Revisión de un clásico hollywoodiense: Las pájaros
Si observamos la cinematografía de Alfred J. Hitchcock en la década de los ’60, parece sencillo encontrar en alunas de sus obras ciertas semejanzas en el tratamiento que da a los estereotipos de las figuras con los que trabaja.
Hay en Hitchcock un tipo de madre y un tipo de hijo que podemos atisbar si comparamos, por ejemplo, a Lidia Brenner (Los Pájaros, 1963) con la Sra. Bates (Psicosis, 1960). Aparece así repetida la idea de una vinculación estrecha entre madres e hijos varones en sus películas. Los hijos aparecen como atados a sus madres y encuentran dificultades para separarse de ellas. En el caso de Mitch Brenner, él es, motu propio, cercano a su madre. Se acerca a verla todos los fines de semana porque para Lidia Brenner su hijo es importante. En Psicosis, Norman Bates también tenía una madre muy cercana a él, pero en su caso esto le lleva al extremo de la locura y ambos (Norman Bates y su madre) son proteccionistas hasta el extremo el uno con el otro. La Sra. Bates, a través de su hijo, es tremendamente proteccionista con él y no quiere compartirlo con ninguna otra mujer. El hecho de que una mujer cause deseo a Norman Bates hace que su madre quiera separarle de ella. Este motivo también se repite en Los Pájaros, aunque obviamente lo hace de una forma mucho menos exagerada.
Las madres de Hitchcock
Las madres de Hitchcock parecen compartir cierta necesidad de acaparar la atención de sus hijos, que se encuentran atados a ellas en mayor o menor medida. En Los Pájaros, Hitchcock parece querer ahondar en ese sentimiento maternal-proteccionista a través de la figura de Lidia, que es uno de los ejes fundamentales de desarrollo de la acción del filme. El personaje evoluciona con la película y es, junto a la protagonista, quien sufre el mayor cambio en esta trama.

En Los Pájaros, se narra la historia de cómo Lidia tiene que enfrentarse a los sentimientos que le provoca la entrada de otra mujer, peligrosa, en la vida de Mitch Brenner. En Psicosis, ya sabemos, Norman Bates encarna cómo su madre resuelve esta intromisión inesperada. Sin embargo, en el filme de 1963 Hitchcock nos enseña, apoyándose en la técnica, cómo la figura materna se enfrenta a la mujer que ha venido a por su hijo. Aquí, como iremos desarrollano a continuación, Lidia Brenner es cada vez más cercana a la mujer entrometida: Melanie Danniels.
Lidia Brenner
Lidia Brenner (Jessica Tandy) es la madre de Mitch, el hombre al que va a buscar la protagonista, Melanie Danniels, al pueblo de Bahía Bodega. El personaje de Lidia vertebra la película, a pesar de que el protagonismo no lo adquiere tanto por sus diálogos como por la forma en que la historia está narrada. No es casual que la primera aparición de Lidia Brenner se produzca tras la escena en la que la gaviota ataca a Melanie, en la lancha. Junto a los ataques de los pájaros, la primera amenaza que acecha a Melanie al llegar a Bahía Bodega, está la actitud de intimidación de Lidia Brenner hacia la mujer que ha venido a ver a su hijo. Los ataques de los pájaros y la actitud de Lidia hacia Melanie caminarán en paralelo durante toda la película, de modo que la Sra. Brenner pasa a obtener un protagonismo.
No sólo la estructura de la narración nos hace asociar a Lidia Brenner con el concepto de obstáculo para la protagonista. Ya desde el diseño de producción se nos muestra a la Sra. Brenner como una mujer seria, austera y severa. En su primera aparición va de gris, con un toque marrón, sin pendientes ni ningún tipo de ornamento que indique algo a parte de su austeridad. El vestuario sobrio en tonos de grises y el pelo gris remiten, asimismo, a la idea de que es una mujer que está entrando en la ancianidad. Opuesta a ella se encuentra Melanie Danniels, en tonos vivos de verde – como los love birds que lleva a Cathy –, rubia y pretendidamente llamativa. También es el color opuesto al rojo de Annie, la profesora de Bodega Bay, antigua pareja de Mitch y actual amiga de la familia Brenner, ya que cada una de ellas – Melanie y Annie – representa un estilo de vida completamente distinto.
La Sra. Brenner hace su aparición, pues, después del primer ataque a Melanie. No da signos de lástima o compasión porque la chica haya sido atacada, ni de agradecimiento porque haya traído periquitos a su hija. El plano sostenido de Lidia en un primer plano corto mientras se
escuchan las explicaciones de Mitch sobre la Srta. Danniels y la cena, demuestra que lo que interesa de esa escena no es tanto qué es lo que dice Mitch o cómo reacciona Melanie: lo que realmente interesa a Hitchcock es mostrarnos cuáles son las reacciones de Lidia, cómo mira a Melanie y qué es lo que ese personaje piensa. Desde ese momento queda constancia de que lo que importa de la relación entre Melanie y Mitch no es su amor, de hecho no encontramos ninguna escena de amor, si exceptuamos un breve beso de despedida de Mitch más bien poco enfatizado. Lo que interesa de su relación es la actitud de Lidia. Las tramas principales son, de un lado, los ataques de los pájaros y, de otro, la evolución del personaje de Lidia respecto a Mitch y Melanie.
Encontramos un momento de hipocresía cuando Lidia dice a su hija que “en una democracia todos merecen ser juzgados con equidad”. Justo después Lidia va a la cocina y se nos muestra cómo ella ya ha juzgado a Melanie por lo que conoce de ella. Esto enfatiza el prejuicio de Lidia y también encontramos en esta escena planos que se sostienen en Lidia para ver cuáles son sus reacciones respecto a las palabras de Mitch. De nuevo al director no le importa tanto lo que dice Mitch como cuáles son las reacciones de su madre.

