos parte y que esto saca lo mejor de nosotros (excepto en aquellas personas carentes de sentimientos y escrúpulos que conforman el ochenta por ciento de la población -no os quejéis que he bajado el porcentaje). Es esa necesidad de sobrepasar la cuerda de terciopelo, de que el portero nos la abra y nos deje andar a nuestro libre albedrío en aquella zona considerada exclusivamente para seres especiales, lo que determinan algunas de nuestras acciones para con los demás.

Ni que decir tiene que tenemos distintos criterios a la hora de abrir la maldita cuerda y que eso depende, fundamentalmente, de las instrucciones que le hayas dado al portero para que permita el acceso a las personas que crea conveniente. El criterio de cada uno es una cuestión harto importante, pues mientras unos abogarán por reunir a gentes de físico maravilloso con las que ser relacionadas (aquellas pandillas de especimenes superchachis-guays, tremendamente estupendos y que concentran las miradas de todos durante los primeros cinco minutos y con eso se sienten realizados - qué poco piden algunos), otros preferirán albergar a entes feos para destacar y sentirse por encima (como hacía la Britney en sus primeros tiempos, cuando despidió a sus bailarines por ser estos demasiado guapos o como cuando en sus películas se rodeaba a Marisol de niños feos para que destacara).

Para muchos, abrir la cuerda es el pan suyo de cada día y no tienen ningún reparo en confesarte a la segunda frase que cruzas con ellos que eres uno de sus mil mejores amigos de toda la vida. Otros siguen una estudiada estrategia para conseguir sus objetivos, de modo que convierten a las personas en meros satisfactores potenciales de sus deseos y en medios para conseguir sus fines. En mi caso siempre me he dejado llevar por principios más peregrinos que poco o nada tenían que ver con estrategias (pero es que soy taaaaan sensillo...).

Anteriormente, yo tenía un portero más buena gente: era bastante blandengue y se dejaba llevar por cualquier engaño. Digamos que era bastante inocente y cuando alguien le decía: "oye, que yo soy estupendo, ideal de la muerte, divino del coño y si me abres la cuerda te pondré un piso en Sitges y seremos inseparables / seremos amigos para siempre y protagonizaremos un anuncio de colonia rodado en una playa perdida" (lo que se conoce popularmente como promesas y castillos en el aire) él se lo creía sin más, sin necesitar prueba alguna. Bueno, romperemos una lanza a su favor, ya que al dejar entrar a estos personajillos me permitía descubrir sus verdaderos comportamientos. Lo cual viene provocado por esa extraña regla de tres, según la cual cuando alguien pasa a la zona VIP se cree que todo el monte es orégano (dicho de otra manera, se cree que eres idiota) y entonces extrae sus verdaderos bajos instintos y ocultas intenciones. Porque si bien la necesidad de sentirnos especiales saca lo mejor de nosotros, cuando por fin lo somos y nos lo hacen saber, pocas personas luchan por seguir manteniéndolo.

Sin embargo, lo despedí. Se pasaba demasiado tiempo pateando culos y echando a gente que no se merecía ese lugar ni por asomo. Además, los sujetos me dejaban la zona VIP hecha un asco, medio destrozada y me gastaba unos buenos leuros en volver a habilitarla (sustitúyase leuros por valiosos minutos, como en el anuncio del coche en el que te encuentras tropecientos euros todas las mañanas y tienes que gastarlos porque al final del día desaparecerán). Los limpiadores estaban hasta el gorro de él y me pedían aumentos de sueldo (y no me extraña, porque como todo buen empresario español del siglo equis equis palito los explotaba hasta más no poder por un sueldo mísero con el que debían pagar una hipotética vivienda... esto... quise decir hipoteca, y mantener a sus hijos).

El Kevin, el portero que tengo ahora, además de estar más bueno e imponer más (y esto no quiere decir que me lo haya montado con él para contratarlo ni que el muchacho haya tenido que hacer uso de buenas rodilleras), es más sabio en estos menesteres y antes de dejar entrar a alguien lo somete a intensas pruebas y test psicotécnicos. No se la cuelan tan fácilmente, a pesar del perfeccionamiento de los engaños que se le plantean. Deja que hagan cola un rato para ver las reacciones, estudia su comportamiento en relación al resto de posibles inquilinos y los cachea para descubrir sus armas blancas con las que reducirían a jirones el decorado. Se nota que posee más experiencia y si tiene que echar a alguien de allí porque se haya pasado de listo lo hace elegantemente (lo invita amablemente a abandonar la academia). Me llevo muy bien con él, aunque reconozco que a veces es demasiado duro y desconfiado. Es, como alguno que otro lo ha calificado, muy retorcido pero, en el fondo, sé que lo hace por mi bien.

