Entrevista para Mojarse
Aplausos del público y ovaciones. Luces que vienen y van. Una musica de cortinilla. Aparece en la pantalla la palabra "Mójate" (y no se refiere a que tengáis pensamientos húmedos, aunque, oye, ¿por qué no? Las calores son muy malas). La cámara avanza rápidamente por plató hasta que se posa sobre Jesús Vazquez que está rebueno y que se encuentra sentado en un sofá la mar de mono.
- Hola, muy buen@s (días, tardes, noches, que lo elija el lector según la hora del día en la que se encuentre leyendo el blog. Mejor por la noche, que el programa así parece que tiene más glamour y a continuación pueden exponerse temas no aptos para menores, aunque éste sea un factor que se pasan por el forro el 99% de las cadenas de televisión.) Bueno, bueno, para el invitado de esta noche (que estoy deseando recibirlo) no hay palabras para presentarlo. Él es estupendo, fantástico, maravilloso... el que mejor navega por la blogsfera. Pero, será mejor que lo descubráis vosotros mismos. ¡Paperboat!
Salgo yo, supermono de la muerte vestido (imaginaos, que voy a salir en la tele y con Jesús, por favor, me debí haber pasado como quince horas tratando de encontrar algo adecuado y dos horas y media peinándome el flequillo. El arreglado pero informal vale para todos los casos menos para éste.), con una gran sonrisa en la cara de esas que me gusta llevar a mí. Jesús me recibe con un muerdo... quiero decir, con dos besos en la cara y me siento en el sofá.
- Hola, Paper. Encantado de tenerte aquí esta noche.
- El gusto es mío, Jesús, sin duda.
- Espérate, porque aún no sabes qué voy a preguntar, que a lo mejor te arrepientes de haber venido.
- Jajaja, no creo. A ver, lánzate (esto lo digo con cara de viciosete, porque uno no lo puede evitar ante lo que tiene delante, que queréis que os diga).
- Muy bien. Empecemos por algo sencillito. ¿Cuánto tiempo llevas blogueando?
- Pues, verás, me registré a finales de 2005 y escribí algunos post bastante tristes, que no tienen nada que ver con el Paper que soy ahora. Por eso considero que cuando empecé realmente a ser un bloguero fue en mayo de 2006, cuando "comencé" con mi nueva vida, con energías renovadas y ganas de mostrarme al mundo blog tal y como soy. De hecho, los dos o tres posts anteriores los borré y si pinchas en mis archivos antes de mayo no aparecerá nada. Mi presentación oficial fue el "Piensa en Positivo".
- ¿Cómo te enteraste de la existencia de los blogs y te animaste a participar?
- Una amiga me recomendó el blog de "Las Lesbianas son de Otro Planeta". En más de uno de mis ratos muertos en el trabajo (sí, así va España, uno se conecta a los Interneses a tomarse un respiro cuando buenamente puede, que suele ser un par de veces en toda la semana) entraba y leía algún post de esta chica, que es estupenda y te ríes una barbaridad con las cosas que dice. Siempre me ha gustado escribir, aunque nunca pensaba que le pudiera interesar a nadie las tonterías que tenía en la cabeza. Más o menos, podríamos decir que se trataba de una cuestión de autoestima: lo que yo escriba no vale nada.
- Pero cómo puedes decir eso, con lo encantador que eres, Paper. Si yo estoy enamorado de tu blog en secreto. ¿Te quieres casar conmigo?
- Pasapalabra.... ejem. Luego hablamos, Jesús, que hay mucha gente aquí. Como iba diciendo, que yo he venido aquí a hablar de mi libro... que digaa... de mi blog, al final me animé un día y empecé a escribir con asiduidad. Necesitaba expresarme libremente y me parecía una buena forma de hacerlo.
- Dime cinco blogs que sigas a diario o con mucha frecuencia.
- Bueno, es difícil. Cualquiera de los que tengo en la sección de Imprescindibles y otros que no tengo ahí porque no me caben. Intento pinchar en todos cada vez que entro. Pero si no tengo mucho tiempo pues seguramente pincho en Arrierita, Sincro, Bofrll, Rayos-D, Martha...
- ¿Eres lector anónimo de algún blog?
- Lo cierto es que no. Hablo por los codos (en mi blog se ve, que cuando actualizo hago unos posts megalargos) y siempre tengo algo que decir (también tengo algo que decirte a ti, Jesús, pero en privado. Cuando nos estemos morreando no, que no sé hacer las dos cosas a la vez. Me refiero a besar y a hablar usando palabras).
- Jejeje. No te preocupes, Paper, que cuando terminemos la entrevista nos vamos a tomar una copita y hablamos de nuestras cosas para acabar en la cama arrancándonos la ropa... ejem. Dime, ¿algunos autores que te despierten especial simpatía?
- No sé exactamente a que te refieres con eso. No, hombre, con lo de arrancarnos la ropa a mordiscos no, con lo de "simpatía". Todos me despiertan algún tipo de simpatía, por unas cualidades o por otras. De no ser así no entraría en sus blogs a leerlos y comentarlos. Sin embargo, como hay que mojarse, diré Arrierita, Pau, Bofrll, Martha y Top. Y debo añadir a Alira, que no es bloguera pero me encanta, adoro sus comentarios.
- ¿Qué pasa? ¿Que hay rollete con la Alira o qué?
- Que no, Jesús, pero ¿qué estás diciendo? No te pongas celoso, venga va.
- ¿Qué blogs consideras de mayor calidad?
- Me parece muy bueno el de Azena, por ejemplo, porque como le dije en su blog es capaz de llegar con un par de frases y dejarte con la boca abierta. Me encanta la forma de escribir de Marsónico, su manera de contar las cosas con ese toque de ironía. Sinfonía Agridulce siempre tiene un trasfondo interesante. La Arrierita (tía, eres mi ídolo,jijiji) tiene la facultad de mezclar la ironía y la reflexión, y me parto con sus estadísticas sobre la edad mental de la población. Y Pablito, me pierden los post de Pablito, que dicen verdades como puños.
- ¿Qué pasa, que hay rollete con el Pablito?
- Jesús, te estás poniendo muy pesado ya ¿eh? Ojú. Que me voy a arrepentir de haber venido.
- ¿Con qué cinco blogueros te irías de borrachera?
- Ains, es que yo esas cosas no las hago (aparece una aureola brillando encima de mi cabeza que en un plazo de tres a cinco segundos se acaba calcinando, vete tú a saber por qué, ejem). Pero si las hiciera, en un hipotético caso, jijiji, sería con Bofrll, Irishi, la Melona, Sincro y Zuhor (menudo equipo, sería para vernos doblados perdidos diciendo incongruencias y borderías...).
- Esta pregunta me cuesta mucho hacértela, Paper, porque no me hace ni pizca de gracia. Y será mejor que si tienes intención de hacerlo sea antes de que te pida una relación estable y deje a mi novio actual, que lo digo aquí ya en antena para que se vaya preparando. A ver, ¿con qué tres blogueros pasarías una noche de locura sexual?
- ¿¿¿Cómo??? ¿Puedo pedir el comodín del público? ¡Qué barbaridad! locura sexual, pero ¿eso qué es?. Diré, diré... ¿Pero a todos juntos o una noche con cada uno? Hombre, es que eso es importante, ¿sabes? Venga, va, mejor una con cada uno y así los disfruto a mi gusto. A ver, Bofrll (éste es un bicho y seguro que... en fin, chico, que hay que pasar del cibersexo y quitarte esos boxers con la palabra lujuria personalmente, jijijiji. En verdad lo pongo porque sé que lo tengo en el bote y sé que le hace ilusión al muchacho). Pau (que lo acabo de conocer, pero su post sobre el enfermero demuestra que tiene buena imaginación y eso siempre es estupendo para estas cosas. Y, además, acabo de descubrir que tienes unos sueños bastante interesantes... esto...) y con Zuhor (porque creo que tiene un blog bastante tierno y sincero y eso me pone :o :p). Después de esto sé que algunas personas me dejarán de hablar y no se pasarán por aquí más que para llamarme guarro, calentón y salido. Pero, ea, dicho queda, ¿quién dijo miedo?
- ¿Te has enamorado alguna vez de un bloguero?
- Ays, esto parece una entrevista para el tomate. No conozco a ninguno tan bien como para haber llegado a enamorarme. Hay blogs que me enamoran, palabras que me llegan al alma y gente muy buena que aún no conozco lo suficiente (de eso estoy casi seguro).
- Y, ¿has conocido a alguno más allá del teclado?
- No. No he conocido a nadie más allá de su blog y del messenger. Tengo que decir que me da un pánico terrible hacerlo y mucha vergüenza. Y si algún día conozco a alguno de los que me leen que no se sorprendan de que los primeros cinco minutos esté mirando al suelo, sin saber qué decir y más colorado que los tomates del huerto de mi tía. Sí, podéis aprovechar esos instantes para hacerme sufrir y meteros conmigo. Pero en cuando tenga suficiente confianza, agarraros donde podáis porque la candidez se transformará en la sangre fría que algunos conocéis de otros posts a modo de pura venganza.
- ¿Estas satisfecho con tu blog?
- Hombre, es difícil de decir. Me gusta, no te voy a decir que no. El diseño que pillé de Azulica me encanta. Aún a día de hoy me gusta pararme a mirar ese pececito de la cabecera, los colores, las fuentes tipográficas... en cuanto a contenidos, estoy satisfecho porque siempre cuento lo que me da la gana y como me da la gana. Sin tapujos (que debe ser el objetivo de todo diario ¿no?). Escribo sobre temas que me preocupan, que me interesan y que me rondan la cabeza. Aunque a veces no me quedo satisfecho del todo con algunos posts. O pienso que me extiendo demasiado y aburro. Pero, en general, puedo decir que sí. Trato de mejorar cada día.
- Pues, Paper, ha llegado el momento de que elijas a entre tres y cinco blogueros para que contesten a estas preguntas en sus blogs...
- Los nominados para que se mojen son:
Sincro (porque ella me pasó la pelota de los secretos inconfesables y sé que le gustará contestar)
Bofrll (éste se moja seguro y además pasará la pelota a otros interesantes. Hay que pensar en estrategia, jijijijiji)
Pablito (porque me cabe la esperanza de que se replantee su orientación sexual al menos por una noche y me incluya entre los blogueros con los que pasar una noche de sexo loca, jijijijijiji, la aureola debe haberse desintegrado en el cosmos para no aparecer jamás).
Marsónico (porque, aunque tengo la impresión de que no le va a gustar, tengo curiosidad por sus respuestas)
Marthita (porque la adoro y sé que me hará caso, ya que fue una de las pocas que escribió sobre sus secretos inconfesables. Nena, que no te dejo tregua. El día que me las devuelva todas juntas... temblará el barquito de papel).
Arrierita (porque me encanta su blog y me encantará leer sus respuestas, estoy seguro).
- Pero esos son 6, Paper. Te has pasado.
- Jesús, yo siempre voy más allá de lo establecido. Soy insaciable (cara de pervertido total)... tjo, tjo, tjo, tjo, ejem (pero que guarrete me pongo, leñe).
- Eso habrá que verlo...
- Lo verás, lo verás... siempre y cuando quieras y no seas un imbécil...
- Bueno, querid@s bloguer@s y otr@s lector@s sin blog, ha llegado el momento de que os mojéis todos y expreséis justo aquí debajo una cualidad y un defecto del blog de PaperBoat. Podéis criticarlo todo lo que queráis. Animáos, es gratis y él os va a querer igual... es así de idiota.
- Jesús no te molestes en mirarme a la cara nunca más, ¿vale?
Sí. Hasta en mis fantasías los tíos son imbéciles :p
- Hola, muy buen@s (días, tardes, noches, que lo elija el lector según la hora del día en la que se encuentre leyendo el blog. Mejor por la noche, que el programa así parece que tiene más glamour y a continuación pueden exponerse temas no aptos para menores, aunque éste sea un factor que se pasan por el forro el 99% de las cadenas de televisión.) Bueno, bueno, para el invitado de esta noche (que estoy deseando recibirlo) no hay palabras para presentarlo. Él es estupendo, fantástico, maravilloso... el que mejor navega por la blogsfera. Pero, será mejor que lo descubráis vosotros mismos. ¡Paperboat!
Salgo yo, supermono de la muerte vestido (imaginaos, que voy a salir en la tele y con Jesús, por favor, me debí haber pasado como quince horas tratando de encontrar algo adecuado y dos horas y media peinándome el flequillo. El arreglado pero informal vale para todos los casos menos para éste.), con una gran sonrisa en la cara de esas que me gusta llevar a mí. Jesús me recibe con un muerdo... quiero decir, con dos besos en la cara y me siento en el sofá.
- Hola, Paper. Encantado de tenerte aquí esta noche.
- El gusto es mío, Jesús, sin duda.
- Espérate, porque aún no sabes qué voy a preguntar, que a lo mejor te arrepientes de haber venido.
- Jajaja, no creo. A ver, lánzate (esto lo digo con cara de viciosete, porque uno no lo puede evitar ante lo que tiene delante, que queréis que os diga).
- Muy bien. Empecemos por algo sencillito. ¿Cuánto tiempo llevas blogueando?
- Pues, verás, me registré a finales de 2005 y escribí algunos post bastante tristes, que no tienen nada que ver con el Paper que soy ahora. Por eso considero que cuando empecé realmente a ser un bloguero fue en mayo de 2006, cuando "comencé" con mi nueva vida, con energías renovadas y ganas de mostrarme al mundo blog tal y como soy. De hecho, los dos o tres posts anteriores los borré y si pinchas en mis archivos antes de mayo no aparecerá nada. Mi presentación oficial fue el "Piensa en Positivo".
- ¿Cómo te enteraste de la existencia de los blogs y te animaste a participar?
- Una amiga me recomendó el blog de "Las Lesbianas son de Otro Planeta". En más de uno de mis ratos muertos en el trabajo (sí, así va España, uno se conecta a los Interneses a tomarse un respiro cuando buenamente puede, que suele ser un par de veces en toda la semana) entraba y leía algún post de esta chica, que es estupenda y te ríes una barbaridad con las cosas que dice. Siempre me ha gustado escribir, aunque nunca pensaba que le pudiera interesar a nadie las tonterías que tenía en la cabeza. Más o menos, podríamos decir que se trataba de una cuestión de autoestima: lo que yo escriba no vale nada.
- Pero cómo puedes decir eso, con lo encantador que eres, Paper. Si yo estoy enamorado de tu blog en secreto. ¿Te quieres casar conmigo?
- Pasapalabra.... ejem. Luego hablamos, Jesús, que hay mucha gente aquí. Como iba diciendo, que yo he venido aquí a hablar de mi libro... que digaa... de mi blog, al final me animé un día y empecé a escribir con asiduidad. Necesitaba expresarme libremente y me parecía una buena forma de hacerlo.
- Dime cinco blogs que sigas a diario o con mucha frecuencia.
- Bueno, es difícil. Cualquiera de los que tengo en la sección de Imprescindibles y otros que no tengo ahí porque no me caben. Intento pinchar en todos cada vez que entro. Pero si no tengo mucho tiempo pues seguramente pincho en Arrierita, Sincro, Bofrll, Rayos-D, Martha...
- ¿Eres lector anónimo de algún blog?
- Lo cierto es que no. Hablo por los codos (en mi blog se ve, que cuando actualizo hago unos posts megalargos) y siempre tengo algo que decir (también tengo algo que decirte a ti, Jesús, pero en privado. Cuando nos estemos morreando no, que no sé hacer las dos cosas a la vez. Me refiero a besar y a hablar usando palabras).
- Jejeje. No te preocupes, Paper, que cuando terminemos la entrevista nos vamos a tomar una copita y hablamos de nuestras cosas para acabar en la cama arrancándonos la ropa... ejem. Dime, ¿algunos autores que te despierten especial simpatía?
- No sé exactamente a que te refieres con eso. No, hombre, con lo de arrancarnos la ropa a mordiscos no, con lo de "simpatía". Todos me despiertan algún tipo de simpatía, por unas cualidades o por otras. De no ser así no entraría en sus blogs a leerlos y comentarlos. Sin embargo, como hay que mojarse, diré Arrierita, Pau, Bofrll, Martha y Top. Y debo añadir a Alira, que no es bloguera pero me encanta, adoro sus comentarios.
- ¿Qué pasa? ¿Que hay rollete con la Alira o qué?
- Que no, Jesús, pero ¿qué estás diciendo? No te pongas celoso, venga va.
- ¿Qué blogs consideras de mayor calidad?
- Me parece muy bueno el de Azena, por ejemplo, porque como le dije en su blog es capaz de llegar con un par de frases y dejarte con la boca abierta. Me encanta la forma de escribir de Marsónico, su manera de contar las cosas con ese toque de ironía. Sinfonía Agridulce siempre tiene un trasfondo interesante. La Arrierita (tía, eres mi ídolo,jijiji) tiene la facultad de mezclar la ironía y la reflexión, y me parto con sus estadísticas sobre la edad mental de la población. Y Pablito, me pierden los post de Pablito, que dicen verdades como puños.
- ¿Qué pasa, que hay rollete con el Pablito?
- Jesús, te estás poniendo muy pesado ya ¿eh? Ojú. Que me voy a arrepentir de haber venido.
- ¿Con qué cinco blogueros te irías de borrachera?
- Ains, es que yo esas cosas no las hago (aparece una aureola brillando encima de mi cabeza que en un plazo de tres a cinco segundos se acaba calcinando, vete tú a saber por qué, ejem). Pero si las hiciera, en un hipotético caso, jijiji, sería con Bofrll, Irishi, la Melona, Sincro y Zuhor (menudo equipo, sería para vernos doblados perdidos diciendo incongruencias y borderías...).
- Esta pregunta me cuesta mucho hacértela, Paper, porque no me hace ni pizca de gracia. Y será mejor que si tienes intención de hacerlo sea antes de que te pida una relación estable y deje a mi novio actual, que lo digo aquí ya en antena para que se vaya preparando. A ver, ¿con qué tres blogueros pasarías una noche de locura sexual?
- ¿¿¿Cómo??? ¿Puedo pedir el comodín del público? ¡Qué barbaridad! locura sexual, pero ¿eso qué es?. Diré, diré... ¿Pero a todos juntos o una noche con cada uno? Hombre, es que eso es importante, ¿sabes? Venga, va, mejor una con cada uno y así los disfruto a mi gusto. A ver, Bofrll (éste es un bicho y seguro que... en fin, chico, que hay que pasar del cibersexo y quitarte esos boxers con la palabra lujuria personalmente, jijijiji. En verdad lo pongo porque sé que lo tengo en el bote y sé que le hace ilusión al muchacho). Pau (que lo acabo de conocer, pero su post sobre el enfermero demuestra que tiene buena imaginación y eso siempre es estupendo para estas cosas. Y, además, acabo de descubrir que tienes unos sueños bastante interesantes... esto...) y con Zuhor (porque creo que tiene un blog bastante tierno y sincero y eso me pone :o :p). Después de esto sé que algunas personas me dejarán de hablar y no se pasarán por aquí más que para llamarme guarro, calentón y salido. Pero, ea, dicho queda, ¿quién dijo miedo?