Pero, ¿qué es lo que lleva a Lidia a adoptar esa actitud hacia Melanie? Lidia, en su conversación con Melanie cuando le lleva el té a la cama, confiesa que tiene miedo de quedarse sola. Miedo de que Mitch no esté. Es por ello que Melanie supone una amenaza. Tampoco hace falta llegar hasta el momento en que Lidia se sincera para ver esto. La narración visual de la historia nos adelanta esto en varios momentos.
Un ejemplo lo encontramos en la panorámica de relación entre Mitch y Melanie, bajando la ladera en la fiesta de cumpleaños, y Annie, que acaba relacionando el plano con Lidia. Lidia les está observando y ve cómo su hijo está lejos de ella con otra mujer. Parece que en las madres de Hitchcock se repite el motivo de que no toleren ver a sus hijos cerca de otra mujer.
Es recurrente el uso del personaje de Lidia como fin de escena para mostrar cómo está asustada. El final de la escena en la que habla por teléfono sobre las gallinas, por ejemplo, es también un primer plano que centra su atención en Lidia, en como ella está asustada al respecto. La Sra. Brenner nos es presentada con esa expresión entre miedo y desconcierto en primeros planos sostenidos al final de varias escenas, como la escena de la cocina, la del bar en el que conoce a Melanie, la escena del té en la cama... En todas ellas el último plano es uno cerrado del rostro de Lidia, de lo mal que encaja lo que está ocurriendo a su alrededor, del miedo que tiene, al principio de Melanie y, según avanza la historia, de los pájaros.
De hecho, el último plano de los cuatro juntos en el coche pone de relieve la idea de que Mitch ya no está entre Lidia y Melanie, en todo caso Lidia estaría entre Mitch y Melanie. Sin embargo, se puede interpretar como que son ahora Melanie y Lidia, juntas, las que están con Mitch y Cathy. Lidia ha dejado de tener miedo porque, en realidad, ha ganado una hija.
Enlaces de interés
Ficha de Los Pájaros (imdb)
Filmografía de Hitchcock
Análisis de Los Pájaros
Curiosidades de Los Pájaros
Hay en Hitchcock un tipo de madre y un tipo de hijo que podemos atisbar si comparamos, por ejemplo, a Lidia Brenner (Los Pájaros, 1963) con la Sra. Bates (Psicosis, 1960). Aparece así repetida la idea de una vinculación estrecha entre madres e hijos varones en sus películas. Los hijos aparecen como atados a sus madres y encuentran dificultades para separarse de ellas. En el caso de Mitch Brenner, él es, motu propio, cercano a su madre. Se acerca a verla todos los fines de semana porque para Lidia Brenner su hijo es importante. En Psicosis, Norman Bates también tenía una madre muy cercana a él, pero en su caso esto le lleva al extremo de la locura y ambos (Norman Bates y su madre) son proteccionistas hasta el extremo el uno con el otro. La Sra. Bates, a través de su hijo, es tremendamente proteccionista con él y no quiere compartirlo con ninguna otra mujer. El hecho de que una mujer cause deseo a Norman Bates hace que su madre quiera separarle de ella. Este motivo también se repite en Los Pájaros, aunque obviamente lo hace de una forma mucho menos exagerada.Las madres de Hitchcock
Las madres de Hitchcock parecen compartir cierta necesidad de acaparar la atención de sus hijos, que se encuentran atados a ellas en mayor o menor medida. En Los Pájaros, Hitchcock parece querer ahondar en ese sentimiento maternal-proteccionista a través de la figura de Lidia, que es uno de los ejes fundamentales de desarrollo de la acción del filme. El personaje evoluciona con la película y es, junto a la protagonista, quien sufre el mayor cambio en esta trama.

En Los Pájaros, se narra la historia de cómo Lidia tiene que enfrentarse a los sentimientos que le provoca la entrada de otra mujer, peligrosa, en la vida de Mitch Brenner. En Psicosis, ya sabemos, Norman Bates encarna cómo su madre resuelve esta intromisión inesperada. Sin embargo, en el filme de 1963 Hitchcock nos enseña, apoyándose en la técnica, cómo la figura materna se enfrenta a la mujer que ha venido a por su hijo. Aquí, como iremos desarrollano a continuación, Lidia Brenner es cada vez más cercana a la mujer entrometida: Melanie Danniels.
Lidia Brenner
Lidia Brenner (Jessica Tandy) es la madre de Mitch, el hombre al que va a buscar la protagonista, Melanie Danniels, al pueblo de Bahía Bodega. El personaje de Lidia vertebra la película, a pesar de que el protagonismo no lo adquiere tanto por sus diálogos como por la forma en que la historia está narrada. No es casual que la primera aparición de Lidia Brenner se produzca tras la escena en la que la gaviota ataca a Melanie, en la lancha. Junto a los ataques de los pájaros, la primera amenaza que acecha a Melanie al llegar a Bahía Bodega, está la actitud de intimidación de Lidia Brenner hacia la mujer que ha venido a ver a su hijo. Los ataques de los pájaros y la actitud de Lidia hacia Melanie caminarán en paralelo durante toda la película, de modo que la Sra. Brenner pasa a obtener un protagonismo.No sólo la estructura de la narración nos hace asociar a Lidia Brenner con el concepto de obstáculo para la protagonista. Ya desde el diseño de producción se nos muestra a la Sra. Brenner como una mujer seria, austera y severa. En su primera aparición va de gris, con un toque marrón, sin pendientes ni ningún tipo de ornamento que indique algo a parte de su austeridad. El vestuario sobrio en tonos de grises y el pelo gris remiten, asimismo, a la idea de que es una mujer que está entrando en la ancianidad. Opuesta a ella se encuentra Melanie Danniels, en tonos vivos de verde – como los love birds que lleva a Cathy –, rubia y pretendidamente llamativa. También es el color opuesto al rojo de Annie, la profesora de Bodega Bay, antigua pareja de Mitch y actual amiga de la familia Brenner, ya que cada una de ellas – Melanie y Annie – representa un estilo de vida completamente distinto.