Aún así, echo de menos al anterior portero, sus insistentes charlas sobre que hay que confiar más en los demás, darles la oportunidad y reservarles un hueco desde el principio. Echo de menos su inocencia, su credulidad y su confianza, su semblante idealista. Porque, lo quiera o no, supongo que era más fácil cuando creías en las personas sin necesidad de que llegaran a demostrarlo. Solía decirme "todo el mundo es bueno hasta que se demuestre lo contrario".

Mientras el Kevin insiste en justo lo opuesto. Lo cual no implica que, como de hecho ocurre, no haya overbooking. De esta manera no puedo atender a todos los que allí se alojan como se merecen (comprended que no siempre tengo tiempo de ofereceros un Ferrero Rocher para que me digáis aquello de "Paper, nos has conquistado". Soy un chico muy ocupado y todas esas cosas que me hacen parecer muy activo, dinámico e interesante, jijiji). Pero, aún así, me gusta comprobar como a pesar de la dureza del Kevin, la cuerda se sigue abriendo de cuando en cuando.

No todo está perdido.
 
Al Olvido
Tras las diferentes y variopintas maneras de conquistar a vuestros amores, como casi seguro que os ha salido rana la cosa (y esto no lo digo yo, lo dice la estadística) y, sobre todo, si os asemejáis remotamente a mi persona (síndrome Paper, sobre el que algún día haré un post, que no os quepa la menor duda), ha llegado el fantástico momento de olvidar. Sí, niños y niñas, hay que superarlo con la frente bien alta y mirando al horizonte en busca de avioncitos de colores que os hagan cantar aquello de mi mamá me mima, reina de mis sueños, esa es mi mamá (sustitúyase avioncitos de colores por "tíos buenos de diversas procedencias". Lo pongo entre paréntesis para no quedar de salido perdido y lo de los aviones es taaaaaan poético...).

Así, y tomando como base el Fantástico Manual del Buen Bridget Jones en Versión Mariquita (no lo busquéis en vuestras librerías, que aún no lo he publicado. Tiempo al tiempo) encontraremos que existen también muchos modos de olvidar:

1. Clavado en un bar (también conocido con el nombre de "Bebiendo Tequila pa' Olvidar).

Reemplazas a tu amor por una botella de Ballantines, Negrita o cualquier otro producto de grados semejantes. El proceso consta de múltiples fases que varían en función de la cantidad de alcohol que ingiráis, pero siempre suelen ser las mismas:

a. Puteo constante del ser amado o autoconvencimiento de que esa persona no te merece. Con cara de digno sujetas tu primera copa y vestido de tus mejores galas expulsas frases como "él se lo pierde", "con lo bien que estoy yo solo, ¿para qué quiero un novio?", "pues en realidad tampoco era para tanto" o "si tampoco teníamos ningún tipo de futuro...".

b. Enamoramiento o momento salido perdido, buscando con la mirada a todo sujeto con pantalones que se digne a rondar cerca tuya. Esto se conoce también como "cualquiera vale para calentarme la cama esta noche". Se caracteriza, del mismo modo, por una autoestima elevadísima, dando a entender que serías capaz de cepillarte al mismo Ricky Martin si así te lo propusieras. Porque tú lo vales (acompañado de un movimiento de cabeza que haga ondear elegantemente tu pelo). En realidad no harás nada, puesto que en el momento de entrarle a alguien pasarás automáticamente a la siguiente fase.

c. Bajada de autoestima (la otra cara de la montaña rusa emocional). Las lágrimas afloran a tus ojos más que si estuvieras presenciando el final de Titanic. Los síntomas se manifiestan en hipidos, lágrimones como puños, nerviosismo, consumo continuo de cigarros y cigarros (actitud autodestructiva) y solicitud al camarero de que te inyecte la botella de Ballantines directamente en vena. Se dan frases apenas inteligibles por tu estado como "nadie me va a querer", "nunca me sale nada bien" y, la favorita del público, "acabaré viejo y solo y rodeado de gatos".

d. Exaltación de la amistad. Porque seguro que tus amigos (si es que tienes más de uno) están ahí aguantando el tirón contigo y equipados con dosis industriales de cleenex porque ya te conocen y saben la que se avecina. Te abrazarás a ellos fuertemente, como si fueran tu osito Mimosín de cuando eras pequeño, y, a punto de asfixiarlos, les llenarás el hombro de lágrimas y mocos. Al final sonreirás porque te prometerán que irán a visitarte de cuando en cuando para ayudarte a darle de comer a los cientos de gatos que te rodearán (no te hagas ilusiones a largo plazo, que lo dicen solo para que te calles y no sigas dando el espectáculo, pero para esa noche te vale).