- ¿Te has enamorado alguna vez de un bloguero?
- Ays, esto parece una entrevista para el tomate. No conozco a ninguno tan bien como para haber llegado a enamorarme. Hay blogs que me enamoran, palabras que me llegan al alma y gente muy buena que aún no conozco lo suficiente (de eso estoy casi seguro).
- Y, ¿has conocido a alguno más allá del teclado?
- No. No he conocido a nadie más allá de su blog y del messenger. Tengo que decir que me da un pánico terrible hacerlo y mucha vergüenza. Y si algún día conozco a alguno de los que me leen que no se sorprendan de que los primeros cinco minutos esté mirando al suelo, sin saber qué decir y más colorado que los tomates del huerto de mi tía. Sí, podéis aprovechar esos instantes para hacerme sufrir y meteros conmigo. Pero en cuando tenga suficiente confianza, agarraros donde podáis porque la candidez se transformará en la sangre fría que algunos conocéis de otros posts a modo de pura venganza.
- ¿Estas satisfecho con tu blog?
- Hombre, es difícil de decir. Me gusta, no te voy a decir que no. El diseño que pillé de Azulica me encanta. Aún a día de hoy me gusta pararme a mirar ese pececito de la cabecera, los colores, las fuentes tipográficas... en cuanto a contenidos, estoy satisfecho porque siempre cuento lo que me da la gana y como me da la gana. Sin tapujos (que debe ser el objetivo de todo diario ¿no?). Escribo sobre temas que me preocupan, que me interesan y que me rondan la cabeza. Aunque a veces no me quedo satisfecho del todo con algunos posts. O pienso que me extiendo demasiado y aburro. Pero, en general, puedo decir que sí. Trato de mejorar cada día.
- Pues, Paper, ha llegado el momento de que elijas a entre tres y cinco blogueros para que contesten a estas preguntas en sus blogs...
- Los nominados para que se mojen son:
Sincro (porque ella me pasó la pelota de los secretos inconfesables y sé que le gustará contestar)
Bofrll (éste se moja seguro y además pasará la pelota a otros interesantes. Hay que pensar en estrategia, jijijijiji)
Pablito (porque me cabe la esperanza de que se replantee su orientación sexual al menos por una noche y me incluya entre los blogueros con los que pasar una noche de sexo loca, jijijijijiji, la aureola debe haberse desintegrado en el cosmos para no aparecer jamás).
Marsónico (porque, aunque tengo la impresión de que no le va a gustar, tengo curiosidad por sus respuestas)
Marthita (porque la adoro y sé que me hará caso, ya que fue una de las pocas que escribió sobre sus secretos inconfesables. Nena, que no te dejo tregua. El día que me las devuelva todas juntas... temblará el barquito de papel).
Arrierita (porque me encanta su blog y me encantará leer sus respuestas, estoy seguro).
- Pero esos son 6, Paper. Te has pasado.
- Jesús, yo siempre voy más allá de lo establecido. Soy insaciable (cara de pervertido total)... tjo, tjo, tjo, tjo, ejem (pero que guarrete me pongo, leñe).
- Eso habrá que verlo...
- Lo verás, lo verás... siempre y cuando quieras y no seas un imbécil...
- Bueno, querid@s bloguer@s y otr@s lector@s sin blog, ha llegado el momento de que os mojéis todos y expreséis justo aquí debajo una cualidad y un defecto del blog de PaperBoat. Podéis criticarlo todo lo que queráis. Animáos, es gratis y él os va a querer igual... es así de idiota.
- Jesús no te molestes en mirarme a la cara nunca más, ¿vale?
Sí. Hasta en mis fantasías los tíos son imbéciles :p
El Post de la Suerte
Este post no os va a proporcionar la felicidad absoluta, ni después de leerlo os va a tocar el gordo de la lotería (que, por cierto, ver las marquesinas con un Papa Noel diciendo que ya hay lotería de Navidad con el calorín que hace me parece lo que más fuera de lugar del mundo puede estar, aparte de las desfasadas canciones de Hombres G). Tampoco váis a tener más suerte en el amor (no, el capullo ese que no os hace caso no va a caer rendido en vuestros brazos tras reenviar el post a quince mil doscientas veintiocho personas ni váis a conocer al maromo de vuestra vida debajo de un abeto mientras las mariposas revolotean a vuestro alrededor indicándoos que estáis a punto de conocer a vuestra verdadera alma gemela).
Este post tiene la intención de reflexionar sobre esos magníficos momentos en los que te encuentras con alguien a quien no ves desde hace mucho tiempo. Alguien a quien, quizás, no tenías ni intención de saludar, pero que te para como si fueras uno de sus mil mejores amigos de toda la vida. Ya sabéis, la típica pregunta de siempre:
- Y... ¿qué es de tu vida?
- Pues verás, estoy fijo en la empresa, porque encontré trabajo de lo mío y tal, y, bueno, no me puedo quejar.
- ¡Qué suerte tienes! ¿No?
En esos precisos instantes se te abren mucho los ojos, como si de un momento a otro fueras a convertirte en un sucedáneo del muñeco verde de la película Mostruos SA. ¿Suerte? Bueno, depende de lo que entendamos por suerte, los conceptos son muy importantes. Si consideramos que haber estado cuatro años sacándome una carrera, mientras en el último curso compaginaba los estudios con la especialización por las tardes... si añadimos que, con todo el calor del mundo, en el mes de junio de hace un par de años tuve que hacer piruetas para llevar adelante los exámenes, los trabajos finales del máster gracias al cual tengo el trabajo (oins, que pijo que me queda lo del máster siempre, de verdad) y las prácticas (para las que tenía que coger dos autobuses de ida y otros dos de vuelta), sufriendo las miserias que lleva encima todo becario que se precie... pues sí, oye. ¡He tenido una suerte de cojones!
No dudo que haya gente que tenga suerte de verdad, pero no es mi caso. Al menos, no suele serlo. Quiero decir que hay personas que nacen con una flor en el culo y hagan lo que hagan todo les va a salir a pedir de boca sin menear un dedo. Se trata de seres gracias a los cuales los que somos como yo nos sentimos unos pringaos todo el tiempo. Por alguna extraña fuerza maquiavélica de la tierra yo me lo tengo que currar mucho para llegar a cualquier sitio. Por eso no me gusta nada que la gente me diga, de buenas a primeras, que si tengo algo es por mero producto del azar, como si me hubiera despertado una mañana y me lo hubiera encontrado todo hecho o como si tuviera un hada madrina que al amanecer convirtiera las calabazas en carreras, los ratones en trabajos y las colillas en tíos buenos. Y mira que fumo, pero de tíos buenos nada, ¿eh? Se ve que el hada madrina tiene un pacto con Jesús Vázquez para que esté esperándolo toda la vida y en lugar de tíos buenos en condiciones me manda tíos pseudobuenos gilipollas.
Pongamos otros ejemplos para ilustrar la idea de la suerte. El dinero ha sido un tema bastante controvertido durante mi vida. Porque yo trabajaba y tenía un poco más de pasta para hacer con ella lo que quisiera. Un poner: Tengo muchos CDs de música, porque llevo desde los 13 años comprándome. Cuando alguien entra en mi habitación por primera vez y ve todos los que tengo me dice algo así como:
- Qué suerte, ¿no? ¿Es que te los regalan?
Sí, mira, cuando voy andando por la calle todas y cada una de las personas con las que me cruzo tienen que pagar un peaje del módico precio de un CD original y que me guste. Antes publico una lista de "mis cds más deseados y que no tengo" en todos los periódicos locales, nacionales e internacionales (que nunca se sabe si uno va a viajar). Y si me cruzo con un tío y, además, está bueno, me tiene que dar un morreo (uys, no entremos en estos temas, que al final acabamos mal).
Por favor, me los he comprado yo siempre. ¿Que de dónde he sacado el dinero? Pues mira, no he tenido la suerte de que mis padres me dieran paga, sino que he tenido que trabajar mucho desde muy jovencito. Allí que estaba yo, todos los domingos levantándome a las 7 de la mañana mientras mis amigos venían de fiesta medio borrachuzos y hartos de bailotear. Porque o era eso o era tener que pedir limosna para comprarme unos puñeteros pantalones decentes. Aunque hubiera tenido los domingos libres, no hubiera dispuesto de dinero para salir, así que... Y si eso es suerte... pues que venga Madonna y lo vea.
En el caso de los estudios, era prácticamente lo mismo. En la facultad yo siempre estaba de un lado a otro, de cachondeo y demás, por lo que imagino que debía dar la impresión de que me lo pasaba todo por el forro de los pantalones y que acudía a los pasillos solo para que los tíos me miraran y supieran que había un chulazo en sus clases (se trataba de una técnica altruísta para animar a otros al estudio y a asistir a clase, jijijijiji). Un día sale una nota, te pegas al tablón y el que tienes al lado te dice:
- ¿Has sacado matrícula de honor en esta asignatura? ¡Qué suerte tienes!
Claro, tuvo que ser eso. No tiene nada que ver que haya venido a clase todos los días, nevara, tronara o hubiera un tsunami y que le hiciera al buen hombre un trabajo de cien páginas que me costó sudores, sangre y lágrimas, ya que todos los días salía de la biblioteca con 4 libros más gordos que la enciclopedia de Planeta Agustini. Y que el día antes de la fecha de entrega se me jodiera la impresora y tuviera que correr a un ciber y gastarme una pasta para que me lo imprimieran... eso sí que fue potra. Me salió redondo, oye.
Y digo yo, pocas asignaturas, por no decir ninguna, he aprobado por puro azar del destino, en estos exámenes en los que ponen justo lo único que te habías estudiado. No, a mí me suele pasar lo contrario, me ponen lo único que no me he estudiado. Y si he aprobado estudiando poco ha sido por mis habilidades (de redacción, no seáis mal pensados... aunque si hubieran sido otro tipo de habilidades, como esa de comprarte unas buenas rodilleras e ir directo al despacho del profesor, tampoco hubiera sido suerte. Hubiera sido estómago, más que nada, porque hay que ver cada profesor más asqueroso que he tenido.)
Es que no entiendo la facilidad que tiene la gente para restar méritos a los demás. Cuando me apunté a estudiar a distancia mientras trabajaba, todos me decían la suerte que tenía por tener tiempo libre para estudiar después del trabajo. ¿Tiempo? Los que intentáis messengear conmigo sabéis que no aparezco ni a la de tres, que hablar conmigo por teléfono es la odisea más grande del mundo y que para quedar para tomar una cervecita hay que rellenar poco menos que una instancia. Así que tiempo libre, lo que se dice tiempo libre tengo poco.
Está claro que muchas de las cosas en las que me embarco me las busco yo. No me estoy quejando por estar más liado que la pata de un romano, ni porque tenga que bajarme las series por el Emule para irlas siguiendo medianamente, a mi ritmo (que cuando la gente ya ha terminado de ver la tercera temporada de cualquier serie en televisión, yo aún voy por la primera. Que en vez de capítulos semanales acaban siendo mensuales). Me quejo porque me voy a quedar con las ganas de que un día, cuando le cuente a alguien lo bien que me va en la empresa, que me han ascendido, que tengo una carrera y que estoy estudiando otra conteste cosas como:
- Coño, tío, ¡te lo mereces!
Porque, a lo mejor, puede darse el hipotético caso, por decir algo, de que si me han ascendido es porque he trabajado más horas que el cirujano plástico de la Cher, porque me he comido algún que otro marrón, porque me he implicado, porque soy un buen diseñador gráfico, porque soy responsable... miles de posibilidades. Y si he sacado buena nota en un examen, puede ser porque me haya roto los cuernos estudiando, porque para hacer el trabajo me lo haya currado más allá de cortar y pegar de internet, porque haya hablado hasta con la portera del bloque de al lado para conseguir información... no sé ¿no?
Hablar de la aceptación es parecido:
- ¿Y tu familia sabe que eres gay?
- Sí. Pero lo llevan bien, vaya, no me puedo quejar.
- Joder, qué suerte.
No influye en absoluto en la situación actual que mi madre se pasara dos semanas repitiéndome que me tenía que echar una buena novia y dejarme de tonterías, que tuviera que explicarle a alguno de mis hermanos que ser gay no consiste en ir vestido de Drag Queen entrando en cuartos oscuros agarrado de la mano de la prima hermana de la Chicholina mientras me dirijo a mí mismo solamente en femenino porque espero algún día operarme y ponerme unas tetas que ríase la Veneno, que otro hermano se pasara una semana sin mirarme a la cara o que yo haya intentado siempre explicarlo todo para dejar claro que ser gay solamente consiste en que te gusten las personas de tu mismo sexo y en que tienes una vida en pareja (eso si encuentras a alguien, claro) con una persona del mismo sexo que tú. Lo llevan bien ahora, pero, en su momento pudo ser el drama más grande del mundo.
Tengo la suerte, y esto sí es verdad, de que no me importe lo más mínimo tener que currármelo. Porque como dice cierta canción de Pastora cuyo título no voy a decir, Marsónico...
"Ay de mí, las cosas más raras siempre van a por mí".
"Ay de mí, si cambiara mi suerte no podría dormir"
Y, sea por suerte o porque esté más a gusto que un arbusto con mi vida, conmigo mismo y con como he llegado al punto de estarlo, yo duermo estupendamente.
Este post tiene la intención de reflexionar sobre esos magníficos momentos en los que te encuentras con alguien a quien no ves desde hace mucho tiempo. Alguien a quien, quizás, no tenías ni intención de saludar, pero que te para como si fueras uno de sus mil mejores amigos de toda la vida. Ya sabéis, la típica pregunta de siempre:
- Y... ¿qué es de tu vida?
- Pues verás, estoy fijo en la empresa, porque encontré trabajo de lo mío y tal, y, bueno, no me puedo quejar.
- ¡Qué suerte tienes! ¿No?
En esos precisos instantes se te abren mucho los ojos, como si de un momento a otro fueras a convertirte en un sucedáneo del muñeco verde de la película Mostruos SA. ¿Suerte? Bueno, depende de lo que entendamos por suerte, los conceptos son muy importantes. Si consideramos que haber estado cuatro años sacándome una carrera, mientras en el último curso compaginaba los estudios con la especialización por las tardes... si añadimos que, con todo el calor del mundo, en el mes de junio de hace un par de años tuve que hacer piruetas para llevar adelante los exámenes, los trabajos finales del máster gracias al cual tengo el trabajo (oins, que pijo que me queda lo del máster siempre, de verdad) y las prácticas (para las que tenía que coger dos autobuses de ida y otros dos de vuelta), sufriendo las miserias que lleva encima todo becario que se precie... pues sí, oye. ¡He tenido una suerte de cojones!
No dudo que haya gente que tenga suerte de verdad, pero no es mi caso. Al menos, no suele serlo. Quiero decir que hay personas que nacen con una flor en el culo y hagan lo que hagan todo les va a salir a pedir de boca sin menear un dedo. Se trata de seres gracias a los cuales los que somos como yo nos sentimos unos pringaos todo el tiempo. Por alguna extraña fuerza maquiavélica de la tierra yo me lo tengo que currar mucho para llegar a cualquier sitio. Por eso no me gusta nada que la gente me diga, de buenas a primeras, que si tengo algo es por mero producto del azar, como si me hubiera despertado una mañana y me lo hubiera encontrado todo hecho o como si tuviera un hada madrina que al amanecer convirtiera las calabazas en carreras, los ratones en trabajos y las colillas en tíos buenos. Y mira que fumo, pero de tíos buenos nada, ¿eh? Se ve que el hada madrina tiene un pacto con Jesús Vázquez para que esté esperándolo toda la vida y en lugar de tíos buenos en condiciones me manda tíos pseudobuenos gilipollas.
Pongamos otros ejemplos para ilustrar la idea de la suerte. El dinero ha sido un tema bastante controvertido durante mi vida. Porque yo trabajaba y tenía un poco más de pasta para hacer con ella lo que quisiera. Un poner: Tengo muchos CDs de música, porque llevo desde los 13 años comprándome. Cuando alguien entra en mi habitación por primera vez y ve todos los que tengo me dice algo así como:
- Qué suerte, ¿no? ¿Es que te los regalan?
Sí, mira, cuando voy andando por la calle todas y cada una de las personas con las que me cruzo tienen que pagar un peaje del módico precio de un CD original y que me guste. Antes publico una lista de "mis cds más deseados y que no tengo" en todos los periódicos locales, nacionales e internacionales (que nunca se sabe si uno va a viajar). Y si me cruzo con un tío y, además, está bueno, me tiene que dar un morreo (uys, no entremos en estos temas, que al final acabamos mal).
Por favor, me los he comprado yo siempre. ¿Que de dónde he sacado el dinero? Pues mira, no he tenido la suerte de que mis padres me dieran paga, sino que he tenido que trabajar mucho desde muy jovencito. Allí que estaba yo, todos los domingos levantándome a las 7 de la mañana mientras mis amigos venían de fiesta medio borrachuzos y hartos de bailotear. Porque o era eso o era tener que pedir limosna para comprarme unos puñeteros pantalones decentes. Aunque hubiera tenido los domingos libres, no hubiera dispuesto de dinero para salir, así que... Y si eso es suerte... pues que venga Madonna y lo vea.
En el caso de los estudios, era prácticamente lo mismo. En la facultad yo siempre estaba de un lado a otro, de cachondeo y demás, por lo que imagino que debía dar la impresión de que me lo pasaba todo por el forro de los pantalones y que acudía a los pasillos solo para que los tíos me miraran y supieran que había un chulazo en sus clases (se trataba de una técnica altruísta para animar a otros al estudio y a asistir a clase, jijijijiji). Un día sale una nota, te pegas al tablón y el que tienes al lado te dice:
- ¿Has sacado matrícula de honor en esta asignatura? ¡Qué suerte tienes!
Claro, tuvo que ser eso. No tiene nada que ver que haya venido a clase todos los días, nevara, tronara o hubiera un tsunami y que le hiciera al buen hombre un trabajo de cien páginas que me costó sudores, sangre y lágrimas, ya que todos los días salía de la biblioteca con 4 libros más gordos que la enciclopedia de Planeta Agustini. Y que el día antes de la fecha de entrega se me jodiera la impresora y tuviera que correr a un ciber y gastarme una pasta para que me lo imprimieran... eso sí que fue potra. Me salió redondo, oye.
Y digo yo, pocas asignaturas, por no decir ninguna, he aprobado por puro azar del destino, en estos exámenes en los que ponen justo lo único que te habías estudiado. No, a mí me suele pasar lo contrario, me ponen lo único que no me he estudiado. Y si he aprobado estudiando poco ha sido por mis habilidades (de redacción, no seáis mal pensados... aunque si hubieran sido otro tipo de habilidades, como esa de comprarte unas buenas rodilleras e ir directo al despacho del profesor, tampoco hubiera sido suerte. Hubiera sido estómago, más que nada, porque hay que ver cada profesor más asqueroso que he tenido.)