La Sra. Brenner hace su aparición, pues, después del primer ataque a Melanie. No da signos de lástima o compasión porque la chica haya sido atacada, ni de agradecimiento porque haya traído periquitos a su hija. El plano sostenido de Lidia en un primer plano corto mientras se
escuchan las explicaciones de Mitch sobre la Srta. Danniels y la cena, demuestra que lo que interesa de esa escena no es tanto qué es lo que dice Mitch o cómo reacciona Melanie: lo que realmente interesa a Hitchcock es mostrarnos cuáles son las reacciones de Lidia, cómo mira a Melanie y qué es lo que ese personaje piensa. Desde ese momento queda constancia de que lo que importa de la relación entre Melanie y Mitch no es su amor, de hecho no encontramos ninguna escena de amor, si exceptuamos un breve beso de despedida de Mitch más bien poco enfatizado. Lo que interesa de su relación es la actitud de Lidia. Las tramas principales son, de un lado, los ataques de los pájaros y, de otro, la evolución del personaje de Lidia respecto a Mitch y Melanie.Encontramos un momento de hipocresía cuando Lidia dice a su hija que “en una democracia todos merecen ser juzgados con equidad”. Justo después Lidia va a la cocina y se nos muestra cómo ella ya ha juzgado a Melanie por lo que conoce de ella. Esto enfatiza el prejuicio de Lidia y también encontramos en esta escena planos que se sostienen en Lidia para ver cuáles son sus reacciones respecto a las palabras de Mitch. De nuevo al director no le importa tanto lo que dice Mitch como cuáles son las reacciones de su madre.

Pero, ¿qué es lo que lleva a Lidia a adoptar esa actitud hacia Melanie? Lidia, en su conversación con Melanie cuando le lleva el té a la cama, confiesa que tiene miedo de quedarse sola. Miedo de que Mitch no esté. Es por ello que Melanie supone una amenaza. Tampoco hace falta llegar hasta el momento en que Lidia se sincera para ver esto. La narración visual de la historia nos adelanta esto en varios momentos.
Un ejemplo lo encontramos en la panorámica de relación entre Mitch y Melanie, bajando la ladera en la fiesta de cumpleaños, y Annie, que acaba relacionando el plano con Lidia. Lidia les está observando y ve cómo su hijo está lejos de ella con otra mujer. Parece que en las madres de Hitchcock se repite el motivo de que no toleren ver a sus hijos cerca de otra mujer.
Es recurrente el uso del personaje de Lidia como fin de escena para mostrar cómo está asustada. El final de la escena en la que habla por teléfono sobre las gallinas, por ejemplo, es también un primer plano que centra su atención en Lidia, en como ella está asustada al respecto. La Sra. Brenner nos es presentada con esa expresión entre miedo y desconcierto en primeros planos sostenidos al final de varias escenas, como la escena de la cocina, la del bar en el que conoce a Melanie, la escena del té en la cama... En todas ellas el último plano es uno cerrado del rostro de Lidia, de lo mal que encaja lo que está ocurriendo a su alrededor, del miedo que tiene, al principio de Melanie y, según avanza la historia, de los pájaros.
De hecho, el último plano de los cuatro juntos en el coche pone de relieve la idea de que Mitch ya no está entre Lidia y Melanie, en todo caso Lidia estaría entre Mitch y Melanie. Sin embargo, se puede interpretar como que son ahora Melanie y Lidia, juntas, las que están con Mitch y Cathy. Lidia ha dejado de tener miedo porque, en realidad, ha ganado una hija.
Enlaces de interés
Ficha de Los Pájaros (imdb)
Filmografía de Hitchcock
Análisis de Los Pájaros
Curiosidades de Los Pájaros
Cine comercial y violencia: La crítica y David Fincher
Podemos leer a Poe o a Agatha Christie sin volvernos maniáticos. Incluso a Nietzsche, sin que en nuestras mentes se dirigan irremediablemente hacia el fascismo. La lectura es buena. Toda lectura, incluso Steven King, es mejor que permanecer iletrado frente al televisor o la pantalla del PC de casa.
Se da por hecho que no va a convertirnos en psicópatas, sino que, incluso aunque en ella exista un principio apologeta, justificador o plástico de la violencia y el crimen, lo que va a hacer es formarnos al respecto, no direccionarnos inexorablemente hacia la hecatombe social. Podemos leer la belleza de la prosa de Víctor Hugo o Dostoievski o entretenernos con King o Christie, pero debemos estar precavidos frente a la amenaza de violencia ritual e hiperreal de los textos fílmicos.

En este marco de filmes peligrosos enmarcamos a David Fincher, cuya obra ha sido objeto de interpretaciones que la convierten en apologeta de la violencia y de la mutilación de la existencia de estratificación social, de transmisora de valores sexistas y, por si esto fuese poco, de justificadora de la violencia contra las mujeres.
David Fincher y, en particular, El Club de la lucha, han sido repetidamente interpretados más allá de su sentido explícito. Interpretaciones después empleadas para argumentar que este film legitima la violencia de la masculinidad blanca y los sistemas protofascistas e induce a la violencia contra las mujeres y todo lo femenino. Giroux llega a firmar que El club de la lucha es síntoma de “una cultura simbólica e institucional más amplia del cinismo y de la violencia sin sentido, que ejerce una poderosa influencia pedagógica en la configuración del imaginario público”
Giroux parte de que los hombres de El Club de la lucha se revelan contra la “femenización” de la sociedad y que ellos mismos han sufrido. Habla de hombres que han de “resistirse a su comprometer masculinidad por un sofá de diseño”. Giroux asocia el consumismo y la subyugación bajo la dinámica de la sociedad de consumo a lo femenino. Haba de hombres que han perdido su masculinidad en parte porque >“su cuerpo se ha transformado de un agente de producción en un receptáculo de consumo”. Habla del consumismo como una “fuerza ideológica y experiencia existencial que debilita y domestica al hombre” y en diversas ocasiones identifica esta domesticación con la feminización de la sociedad. Asocia la feminidad y el consumo como opuestos a todo lo masculino y de ahí su discurso desembocará en que el film justifica una respuesta violenta frente a todo lo femenino, “violencia que proporciona la base que permite maltratar y pegar a un número creciente de mujeres”
Esta identificación del consumo con lo femenino en Giroux es, cuanto menos, alarmante. Destruye los mismos valores que parece defender en su supuesta postura contra la violencia de género. Es Giroux quien asocia lo femenino con el consumo, no Fincher. La representación de las mujeres en El Club de la Lucha no tiene que ver en absoluto con el consumo: tiene que ver con la dependencia y la soledad. Las únicas intervenciones de mujeres dignas de mención en la película son las de Marla y Clohe.