2. Las Tardes de Kiosko.

Propuesta por el amigo Rubén, las tardes de kiosco se han convertido en un elemento esencial en mis estudios sobre el ser humano. Se trata de, por pleno despecho, ingresar la nómina del mes en el quiosco de la Puri y comprarte todo lo que te dé tu sueldo de mileurista en chucherías. El planteamiento es sencillo: dulcificas tu vida y te agarras a la frase "pues ahora te vas a enterar, me voy a poner como una vaca en una tarde" (como si al sujeto le afectara esto y no fueras tú el que sale perdiendo, pero es que en estos instantes la lógica brilla por su ausencia). Te atiborras a gominolas, patatas de distintas formas y sabores, caramelos y entre gusanito y gusanito despotricas contra el mundo al más puro estilo "no me merecéis, no me merecéis ninguno" acompañado de risotadas escalofriantes que dejen entrever (aún más si cabe) tu grado de locura transitoria. Se aconseja contar con una mano amiga que diga "basta" en el momento oportuno recordándote tus sueños de formar parte un día de estos de la Pasarela Cibeles y arrebatándote de las manos el paquete de pajitas (¿por qué me da la impresión de que he dicho una guarrería? Mentes calenturientas...).

3. Una mancha morá con otra se quita.

Consiste en tirarle los tejos a todo aquello que se mueva con la consiguiente sensación de subida efímera de autoestima, de puto amo del mundo y de Lorenzo Lamas (rey de las camas). Cualquiera que te mire, aunque sea para reparar en lo mal que te has peinado, se erige como tu objetivo de acoso-refregamiento de cebolleta. En este punto puede pasarte que al día siguiente te despiertes y encuentres a un sujeto altamente sospechoso durmiendo a tu lado que, bien visto, con las necesidades cubiertas y la luz de la mañana empapando su rostro, no te ponga lo más mínimo. Seguramente te plantearás tu grado de enajenación mental para distorsionar la realidad hasta límites insospechados como la noche anterior, cuando se te acercó y te dijo al oído medio borracho y babeando "quien fuera cabra pa comerte to lo verde" y tú te lo tomaste como el piropo más bonito que te habían dicho en toda tu vida y decidiste darle una oportunidad a aquel ser extraño con ojos tan desesperados como los tuyos (no nos engañemos, que aunque vayas de digno, se te notaba necesitado y despechado). Como consejo, hay que ser discretos, que puede pasar que cuando vuelvas al bar el fin de semana siguiente, al entrar por la puerta te coloquen la banda rosa de Miss Putilla Mayor con Honores y nunca jamás puedas encontrar un novio en condiciones que te tome en serio con semejantes antecedentes.

4. Otro aaaaaamoooooor vendráaaaáááááááá...

Es básicamente lo anterior, pero adornado con grandes dosis de romanticismo. No es sexo. Buscas el amor a toda costa y en ese momento cualquiera te vale. Te pillas hasta de las bolsas del Carrefour. Tíos a los que no hubieras hecho caso en la vida porque no son tu tipo en ningún sentido hacen que te empeñes en agitar las mariposas de tu estómago (que en verdad están medio muertas por la experiencia anterior y empapadas en alcohol si es que has experimentado ya la primera opción, que seguro que sí). A la segunda frase estarás pensando que son el verdadero amor de tu vida y al final, puede pasarte que un día te despiertes en una casa que no es la tuya pero que tiene tus cosas y aparezca un tío de lo más rarito que dice estar casado contigo y que se empeña en que elijáis la raza del cuarto perro que vais a adoptar mientras te prepara el desayuno (o peor aún, te pide que se lo prepares tú a él, como cada mañana haces antes de plancharle la camisa y de darle un beso en la puerta de vuestra casa con su tentempié en una bolsita de papel).

5. Esperaré a que sientas nostalgia por mí.

Es lo que se conoce como olvido temporal. En realidad permaneces en stand by esperando a que el individuo descubra en algún momento de su vida que, en realidad, está perdidamente enamorado de ti (de ilusión también se vive). Finalmente acabarás con una gota de sudor de medio litro colgando de la sien cuando se enrolle y empiece una pedazo de relación con un tío que está como un queso y que, para colmo, te tiró los tejos a ti hace tres meses y al que tú le diste puerta porque en tu fuero interno todavía te veías haciendo calceta al lado de tu amor.

6. Pasar página sin más, basado en el consabido "si alguien no me quiso, ya vendrá quien me quiera".

Continuas tu vida sin sobresaltos emocionales ni movidas, como una persona madura y completamente estable. Este hecho es tan insólito y se da en tan pocas ocasiones que el Paperblog no cuenta con datos empíricos sobre su desarrollo. Vamos, que por mucho que te lo digas a ti mismo cien veces cada mañana mirándote los dedos de los pies, que hayas borrado los mensajes de tu móvil y le digas a tus amigos que a partir de ahora tu vida sentimental va a ser tan intensa como el programa del Telecupón, no te lo crees ni tú.

Pero está bien pretenderlo al menos.