Es que no entiendo la facilidad que tiene la gente para restar méritos a los demás. Cuando me apunté a estudiar a distancia mientras trabajaba, todos me decían la suerte que tenía por tener tiempo libre para estudiar después del trabajo. ¿Tiempo? Los que intentáis messengear conmigo sabéis que no aparezco ni a la de tres, que hablar conmigo por teléfono es la odisea más grande del mundo y que para quedar para tomar una cervecita hay que rellenar poco menos que una instancia. Así que tiempo libre, lo que se dice tiempo libre tengo poco.
Está claro que muchas de las cosas en las que me embarco me las busco yo. No me estoy quejando por estar más liado que la pata de un romano, ni porque tenga que bajarme las series por el Emule para irlas siguiendo medianamente, a mi ritmo (que cuando la gente ya ha terminado de ver la tercera temporada de cualquier serie en televisión, yo aún voy por la primera. Que en vez de capítulos semanales acaban siendo mensuales). Me quejo porque me voy a quedar con las ganas de que un día, cuando le cuente a alguien lo bien que me va en la empresa, que me han ascendido, que tengo una carrera y que estoy estudiando otra conteste cosas como:
- Coño, tío, ¡te lo mereces!
Porque, a lo mejor, puede darse el hipotético caso, por decir algo, de que si me han ascendido es porque he trabajado más horas que el cirujano plástico de la Cher, porque me he comido algún que otro marrón, porque me he implicado, porque soy un buen diseñador gráfico, porque soy responsable... miles de posibilidades. Y si he sacado buena nota en un examen, puede ser porque me haya roto los cuernos estudiando, porque para hacer el trabajo me lo haya currado más allá de cortar y pegar de internet, porque haya hablado hasta con la portera del bloque de al lado para conseguir información... no sé ¿no?
Hablar de la aceptación es parecido:
- ¿Y tu familia sabe que eres gay?
- Sí. Pero lo llevan bien, vaya, no me puedo quejar.
- Joder, qué suerte.
No influye en absoluto en la situación actual que mi madre se pasara dos semanas repitiéndome que me tenía que echar una buena novia y dejarme de tonterías, que tuviera que explicarle a alguno de mis hermanos que ser gay no consiste en ir vestido de Drag Queen entrando en cuartos oscuros agarrado de la mano de la prima hermana de la Chicholina mientras me dirijo a mí mismo solamente en femenino porque espero algún día operarme y ponerme unas tetas que ríase la Veneno, que otro hermano se pasara una semana sin mirarme a la cara o que yo haya intentado siempre explicarlo todo para dejar claro que ser gay solamente consiste en que te gusten las personas de tu mismo sexo y en que tienes una vida en pareja (eso si encuentras a alguien, claro) con una persona del mismo sexo que tú. Lo llevan bien ahora, pero, en su momento pudo ser el drama más grande del mundo.
Tengo la suerte, y esto sí es verdad, de que no me importe lo más mínimo tener que currármelo. Porque como dice cierta canción de Pastora cuyo título no voy a decir, Marsónico...
"Ay de mí, las cosas más raras siempre van a por mí".
"Ay de mí, si cambiara mi suerte no podría dormir"
Y, sea por suerte o porque esté más a gusto que un arbusto con mi vida, conmigo mismo y con como he llegado al punto de estarlo, yo duermo estupendamente.
Cuando Marcan Territorio (arriba la patita)
Este fin de semana he tenido una curiosa experiencia. Curiosa no porque nunca me haya ocurrido, sino porque creía que no volvería a repetirse. Ya sabéis, es como cuando patinábamos y de repente nos estronciábamos contra un coche aparcado y nos quedábamos como si nos hubiéramos transformado en una calcomanía, con los brazos y las piernas extendidos y la cara pegada al cristal de la ventanilla del asiento trasero. Y cuando despegabas la cara (dejándole al dueño del coche una bonita señal de tu rostro) veías como la calle no podía estar más llena y que todo el mundo (incluído algún amor platónico de la infancia) te estaba mirando y se aguantaban las risas con poco éxito. En esos casos prefieres pensar que nunca más te va a pasar, que con una vez ya es suficiente, y que el destino no puede ser tan malvado. Pero no. Lo es. Aunque, no por ello dejas de patinar. Sino que aprendes a ser más cauteloso, a caerte de otra manera o, simplemente, no caerte de ninguna de las maneras.
Para información de todos, este fin de semana NO he hecho el ridículo (plas, plas, plas, Paaaaaperrr, Paaaaaapeeeeerr, ovación y aplausos del público). Y eso que me tocaba, porque asumí la regla de "fin de semana sí, fin de semana no", y como el pasado fue tranquilito, pues a este le tocaba movimiento. Pero, a estas horas, aún no lo he hecho (y cuando escriba este post me aislaré en mi propio mundo y no hablaré con nadie para conseguir que sea así, porque aún faltan algunas horitas para las doce y sigo sin fiarme del maldito destino).
Sin embargo, tengo que decir que me han meado encima. No, no estoy hablando en el sentido literal, por supuesto (el cubata que me derramaron en la barra anoche no cuenta). Quiero decir que han marcado territorio, porque, claro, uno es monísimo de la muerte y cuando alguien a quien diste un beso y salió corriendo se encuentra contigo de nuevo y ve lo que se ha perdido, se araña la cara, aunque no lo admitiría en la vida (como buen chulo mierda que es). Más cuando hay otros posibles candidatos alrededor dispuestos a no huir y que intentan entablar conversación contigo. Más cuando esos candidatos son amigos de él y se han formado una buena opinión de ti y le dicen lo encantador que eres (ains, espera, que me sacudo la pelusilla del hombro).
Que conste que, ya lo he dicho en multitud de ocasiones, a mí no me gusta jugar. Pero si los demás se empeñan... habrá que hacer de tripas corazón y entrar en el fastuoso juego plagado de tonterías del ligoteo. Así que, sin más dilación, os voy a exponer lo que debe ocurrir en una de estas situaciones:
1. El reencuentro.
Después de algún tiempo sin veros, resulta crucial. Tienes que estar de buen ver, pero que no se note que pretendes hacerle la puñeta. Es lo de siempre, arreglado pero informal. En cuanto a la actitud, la mejor opción es transformarte en la reina del hielo (y hacer eso con este calor es duro). Hacer ver que no te vas a derretir ni aunque se haya traído un lanzallamas en el bolsillo del pantalón. Es más, hay que demostrar que puedes enfriar al más calentito con una sola mirada. Ya hubo llamas en su momento y él se encargó de apagarlas. No debes mirarlo, no puedes saludarlo. Debe ser él quien de ese paso. Y cuando se acerque como si fuera el rey del mambo porque sabe que le gustas y que hiciste el ridículo por él apenas unas semanas antes, ni siquiera lo miras, como si lo que estás haciendo (aunque sea ver el programa de Ana Rosa Quintana) fuera lo más interesante del mundo. ¿Que si funciona? Por favor, ¿os daría yo tácticas que no hubiera probado antes con éxito? No falla. El sujeto se acerca, te saluda y además te mira de reojo (no es capaz de mirarte directamente porque tu mirada fulminante lo dejaría hecho trizas). Y tú te haces el indiferente. Lo que está contando no te interesa lo más mínimo.
Si lo haces tan bien como yo, resultará que el individuo te dedicará alguna que otra miradita mientras habla para comprobar si estás pendiente de él y te digirirá algún que otro comentario para captar tu atención. Bien.
Superada la primera prueba, el momento contacto y primera conversación, no puedes venirte abajo. Ya todo viene rodado. Sólo tienes que seguir así,¡¡¡ no lo estropees!!! Aunque sus miradas sean cada vez más tiernas y desconsoladas. No hay piedad. Acuérdate de si él tuvo piedad cuando pasó lo que pasó. Piensa en lo que te hizo. No exageres, a ver si te va a dar un síncope de despecho en plan drama queen y entonces lo estropeas de igual modo, porque, ante todo, indiferencia, como si lo que le hubieras dicho aquella noche sólo hubiera salido por tu boca por efectos del alcohol y del bocadillo de tortilla caducada que te tomaste antes.
2. Tengamos una animada charla.
Es muy común que, conforme vaya avanzando la noche, el chico se te acerque e inicie conversaciones contigo del tipo:
- ¿Qué te cuentas?
- Qué calor hace ¿no?
- ¡¡¡Mira, mira, fíjate, pero si tengo cinco dedos en la mano!!!
En fin, temas tan interesantes que no te será difícil hacer caso omiso. Ante el último tema propuesto no caigas en la tentación de contestarle: "¿Sí? ¿Tienes cinco dedos? Pues mira, yo sólo tengo uno. "(Mientras le pones el dedo corazón tan cerca de la cara que sientes su respiración entrecortada y rabiosa). Puede darte satisfacción momentánea, pero es mejor que aguantes tus borderías y con cortesía pases de él.
El momento decisivo viene cuando ve que no le prestas la mínima atención y empieza a relajar su lengua. Entonces oirás cosas como:
- "Que guapo estás hoy ¿no?"
- "Venga, a bailar, a mover ese cuerpo, precioso"
- "Qué bien me lo pasé el otro día" (refiriéndose a la noche de actos en la que le diste el beso).
También habrá gestos como venir a darte fuego desde la otra punta del bar antes siquiera de que consigas sacar el cigarrillo del paquete, una caricia en la nuca o que te eche el brazo por encima de los hombros mientras andáis y te habla contándote su vida, haciéndote ver que confía en ti. Bueno, bien, esta es la parte más difícil. La entereza es fundamental. No derritas tu densa capa de hielo. Si lo haces, te dejarás llevar y volverá a dejarte con un palmo de narices y con la gotita de sudor de los dibujos animados manga. Y esta noche no puede ocurrir eso. Tienes que dormir como los ángeles.
3. Llamar la atención.
Tu fuerza y capacidad mental unido a que los otros posibles candidatos te están hablando, te miran, te sonríen y te integran en conversaciones en las que sí hablas, harán que al sujeto se le empiece a formar una sonrisa agridulce, con la boca daleada y que, además, trate de llamar tu atención mediante actos idiotas con la excusa de que se está emborrachando. Si además, has estado atento y sabes que sólo se ha tomado dos copas y que él tiene mucho más aguante que eso, ya que lo comprobaste en otra ocasión, a ti se te empezará a formar una sonrisa triunfal parecida a la que los de Marbella pusieron cuando vieron en las noticias que a Julián Muñoz lo enchironaban. Fácil y sencillo. El chico puede tener rostro de estreñimiento mental en momentos aislados de la noche, con convulsiones provocadas por el desfallecimiento de la única neurona medio útil que le quedaba en el cerebro.
4. Despedidas satisfactorias (el individuo cae del todo hasta colocar su nariz tan cerca del suelo que podría fumarse las colillas sin usar las manos).
Finalmente, en el momento despedida, que será muy pronto en la noche porque él se irá al poco con la excusa de que ha quedado con unos amigos muy guapos y extremadamente cachas, tu actitud debe ser como si le fueras a decir un simple adiós con un gesto de tu mano. Sabrás si has tenido un éxito rotundo si se acerca a ti y en lugar de darte la mano o dos besos te da un abrazo y te dice que espera verte pronto. Cuando te des la vuelta verás fuegos artificiales y puede darse el caso de que tengas una sensación parecida a un orgasmo.
En la otra cara de la moneda, ¿qué hubiera ocurrido si te hubieras creído que tenía intenciones de ligar contigo en serio porque le gustas? Respuesta fácil: se hubiera vuelto a reír de ti, porque lo único que él esperaba era que siguieras babeando por sus huesos, que te dejaras la espina dorsal intentando hacerle feliz y que besaras el suelo por donde pisaba. Porque a este tipo de personas les encaaaanta tener a alguien detrás, tontear haciendo ver que puede ocurrir algo y luego, si la cosa se pone seria, aprovechar su ambigüedad para hacerte creer que estás loco de remate por haber visto señales donde no las había.
Anoche dormí como los ángeles.
Resultado: Autoestima 10. No me lo puedo creer, pues si llevo más de tres post con el mismo nivel. Jejejejeje, ¡qué fuerte!
Si a todo esto, consigues unirle un factor sorpresa, se podrán oír tus gemidos de satisfacción desde el quinto... algo sencillo, no sé, como ver los calzoncillos de cierta persona en vivo y en directo (unos boxers muy monos en los que se lee la palabra "lujuria" en la parte trasera - eso si te da tiempo de leerlo).
Con todos estos factores bien combinados... tu fin de semana no habrá tenido desperdicio.
Para información de todos, este fin de semana NO he hecho el ridículo (plas, plas, plas, Paaaaaperrr, Paaaaaapeeeeerr, ovación y aplausos del público). Y eso que me tocaba, porque asumí la regla de "fin de semana sí, fin de semana no", y como el pasado fue tranquilito, pues a este le tocaba movimiento. Pero, a estas horas, aún no lo he hecho (y cuando escriba este post me aislaré en mi propio mundo y no hablaré con nadie para conseguir que sea así, porque aún faltan algunas horitas para las doce y sigo sin fiarme del maldito destino).
Sin embargo, tengo que decir que me han meado encima. No, no estoy hablando en el sentido literal, por supuesto (el cubata que me derramaron en la barra anoche no cuenta). Quiero decir que han marcado territorio, porque, claro, uno es monísimo de la muerte y cuando alguien a quien diste un beso y salió corriendo se encuentra contigo de nuevo y ve lo que se ha perdido, se araña la cara, aunque no lo admitiría en la vida (como buen chulo mierda que es). Más cuando hay otros posibles candidatos alrededor dispuestos a no huir y que intentan entablar conversación contigo. Más cuando esos candidatos son amigos de él y se han formado una buena opinión de ti y le dicen lo encantador que eres (ains, espera, que me sacudo la pelusilla del hombro).
Que conste que, ya lo he dicho en multitud de ocasiones, a mí no me gusta jugar. Pero si los demás se empeñan... habrá que hacer de tripas corazón y entrar en el fastuoso juego plagado de tonterías del ligoteo. Así que, sin más dilación, os voy a exponer lo que debe ocurrir en una de estas situaciones:
1. El reencuentro.
Después de algún tiempo sin veros, resulta crucial. Tienes que estar de buen ver, pero que no se note que pretendes hacerle la puñeta. Es lo de siempre, arreglado pero informal. En cuanto a la actitud, la mejor opción es transformarte en la reina del hielo (y hacer eso con este calor es duro). Hacer ver que no te vas a derretir ni aunque se haya traído un lanzallamas en el bolsillo del pantalón. Es más, hay que demostrar que puedes enfriar al más calentito con una sola mirada. Ya hubo llamas en su momento y él se encargó de apagarlas. No debes mirarlo, no puedes saludarlo. Debe ser él quien de ese paso. Y cuando se acerque como si fuera el rey del mambo porque sabe que le gustas y que hiciste el ridículo por él apenas unas semanas antes, ni siquiera lo miras, como si lo que estás haciendo (aunque sea ver el programa de Ana Rosa Quintana) fuera lo más interesante del mundo. ¿Que si funciona? Por favor, ¿os daría yo tácticas que no hubiera probado antes con éxito? No falla. El sujeto se acerca, te saluda y además te mira de reojo (no es capaz de mirarte directamente porque tu mirada fulminante lo dejaría hecho trizas). Y tú te haces el indiferente. Lo que está contando no te interesa lo más mínimo.
Si lo haces tan bien como yo, resultará que el individuo te dedicará alguna que otra miradita mientras habla para comprobar si estás pendiente de él y te digirirá algún que otro comentario para captar tu atención. Bien.
Superada la primera prueba, el momento contacto y primera conversación, no puedes venirte abajo. Ya todo viene rodado. Sólo tienes que seguir así,¡¡¡ no lo estropees!!! Aunque sus miradas sean cada vez más tiernas y desconsoladas. No hay piedad. Acuérdate de si él tuvo piedad cuando pasó lo que pasó. Piensa en lo que te hizo. No exageres, a ver si te va a dar un síncope de despecho en plan drama queen y entonces lo estropeas de igual modo, porque, ante todo, indiferencia, como si lo que le hubieras dicho aquella noche sólo hubiera salido por tu boca por efectos del alcohol y del bocadillo de tortilla caducada que te tomaste antes.
2. Tengamos una animada charla.
Es muy común que, conforme vaya avanzando la noche, el chico se te acerque e inicie conversaciones contigo del tipo:
- ¿Qué te cuentas?
- Qué calor hace ¿no?
- ¡¡¡Mira, mira, fíjate, pero si tengo cinco dedos en la mano!!!
En fin, temas tan interesantes que no te será difícil hacer caso omiso. Ante el último tema propuesto no caigas en la tentación de contestarle: "¿Sí? ¿Tienes cinco dedos? Pues mira, yo sólo tengo uno. "(Mientras le pones el dedo corazón tan cerca de la cara que sientes su respiración entrecortada y rabiosa). Puede darte satisfacción momentánea, pero es mejor que aguantes tus borderías y con cortesía pases de él.
El momento decisivo viene cuando ve que no le prestas la mínima atención y empieza a relajar su lengua. Entonces oirás cosas como:
- "Que guapo estás hoy ¿no?"
- "Venga, a bailar, a mover ese cuerpo, precioso"
- "Qué bien me lo pasé el otro día" (refiriéndose a la noche de actos en la que le diste el beso).
También habrá gestos como venir a darte fuego desde la otra punta del bar antes siquiera de que consigas sacar el cigarrillo del paquete, una caricia en la nuca o que te eche el brazo por encima de los hombros mientras andáis y te habla contándote su vida, haciéndote ver que confía en ti. Bueno, bien, esta es la parte más difícil. La entereza es fundamental. No derritas tu densa capa de hielo. Si lo haces, te dejarás llevar y volverá a dejarte con un palmo de narices y con la gotita de sudor de los dibujos animados manga. Y esta noche no puede ocurrir eso. Tienes que dormir como los ángeles.
3. Llamar la atención.
Tu fuerza y capacidad mental unido a que los otros posibles candidatos te están hablando, te miran, te sonríen y te integran en conversaciones en las que sí hablas, harán que al sujeto se le empiece a formar una sonrisa agridulce, con la boca daleada y que, además, trate de llamar tu atención mediante actos idiotas con la excusa de que se está emborrachando. Si además, has estado atento y sabes que sólo se ha tomado dos copas y que él tiene mucho más aguante que eso, ya que lo comprobaste en otra ocasión, a ti se te empezará a formar una sonrisa triunfal parecida a la que los de Marbella pusieron cuando vieron en las noticias que a Julián Muñoz lo enchironaban. Fácil y sencillo. El chico puede tener rostro de estreñimiento mental en momentos aislados de la noche, con convulsiones provocadas por el desfallecimiento de la única neurona medio útil que le quedaba en el cerebro.
4. Despedidas satisfactorias (el individuo cae del todo hasta colocar su nariz tan cerca del suelo que podría fumarse las colillas sin usar las manos).
Finalmente, en el momento despedida, que será muy pronto en la noche porque él se irá al poco con la excusa de que ha quedado con unos amigos muy guapos y extremadamente cachas, tu actitud debe ser como si le fueras a decir un simple adiós con un gesto de tu mano. Sabrás si has tenido un éxito rotundo si se acerca a ti y en lugar de darte la mano o dos besos te da un abrazo y te dice que espera verte pronto. Cuando te des la vuelta verás fuegos artificiales y puede darse el caso de que tengas una sensación parecida a un orgasmo.