Clohe es una mujer que, en los últimos momentos de su vida, tiene ganas de echar un polvo. No le es suficiente la abstención o la masturbación, y se declara disponible para que un hombre –cualquier hombre, un hombre en abstracto- tenga relaciones sexuales con ella. Su actitud habla de dependencia del varón, esto sí, pero en ningún caso habla del consumo.
Marla es más compleja. Su personaje habla más de la soledad y el instinto de protección y curación femeninos. Habla de la soledad, en el sentido de que es un personaje presentado con cierto patetismo: siempre de negro en un apartamento desordenado y pequeño, con un consolador sobre un mueble y con tendencia a la autodestrucción. En la escena del suicidio llama a un hombre, también a un hombre cualquiera porque acude a Jack, al que a penas conoce, para que la salve. Sí se puede hablar de una representación de la mujer como algo débil, dependiente y bastante confuso, pero no con el consumo. No en el sentido en que Giroux lo hace.
El cine de Fincher no se basa en ninguna teoría de la conspiración, parte de que el espectador es activo, es puramente visual: le gusta crear imágenes llamativas, “movimientos de cámara y efectos visuales insólitos, y mezclarlos con una vibrante música electrónica y una ambientación en lugares sórdidos y oscuros” No tratemos de exprimir más contenido del que existe en el film mediante asociaciones a penas unidas por hilvanes. El Club de la lucha no identifica a la mujer con el consumo, sino con la dependencia. No la muestra como objeto justificado de las manifestaciones violentas de los hombres. Las ve vulnerables, dependientes y, en todo caso, con cierto nurse instinct, como curanderas o madres educadoras.
El objetivo del Club no es ejercer violencia, sino recibirla. No habla de un puñado de hombres heterosexuales blancos que se reúnen para demostrarse los unos a los otros lo machos que con dándose puñetazos en la cara. Son una serie de trabajadores, alienados, que se reúnen para recibir daños. Giroux ignora prácticamente el hecho de que en realidad se trata de un solo personaje y no de dos, ignora que en todo momento es una lucha de Jack consigo mismo. Ignora que en el momento en que se acercan los primeros hombres que formarán el Club de la lucha, de noche, en la calle; lo que están viendo es a Jack pegarse a sí mismo. Y es a eso a lo que se apuntan. A la autodestrucción.
Respecto a la idea de protofascismo, es cierto que la organización del proyecto Meihen responde a cierta organización neonazi. Sin embargo es francamente cuestionable que haga apología de ello. En la escena en la que Jack ve el cuerpo sin vida de Bob, todos los integrantes del Proyecto le siguen como a Tyler. Repiten lo que él dice. Son mentes planas que no responden sino al carisma de su líder. Son ellos los que son representados, por medio de la puesta en escena, como idiotas que verdaderamente creen en esos métodos violentos sólo por el carisma de Tyler.

Son mostrados como idiotas por medio de la puesta en escena: todos con el mismo uniforme y la cabeza rapada. Por medio de cierta sobreactuación de los personajes se logra que no parezcan conscientes de lo que hacen sino un redil de ovejas, lo que no parece muy halagador hacia este tipo de organizaciones. Actúan cuando alguien se lo dice; por ejemplo cuando el rubio de la cara desfigurada les dice que entierren a Bob, y dejan de actuar cuando Jack les detiene. No comprenden la gravedad de la muerte de Bob. Creen entender a qué se refiere Jack, y por medio de la interpretación de los actores Fincher muestra que simplemente repiten lo que se les diga, como si se tratase de una lección de la escuela. No comprenden, son militantes acríticos que repiten hasta la saciedad la lección como una tabla de multiplicar: “su nombre es Robert Paulson”
Por otra parte al líder, Tyler, Fincher muestra que según avanza el film está más desquiciado. La imagen del rostro de Pitt, sudado, inquieto, con la respiración entrecortada y en un plano cada vez más cerrado después de la amenaza al latinoamericano de la tienda de comestibles, es la imagen de un desequilibrado. Los ojos de Tyler están oscuros y no deciden a dónde mirar, habla sólo y aprieta las mandíbulas. Fincher agudiza esta representación de maniático con los efectos visuales, hace que parezca que la cinta se va a salir del rollo de proyección, que se está moviendo, parece que la imagen vaya a romperse por la tensión y el resentimiento que acumula Tyler. Esto se enfatiza aún más por medio de una música que empieza a ser electrónica en el plano anterior (la explosión de ordenadores) y que va subiendo en intensidad y ritmo a lo largo de la declaración de principios de Tyler, hasta parecer un disco rayado o un motor acelerando.
Esta estética será un rasgo distintivo de las películas de David Fincher: busca una atracción visual con una composición de planos de cierto vanguardismo, en pro de una estética comercial moderna relacionada con la publicidad y el videoclip, cuyo fin último es conquistar al espectador/consumidor. Todo ello, con una visión patológica de una sociedad urbana, caótica y violenta, dominada precisamente el consumo del espectador/consumidor al que persigue atrapar Fincher. Sus filmes son lo que dicen ser, se basan en estructuras, estéticas, temas y criterios comerciales. Y digo temas comerciales porque la controversia política, la polémica de la violencia, el miedo, la muerte y la degeneración a la que puede llegar el ser humano son temas comerciales, que venden porque hoy por hoy tienen gancho. Son constantes en sus películas que se basan en la plástica pura para atrapar al público visualmente. Son, precisamente, golosinas.
Se da por hecho que no va a convertirnos en psicópatas, sino que, incluso aunque en ella exista un principio apologeta, justificador o plástico de la violencia y el crimen, lo que va a hacer es formarnos al respecto, no direccionarnos inexorablemente hacia la hecatombe social. Podemos leer la belleza de la prosa de Víctor Hugo o Dostoievski o entretenernos con King o Christie, pero debemos estar precavidos frente a la amenaza de violencia ritual e hiperreal de los textos fílmicos.

En este marco de filmes peligrosos enmarcamos a David Fincher, cuya obra ha sido objeto de interpretaciones que la convierten en apologeta de la violencia y de la mutilación de la existencia de estratificación social, de transmisora de valores sexistas y, por si esto fuese poco, de justificadora de la violencia contra las mujeres.
David Fincher y, en particular, El Club de la lucha, han sido repetidamente interpretados más allá de su sentido explícito. Interpretaciones después empleadas para argumentar que este film legitima la violencia de la masculinidad blanca y los sistemas protofascistas e induce a la violencia contra las mujeres y todo lo femenino. Giroux llega a firmar que El club de la lucha es síntoma de “una cultura simbólica e institucional más amplia del cinismo y de la violencia sin sentido, que ejerce una poderosa influencia pedagógica en la configuración del imaginario público”Giroux parte de que los hombres de El Club de la lucha se revelan contra la “femenización” de la sociedad y que ellos mismos han sufrido. Habla de hombres que han de “resistirse a su comprometer masculinidad por un sofá de diseño”. Giroux asocia el consumismo y la subyugación bajo la dinámica de la sociedad de consumo a lo femenino. Haba de hombres que han perdido su masculinidad en parte porque >“su cuerpo se ha transformado de un agente de producción en un receptáculo de consumo”. Habla del consumismo como una “fuerza ideológica y experiencia existencial que debilita y domestica al hombre” y en diversas ocasiones identifica esta domesticación con la feminización de la sociedad. Asocia la feminidad y el consumo como opuestos a todo lo masculino y de ahí su discurso desembocará en que el film justifica una respuesta violenta frente a todo lo femenino, “violencia que proporciona la base que permite maltratar y pegar a un número creciente de mujeres”
Esta identificación del consumo con lo femenino en Giroux es, cuanto menos, alarmante. Destruye los mismos valores que parece defender en su supuesta postura contra la violencia de género. Es Giroux quien asocia lo femenino con el consumo, no Fincher. La representación de las mujeres en El Club de la Lucha no tiene que ver en absoluto con el consumo: tiene que ver con la dependencia y la soledad. Las únicas intervenciones de mujeres dignas de mención en la película son las de Marla y Clohe.Clohe es una mujer que, en los últimos momentos de su vida, tiene ganas de echar un polvo. No le es suficiente la abstención o la masturbación, y se declara disponible para que un hombre –cualquier hombre, un hombre en abstracto- tenga relaciones sexuales con ella. Su actitud habla de dependencia del varón, esto sí, pero en ningún caso habla del consumo.
Marla es más compleja. Su personaje habla más de la soledad y el instinto de protección y curación femeninos. Habla de la soledad, en el sentido de que es un personaje presentado con cierto patetismo: siempre de negro en un apartamento desordenado y pequeño, con un consolador sobre un mueble y con tendencia a la autodestrucción. En la escena del suicidio llama a un hombre, también a un hombre cualquiera porque acude a Jack, al que a penas conoce, para que la salve. Sí se puede hablar de una representación de la mujer como algo débil, dependiente y bastante confuso, pero no con el consumo. No en el sentido en que Giroux lo hace.
El cine de Fincher no se basa en ninguna teoría de la conspiración, parte de que el espectador es activo, es puramente visual: le gusta crear imágenes llamativas, “movimientos de cámara y efectos visuales insólitos, y mezclarlos con una vibrante música electrónica y una ambientación en lugares sórdidos y oscuros” No tratemos de exprimir más contenido del que existe en el film mediante asociaciones a penas unidas por hilvanes. El Club de la lucha no identifica a la mujer con el consumo, sino con la dependencia. No la muestra como objeto justificado de las manifestaciones violentas de los hombres. Las ve vulnerables, dependientes y, en todo caso, con cierto nurse instinct, como curanderas o madres educadoras.El objetivo del Club no es ejercer violencia, sino recibirla. No habla de un puñado de hombres heterosexuales blancos que se reúnen para demostrarse los unos a los otros lo machos que con dándose puñetazos en la cara. Son una serie de trabajadores, alienados, que se reúnen para recibir daños. Giroux ignora prácticamente el hecho de que en realidad se trata de un solo personaje y no de dos, ignora que en todo momento es una lucha de Jack consigo mismo. Ignora que en el momento en que se acercan los primeros hombres que formarán el Club de la lucha, de noche, en la calle; lo que están viendo es a Jack pegarse a sí mismo. Y es a eso a lo que se apuntan. A la autodestrucción.
Respecto a la idea de protofascismo, es cierto que la organización del proyecto Meihen responde a cierta organización neonazi. Sin embargo es francamente cuestionable que haga apología de ello. En la escena en la que Jack ve el cuerpo sin vida de Bob, todos los integrantes del Proyecto le siguen como a Tyler. Repiten lo que él dice. Son mentes planas que no responden sino al carisma de su líder. Son ellos los que son representados, por medio de la puesta en escena, como idiotas que verdaderamente creen en esos métodos violentos sólo por el carisma de Tyler.