En la otra cara de la moneda, ¿qué hubiera ocurrido si te hubieras creído que tenía intenciones de ligar contigo en serio porque le gustas? Respuesta fácil: se hubiera vuelto a reír de ti, porque lo único que él esperaba era que siguieras babeando por sus huesos, que te dejaras la espina dorsal intentando hacerle feliz y que besaras el suelo por donde pisaba. Porque a este tipo de personas les encaaaanta tener a alguien detrás, tontear haciendo ver que puede ocurrir algo y luego, si la cosa se pone seria, aprovechar su ambigüedad para hacerte creer que estás loco de remate por haber visto señales donde no las había.
Anoche dormí como los ángeles.
Resultado: Autoestima 10. No me lo puedo creer, pues si llevo más de tres post con el mismo nivel. Jejejejeje, ¡qué fuerte!
Si a todo esto, consigues unirle un factor sorpresa, se podrán oír tus gemidos de satisfacción desde el quinto... algo sencillo, no sé, como ver los calzoncillos de cierta persona en vivo y en directo (unos boxers muy monos en los que se lee la palabra "lujuria" en la parte trasera - eso si te da tiempo de leerlo).
Con todos estos factores bien combinados... tu fin de semana no habrá tenido desperdicio.
Mentiras y Secretos
No es ninguna novedad que la gente dice mentiras continuamente. Todos, y digo absolutamente todos, hemos soltado mentirijillas acerca de multitud de cosas, algunas tan tontas que continuamos con la mentira porque nos avergüenza haber utilizado uno de esos valiosos embustes para algo así. Porque si algo caracteriza a un buen mentiroso es que su acto en sí no es compulsivo, sino que lo medita y dice las mentiras precisas. Elegir el momento para mentir, soltarlo y no hacerlo en mucho tiempo, para disfrazarte de sinceridad y obtener la mayor credibilidad posible.
También existe el caso de mentirse a uno mismo. Éste es de los mejores, porque cuando te quieres dar cuenta es como si te hubieran insertado en una película de Almodóvar y te pasas catorce horas y media preguntándote cómo has llegado hasta ese punto, de qué manera y por qué vas vestido de una forma tan estrafalaria.
En el amor, claro que mentimos. Y muchas veces sin darnos cuenta o influídos por las canciones, las películas y hasta los anuncios de cereales. Se trata de los topicazos de la muerte, aquellos que parecen sacados de las historias de Sandra Bullock y compañía (véase cualquier película romántica y se entenderá perfectamente. Para más señas, en todos los carteles de esas películas aparecen los dos protagonistas, que suelen ser un chico y una chica - fíjate, qué casualidad - en actitud denominada popularmente como "pava" o de "se me cae la baba" con Manhattan, París o Roma de fondo, para añadir un factor aún más pasteloso al asunto). Resulta que después de haber visto doscientas historias cortadas todas por el mismo patrón, sólo con protagonistas diferentes (aunque Sandra aparece en un 60% de ellas) y después de haber escuchado el "Sin Ti No Soy Nada" de Amaral, el "Will Always Love You" de la Whitney y el "Take My Breath Away" de Berlin te colocas delante de tu pareja y te salen frases como las que siguen:
- Te querré toda la vida.
- Nunca podré mirar a nadie igual que a ti.
- Me moriría si no estuviera contigo.
- Nunca me podré enamorar de nadie después de haberte conocido.
- Cuando miro hacia cualquier parte pienso en ti, aunque lo que esté visualizando sea un bocata de chorizo de mi pueblo.
- Chupa, chupa, que yo te aviso.
Ejem, esta última se escapó, no viene de una de las pelis que estamos hablando. El caso es que este tipo de cosas son promesas que no se pueden cumplir. Como dice una canción de Amaral, "No pongas un precio que no puedes pagar, no quiero marchantes de arte". Se dicen por la intensidad del momento, y otras veces para quedar de puta madre, para que nos vamos a engañar. Pero no son reales, no pueden serlo. Yendo al grano, otra de las grandes mentiras que se dicen es:
- No tengo secretos para ti.
Vamos, hombre, por favor. Todos tenemos secretos, una parte íntima de nosotros mismos que no desvelaríamos ni aunque estuviéramos recostados en un diván frente al mismísimo Freud. Y no es malo que la tengamos, todo lo contrario. Es esencial que exista una parcela rodeada de una gran cuerda de terciopelo y en la que no entre nadie. Es totalmente lógico preservar esa esencia de cada uno. No, no se trata de tener dos caras. No, no es una justificación para que mientas a tu novio mientras te estás cepillando al charcutero del Mercadona más cercano. No. Es mucho más profundo que todo eso. Es un yo que sólo tú puedes conocer.
Y... ¿a qué viene esto? Hace varios días, Sincro me retó en su blog a que expusiera siete, nada menos que siete secretos inconfesables. Uff, una gran responsabilidad, porque a ver qué cuento yo ahora (que marrón me dejas, nena). Haré un esfuerzo y trataré de rescatar siete bonitos secretos para que vuestra imagen de mí no decaiga (más aún).
1. Cuando era pequeño estaba enganchadísimo a uno de estos teatrillos que hacía la Lina Morgan. No, no me enorgullezco de ello. Sí, sé que después de esto las posibilidades de encontrar un novio se me reducen en un 99%, pero que le vamos a hacer... Era "Celeste no es un color" y yo me reía una barbaridad. Me descojonaba con la Lina Morgan borracha cantando aquello de "yo choy pervercha yo choy genial, los hombres dichen que choy chenchuallllll...." y hablando con un maniquí mientras sostenía una botella de chinchón en la mano.
2. Tengo un vértigo horrible. No puedo subirme a una distancia más alta que una silla, porque me mareo y temo escoñarme a lo bestia. Me da pánico. Al igual que el tema de las ahogadillas. Me pongo negro si alguien intenta zambullirme en el agua en contra de mi voluntad. Puedo dejar de hablar durante varios días por algo así.
3. Mi punto débil es el cuello. Los labios también. No hay nada que me ponga más que un beso bien dado, sea en la boca o en el cuello. Más que cualquier magreo o cualquier cosa que me puedan decir al oído. Esto...Tatojimi, Bof ¿cuándo decís que tengo que besar a esos cien hombres?
4. De pequeñito dormía con un osito Mimosín, rosa (si es que mamá, con semejantes juguetes, que esperabas, ¿hija? ¿A Rocco?). El osito estaba tan carcomido (se le había saltado un ojo y todo) que mi querida madre se deshizo de él de la forma más cruel e incomprensible que nunca ha existido: lo deshizo del todo, sacó la lana o el relleno que llevaba para no se qué y tiró el cuerpo de Mimosín deforme, arrugado y hueco a la basura. Es que mi madre lo reutiliza todo: camiseta vieja = trapo para limpiar el polvo, por ejemplo. Desde entonces estoy un poco traumatizado y si alguien quisiera ganarme por completo solo tendría que encontrarme un mimosín rosa como aquel. Comería de su mano.
5. La razón por la que no le he dicho a nadie que conozca que tengo un blog (quitando a Puka), la verdadera razón, es que no quiero que se corra la voz y personas indeseables sepan que soy yo el que escribe aquí. No quiero encontrarme con gente de mi pasado. ¿Será que aún les tengo miedo? No sé, simplemente no quiero tener más problemas en mi vida y sé perfectamente que esas personas se dejarían caer por aquí, aunque solo fuera para dar un poco de por culo (en el mal sentido de la expresión, claro está).
6. En mis momentos bajos pienso firmemente que soy un tío demasiado raro, con tendencia a la locura y que nunca voy a encontrar a otro hombre (que cumpla con todos los requisitos que yo pongo, por supuesto) dispuesto a aguantarme y quererme tal y como soy. Jamás de los jamases y si algún día lo encuentro haré el pino con un bollicao en la boca y cantaré "Tú te has burlado de mí" de Camela doscientas veces.
7. Los comentarios que me dejáis me hacen mucha, mucha ilusión. Coincido con Sincro en esto. Me sube la moral que me leáis y que, además os guste lo que leéis. Cuando miro cada uno de vuestros comentarios siempre saco una sonrisa, por lo que decís y por la ilusión que me hace que otra persona al otro lado de esta pantalla se haya tomado la molestia de leer, pensar y escribir. No lo digo por peloteo, os lo puedo asegurar. Quizás sea sólo una forma de alimentar mi ego o mi exhibicionismo, pero lo considero uno de mis pequeños placeres.
Bueno, ¿qué esperábais? No son nada del otro mundo, lo sé. Pero es que, ya lo he dicho muchas veces, soy una persona bastante sosa en el fondo. Lo que sí os digo es que aunque no lo veáis gran cosa, para mí valen más que cualquier diamante de tres mil quilates o que cualquier objeto de chorrocientos mil euros.
Se supone que este juego acaba cuando yo señalo con el dedo a otras cinco personas para que lo continúen (las siguientes víctimas, jejeje). En lugar de eso, reto a todos los que me estáis leyendo a que contéis algunos de vuestros secretos inconfesables, ya sea en vuestro blog o en el mío. Y sólo si os apetece.
¿Habeís oído eso de "cada vez que cuentas un secreto haces a la persona que lo escucha un poco más especial"? Pues ea, siete, nada menos. ¡¡¡ Y quejaros encima!!! :)
También existe el caso de mentirse a uno mismo. Éste es de los mejores, porque cuando te quieres dar cuenta es como si te hubieran insertado en una película de Almodóvar y te pasas catorce horas y media preguntándote cómo has llegado hasta ese punto, de qué manera y por qué vas vestido de una forma tan estrafalaria.
En el amor, claro que mentimos. Y muchas veces sin darnos cuenta o influídos por las canciones, las películas y hasta los anuncios de cereales. Se trata de los topicazos de la muerte, aquellos que parecen sacados de las historias de Sandra Bullock y compañía (véase cualquier película romántica y se entenderá perfectamente. Para más señas, en todos los carteles de esas películas aparecen los dos protagonistas, que suelen ser un chico y una chica - fíjate, qué casualidad - en actitud denominada popularmente como "pava" o de "se me cae la baba" con Manhattan, París o Roma de fondo, para añadir un factor aún más pasteloso al asunto). Resulta que después de haber visto doscientas historias cortadas todas por el mismo patrón, sólo con protagonistas diferentes (aunque Sandra aparece en un 60% de ellas) y después de haber escuchado el "Sin Ti No Soy Nada" de Amaral, el "Will Always Love You" de la Whitney y el "Take My Breath Away" de Berlin te colocas delante de tu pareja y te salen frases como las que siguen:
- Te querré toda la vida.
- Nunca podré mirar a nadie igual que a ti.
- Me moriría si no estuviera contigo.
- Nunca me podré enamorar de nadie después de haberte conocido.
- Cuando miro hacia cualquier parte pienso en ti, aunque lo que esté visualizando sea un bocata de chorizo de mi pueblo.
- Chupa, chupa, que yo te aviso.
Ejem, esta última se escapó, no viene de una de las pelis que estamos hablando. El caso es que este tipo de cosas son promesas que no se pueden cumplir. Como dice una canción de Amaral, "No pongas un precio que no puedes pagar, no quiero marchantes de arte". Se dicen por la intensidad del momento, y otras veces para quedar de puta madre, para que nos vamos a engañar. Pero no son reales, no pueden serlo. Yendo al grano, otra de las grandes mentiras que se dicen es:
- No tengo secretos para ti.
Vamos, hombre, por favor. Todos tenemos secretos, una parte íntima de nosotros mismos que no desvelaríamos ni aunque estuviéramos recostados en un diván frente al mismísimo Freud. Y no es malo que la tengamos, todo lo contrario. Es esencial que exista una parcela rodeada de una gran cuerda de terciopelo y en la que no entre nadie. Es totalmente lógico preservar esa esencia de cada uno. No, no se trata de tener dos caras. No, no es una justificación para que mientas a tu novio mientras te estás cepillando al charcutero del Mercadona más cercano. No. Es mucho más profundo que todo eso. Es un yo que sólo tú puedes conocer.
Y... ¿a qué viene esto? Hace varios días, Sincro me retó en su blog a que expusiera siete, nada menos que siete secretos inconfesables. Uff, una gran responsabilidad, porque a ver qué cuento yo ahora (que marrón me dejas, nena). Haré un esfuerzo y trataré de rescatar siete bonitos secretos para que vuestra imagen de mí no decaiga (más aún).
1. Cuando era pequeño estaba enganchadísimo a uno de estos teatrillos que hacía la Lina Morgan. No, no me enorgullezco de ello. Sí, sé que después de esto las posibilidades de encontrar un novio se me reducen en un 99%, pero que le vamos a hacer... Era "Celeste no es un color" y yo me reía una barbaridad. Me descojonaba con la Lina Morgan borracha cantando aquello de "yo choy pervercha yo choy genial, los hombres dichen que choy chenchuallllll...." y hablando con un maniquí mientras sostenía una botella de chinchón en la mano.
2. Tengo un vértigo horrible. No puedo subirme a una distancia más alta que una silla, porque me mareo y temo escoñarme a lo bestia. Me da pánico. Al igual que el tema de las ahogadillas. Me pongo negro si alguien intenta zambullirme en el agua en contra de mi voluntad. Puedo dejar de hablar durante varios días por algo así.
3. Mi punto débil es el cuello. Los labios también. No hay nada que me ponga más que un beso bien dado, sea en la boca o en el cuello. Más que cualquier magreo o cualquier cosa que me puedan decir al oído. Esto...Tatojimi, Bof ¿cuándo decís que tengo que besar a esos cien hombres?
4. De pequeñito dormía con un osito Mimosín, rosa (si es que mamá, con semejantes juguetes, que esperabas, ¿hija? ¿A Rocco?). El osito estaba tan carcomido (se le había saltado un ojo y todo) que mi querida madre se deshizo de él de la forma más cruel e incomprensible que nunca ha existido: lo deshizo del todo, sacó la lana o el relleno que llevaba para no se qué y tiró el cuerpo de Mimosín deforme, arrugado y hueco a la basura. Es que mi madre lo reutiliza todo: camiseta vieja = trapo para limpiar el polvo, por ejemplo. Desde entonces estoy un poco traumatizado y si alguien quisiera ganarme por completo solo tendría que encontrarme un mimosín rosa como aquel. Comería de su mano.
5. La razón por la que no le he dicho a nadie que conozca que tengo un blog (quitando a Puka), la verdadera razón, es que no quiero que se corra la voz y personas indeseables sepan que soy yo el que escribe aquí. No quiero encontrarme con gente de mi pasado. ¿Será que aún les tengo miedo? No sé, simplemente no quiero tener más problemas en mi vida y sé perfectamente que esas personas se dejarían caer por aquí, aunque solo fuera para dar un poco de por culo (en el mal sentido de la expresión, claro está).
6. En mis momentos bajos pienso firmemente que soy un tío demasiado raro, con tendencia a la locura y que nunca voy a encontrar a otro hombre (que cumpla con todos los requisitos que yo pongo, por supuesto) dispuesto a aguantarme y quererme tal y como soy. Jamás de los jamases y si algún día lo encuentro haré el pino con un bollicao en la boca y cantaré "Tú te has burlado de mí" de Camela doscientas veces.
7. Los comentarios que me dejáis me hacen mucha, mucha ilusión. Coincido con Sincro en esto. Me sube la moral que me leáis y que, además os guste lo que leéis. Cuando miro cada uno de vuestros comentarios siempre saco una sonrisa, por lo que decís y por la ilusión que me hace que otra persona al otro lado de esta pantalla se haya tomado la molestia de leer, pensar y escribir. No lo digo por peloteo, os lo puedo asegurar. Quizás sea sólo una forma de alimentar mi ego o mi exhibicionismo, pero lo considero uno de mis pequeños placeres.
Bueno, ¿qué esperábais? No son nada del otro mundo, lo sé. Pero es que, ya lo he dicho muchas veces, soy una persona bastante sosa en el fondo. Lo que sí os digo es que aunque no lo veáis gran cosa, para mí valen más que cualquier diamante de tres mil quilates o que cualquier objeto de chorrocientos mil euros.
Se supone que este juego acaba cuando yo señalo con el dedo a otras cinco personas para que lo continúen (las siguientes víctimas, jejeje). En lugar de eso, reto a todos los que me estáis leyendo a que contéis algunos de vuestros secretos inconfesables, ya sea en vuestro blog o en el mío. Y sólo si os apetece.
¿Habeís oído eso de "cada vez que cuentas un secreto haces a la persona que lo escucha un poco más especial"? Pues ea, siete, nada menos. ¡¡¡ Y quejaros encima!!! :)
Son tan Fuertes tus Miradas
Debido a mi estado físico-mental después de lo del beso fallido (que parece que no, pero a uno le afectan estas cosas, jijijiji), he decidido no besar a nadie en, al menos, unos años, hasta que mi autoestima vuelva a situarse en un punto medianamente aceptable. Es decir, hasta que vuelva a tener valor para hacer el ridículo. Aunque, todo hay que decirlo, cada vez me cuesta menos y lo hago más sin darme cuenta.
En lugar de ir hacia delante, yo voy hacia atrás, como los cangrejos. En vez de ir a más, voy a menos. Y este fin de semana he tenido una "experiencia miraditas". Para los que no lo sepan, que dudo yo que alguien no esté informado porque el que más y el que menos ha mirado al panadero, al cartero, al chófer del autobús o a aquel ti@ buen@ que se sentaba dos filas delante en la autoescuela, las "experiencias miraditas" consisten en cuatro ojos que se cruzan por mero azar del destino. Claro, la cosa no queda aquí, porque nuestros ojos se cruzan con los ojos de otr@s much@s en multitud de ocasiones al cabo del día. Pero la "experiencia miraditas" se caracteriza porque en el momento en el que las dos miradas interfieren, en un punto intermedio surge una chispa. Un piloto rojo se enciende encima de las cabezas de los dos. Es como el anuncio de Axe aquel en el que las pupilas se dilataban a lo bestia, como si andando por la calle hubieras visto al Razzinger cogido de la mano de Yola Berrocal. Algo así.
Situación: estás sentado en un banco manteniendo una agradable conversación con tu ex por el móvil. Tu cara debe ser un poema, porque a pesar del tono disimuladamente cordial que usa, sabes que no puede ser tan bonito como lo pinta y que, de un momento a otro, te vas a llevar un hachazo (eso si no te lo ha dado ya y lo coges con efecto retardado). Osea, que lo de flores, mariposas, arco iris, plastilina, en cualquier momento se transforma en el más grande de los infiernos. Entonces aparece ÉL. Uno que no está nada mal, pero al que apenas echas cuentas porque, como ya he dicho, tu mente se encuentra más ocupada tratando de adivinar desde que punto va a venir el golpe que del tío bueno que pasa por delante tuya. Eso es obvio, que hay que estar en lo que estamos. Aunque algunos hombres sepan hacer dos cosas a la vez (como decía aquel anuncio), os aseguro que lidiar con la lengua de tu ex y estar pendiente del tío bueno que se acerca a 40 grados a la derecha no es compatible. Entre otras cosas porque, llegados a cierto punto, piensas que da igual lo bueno que esté porque debe estar entre el 90 por ciento de amables personas cuya edad mental es infinitamente inferior a la del 10 por ciento restante. Arrierita, me has marcado
Entonces ÉL te mira. Y, notándote observado, le devuelves la mirada. En seguida sabes que acabas de caer en una "experiencia miraditas". No existe una teorema práctico que nos lleve a deducir directamente que estamos en una de estas situaciones. Solamente lo sabes. Es sumamente importante mirar a ambos lados, a ver si, por algún casual, alguien más está junto a ti y la miradita no iba dirigida a tus ojos en ningún momento (que estas cosas pasan y uno ya se cura en salud). Compruebas que no vas a hacer el ridículo (para eso siempre queda el momento beso) y ves que estás solo. Oeoeeoeoooeeeee (ovación y aplausos del público): estás solo. Te ha mirado a ti.
Este punto es crucial para una de estas experiencias. Porque puede que todo se haya quedado en un cruce de miradas casual, ambiguo, que te deje pensando que podía haber sido porque le has gustado o porque tienes un moco o estás más despeinado que una chica Pantene en Tarifa (que, vuelvo a repetir, estas cosas pasan). Pero entonces ÉL, te vuelve a mirar. No una, ni dos, ni tres, sino cuatro veces. Muy seguidas además, a lo más descarado. Pudor y discrección 0. Lo hace para que sepas que lo está haciendo.
Atención: puede haber un peligro. Puede que te esté mirando porque, en realidad, lo conoces y no te acuerdas de él. Puede ser que te liaras con él hace ocho años y entre el ciego monumental que llevabas esa noche, las luces del bar y el hecho de que la gente de noche es totalmente diferente a como es de día (ya se sabe, de noche todos son como más guays y eso ¿no?)ahora no lo reconocieras ni aunque llevara un certificado firmado que dijera "Yo le besé y no salí huyendo" pegado en la frente. Sí, sí, sí, ya sé que soy muy pesado, pero ESTAS COSAS PASAN. Y, sobre todo, me pasan a mí.
Vale, no te está mirando porque tengas algo raro en la cara porque te sonríe de aquella manera y además es claramente reincidente. Vale, no lo conoces de nada. Entonces sí, estás en una auténtica "experiencia miraditas". Le devuelves la mirada y una sonrisilla de medio lado porque, puede parecer que estás sonriendo por lo que te están contando al otro lado del móvil. Da cierto toque de ambigüedad. Es un "Yo sonrío porque me da la gana y miro en tu dirección porque me molas, pero también puede ser que esté hablando con mi novio tres veces más buenorro y más gracioso que tú y me lo esté pasando pipa". Es el clásico "Venga, mójate que yo me voy poniendo los manguitos", pero adaptado al caso.
El gesto definitivo: si cuando ha pasado y está ya de espaldas se vuelve casualmente a atarse el cordón del zapato (si lleva chanclas se le ha visto el plumero), a coger un panfleto, a mirar al infinito en plan soñador y te echa una última mirada, no cabe la menor duda. Le gustas mucho y te quiere poner un piso en Torrevieja. Bueno, lo del piso es un poco precipitado, pero puede que en ciertos casos, si te lo curras lo suficiente, lo consigas (aunque los que te quieren comprar con un piso no es que sean muy guapos ni muy atractivos en ningún sentido... pero oye, un piso es un piso y si tienes estómago...la mitad te viene rodado en esta vida).
En fin, que se ha vuelto descaradamente para mirarte y tú vas y le sonríes a más no poder, porque ya te sale solo. Más aún cuando descubres que no ha usado ninguna de las excusas anteriormente propuestas, sino que le ha echado un par de huevos y lo ha hecho sin rodeos. En este momento es muy importante sacar la camiseta que Arrierita propuso en su comentario en mi anterior post. Una que diga "No voy a pedirte matrimonio formal, sólo quiero saber tu edad mental". Puede parecer un poco precipitado porque aún no has cruzado una sola palabra con él, pero cuanto antes te la pongas mejor. Que luego vienen las sorpresas.
Es muy común que se te vengan a la cabeza imágenes de películas (subiditas de tono) según las cuales los dos desconocidos se meten en el servicio de cualquier lugar y sin mediar palabra empiezan a quitarse la ropa con los dientes como posesos. Si es así, inspira, respira, inspira, respira, porque cabe la posibilidad de que tu imaginación haya volado tan deprisa que se te haya puesto una cara de depravado que no puedes con ella. Y, a menos que el sujeto implicado en la experiencia tenga la misma cara de depravado, saldrá corriendo en dirección a la calle cercana más concurrida para evitar los acosos que le has lanzado mentalmente.
Las "experiencias miraditas" son estupendas. Pero si, además, van unidas a que estás hablando con tu ex, al que ya no le haces ni caso porque estás demasiado ocupado estudiando al sujeto desconocido implicado (que hay que estudiarlo bien para hacer una buena investigación y obtener conclusiones infalibles) y tratando de detener tus fantasías para no poner cara de pervertido hasta que se haya ido, son terriblemente satisfactorias. Porque tu ex ha aprovechado ese preciso momento, como si estuviera sentado en el banco de enfrente coscándose de todo, para lanzarte un cuchillo. Y tú ni te has enterado. Quiero decir, lo has oído, pero no lo has procesado y por lo tanto lo has pasado por alto con tanta indiferencia que serás responsable de que le salga una úlcera en las próximas semanas. Te lo has pasado por el forro y no has entrado al trapo que era exactamente lo que él esperaba.
Resultado: autoestima 10. Ya mismo hago el ridículo de nuevo.
Y digo yo, cuando colgué el teléfono me hubiera gustado haberme encontrado con el desconocido y haberle dado las gracias. Porque, sin saberlo, me había alegrado el día de una manera un tanto peculiar. Y le hubiera cantado aquello de "son tan fuertes tus miradaaaaaasss... elegantes y estudiadaaaaasss" con voz de pito (no, esto no lo hubiera hecho, de verdad).
Nota: solo le hubiera hablado para darle las gracias y me hubiera ido tan feliz pegando pequeños saltitos. Bueno, si me hubiera invitado a una cerveza la hubiera aceptado, pero solo porque no tenía nada mejor que hacer en ese momento y hacía bastante calor. Y la cerveza hubiera sido en un lugar público. Bueno, aunque si tenía que ir a su casa a soltar la mochila o a desenchufar la plancha que se había dejado puesta... lo hubiera acompañado hasta el portal. Pero no hubiera subido. Bueno, pero...
Que no, leches, que no. Que he dicho que no habrá más besitos. Me quedo con las miradas, que estaban aseguradas.
PD: Muchas gracias a Tatojimi por la investigación tan interesante que propuso en uno de sus comentarios. Tenemos que llevarla a cabo. Yo también me sacrifico por el bien de la ciencia y de la humanidad, ea. Si hay que besar a cien tíos, uno se sacrifica y los besa. ¿Cuándo empezamos con la selección - casting?
En lugar de ir hacia delante, yo voy hacia atrás, como los cangrejos. En vez de ir a más, voy a menos. Y este fin de semana he tenido una "experiencia miraditas". Para los que no lo sepan, que dudo yo que alguien no esté informado porque el que más y el que menos ha mirado al panadero, al cartero, al chófer del autobús o a aquel ti@ buen@ que se sentaba dos filas delante en la autoescuela, las "experiencias miraditas" consisten en cuatro ojos que se cruzan por mero azar del destino. Claro, la cosa no queda aquí, porque nuestros ojos se cruzan con los ojos de otr@s much@s en multitud de ocasiones al cabo del día. Pero la "experiencia miraditas" se caracteriza porque en el momento en el que las dos miradas interfieren, en un punto intermedio surge una chispa. Un piloto rojo se enciende encima de las cabezas de los dos. Es como el anuncio de Axe aquel en el que las pupilas se dilataban a lo bestia, como si andando por la calle hubieras visto al Razzinger cogido de la mano de Yola Berrocal. Algo así.
Situación: estás sentado en un banco manteniendo una agradable conversación con tu ex por el móvil. Tu cara debe ser un poema, porque a pesar del tono disimuladamente cordial que usa, sabes que no puede ser tan bonito como lo pinta y que, de un momento a otro, te vas a llevar un hachazo (eso si no te lo ha dado ya y lo coges con efecto retardado). Osea, que lo de flores, mariposas, arco iris, plastilina, en cualquier momento se transforma en el más grande de los infiernos. Entonces aparece ÉL. Uno que no está nada mal, pero al que apenas echas cuentas porque, como ya he dicho, tu mente se encuentra más ocupada tratando de adivinar desde que punto va a venir el golpe que del tío bueno que pasa por delante tuya. Eso es obvio, que hay que estar en lo que estamos. Aunque algunos hombres sepan hacer dos cosas a la vez (como decía aquel anuncio), os aseguro que lidiar con la lengua de tu ex y estar pendiente del tío bueno que se acerca a 40 grados a la derecha no es compatible. Entre otras cosas porque, llegados a cierto punto, piensas que da igual lo bueno que esté porque debe estar entre el 90 por ciento de amables personas cuya edad mental es infinitamente inferior a la del 10 por ciento restante. Arrierita, me has marcado
Entonces ÉL te mira. Y, notándote observado, le devuelves la mirada. En seguida sabes que acabas de caer en una "experiencia miraditas". No existe una teorema práctico que nos lleve a deducir directamente que estamos en una de estas situaciones. Solamente lo sabes. Es sumamente importante mirar a ambos lados, a ver si, por algún casual, alguien más está junto a ti y la miradita no iba dirigida a tus ojos en ningún momento (que estas cosas pasan y uno ya se cura en salud). Compruebas que no vas a hacer el ridículo (para eso siempre queda el momento beso) y ves que estás solo. Oeoeeoeoooeeeee (ovación y aplausos del público): estás solo. Te ha mirado a ti.
Este punto es crucial para una de estas experiencias. Porque puede que todo se haya quedado en un cruce de miradas casual, ambiguo, que te deje pensando que podía haber sido porque le has gustado o porque tienes un moco o estás más despeinado que una chica Pantene en Tarifa (que, vuelvo a repetir, estas cosas pasan). Pero entonces ÉL, te vuelve a mirar. No una, ni dos, ni tres, sino cuatro veces. Muy seguidas además, a lo más descarado. Pudor y discrección 0. Lo hace para que sepas que lo está haciendo.
Atención: puede haber un peligro. Puede que te esté mirando porque, en realidad, lo conoces y no te acuerdas de él. Puede ser que te liaras con él hace ocho años y entre el ciego monumental que llevabas esa noche, las luces del bar y el hecho de que la gente de noche es totalmente diferente a como es de día (ya se sabe, de noche todos son como más guays y eso ¿no?)ahora no lo reconocieras ni aunque llevara un certificado firmado que dijera "Yo le besé y no salí huyendo" pegado en la frente. Sí, sí, sí, ya sé que soy muy pesado, pero ESTAS COSAS PASAN. Y, sobre todo, me pasan a mí.
Vale, no te está mirando porque tengas algo raro en la cara porque te sonríe de aquella manera y además es claramente reincidente. Vale, no lo conoces de nada. Entonces sí, estás en una auténtica "experiencia miraditas". Le devuelves la mirada y una sonrisilla de medio lado porque, puede parecer que estás sonriendo por lo que te están contando al otro lado del móvil. Da cierto toque de ambigüedad. Es un "Yo sonrío porque me da la gana y miro en tu dirección porque me molas, pero también puede ser que esté hablando con mi novio tres veces más buenorro y más gracioso que tú y me lo esté pasando pipa". Es el clásico "Venga, mójate que yo me voy poniendo los manguitos", pero adaptado al caso.
El gesto definitivo: si cuando ha pasado y está ya de espaldas se vuelve casualmente a atarse el cordón del zapato (si lleva chanclas se le ha visto el plumero), a coger un panfleto, a mirar al infinito en plan soñador y te echa una última mirada, no cabe la menor duda. Le gustas mucho y te quiere poner un piso en Torrevieja. Bueno, lo del piso es un poco precipitado, pero puede que en ciertos casos, si te lo curras lo suficiente, lo consigas (aunque los que te quieren comprar con un piso no es que sean muy guapos ni muy atractivos en ningún sentido... pero oye, un piso es un piso y si tienes estómago...la mitad te viene rodado en esta vida).
En fin, que se ha vuelto descaradamente para mirarte y tú vas y le sonríes a más no poder, porque ya te sale solo. Más aún cuando descubres que no ha usado ninguna de las excusas anteriormente propuestas, sino que le ha echado un par de huevos y lo ha hecho sin rodeos. En este momento es muy importante sacar la camiseta que Arrierita propuso en su comentario en mi anterior post. Una que diga "No voy a pedirte matrimonio formal, sólo quiero saber tu edad mental". Puede parecer un poco precipitado porque aún no has cruzado una sola palabra con él, pero cuanto antes te la pongas mejor. Que luego vienen las sorpresas.
Es muy común que se te vengan a la cabeza imágenes de películas (subiditas de tono) según las cuales los dos desconocidos se meten en el servicio de cualquier lugar y sin mediar palabra empiezan a quitarse la ropa con los dientes como posesos. Si es así, inspira, respira, inspira, respira, porque cabe la posibilidad de que tu imaginación haya volado tan deprisa que se te haya puesto una cara de depravado que no puedes con ella. Y, a menos que el sujeto implicado en la experiencia tenga la misma cara de depravado, saldrá corriendo en dirección a la calle cercana más concurrida para evitar los acosos que le has lanzado mentalmente.
Las "experiencias miraditas" son estupendas. Pero si, además, van unidas a que estás hablando con tu ex, al que ya no le haces ni caso porque estás demasiado ocupado estudiando al sujeto desconocido implicado (que hay que estudiarlo bien para hacer una buena investigación y obtener conclusiones infalibles) y tratando de detener tus fantasías para no poner cara de pervertido hasta que se haya ido, son terriblemente satisfactorias. Porque tu ex ha aprovechado ese preciso momento, como si estuviera sentado en el banco de enfrente coscándose de todo, para lanzarte un cuchillo. Y tú ni te has enterado. Quiero decir, lo has oído, pero no lo has procesado y por lo tanto lo has pasado por alto con tanta indiferencia que serás responsable de que le salga una úlcera en las próximas semanas. Te lo has pasado por el forro y no has entrado al trapo que era exactamente lo que él esperaba.
Resultado: autoestima 10. Ya mismo hago el ridículo de nuevo.
Y digo yo, cuando colgué el teléfono me hubiera gustado haberme encontrado con el desconocido y haberle dado las gracias. Porque, sin saberlo, me había alegrado el día de una manera un tanto peculiar. Y le hubiera cantado aquello de "son tan fuertes tus miradaaaaaasss... elegantes y estudiadaaaaasss" con voz de pito (no, esto no lo hubiera hecho, de verdad).
Nota: solo le hubiera hablado para darle las gracias y me hubiera ido tan feliz pegando pequeños saltitos. Bueno, si me hubiera invitado a una cerveza la hubiera aceptado, pero solo porque no tenía nada mejor que hacer en ese momento y hacía bastante calor. Y la cerveza hubiera sido en un lugar público. Bueno, aunque si tenía que ir a su casa a soltar la mochila o a desenchufar la plancha que se había dejado puesta... lo hubiera acompañado hasta el portal. Pero no hubiera subido. Bueno, pero...
Que no, leches, que no. Que he dicho que no habrá más besitos. Me quedo con las miradas, que estaban aseguradas.
PD: Muchas gracias a Tatojimi por la investigación tan interesante que propuso en uno de sus comentarios. Tenemos que llevarla a cabo. Yo también me sacrifico por el bien de la ciencia y de la humanidad, ea. Si hay que besar a cien tíos, uno se sacrifica y los besa. ¿Cuándo empezamos con la selección - casting?
Besos de Miedo
El otro día, hablando con mi amiga Alira por el messenger, me di cuenta de una verdad incuestionable. Me da un poco de reparo decirlo, pero... últimamente no es que esté haciendo carrera para que la gente que me lee tenga una grata opinión de mí, así que...
Lo diré, pero bajito:
Mis besos asustan.
Sí, sí, no me miréis así. Mis besos hacen que la gente que los recibe salga corriendo sin parar hasta que se aseguran de que se encuentran, al menos, a 10 kilómetros de mis labios. Es un hecho científico. Lejos de lo que pueda parecer, no me las estoy dando de machito ni de conquistador en plan de "Fíjate, estoy tan buenorro que echo para atrás", aunque puestos a plantear posibilidades casi prefiero quedarme con ésta.
Situación: mi conclusión ha de ser explicada a través del exhaustivo proceso de investigación que llevé a cabo, así que ahí vamos. Sábado (ya se sabe, sábado sabadete... a la cama te vas más solo que Espinete), me presentan a un montón de gente y mi querida amiga Mic no tiene otra cosa que decir mientras abraza a su novia con todas sus fuerzas y ésta no deja de darle besitos (parece que no, pero la situación en la que se encontraba añadió cierto patetismo a mi persona):
- Pues a ver si le buscamos un novio a Paper.
Yo la miré con cara de querer enviarla en un paquete de Seur al mismo centro infernal de la tierra. Joer, si es que, a este paso, me ponen un anuncio por palabras entre el de la "abuelita caliente que te prepara suculentos platos variados por 30 euros la noche" (no quiero ni imaginar a que se refiere con ninguna de las palabras que conforman el anuncio) y "Manoli, pecho ardiente, labios carnosos y 35 centímetros". Dignidad cero.
Por supuesto hubo quien dijo:
- Yo tengo a alguien para él: mi primo.
- Y... ¿es guapo tu primo?
Hay que aclarar que esto no lo pregunté yo, sino que fue mi amiga Mic la que se encargó de ahondar en todos los detalles, como si yo no tuviera voz o como si yo no estuviera delante poniendo cara de "por favor, que me trague la tierra y no me escupa jamás de los jamases". Yo estaba demasiado ocupado restregándome la cara con las manos de pura vergüenza. En fin, que la cosa fue que ultimaron los detalles y arreglaron un encuentro a ciegas, porque yo sabía de sobra que la muchacha se iba a pasar media tarde hablándole de mí al primo (y esto no es en plan creído sino porque la chica me miraba con muy buenos ojos). Y no, lo siento, no creo que lo que pasa en las películas de Sandra Bullock se haga realidad. No creo en "nos miraremos a los ojos y ambos sabremos que tendremos que ir cogidos de la manita por Chueca durante el resto de nuestras vidas mientras cientos de pétalos de rosa caen a nuestro alrededor y los pájaros y los ratones nos cantan la banda sonora de El Guardaespaldas". No, por ahí sí que no paso.
Cuando nos presentaron, yo me hice el duro ante mi amiga Mic, que casi no pudo esperar a que le diera un par de besos de cortesía para preguntarme si me gustaba. Le dije que no. Y es que no me gustaba, al menos no a primera vista. Para que engañarnos ¿no? Muy mono, muy tal, muy gracioso... blablablabla... pero no estoy por la labor porque odio profundamente a los hombres y tengo que mantener mi fama de mariquita resentida para el resto de mi vida.