Son mostrados como idiotas por medio de la puesta en escena: todos con el mismo uniforme y la cabeza rapada. Por medio de cierta sobreactuación de los personajes se logra que no parezcan conscientes de lo que hacen sino un redil de ovejas, lo que no parece muy halagador hacia este tipo de organizaciones. Actúan cuando alguien se lo dice; por ejemplo cuando el rubio de la cara desfigurada les dice que entierren a Bob, y dejan de actuar cuando Jack les detiene. No comprenden la gravedad de la muerte de Bob. Creen entender a qué se refiere Jack, y por medio de la interpretación de los actores Fincher muestra que simplemente repiten lo que se les diga, como si se tratase de una lección de la escuela. No comprenden, son militantes acríticos que repiten hasta la saciedad la lección como una tabla de multiplicar: “su nombre es Robert Paulson”
Por otra parte al líder, Tyler, Fincher muestra que según avanza el film está más desquiciado. La imagen del rostro de Pitt, sudado, inquieto, con la respiración entrecortada y en un plano cada vez más cerrado después de la amenaza al latinoamericano de la tienda de comestibles, es la imagen de un desequilibrado. Los ojos de Tyler están oscuros y no deciden a dónde mirar, habla sólo y aprieta las mandíbulas. Fincher agudiza esta representación de maniático con los efectos visuales, hace que parezca que la cinta se va a salir del rollo de proyección, que se está moviendo, parece que la imagen vaya a romperse por la tensión y el resentimiento que acumula Tyler. Esto se enfatiza aún más por medio de una música que empieza a ser electrónica en el plano anterior (la explosión de ordenadores) y que va subiendo en intensidad y ritmo a lo largo de la declaración de principios de Tyler, hasta parecer un disco rayado o un motor acelerando.Esta estética será un rasgo distintivo de las películas de David Fincher: busca una atracción visual con una composición de planos de cierto vanguardismo, en pro de una estética comercial moderna relacionada con la publicidad y el videoclip, cuyo fin último es conquistar al espectador/consumidor. Todo ello, con una visión patológica de una sociedad urbana, caótica y violenta, dominada precisamente el consumo del espectador/consumidor al que persigue atrapar Fincher. Sus filmes son lo que dicen ser, se basan en estructuras, estéticas, temas y criterios comerciales. Y digo temas comerciales porque la controversia política, la polémica de la violencia, el miedo, la muerte y la degeneración a la que puede llegar el ser humano son temas comerciales, que venden porque hoy por hoy tienen gancho. Son constantes en sus películas que se basan en la plástica pura para atrapar al público visualmente. Son, precisamente, golosinas.
Un tesoro escondido allende los mares
Este verano se estrena por fin la segunda parte de las aventuras del Capitán Jack Sparrow. Johnnie Depp nos encandilará con Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto. Aprovechando este ansiado estreno de cine yanki y ya que pronto tomaremos rumbo hacia las vacaciones de verano, os legamos el mapa que os guiará desde los albores del cine de piratas hasta esta última película producida por Jerry Bruckheimer.
Así que levad anclas y arriad las velas, que hoy gozamos de un fantástico viento de popa que nos guiará desde Nemo a Sparrow, pasando por Barbazul, Simbad el marino y el malvado capitán Garfio.

Cuaderno de bitácora. Fecha: 1916. El cine aún es un retoño que no sabe hablar y se filma y proyecta en blanco y negro. Hace nueve años que murió Julio Verne, no así su obra. La historia de 20.000 leguas de viaje submarino es recuperada desde la literatura para mostrarla en imágenes por el prolífico director Stuart Paton, que no en vano realizó más de 65 películas a lo largo de su vida. La historia es por todos conocida: una serie de hundimientos y desapariciones llevarán a un viaje junto al fantástico Capitán Nemo y su extraña tripulación, bajo el mar, superando las adversidades y avatares que allá se encuentran, hasta descubrir el por qué de los hechos para tratar de evitar más tragedias...
Varias visiones cinematográficas se tuvieron del Capitán Nemo desde entonces. La versión de 1954 dirigida por Richard Fleischer alcanzó bastante popularidad, y más adelante, en 1973, se hará la versión animada del filme. Desafortunadamente también ha habido interpretaciones del Capitán claramente desviadas, como la de La liga de los hombres extraordinarios, película de superhéroes de la que podrás saber más en nuestro artículo al respecto.
Cuaderno de bitácora. Fecha: 1924. Emergemos de las profundidades con el Nautilus para ver la brillante luz del Sol del océano. Desviamos el rumbo hacia la segunda estrella a la derecha y allí encontramos al primer Peter Pan, también mudo y en blanco y negro, interpretado por Betty Bronson en el papel del joven volador de mallas verdes. Sus encuentros con el capitán Garfio tendrán muchas visiones posteriores en televisión y cine, como la conocida adaptación de Disney en 1953, así como la que es la última versión hasta el momento: el Peter Pan de P.J.Hogan (2003).
Bastante fiel al libro, esta película se enmarca dentro del género fantástico de la actualidad. Incluye acción, aventura y fantasía en una sola pieza y está plagada de detalles sutiles dignos de palomitas curiosas. Uno de ellos: El Capitán Garfio lo interpreta el mismo actor que interpreta al padre de Peter, Jason Isaacs, lo que refleja mejor las ideas de la novela original sobre qué es a lo que realmente se tiene que enfrentar el joven Peter Pan.

Nuevo cambio de dirección en nuestro cuaderno hacia los años ‘20 y ‘30 una época de proliferación de películas de piratas, como la sátira Clothes make the pirate -cuya traducción aproximada sería El hábito hace al pirata-, hilarante comedia de Maurice Tourneur genio del género en su tiempo; o El Bucanero, que tuvo una versión que se hizo popular en los años ’50.
Hacia el este nos cruzamos con el increíble personaje de Simbad el marino, que nos narra sus grandes historias de marinero en el año 1947, a todo color y en cine sonoro. Dirigida por Richard Wallace, es una clásica película de capa y espada narrada como una película infantil, aunque contiene una escena de tremendo erotismo para la época: en la escena del harem Wallace arriesgó bastante para lo que era el cine del género de sus tiempos. Múltiples versiones ha tenido también este filme. La más reciente, la película de animación Simbad, la leyenda de los siete mares que, para continuar con curiosidades, en su versión original está doblada por actores como Brad Pitt (Simbad), Catherine Zeta-Jones (Marina), Michelle Pfeiffer (Eris) o Joseph Fiennes (Proteus).