Según fue avanzando la noche, la cara se me iba cambiando. A mi pesar, porque Mic y la prima del susodicho se estaban dando cuenta. Aunque no abría la boca, la prima me miraba como si ya pudiera incluírme en el álbum familiar, porque como ya he expresado en otras ocasiones, soy el primo, yerno, hermano, tío, amigo de toda la vida que toda mujer querría para sí y la mejor forma de conseguirlo es liándome con su amigo gay. El problema estriba en que, aunque para ellas sea perfecto (y debo serlo, por favor, aunque esto sea mentirme a mí mismo) no caen en la cuenta de que quizás para el directamente implicado no lo sea (y el quizás lo pongo por poner, porque antes prefieren bailar la última de King Africa en versión Caribe Mix que hablar conmigo). El caso es que, serían las luces, que estaba oscuro y mi perfil se parecía bastante al de Jesús Vázquez (jajaja, no me lo creo ni yo)... o el medio cubata que me había tomado (y los 4 que se había tomado él... ups, no es que le llevara la cuenta, es que él me lo dijo) que parecía que había feeling. Miraditas (lo peor, me pongo de los nervios), sonrisitas gilipollas y conversaciones de todo tipo. Máxima tensión sexual en el ambiente y yo que mirara donde mirara tenía a mi amiga Mic, a su novia o a la prima con la boca abierta, expectante y dándome codazos (daba igual que hubiera estado mi padre delante coscándose de todo el plan, porque aquello parecía ser de dominio público. Discrección por debajo de los límites de lo humano):
- Te gusta ¿eh?
- ¿A que sí, a que sí?
- ¡Tírale! ¡¡¡¡Al cuello, al cuello!!!!
Yo solo podía desear que de repente apareciera Rafaela Carrá cantando el "para hacer bien el amor hay que venir al sur" entre el tumulto y la atención se desviara hacia ella, aunque sólo fuera por un par de minutos. Leñe, que así uno no puede concentrarse en lo que está haciendo. Mi actitud era: "Mójate si quieres, pero tú primero. Venga, va, lánzate a la piscina que yo me voy poniendo los manguitos." Por una vez que lo haga el otro no pasa nada ¿no? Una actitud estupenda, si no fuera porque al final, viendo que se marchaba y me dejaba con la gotita de sudor de los dibujos mangas colgando de la sien y con una noche repleta de preguntas como "¿Qué significa este momento? ¿Qué ha pasado? ¿Le gustaba o era solo el efecto Axe? ¿Quería trajinarme o sólo pretendía que lo invitara a unas copichuelas", en lugar de los dos besos de rigor le di un besito en los labios. Pequeño, impúdico, inocente, tierno (hasta temblaba y todo, fíjate, si es que parecía que había vuelto a los ¿quince? No, a los quince ya era un borde de mierda, mejor a los doce).
Tras eso dijo que se quedaba un rato más. Bueno, ¿vosotros que interpretaríais? Que le gustó ¿no? Ahhhhhh, pues no. Es que el efecto del beso Paper no es instantáneo. Muchas miraditas, muchas sonrisitas y algunas conversaciones absurdas después... pasó de mí como de apuntarse a Opening a estas alturas. Llegó un momento en el que le entró la buya padre y dijo que se iba.
Hipótesis por las que una persona huye tras recibir un beso:
1. Estás tan bueno, eres tan maravilloso, tan estupendo y tus labios son tan carnosos que se emocionan, se corren en los pantalones y tienen que ir a su casa a cambiarse. Esta fijo que sí.
2. Te huele el aliento. Eres monísimo de la muerte (pues claro), pero te huele como olía la calle cuando, hace dos veranos, en pleno agosto con 49 grados a la sombra del ventilador de tu casa, los basureros hicieron una huelga de dos semanas y salir a dar una vuelta era una experiencia tan heroíca como ver el Salsa Rosa de principio a fin sin hacer zapping en ningún momento. Besas, y no tienen más remedio que marcharse a vomitar.
Descarto esta opción de pleno porque, como ya he dicho, no fue un efecto instantáneo. Además, no abrí la boca en ningún momento. Beso impúdico he dicho, e iba en serio. Que por algo me llamaron estrecho en algún momento de mi vida. Así que... desestimada queda, aunque, por si acaso, pienso comprar cantidades industriales de cajitas de smint y llenarme los bolsillos de ellas. La próxima vez que intente dar un beso tendré cuatro smints en la boca y ya os contaré si algo ocurre diferente.
3. Tienes un extraño poder en los labios que hace que todo aquel que los toque con los suyos sienta que después de el placer de tus besos no le queda nada por experimentar y nunca se excitará ni con los labios ni con cualquier otra parte del cuerpo de otra persona. Por eso, se van a su casa a suicidarse, puesto que la vida después de uno de mis besos ya no tiene ningún sentido. Jijijiji.
4. Cuando besas emites ruidos extraños y te transformas en el espíritu de la Duquesa de Alba. Hablas, pero tardas quince minutos en decir "¿Te gusto?". Por eso se quedan, para escuchar la frase y porque no salen de su asombro. Cuando recobran el poder sobre sus brazos y sus piernas los mueven todo lo que pueden de camino a la iglesia más cercana a rezar quince padrenuestros y doce avemarias y pedir a dios y al cielo que los vuelvan heterosexuales porque de lo contrario nunca tendrán valor para acercarse a un hombre que no sea su padre a menos de 20 metros.
5. Mis labios descomponen el estómago de aquel que los besa. Porque a todos parece gustarles mucho tontear, pero en cuanto la cosa se pone seria recuerdan que son unos niñatos encerrados en cuerpos de pelo en pecho y necesitan ir a casa a que mamá les de una sopita y los meta en la cama con un cuento de princesas y dragones (sustitúyase "mamá" por DVD, "sopita" por cleenex y "cuento" por película porno).
- Tras haber meditado profundamente, he llegado a la conclusión de que lo que hace que tío al que beso, tío que corre más que el mismísimo Carl Lewis, es el cague que les entra en cuanto se dan cuenta que voy en serio, que quiero algo más y que está sucediendo de verdad algo. Por eso desaparecen más rápido que un billete de veinte euros en mi cartera.
- ¡La opción 5 es la correcta, y acaba de ganar el busto de la Nancy para que lo pueda besar sin que salga corriendo y pueda sentirse usted un poco mejor!
A lo cual, sólo puedo decir haciendo gala de mi ironía perpetua que...
- Lo que ocurre es que soy demasiado para ellos.
Nota mental: No llorar desconsoladamente mientras lo dices y no añadir adjetivos como "feo", "estúpido", "patético" u "horrible" tras el "demasiado". Así no vale, por muy digno que quieras quedar añadiendo esta frase al final de tu actualización.
Lo diré, pero bajito:
Mis besos asustan.
Sí, sí, no me miréis así. Mis besos hacen que la gente que los recibe salga corriendo sin parar hasta que se aseguran de que se encuentran, al menos, a 10 kilómetros de mis labios. Es un hecho científico. Lejos de lo que pueda parecer, no me las estoy dando de machito ni de conquistador en plan de "Fíjate, estoy tan buenorro que echo para atrás", aunque puestos a plantear posibilidades casi prefiero quedarme con ésta.
Situación: mi conclusión ha de ser explicada a través del exhaustivo proceso de investigación que llevé a cabo, así que ahí vamos. Sábado (ya se sabe, sábado sabadete... a la cama te vas más solo que Espinete), me presentan a un montón de gente y mi querida amiga Mic no tiene otra cosa que decir mientras abraza a su novia con todas sus fuerzas y ésta no deja de darle besitos (parece que no, pero la situación en la que se encontraba añadió cierto patetismo a mi persona):
- Pues a ver si le buscamos un novio a Paper.
Yo la miré con cara de querer enviarla en un paquete de Seur al mismo centro infernal de la tierra. Joer, si es que, a este paso, me ponen un anuncio por palabras entre el de la "abuelita caliente que te prepara suculentos platos variados por 30 euros la noche" (no quiero ni imaginar a que se refiere con ninguna de las palabras que conforman el anuncio) y "Manoli, pecho ardiente, labios carnosos y 35 centímetros". Dignidad cero.
Por supuesto hubo quien dijo:
- Yo tengo a alguien para él: mi primo.
- Y... ¿es guapo tu primo?
Hay que aclarar que esto no lo pregunté yo, sino que fue mi amiga Mic la que se encargó de ahondar en todos los detalles, como si yo no tuviera voz o como si yo no estuviera delante poniendo cara de "por favor, que me trague la tierra y no me escupa jamás de los jamases". Yo estaba demasiado ocupado restregándome la cara con las manos de pura vergüenza. En fin, que la cosa fue que ultimaron los detalles y arreglaron un encuentro a ciegas, porque yo sabía de sobra que la muchacha se iba a pasar media tarde hablándole de mí al primo (y esto no es en plan creído sino porque la chica me miraba con muy buenos ojos). Y no, lo siento, no creo que lo que pasa en las películas de Sandra Bullock se haga realidad. No creo en "nos miraremos a los ojos y ambos sabremos que tendremos que ir cogidos de la manita por Chueca durante el resto de nuestras vidas mientras cientos de pétalos de rosa caen a nuestro alrededor y los pájaros y los ratones nos cantan la banda sonora de El Guardaespaldas". No, por ahí sí que no paso.
Cuando nos presentaron, yo me hice el duro ante mi amiga Mic, que casi no pudo esperar a que le diera un par de besos de cortesía para preguntarme si me gustaba. Le dije que no. Y es que no me gustaba, al menos no a primera vista. Para que engañarnos ¿no? Muy mono, muy tal, muy gracioso... blablablabla... pero no estoy por la labor porque odio profundamente a los hombres y tengo que mantener mi fama de mariquita resentida para el resto de mi vida.
Según fue avanzando la noche, la cara se me iba cambiando. A mi pesar, porque Mic y la prima del susodicho se estaban dando cuenta. Aunque no abría la boca, la prima me miraba como si ya pudiera incluírme en el álbum familiar, porque como ya he expresado en otras ocasiones, soy el primo, yerno, hermano, tío, amigo de toda la vida que toda mujer querría para sí y la mejor forma de conseguirlo es liándome con su amigo gay. El problema estriba en que, aunque para ellas sea perfecto (y debo serlo, por favor, aunque esto sea mentirme a mí mismo) no caen en la cuenta de que quizás para el directamente implicado no lo sea (y el quizás lo pongo por poner, porque antes prefieren bailar la última de King Africa en versión Caribe Mix que hablar conmigo). El caso es que, serían las luces, que estaba oscuro y mi perfil se parecía bastante al de Jesús Vázquez (jajaja, no me lo creo ni yo)... o el medio cubata que me había tomado (y los 4 que se había tomado él... ups, no es que le llevara la cuenta, es que él me lo dijo) que parecía que había feeling. Miraditas (lo peor, me pongo de los nervios), sonrisitas gilipollas y conversaciones de todo tipo. Máxima tensión sexual en el ambiente y yo que mirara donde mirara tenía a mi amiga Mic, a su novia o a la prima con la boca abierta, expectante y dándome codazos (daba igual que hubiera estado mi padre delante coscándose de todo el plan, porque aquello parecía ser de dominio público. Discrección por debajo de los límites de lo humano):
- Te gusta ¿eh?
- ¿A que sí, a que sí?
- ¡Tírale! ¡¡¡¡Al cuello, al cuello!!!!
Yo solo podía desear que de repente apareciera Rafaela Carrá cantando el "para hacer bien el amor hay que venir al sur" entre el tumulto y la atención se desviara hacia ella, aunque sólo fuera por un par de minutos. Leñe, que así uno no puede concentrarse en lo que está haciendo. Mi actitud era: "Mójate si quieres, pero tú primero. Venga, va, lánzate a la piscina que yo me voy poniendo los manguitos." Por una vez que lo haga el otro no pasa nada ¿no? Una actitud estupenda, si no fuera porque al final, viendo que se marchaba y me dejaba con la gotita de sudor de los dibujos mangas colgando de la sien y con una noche repleta de preguntas como "¿Qué significa este momento? ¿Qué ha pasado? ¿Le gustaba o era solo el efecto Axe? ¿Quería trajinarme o sólo pretendía que lo invitara a unas copichuelas", en lugar de los dos besos de rigor le di un besito en los labios. Pequeño, impúdico, inocente, tierno (hasta temblaba y todo, fíjate, si es que parecía que había vuelto a los ¿quince? No, a los quince ya era un borde de mierda, mejor a los doce).
Tras eso dijo que se quedaba un rato más. Bueno, ¿vosotros que interpretaríais? Que le gustó ¿no? Ahhhhhh, pues no. Es que el efecto del beso Paper no es instantáneo. Muchas miraditas, muchas sonrisitas y algunas conversaciones absurdas después... pasó de mí como de apuntarse a Opening a estas alturas. Llegó un momento en el que le entró la buya padre y dijo que se iba.
Hipótesis por las que una persona huye tras recibir un beso:
1. Estás tan bueno, eres tan maravilloso, tan estupendo y tus labios son tan carnosos que se emocionan, se corren en los pantalones y tienen que ir a su casa a cambiarse. Esta fijo que sí.
2. Te huele el aliento. Eres monísimo de la muerte (pues claro), pero te huele como olía la calle cuando, hace dos veranos, en pleno agosto con 49 grados a la sombra del ventilador de tu casa, los basureros hicieron una huelga de dos semanas y salir a dar una vuelta era una experiencia tan heroíca como ver el Salsa Rosa de principio a fin sin hacer zapping en ningún momento. Besas, y no tienen más remedio que marcharse a vomitar.
Descarto esta opción de pleno porque, como ya he dicho, no fue un efecto instantáneo. Además, no abrí la boca en ningún momento. Beso impúdico he dicho, e iba en serio. Que por algo me llamaron estrecho en algún momento de mi vida. Así que... desestimada queda, aunque, por si acaso, pienso comprar cantidades industriales de cajitas de smint y llenarme los bolsillos de ellas. La próxima vez que intente dar un beso tendré cuatro smints en la boca y ya os contaré si algo ocurre diferente.
3. Tienes un extraño poder en los labios que hace que todo aquel que los toque con los suyos sienta que después de el placer de tus besos no le queda nada por experimentar y nunca se excitará ni con los labios ni con cualquier otra parte del cuerpo de otra persona. Por eso, se van a su casa a suicidarse, puesto que la vida después de uno de mis besos ya no tiene ningún sentido. Jijijiji.
4. Cuando besas emites ruidos extraños y te transformas en el espíritu de la Duquesa de Alba. Hablas, pero tardas quince minutos en decir "¿Te gusto?". Por eso se quedan, para escuchar la frase y porque no salen de su asombro. Cuando recobran el poder sobre sus brazos y sus piernas los mueven todo lo que pueden de camino a la iglesia más cercana a rezar quince padrenuestros y doce avemarias y pedir a dios y al cielo que los vuelvan heterosexuales porque de lo contrario nunca tendrán valor para acercarse a un hombre que no sea su padre a menos de 20 metros.
5. Mis labios descomponen el estómago de aquel que los besa. Porque a todos parece gustarles mucho tontear, pero en cuanto la cosa se pone seria recuerdan que son unos niñatos encerrados en cuerpos de pelo en pecho y necesitan ir a casa a que mamá les de una sopita y los meta en la cama con un cuento de princesas y dragones (sustitúyase "mamá" por DVD, "sopita" por cleenex y "cuento" por película porno).
- Tras haber meditado profundamente, he llegado a la conclusión de que lo que hace que tío al que beso, tío que corre más que el mismísimo Carl Lewis, es el cague que les entra en cuanto se dan cuenta que voy en serio, que quiero algo más y que está sucediendo de verdad algo. Por eso desaparecen más rápido que un billete de veinte euros en mi cartera.
- ¡La opción 5 es la correcta, y acaba de ganar el busto de la Nancy para que lo pueda besar sin que salga corriendo y pueda sentirse usted un poco mejor!
A lo cual, sólo puedo decir haciendo gala de mi ironía perpetua que...
- Lo que ocurre es que soy demasiado para ellos.
Nota mental: No llorar desconsoladamente mientras lo dices y no añadir adjetivos como "feo", "estúpido", "patético" u "horrible" tras el "demasiado". Así no vale, por muy digno que quieras quedar añadiendo esta frase al final de tu actualización.
En el Patio del Colegio
Esta tarde no he tenido más remedio que tragarme el mundial. Tenéis que saber que soy la persona más antifútbol que conozcáis. No es que me eche a la calle con pancartas en contra de los matrimonios homosexuales... uy, perdón, que es muy tarde y se me va la cabeza. Quería decir que no es que me eche a la calle con pancartas en contra del fútbol. Simplemente no me gusta, no soy futbolero y respeto a quien lo sea, desde los más forofos hasta los que ven un partidillo de cuando en cuando. No me va y ya está. Cada cual puede emplear su tiempo y su vida en lo que quiera porque a mí que una persona esté enganchada al fútbol no me afecta en absoluto. Y lo dejo claro porque está muy de moda eso de meterse en la vida de los demás y no quiero que penséis que yo soy así. Jijiji... (la risa maliciosa tenía que salir en alguna parte).
En fin, a lo que iba, que esta tarde he quedado con mis amigos y al final he acabado viendo el partido. Entonces, en la tanda de penaltis, me he acordado de mi tierna infancia, cuando yo salía a jugar en el recreo como todos los niños y me tenía que quedar a dos velas porque el rollo futbolero no me molaba en absoluto. Hay cosas que nunca cambian: entonces era el único niño de todo el colegio (y de todo el mundo, según me parecía a mí), al que no le gustaba jugar a eso. Hoy por hoy soy casi la única persona del mundo que no ha estado enganchada al mundial. Y lo peor de todo es que me siguen mirando igual de raro. Oye, que si llego y digo que el otro día al despertarme tuve la corazonada de que conocería a Mariah Carey comprando pipas en el quiosco de la Puri me miran mejor.
En el cole, por supuestísimo, yo era el más mariquita del mundo. No porque tuviera una gran pluma (que tampoco sé si la tenía, la verdad, ni me preocupa a estas alturas de mi vida), ni porque le fuera tirando los trastos a la mitad de los niños, sino porque no me prestaba a jugar al fútbol con los otros. Y las veces que lo hice fue por dejarme llevar, porque me dejaran en paz y por intentar parecer un machote contra los comentarios de mis compañeros. Por supuesto, lo que yo elegía era portero. No porque se me diera especialmente bien parar la pelota ni porque tuviera unos reflejos de la hostia (que, por otra parte, aunque los hubiera tenido no los hubiera puesto en práctica porque no me interesaba este deporte en sí lo más mínimo. Porque jugando al mate siempre me quedaba el último y no me eliminaba ni dios y esto es por subirme un poquillo la autoestima), sino porque no había que correr. ¡Qué flojo, madre! Pero, ¿qué quereis que os diga? Tras haber quedado a la altura de la Chicholina en mi anterior post me da un poco igual que penséis que era un niño vago, que no me apetecía correr detrás de una pelota y que me interesaba más sentarme en una esquina del patio a pensar, observar, escribir, charlar... Yo miraba a veces el juego, por si podía encontrarle algo bueno, y lo mejor que veía era estar en la portería tranquilamente y de vez en cuando moverme un poquillo en plan de "uy, que casi agarro la pelota". Ni que decir tiene que esto sólo fueron un par de veces porque al final nos cansamos todos: ellos de lo malo que era yo y yo de estar haciendo el idiota media hora todos los días.
Al final accedí a juntarme con las niñas. Porque, no era políticamente correcto, pero ellas eran más habladoras y aunque estuviéramos saltando a la comba (sí, yo saltaba a la comba y jugaba al elástico, qué le vamos a hacer, mariquita de pura cepa) nos reíamos más, nos contábamos la vida y había otro rollito. Ello no hizo más que empeorar las cosas, porque si antes por no jugar al fútbol e irme a una esquina del patio a hablar con un profesor de guardia ya me llamaban mariquita (y, además, pelota, a pesar de que el profesor no me hubiera dado clase en la vida y a pesar de que a mí no me hiciera falta ningún tipo de peloteo para aprobar sin apenas estudiar, que todo hay que decirlo), cuando ya vieron que me juntaba con las niñas fue el acabose. Para mi curso y para medio colegio que se alegraban el día poniéndome motes como Margarito, Mariquita, Nenaza o Macho Ibérico (mira, si hasta sabían usar la ironía y todo, ¿de quién aprendería yo?), mientras yo, lejos de ser el borde de mierda en el que me he convertido, me marchaba a mi casa llorando y sintiéndome el niño más desgraciado del universo (el drama queen nace, damas y caballeros, como podéis comprobar).
Sin embargo, había días en los que no me sentía tan mal, porque las niñas en general y algunos niños que se habían hecho amigos míos no por jugar con ellos al fútbol en el recreo (ni por jugar a los médicos, que sé que lo estáis pensando) me defendían, hasta que llegó un punto en el que a últimas de la EGB yo tenía toda la impresión de que mi clase (que para mí era poco menos que el mundo entero) me aceptaba tal y como era y ya no se metían conmigo. Es más, si alguien, que siempre solía pertenecer a otro curso, salía con un comentario ingenioso ponían malas caras y hasta se ofrecían a partirse la cara por mí. Hasta los más chusmones de mi clase, los que, al principio, no me podían ni ver. Para mí era todo un logro, y, a veces, llegaba a mi casa llorando, pero de emoción (el drama queen también puede ser positivo, raras veces, pero alguna que otra...).
Yo no hice nada especial para conseguir aquello. Es más, nunca después de mis intentos fallidos de meterme en el juego traté de hacer de portero o de simular que me gustaba. No veía los partidos (que hubiera sido un buen comienzo para tener algo de lo que hablar), no me compré un balón para practicar los fines de semana ni me planteé que tuviera que entrenarme para correr más y ser mejor en otra posición que no fuera la de portero. Porque, por cierto, correr mira que corría sin necesidad de entrenarme, que ya me lo demostré después en atletismo. Es que cuando algo me interesaba bien que corría (sustitúyase algo por alguien y obtendremos, no sin haber pronunciado un abracadabra antes, la mitad de la historia de mi vida).
En fin, que ha pasado el tiempo y no sé por qué os cuento esto. Tal vez sea porque ver el fútbol ha activado mi memoria en plan de "mira cuánto me discriminaban por no querer jugar con los niños". O, a lo mejor, es porque me demostré a mí mismo, sin darme cuenta y a tan tierna edad, que los demás podían aceptarme y quererme tal y como era, tan sólo preocupándose un poco por conocerme. Sin necesidad de andarme con jueguecitos que no me gustan en absoluto y de tratar de ser quien no soy.
Por supuesto, cuando llegué al instituto sin conocer a nadie, la historia comenzó de nuevo. Con otros matices, sin el deporte rey de por medio y con más mala leche por mi parte. Pero la misma al fin y al cabo.
Y con resultados muy similares.
En fin, a lo que iba, que esta tarde he quedado con mis amigos y al final he acabado viendo el partido. Entonces, en la tanda de penaltis, me he acordado de mi tierna infancia, cuando yo salía a jugar en el recreo como todos los niños y me tenía que quedar a dos velas porque el rollo futbolero no me molaba en absoluto. Hay cosas que nunca cambian: entonces era el único niño de todo el colegio (y de todo el mundo, según me parecía a mí), al que no le gustaba jugar a eso. Hoy por hoy soy casi la única persona del mundo que no ha estado enganchada al mundial. Y lo peor de todo es que me siguen mirando igual de raro. Oye, que si llego y digo que el otro día al despertarme tuve la corazonada de que conocería a Mariah Carey comprando pipas en el quiosco de la Puri me miran mejor.
En el cole, por supuestísimo, yo era el más mariquita del mundo. No porque tuviera una gran pluma (que tampoco sé si la tenía, la verdad, ni me preocupa a estas alturas de mi vida), ni porque le fuera tirando los trastos a la mitad de los niños, sino porque no me prestaba a jugar al fútbol con los otros. Y las veces que lo hice fue por dejarme llevar, porque me dejaran en paz y por intentar parecer un machote contra los comentarios de mis compañeros. Por supuesto, lo que yo elegía era portero. No porque se me diera especialmente bien parar la pelota ni porque tuviera unos reflejos de la hostia (que, por otra parte, aunque los hubiera tenido no los hubiera puesto en práctica porque no me interesaba este deporte en sí lo más mínimo. Porque jugando al mate siempre me quedaba el último y no me eliminaba ni dios y esto es por subirme un poquillo la autoestima), sino porque no había que correr. ¡Qué flojo, madre! Pero, ¿qué quereis que os diga? Tras haber quedado a la altura de la Chicholina en mi anterior post me da un poco igual que penséis que era un niño vago, que no me apetecía correr detrás de una pelota y que me interesaba más sentarme en una esquina del patio a pensar, observar, escribir, charlar... Yo miraba a veces el juego, por si podía encontrarle algo bueno, y lo mejor que veía era estar en la portería tranquilamente y de vez en cuando moverme un poquillo en plan de "uy, que casi agarro la pelota". Ni que decir tiene que esto sólo fueron un par de veces porque al final nos cansamos todos: ellos de lo malo que era yo y yo de estar haciendo el idiota media hora todos los días.
Al final accedí a juntarme con las niñas. Porque, no era políticamente correcto, pero ellas eran más habladoras y aunque estuviéramos saltando a la comba (sí, yo saltaba a la comba y jugaba al elástico, qué le vamos a hacer, mariquita de pura cepa) nos reíamos más, nos contábamos la vida y había otro rollito. Ello no hizo más que empeorar las cosas, porque si antes por no jugar al fútbol e irme a una esquina del patio a hablar con un profesor de guardia ya me llamaban mariquita (y, además, pelota, a pesar de que el profesor no me hubiera dado clase en la vida y a pesar de que a mí no me hiciera falta ningún tipo de peloteo para aprobar sin apenas estudiar, que todo hay que decirlo), cuando ya vieron que me juntaba con las niñas fue el acabose. Para mi curso y para medio colegio que se alegraban el día poniéndome motes como Margarito, Mariquita, Nenaza o Macho Ibérico (mira, si hasta sabían usar la ironía y todo, ¿de quién aprendería yo?), mientras yo, lejos de ser el borde de mierda en el que me he convertido, me marchaba a mi casa llorando y sintiéndome el niño más desgraciado del universo (el drama queen nace, damas y caballeros, como podéis comprobar).
Sin embargo, había días en los que no me sentía tan mal, porque las niñas en general y algunos niños que se habían hecho amigos míos no por jugar con ellos al fútbol en el recreo (ni por jugar a los médicos, que sé que lo estáis pensando) me defendían, hasta que llegó un punto en el que a últimas de la EGB yo tenía toda la impresión de que mi clase (que para mí era poco menos que el mundo entero) me aceptaba tal y como era y ya no se metían conmigo. Es más, si alguien, que siempre solía pertenecer a otro curso, salía con un comentario ingenioso ponían malas caras y hasta se ofrecían a partirse la cara por mí. Hasta los más chusmones de mi clase, los que, al principio, no me podían ni ver. Para mí era todo un logro, y, a veces, llegaba a mi casa llorando, pero de emoción (el drama queen también puede ser positivo, raras veces, pero alguna que otra...).
Yo no hice nada especial para conseguir aquello. Es más, nunca después de mis intentos fallidos de meterme en el juego traté de hacer de portero o de simular que me gustaba. No veía los partidos (que hubiera sido un buen comienzo para tener algo de lo que hablar), no me compré un balón para practicar los fines de semana ni me planteé que tuviera que entrenarme para correr más y ser mejor en otra posición que no fuera la de portero. Porque, por cierto, correr mira que corría sin necesidad de entrenarme, que ya me lo demostré después en atletismo. Es que cuando algo me interesaba bien que corría (sustitúyase algo por alguien y obtendremos, no sin haber pronunciado un abracadabra antes, la mitad de la historia de mi vida).
En fin, que ha pasado el tiempo y no sé por qué os cuento esto. Tal vez sea porque ver el fútbol ha activado mi memoria en plan de "mira cuánto me discriminaban por no querer jugar con los niños". O, a lo mejor, es porque me demostré a mí mismo, sin darme cuenta y a tan tierna edad, que los demás podían aceptarme y quererme tal y como era, tan sólo preocupándose un poco por conocerme. Sin necesidad de andarme con jueguecitos que no me gustan en absoluto y de tratar de ser quien no soy.
Por supuesto, cuando llegué al instituto sin conocer a nadie, la historia comenzó de nuevo. Con otros matices, sin el deporte rey de por medio y con más mala leche por mi parte. Pero la misma al fin y al cabo.
Y con resultados muy similares.
El Mundo es un Pañuelo
En mi consabido afán por pasarme al rollo bollo he estado visualizando en los últimos días la primera temporada de la aclamada serie The L World. Yo ya había visto unas cuantas temporadas de la versión gay, Queer As Folk, la que se hizo para USA y, claro, cuando mi amiga Inf me comentó que se había comprado la primera temporada de la serie lesbi pues no pude evitar la tentación de pedírsela y tragarme los 13 capítulos en menos de una semana (como el DVD es de Región 1, pues tenía que cambiarle la región al reproductor y, bueno, mi hermano me asesina si se entera). Así que, en plan clandestino, me puse a ver la serie. Mi madre se partía cuando me preguntaba
- ¿Qué estás viendo tan atento?
- Pues una serie de lesbianas, mamá.
- Qué rarito eres, hijo. Cada día me sorprendes más.
Pues no tiene desperdicio, me ha encantado. Pero el propósito de hablar de esto es porque una de las protas, rubísima, monísima, simpatiquísima, y exitosísima, todo hay que decirlo, tiene en casa una pizarra enorme en la que ha representado una red de lesbianas. Quiero decir, no es que estén todas las chicas allí enredadas, en una maraña de brazos y piernas, medio desnudas, en un afán de crear un Guernica porno-lésbico, si es lo que estáis pensando. Se trata de nombres unidos por líneas. Cuando una chica se enrolla con otra, los nombres se unen mediante una línea, y Alice, la rubísima bollo, explicaba que todas estaban conectadas, aunque no se conocieran, y que era posible establecer esa conexión en menos de cinco pasos. Pongamos un ejemplo: Pepita y Juanita van en el mismo autobús, cada una en una punta y nunca se han visto. Puede establecerse una conexión entre ellas porque Pepita estuvo saliendo durante dos meses con Paquita, quien le puso los cuernos con Julita, que a su vez se estuvo tirando a Lolita que, cierta noche de lujuria y desenfreno, se marcó un trío con Paquita y Juanita (y no me lo invento, que estas cosas pasan). Ya está hecha la conexión entre dos personas.
Parece un poco inverosímil ¿no? En un principio, aunque la idea me dio qué pensar, no me la creí mucho. Con la de gente que hay por ahí... ¿cómo va a ser? Luego fui atando cabos en mi vida y... ¡por todos los dioses y por todos los discos de Madonna! La Alicia tiene toda la razón. Para mi completa desgracia, porque es que uno no puede tener vida íntima en esta ciudad. Todo se sabe, porque simple y llanamente, todos nos conocemos. Y se me viene a la cabeza aquella película de Nadie Conoce a Nadie y digo yo... ¿será eso verdad en algún sitio?
Resulta que hace años estuve con un chico, al que llamaremos Gay1 (el uno no es casual, es porque fue mi primer novio, y... ays... – momento agilipollamiento mental que le entra uno cuando recuerda lo tierno que era todo. Y lo imbécil, inexperto e inocente. Pausa. En este punto ya no tienes agilipollamiento por el primer amor sino mala leche, como con todos los tíos que han pasado por tu vida). Resulta que en nuestra corta relación, Gay1 me cuenta cierta historia de cuándo se enrolló con el primer tío de su vida y salió del armario en una moraga, medio borracho y delante de la novia del otro, que, evidentemente, no se lo podía creer. Vamos, que era una historia para llevarla al Diario de Patricia (probablemente la chica ya haya salido para contarla porque, por lo que me dijeron, quedó bastante traumatizada. Y no es para menos).
Bien, el tiempo pasa, Gay1 me manda al cuerno de manera despreciable, yo lloro, blablablabla... vamos, lo usual. Conozco a los muchos meses a Gay2 (el 2 es casual, éste era un gilipollas integral y gracias a todos los cabrones que me había cruzado ya, lo vi venir antes de que dijera cuatro frases y media). Gay2 me cuenta cierta historia de cómo salió del armario hacía tiempo atrás, delante de la que en esos momentos era su novia. Mis ojos se quedan como platos.
- No sería con ése Gay1 ¿no?
- Pues sí, ¿lo conoces?
- Esto....(momento ha llegado la hora de que nos besemos y nos dejemos sin aliento para hablar, porque no quiero ahondar más en esta historia y... oye, siempre se busca una excusa para hacerlo... que mejor que ésta).
Hace tres meses escasos me presentaron a Gay3 de la siguiente manera.
- Este es Gay3. Tiene mucho en común contigo, porque estuvo liado con Gay1 y Gay2 hace unos meses.
- En.... canta...do??? (con cara de haberme encontrado un calcetín sudado de Nadal en un paquete de cereales)
Yo estaba conectado con él. Y en menos de dos pasos y por dos vías totalmente diferentes.
Pero aún hay más. Resulta que cierto día de mi vida (en el que seguro no me regaba la sangre el cerebro) estuve tonteando con alguien a quien llamaremos Gay4. Resulta que Gay4 tenía un amigo, casualmente llamado Gay5, que después quiso algo conmigo pero que envié a freír churros con una de mis geniales frases porque me quería utilizar para darle celos a Gay4 (sí, niños, el mundo gay tiene su propio Pasión de Buitres Carroñeros que algún día os contaré con alguna que otra de mis historias como ejemplos). Muchos años después conozco a Gay6, quien tras darme unos besitos me habla y llegamos a la conclusión de que estuvo saliendo tanto con Gay4 como con Gay5. Además es amigo de Gay7, quien a su vez conoce a Gay8, al que conocí oficialmente hace diez días y que es íntimo de Gay9, que es un chico que me gusta desde hace tiempo y con el que ha habido algo más que palabras. ¿Cómo es esto? Por supuesto, ni que decir tiene que Gay4 estuvo liado con Gay2. Y llegados a este punto te planteas ¿se liaría también con Gay3, Gay5, Gay9 y Gay2018??? ¿O todavía no? Pero seguro que en algún momento lo harán.
Y digo yo... ¿tan poquitos somos? Porque yo veo miles y miles de caras cuando salgo a darme un garbeo. ¿Es que vivimos en una dimensión paralela? ¿En un minimundo? Y os aseguro que conozco a mucha gente y de muy diversa procedencia. Gente que no tiene nada que ver. Pero todos, y digo, TODOS, estamos conectados. Y aunque la idea de la conexión pueda parecer atractiva, profunda, mística e incluso apasionante a primera vista os juro y os aseguro que me está dando un asco de cojones. Porque no puedo ir a ningún sitio ni conocer a nadie que no esté conectado de alguna manera ya conmigo.
Que, también hay que decir, que después de lo que estoy contando estoy quedando más o menos a la altura de la Chicholina, que parece que me he cepillado a ciento y la madre. Pero os puedo asegurar que cuento con los dedos de una mano... bueno, vale, con los dedos de las dos manos, los tíos que han pasado por mi vida con los que he tenido algo más que palabras. Quiero decir, no me he tirado a la mitad de la población masculina, ni nada de eso. Aunque con estas conexiones parece que sí (y sin comerlo ni beberlo, que es lo peor, porque si al menos nos hubiéramos dignado a reunirnos y a hacer una bacanal como dios manda... pues hubiera sido otro follar, que diga... cantar).
Me veo dentro de unos años haciendo una reunión como las de las universidades americanas: a los diez o a los veinticinco años de la graduación hacemos una fiesta a modo de reencuentro. Todos nos miramos a los ojos (por darle un toque poético al asunto) y entonces nos damos cuenta de que todos nos conocemos (y lo que aún me resulta más indignante, todos sabemos cómo la tenemos... ). No quiero pensar más en esta idea, porque me está asqueando mucho y creo que mi etapa de celibato absoluto se azuzado ante la idea de:
- ¿Me acuesto con éste? Me gusta, pero seguro que se ha comido la boca con los mismos que yo.
Y, claro, pensar en errores del pasado, que además, la misma persona que tienes delante ha cometido, no te pone nada. Nada de nada.
Al carajo con las conexiones y con la endogamia!!!! Quiero un mundo nuevo. Con gente nueva. Con hombre nuevos a los que nunca haya visto ni yo ni nadie que yo conozca. No quiero vivir en un Gay Hermano, leñe, que ya solo nos faltan las cámaras (porque los millones de espectadores enganchados a nuestras vidas los tenemos). Esto es muy fuerte.
Para leer una idea parecida pero desde el punto de vista de Pablito (cuanta razón tienes, de verdad, Pablito) pincha aquí.
Si estás pensando en comprarte una pizarra y hacer una red como la de Alice... no, no eres raro. O al menos no más raro que yo.
Para crear una máquina del tiempo y borrar lo que has hecho en el pasado porque con este post te has dado cuenta de que estás “conectado” con un cuarto de la población mundial y no te explicas cómo, haz clic aquí un millón y medio de veces (si pierdes la cuenta empieza de nuevo). No se abrirá ninguna página, pero, al menos, te relajará.
Para entrar a formar parte de un sistema según el cual los gays de diferentes provincias rotemos para ver carne fresca, gente nueva y otros aires en plan el Gay Erasmus o algo así, deja un comentario de apoyo. Prometemos no enviar a dos gays procedentes de la misma ciudad al mismo sitio en el mismo espacio temporal (para que no haya sorpresas, imagina que te enviamos a Cuenca con tu ex... qué mal rato...)
- ¿Qué estás viendo tan atento?
- Pues una serie de lesbianas, mamá.