Y en una isla en la que nos detenemos para pisar tierra firme unos días, encontramos al extraordinario Edmond Dantés, en adelante Conde de Montecristo, que ha tenido versiones cinematográficas desde los albores de la historia del cine –en 1908 encontramos un cortometraje sobre su historia- hasta la actualidad, en la que encontramos su última película fechada en el 2003. Podemos destacar entre las múltiples versiones yankis del filme las de Collin Campbell (1912), Robert Vernay (1955), y la serie televisiva de David Greene de 1975.
En los años ’50 el cine de piratas encuentra de nuevo el viento a favor, nacen muchos títulos del género, como Blackbeard the pirate (1952) o Ghost Ship -con versión posterior- y, por supuesto La Isla del Tesoro, de 1950.
Basada en el libro de Robert-Louise Stevenson, esta película de Bryon Haskin tiene su precedente en el filme de igual título del año 1920 realizado por Maurice Tourneur. Los personajes Squire Trelawney, Livesey y Jim Hawkins tienen la obsesión de todo bucanero: un tesoro escondido por el Capitán Flint en una isla del Mar Caribe. Todo serán complicaciones, desde el alquiler del barco que les llevará a su destino estarán el las garras de gran parte de la antigua tripulación de piratas del Capitán Flint: comparten el mismo navío.
Genial película de aventuras clásica y familiar, La Isla del Tesoro tuvo un extraordinario éxito y contó con diversas secuelas.
Pasamos a los ochenta para acercarnos más al cine de nuestro tiempo. La concepción de los piratas en las películas cambia, encontramos múltiples referencias en películas como Los Goonies (1985).
Espectacular filme fantástico y de aventuras dirigido por Richard Donner, cuenta con una historia creada por nada menos que Steven Spealberg -que tuvo la idea original- y Chris Columbus -que firma el guión de la película. Simplemente esto ya impone, puesto que se trata de dos de los grandes del cine de Hollywood contemporáneo. Este simpático grupo de chavales que se hace llamar “los goonies”, tiene todos los ingredientes del cine de piratas: el mapa, las cuevas, las trampas y, por supuesto, el tesoro escondido... Siempre merece la pena rememorar películas comerciales de este calibre.
De nuevo el Palomitas Yankis una película que marca la infancia de los de nuestra generación: La princesa prometida, dirigida por Rob Reiner en 1987 y con guión de William Goldman, que adaptó al cine su novela del mismo título para crear esta conocida obra de éxito internacional. Weasly y Buttercup se enamora, pero él ha de partir y, en su ausencia, ella es requerida para casarse con el arrogante príncipe Humperdinck que interpreta de forma inigualable Chris Sarandon. Weasley llegará a convertirse en el temible pirata Roberts, y tendrá que luchar con los hombres que secuestran a su amada del palacio, con el príncipe e incluso contra la muerte con la ayuda del milagrero. El tesoro por el que cruza los mares no será de oro y gemas, pero nos dejará una hermosa historia de fantasía, romance y aventuras por la que no pasa el tiempo.

Llegamos a los cercanos ’90 y a la particular versión de Peter Pan que tuvo Steven Spielberg en 1991, al poner a un adulto y algo barrigudo Robin Williams las mallas verdes de Peter Pan tras el duro aprendizaje que le llevó a dejar de ser Peter Banning. Película trepidante y visión fenomenal del personaje y su historia, Hook nos ofrece un reparto de lujo. Encabezada por el ya citado Williams, tiene a un memorable Dustin Hoffman en el papel del malvado Capitán Garfio y a una preciosa Campanilla interpretada por una Julia Roberts en miniatura que se puede llevar en el bolsillo.
En 1993 Geena Davis asume al papel de Morgan Adams en el que es, sin duda, uno de sus papeles más atractivos desde Betelgeuse –con la sana excepción de Telma y Louise. La Isla de las Cabezas Cortadas será un éxito inmediato del cine de piratas. En ella Morgan Adams y su esclavo William Shaw (Frank Langella) tendrán que recuperar las tres partes de un mapa que les llevará al tesoro que persiguen con ahínco. Tendrá la dificultad añadida de la poca confianza de su tripulación -que heredó de su padre junto a uno de los trozos del mapa- hacia ella por ser mujer, y también se encontrará con los obstáculos de una Marina Real Inglesa que trata de alejarla de sus hábitos de piratería.
No muy lejana a La Isla de las Cabezas Cortadas encontraremos una pelíula infantil sobre tesoros y mares: Los teleñecos en la isla del tesoro, dirigida por Brian Henson, hijo del genial Jim Henson del que podéis saber más en nuestro post dedicado a los musicales. Cuando el joven Jim Hawkins recibe el mapa de un tesoro, se lanza a una divertida aventura junto a sus amigos Gonzo, Rizzo y el pirata patapalo Long John Silver (Tim Curry). Jim, junto al Capitán Smollet (la rana Gustavo) y su tripulación de Teleñecos, navegará hacia una remota isla. Allí Silver y sus secuaces capturan al joven Jim y le quitan el mapa del tesoro, lo que obliga a Smollet y sus amigos a preparar el rescate con ayuda de la Reina de los Jabalíes, Peggy.
Y el nuevo milenio nos trae al fantástico Jack Sparrow en 2003, con La Maldición de la Perla Negra, película trepidante en la que conocimos al estrambótico Capitan Jack Sparrow, interpretado por Johnnie Depp. El excéntrico personaje, empeñado en recuperar el navío de una tripulación que se amotinó frente a él liderada por su segundo de abordo, el Capitán Barbosa -un genial Geoffrey Rush- recorrerá los mares, robará, escapará de una isla desierta y, finalmente, tendrá que enfrentarse con la maldición que acompaña a su antigua tripulación...
Por el camino se encontrará a un joven, Will Turner (Orlando Bloom) que, enamorado de la secuestrada hija del Gobernador de Port Royal, emprenderá el vieje con él en busca de dicha dama, Elisabeth Swann, interpretada por Keira Knightly. Una historia de fantasía, barcos, piratas, fantasmas y maldiciones, tiene buenas dosis de humor y la extraña figura de Sparrow, más semejante al Guybrush Threepwood del Monkey Island que a un pirata decente, así como Barbosa y su tripulación maldita se parecen ciertamente al LeChuck del Monkey Island. Se convierte así en una película con gancho que no pierde un minuto de interés y con unos efectos visuales a la altura de Jerry Bruckheimer.