- Qué rarito eres, hijo. Cada día me sorprendes más.
Pues no tiene desperdicio, me ha encantado. Pero el propósito de hablar de esto es porque una de las protas, rubísima, monísima, simpatiquísima, y exitosísima, todo hay que decirlo, tiene en casa una pizarra enorme en la que ha representado una red de lesbianas. Quiero decir, no es que estén todas las chicas allí enredadas, en una maraña de brazos y piernas, medio desnudas, en un afán de crear un Guernica porno-lésbico, si es lo que estáis pensando. Se trata de nombres unidos por líneas. Cuando una chica se enrolla con otra, los nombres se unen mediante una línea, y Alice, la rubísima bollo, explicaba que todas estaban conectadas, aunque no se conocieran, y que era posible establecer esa conexión en menos de cinco pasos. Pongamos un ejemplo: Pepita y Juanita van en el mismo autobús, cada una en una punta y nunca se han visto. Puede establecerse una conexión entre ellas porque Pepita estuvo saliendo durante dos meses con Paquita, quien le puso los cuernos con Julita, que a su vez se estuvo tirando a Lolita que, cierta noche de lujuria y desenfreno, se marcó un trío con Paquita y Juanita (y no me lo invento, que estas cosas pasan). Ya está hecha la conexión entre dos personas.
Parece un poco inverosímil ¿no? En un principio, aunque la idea me dio qué pensar, no me la creí mucho. Con la de gente que hay por ahí... ¿cómo va a ser? Luego fui atando cabos en mi vida y... ¡por todos los dioses y por todos los discos de Madonna! La Alicia tiene toda la razón. Para mi completa desgracia, porque es que uno no puede tener vida íntima en esta ciudad. Todo se sabe, porque simple y llanamente, todos nos conocemos. Y se me viene a la cabeza aquella película de Nadie Conoce a Nadie y digo yo... ¿será eso verdad en algún sitio?
Resulta que hace años estuve con un chico, al que llamaremos Gay1 (el uno no es casual, es porque fue mi primer novio, y... ays... – momento agilipollamiento mental que le entra uno cuando recuerda lo tierno que era todo. Y lo imbécil, inexperto e inocente. Pausa. En este punto ya no tienes agilipollamiento por el primer amor sino mala leche, como con todos los tíos que han pasado por tu vida). Resulta que en nuestra corta relación, Gay1 me cuenta cierta historia de cuándo se enrolló con el primer tío de su vida y salió del armario en una moraga, medio borracho y delante de la novia del otro, que, evidentemente, no se lo podía creer. Vamos, que era una historia para llevarla al Diario de Patricia (probablemente la chica ya haya salido para contarla porque, por lo que me dijeron, quedó bastante traumatizada. Y no es para menos).
Bien, el tiempo pasa, Gay1 me manda al cuerno de manera despreciable, yo lloro, blablablabla... vamos, lo usual. Conozco a los muchos meses a Gay2 (el 2 es casual, éste era un gilipollas integral y gracias a todos los cabrones que me había cruzado ya, lo vi venir antes de que dijera cuatro frases y media). Gay2 me cuenta cierta historia de cómo salió del armario hacía tiempo atrás, delante de la que en esos momentos era su novia. Mis ojos se quedan como platos.
- No sería con ése Gay1 ¿no?
- Pues sí, ¿lo conoces?
- Esto....(momento ha llegado la hora de que nos besemos y nos dejemos sin aliento para hablar, porque no quiero ahondar más en esta historia y... oye, siempre se busca una excusa para hacerlo... que mejor que ésta).
Hace tres meses escasos me presentaron a Gay3 de la siguiente manera.
- Este es Gay3. Tiene mucho en común contigo, porque estuvo liado con Gay1 y Gay2 hace unos meses.
- En.... canta...do??? (con cara de haberme encontrado un calcetín sudado de Nadal en un paquete de cereales)
Yo estaba conectado con él. Y en menos de dos pasos y por dos vías totalmente diferentes.
Pero aún hay más. Resulta que cierto día de mi vida (en el que seguro no me regaba la sangre el cerebro) estuve tonteando con alguien a quien llamaremos Gay4. Resulta que Gay4 tenía un amigo, casualmente llamado Gay5, que después quiso algo conmigo pero que envié a freír churros con una de mis geniales frases porque me quería utilizar para darle celos a Gay4 (sí, niños, el mundo gay tiene su propio Pasión de Buitres Carroñeros que algún día os contaré con alguna que otra de mis historias como ejemplos). Muchos años después conozco a Gay6, quien tras darme unos besitos me habla y llegamos a la conclusión de que estuvo saliendo tanto con Gay4 como con Gay5. Además es amigo de Gay7, quien a su vez conoce a Gay8, al que conocí oficialmente hace diez días y que es íntimo de Gay9, que es un chico que me gusta desde hace tiempo y con el que ha habido algo más que palabras. ¿Cómo es esto? Por supuesto, ni que decir tiene que Gay4 estuvo liado con Gay2. Y llegados a este punto te planteas ¿se liaría también con Gay3, Gay5, Gay9 y Gay2018??? ¿O todavía no? Pero seguro que en algún momento lo harán.
Y digo yo... ¿tan poquitos somos? Porque yo veo miles y miles de caras cuando salgo a darme un garbeo. ¿Es que vivimos en una dimensión paralela? ¿En un minimundo? Y os aseguro que conozco a mucha gente y de muy diversa procedencia. Gente que no tiene nada que ver. Pero todos, y digo, TODOS, estamos conectados. Y aunque la idea de la conexión pueda parecer atractiva, profunda, mística e incluso apasionante a primera vista os juro y os aseguro que me está dando un asco de cojones. Porque no puedo ir a ningún sitio ni conocer a nadie que no esté conectado de alguna manera ya conmigo.
Que, también hay que decir, que después de lo que estoy contando estoy quedando más o menos a la altura de la Chicholina, que parece que me he cepillado a ciento y la madre. Pero os puedo asegurar que cuento con los dedos de una mano... bueno, vale, con los dedos de las dos manos, los tíos que han pasado por mi vida con los que he tenido algo más que palabras. Quiero decir, no me he tirado a la mitad de la población masculina, ni nada de eso. Aunque con estas conexiones parece que sí (y sin comerlo ni beberlo, que es lo peor, porque si al menos nos hubiéramos dignado a reunirnos y a hacer una bacanal como dios manda... pues hubiera sido otro follar, que diga... cantar).
Me veo dentro de unos años haciendo una reunión como las de las universidades americanas: a los diez o a los veinticinco años de la graduación hacemos una fiesta a modo de reencuentro. Todos nos miramos a los ojos (por darle un toque poético al asunto) y entonces nos damos cuenta de que todos nos conocemos (y lo que aún me resulta más indignante, todos sabemos cómo la tenemos... ). No quiero pensar más en esta idea, porque me está asqueando mucho y creo que mi etapa de celibato absoluto se azuzado ante la idea de:
- ¿Me acuesto con éste? Me gusta, pero seguro que se ha comido la boca con los mismos que yo.
Y, claro, pensar en errores del pasado, que además, la misma persona que tienes delante ha cometido, no te pone nada. Nada de nada.
Al carajo con las conexiones y con la endogamia!!!! Quiero un mundo nuevo. Con gente nueva. Con hombre nuevos a los que nunca haya visto ni yo ni nadie que yo conozca. No quiero vivir en un Gay Hermano, leñe, que ya solo nos faltan las cámaras (porque los millones de espectadores enganchados a nuestras vidas los tenemos). Esto es muy fuerte.
Para leer una idea parecida pero desde el punto de vista de Pablito (cuanta razón tienes, de verdad, Pablito) pincha aquí.
Si estás pensando en comprarte una pizarra y hacer una red como la de Alice... no, no eres raro. O al menos no más raro que yo.
Para crear una máquina del tiempo y borrar lo que has hecho en el pasado porque con este post te has dado cuenta de que estás “conectado” con un cuarto de la población mundial y no te explicas cómo, haz clic aquí un millón y medio de veces (si pierdes la cuenta empieza de nuevo). No se abrirá ninguna página, pero, al menos, te relajará.
Para entrar a formar parte de un sistema según el cual los gays de diferentes provincias rotemos para ver carne fresca, gente nueva y otros aires en plan el Gay Erasmus o algo así, deja un comentario de apoyo. Prometemos no enviar a dos gays procedentes de la misma ciudad al mismo sitio en el mismo espacio temporal (para que no haya sorpresas, imagina que te enviamos a Cuenca con tu ex... qué mal rato...)
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Algunos días me levanto por la mañana y me siento como una gran oreja, enorme (bueno, ya vale de reírse, que sé que estais pensando en algún familiar orejón que tengais por ahí o en el Príncipe Charles de Inglaterra, y así no hay manera de ponerse serios). Se trata de ocasiones en las que la gente debe verte como una especie de psicólogo frustrado y se acercan a ti como si un campo de fuerza los atrapara. En esos días, (vale, ahora parece esto un anuncio de compresas, solo me falta decir "en esos días, usa Ausonia. Te sentirás libre, te sentirás bien" - inciso, ¿se puede saber cómo diablos me sé un anuncio de compresas tan bien y tan de memoria?). En fin, decía que en días como esos ya no importa que los demás muevan la boca para hablar, porque tú solito aprendes a leer lo que se encuentra flotando en el aura que despiden. La gente es capaz de hablar de muchas maneras.
E me cuenta que se está enamorando y que tiene miedo de hacer daño a M. Su sonrisa cuando está pensativa me lleva a que está mucho más enamorada de lo que quiere admitir y que es feliz, muy feliz. C me dice que se encuentra genial, porque su novia, R, ha vuelto desde muy lejos para quedarse con ella y comenzar por fin esa relación que llevan posponiendo durante meses. Pero también me dice que no sabe si será capaz de no defraudarla. Y entonces me doy cuenta de cuánto la quiere.
S me llama y me comenta que tiene muchas ganas de enamorarse, sobre todo de ese chico que conoce desde que eran pequeñitos. Entre ellos siempre ha habido una atracción, un asunto pendiente. Y ahora el chico ha decidido declararse. S me cuenta que no sabe que hacer, y el tono de su voz me confiesa que en realidad tiene muchas ganas de vivir enamorada, pero tiene miedo. Y dudas. Y está cansada de estar cansada, de vivir amenazada y de que nadie la entienda.
M me explica con su mirada que está enamoradísimo de E. Que la quiere con locura y que sabe que E tiene miedo y no sabe qué hacer para que confíe en él. R me confirma con sus gestos que su vida ha cambiado desde que se enamoró de C. Y que ahora siente pánico porque no sabe cómo decirle a los suyos que es lesbiana y que tiene novia. Está desbordada.
L me envía una carta en la que me escribe que a pesar de estar viviendo en completa infelicidad con su novio desde hace tres años, ha decidido darle una (otra más) oportunidad. Entre sus palabras leo que está perdida, que necesita saber que hay otro mundo aparte, que alguien la va a tratar mejor que el capullo con el que está. Difuminada entre el deje de su escritura confirmo que no sólo está expresando que desea intentarlo con su novio, sino que además no desea hacerlo en absoluto. Y la historia me suena tanto que decido cerrar la carta y dejar lo de reunir valor para responderle para otro momento, ya que trae a mi mente tantos recuerdos y demonios indeseables que no quiero ni releer su escrito.
S2 me mira y me dice de viva voz que está muy a gusto como está. Pero su abrazo al despedirnos me insinúa que en realidad necesita un cambio en su vida, pero no sabe de donde ha de venir. G me habla sobre lo feliz que es porque está con V, pero no con palabras, sino con su forma de mirarlo. V no sólo la mira, sino que me lo confiesa tranquilamente.
La música que está escuchando S3 me hace reflexionar sobre lo triste que le resulta su vida y lo deprimida que está. Eg me roza con sus dedos al pasar a mi lado y me está diciendo que está mal, porque está embarazada y preocupada y el médico le ha dicho que si no deja de tener tanto estrés puede perder al niño. La chica que se sienta frente a mí en el tren de vuelta a casa me deja intuir que está esperando una llamada muy importante y hasta que no la reciba no dejará de estar angustiada.
M2 me cuenta que se alegra mucho de hablar conmigo o de que estemos en contacto. A me anima a que me conecte al messenger porque se siente a gusto tecleando sobre cosas importantes y menos importantes. Pi se siente ilusionada porque se va de viaje y va a ver a un chico que le gusta. Sólo me expone los problemas que le causaría, pero sé que siente muchas ganas de que pase, a pesar de todo.
J me transmite sus creencias en el amor. Y en lo feliz que fue el primer día que vio a H y se enamoró. Ahora no deja de pensar en ella y me anima para que ponga mis esperanzas en el amor. J me dice además, para subirme la autoestima, que soy el mejor tío gay que conoce (y lo dice porque conoce a muchos), que además de guapo soy estupendísimo y que si él fuera gay no se lo pensaba dos veces. Que no me preocupe, que el amor llamará a mi puerta, que alguien me va a querer. Y, entonces, me doy cuenta de que yo también hablo demasiado sin abrir la boca siquiera.
Un mensaje al móvil de A me confirma que se siente sola y que le gustaría que su vida cambiara radicalmente. D me cuenta sentados en la arena de la playa que ha perdido la cabeza por un hombre casado y que no quiere meterse en problemas. Que desea con todas sus fuerzas enamorarse y ser feliz, pero sin tener que soportar problemas. Me dice eso, y me dice que necesita ser salvado. Sus gestos me inducen a pensar que quiere que lo salve yo, pero sus palabras no. Quizás el beso que nos dimos habló demasiado.
N se sienta conmigo a hablar sobre temas triviales. Y adivino que quiere que lo escuchen, pero no sabe cómo abrir su corazón. Luego me pide que le bese, y sus ojos me cuentan que necesita ser besado para olvidar los labios de su novio anterior. Yo lo miro sin besarlo y con mis ojos le digo que eso es algo que tiene que hacer solo.
Todo el mundo tiene algo que contar. Mucho que contar. Y, a veces, sólo hace falta prestar un poco de atención a los grandes y pequeños detalles para intuir o saber a ciencia cierta parte de lo que se pasa por esas pequeñas cabecitas locas. Y, os cuento, que me encanta pararme a observar. A escuchar detenidamente.
E me cuenta que se está enamorando y que tiene miedo de hacer daño a M. Su sonrisa cuando está pensativa me lleva a que está mucho más enamorada de lo que quiere admitir y que es feliz, muy feliz. C me dice que se encuentra genial, porque su novia, R, ha vuelto desde muy lejos para quedarse con ella y comenzar por fin esa relación que llevan posponiendo durante meses. Pero también me dice que no sabe si será capaz de no defraudarla. Y entonces me doy cuenta de cuánto la quiere.
S me llama y me comenta que tiene muchas ganas de enamorarse, sobre todo de ese chico que conoce desde que eran pequeñitos. Entre ellos siempre ha habido una atracción, un asunto pendiente. Y ahora el chico ha decidido declararse. S me cuenta que no sabe que hacer, y el tono de su voz me confiesa que en realidad tiene muchas ganas de vivir enamorada, pero tiene miedo. Y dudas. Y está cansada de estar cansada, de vivir amenazada y de que nadie la entienda.
M me explica con su mirada que está enamoradísimo de E. Que la quiere con locura y que sabe que E tiene miedo y no sabe qué hacer para que confíe en él. R me confirma con sus gestos que su vida ha cambiado desde que se enamoró de C. Y que ahora siente pánico porque no sabe cómo decirle a los suyos que es lesbiana y que tiene novia. Está desbordada.
L me envía una carta en la que me escribe que a pesar de estar viviendo en completa infelicidad con su novio desde hace tres años, ha decidido darle una (otra más) oportunidad. Entre sus palabras leo que está perdida, que necesita saber que hay otro mundo aparte, que alguien la va a tratar mejor que el capullo con el que está. Difuminada entre el deje de su escritura confirmo que no sólo está expresando que desea intentarlo con su novio, sino que además no desea hacerlo en absoluto. Y la historia me suena tanto que decido cerrar la carta y dejar lo de reunir valor para responderle para otro momento, ya que trae a mi mente tantos recuerdos y demonios indeseables que no quiero ni releer su escrito.
S2 me mira y me dice de viva voz que está muy a gusto como está. Pero su abrazo al despedirnos me insinúa que en realidad necesita un cambio en su vida, pero no sabe de donde ha de venir. G me habla sobre lo feliz que es porque está con V, pero no con palabras, sino con su forma de mirarlo. V no sólo la mira, sino que me lo confiesa tranquilamente.
La música que está escuchando S3 me hace reflexionar sobre lo triste que le resulta su vida y lo deprimida que está. Eg me roza con sus dedos al pasar a mi lado y me está diciendo que está mal, porque está embarazada y preocupada y el médico le ha dicho que si no deja de tener tanto estrés puede perder al niño. La chica que se sienta frente a mí en el tren de vuelta a casa me deja intuir que está esperando una llamada muy importante y hasta que no la reciba no dejará de estar angustiada.
M2 me cuenta que se alegra mucho de hablar conmigo o de que estemos en contacto. A me anima a que me conecte al messenger porque se siente a gusto tecleando sobre cosas importantes y menos importantes. Pi se siente ilusionada porque se va de viaje y va a ver a un chico que le gusta. Sólo me expone los problemas que le causaría, pero sé que siente muchas ganas de que pase, a pesar de todo.
J me transmite sus creencias en el amor. Y en lo feliz que fue el primer día que vio a H y se enamoró. Ahora no deja de pensar en ella y me anima para que ponga mis esperanzas en el amor. J me dice además, para subirme la autoestima, que soy el mejor tío gay que conoce (y lo dice porque conoce a muchos), que además de guapo soy estupendísimo y que si él fuera gay no se lo pensaba dos veces. Que no me preocupe, que el amor llamará a mi puerta, que alguien me va a querer. Y, entonces, me doy cuenta de que yo también hablo demasiado sin abrir la boca siquiera.
Un mensaje al móvil de A me confirma que se siente sola y que le gustaría que su vida cambiara radicalmente. D me cuenta sentados en la arena de la playa que ha perdido la cabeza por un hombre casado y que no quiere meterse en problemas. Que desea con todas sus fuerzas enamorarse y ser feliz, pero sin tener que soportar problemas. Me dice eso, y me dice que necesita ser salvado. Sus gestos me inducen a pensar que quiere que lo salve yo, pero sus palabras no. Quizás el beso que nos dimos habló demasiado.
N se sienta conmigo a hablar sobre temas triviales. Y adivino que quiere que lo escuchen, pero no sabe cómo abrir su corazón. Luego me pide que le bese, y sus ojos me cuentan que necesita ser besado para olvidar los labios de su novio anterior. Yo lo miro sin besarlo y con mis ojos le digo que eso es algo que tiene que hacer solo.
Todo el mundo tiene algo que contar. Mucho que contar. Y, a veces, sólo hace falta prestar un poco de atención a los grandes y pequeños detalles para intuir o saber a ciencia cierta parte de lo que se pasa por esas pequeñas cabecitas locas. Y, os cuento, que me encanta pararme a observar. A escuchar detenidamente.