Este verano llega la segunda entrega, que deseamos que esté a la altura de la anterior y esperaremos con toda la paciencia que nos quede hasta Agosto. Podéis saber más del filme en la página oficial de la película.
Hasta entonces, disfrutad de este género tan prolífico en la historia del cine en los reproductores de casa, que la brisa salada y fresca del mar será más agradable que los casi 40º que disfrutaremos hasta Julio a la sombra. Y, por supuesto, siempre acompañados por Palomitas.
Links relacionados
Internet Movie Data Base
Otro artículo del cine de piratas
Trailer en español de El Cofre del hombre muerto, 9 trailers en inglés, anuncios de televisión...
Así que levad anclas y arriad las velas, que hoy gozamos de un fantástico viento de popa que nos guiará desde Nemo a Sparrow, pasando por Barbazul, Simbad el marino y el malvado capitán Garfio.

Cuaderno de bitácora. Fecha: 1916. El cine aún es un retoño que no sabe hablar y se filma y proyecta en blanco y negro. Hace nueve años que murió Julio Verne, no así su obra. La historia de 20.000 leguas de viaje submarino es recuperada desde la literatura para mostrarla en imágenes por el prolífico director Stuart Paton, que no en vano realizó más de 65 películas a lo largo de su vida. La historia es por todos conocida: una serie de hundimientos y desapariciones llevarán a un viaje junto al fantástico Capitán Nemo y su extraña tripulación, bajo el mar, superando las adversidades y avatares que allá se encuentran, hasta descubrir el por qué de los hechos para tratar de evitar más tragedias...
Varias visiones cinematográficas se tuvieron del Capitán Nemo desde entonces. La versión de 1954 dirigida por Richard Fleischer alcanzó bastante popularidad, y más adelante, en 1973, se hará la versión animada del filme. Desafortunadamente también ha habido interpretaciones del Capitán claramente desviadas, como la de La liga de los hombres extraordinarios, película de superhéroes de la que podrás saber más en nuestro artículo al respecto.Cuaderno de bitácora. Fecha: 1924. Emergemos de las profundidades con el Nautilus para ver la brillante luz del Sol del océano. Desviamos el rumbo hacia la segunda estrella a la derecha y allí encontramos al primer Peter Pan, también mudo y en blanco y negro, interpretado por Betty Bronson en el papel del joven volador de mallas verdes. Sus encuentros con el capitán Garfio tendrán muchas visiones posteriores en televisión y cine, como la conocida adaptación de Disney en 1953, así como la que es la última versión hasta el momento: el Peter Pan de P.J.Hogan (2003).
Bastante fiel al libro, esta película se enmarca dentro del género fantástico de la actualidad. Incluye acción, aventura y fantasía en una sola pieza y está plagada de detalles sutiles dignos de palomitas curiosas. Uno de ellos: El Capitán Garfio lo interpreta el mismo actor que interpreta al padre de Peter, Jason Isaacs, lo que refleja mejor las ideas de la novela original sobre qué es a lo que realmente se tiene que enfrentar el joven Peter Pan.

Nuevo cambio de dirección en nuestro cuaderno hacia los años ‘20 y ‘30 una época de proliferación de películas de piratas, como la sátira Clothes make the pirate -cuya traducción aproximada sería El hábito hace al pirata-, hilarante comedia de Maurice Tourneur genio del género en su tiempo; o El Bucanero, que tuvo una versión que se hizo popular en los años ’50.
Hacia el este nos cruzamos con el increíble personaje de Simbad el marino, que nos narra sus grandes historias de marinero en el año 1947, a todo color y en cine sonoro. Dirigida por Richard Wallace, es una clásica película de capa y espada narrada como una película infantil, aunque contiene una escena de tremendo erotismo para la época: en la escena del harem Wallace arriesgó bastante para lo que era el cine del género de sus tiempos. Múltiples versiones ha tenido también este filme. La más reciente, la película de animación Simbad, la leyenda de los siete mares que, para continuar con curiosidades, en su versión original está doblada por actores como Brad Pitt (Simbad), Catherine Zeta-Jones (Marina), Michelle Pfeiffer (Eris) o Joseph Fiennes (Proteus).Y en una isla en la que nos detenemos para pisar tierra firme unos días, encontramos al extraordinario Edmond Dantés, en adelante Conde de Montecristo, que ha tenido versiones cinematográficas desde los albores de la historia del cine –en 1908 encontramos un cortometraje sobre su historia- hasta la actualidad, en la que encontramos su última película fechada en el 2003. Podemos destacar entre las múltiples versiones yankis del filme las de Collin Campbell (1912), Robert Vernay (1955), y la serie televisiva de David Greene de 1975.
En los años ’50 el cine de piratas encuentra de nuevo el viento a favor, nacen muchos títulos del género, como Blackbeard the pirate (1952) o Ghost Ship -con versión posterior- y, por supuesto La Isla del Tesoro, de 1950.Basada en el libro de Robert-Louise Stevenson, esta película de Bryon Haskin tiene su precedente en el filme de igual título del año 1920 realizado por Maurice Tourneur. Los personajes Squire Trelawney, Livesey y Jim Hawkins tienen la obsesión de todo bucanero: un tesoro escondido por el Capitán Flint en una isla del Mar Caribe. Todo serán complicaciones, desde el alquiler del barco que les llevará a su destino estarán el las garras de gran parte de la antigua tripulación de piratas del Capitán Flint: comparten el mismo navío.
Genial película de aventuras clásica y familiar, La Isla del Tesoro tuvo un extraordinario éxito y contó con diversas secuelas.
Pasamos a los ochenta para acercarnos más al cine de nuestro tiempo. La concepción de los piratas en las películas cambia, encontramos múltiples referencias en películas como Los Goonies (1985).
Espectacular filme fantástico y de aventuras dirigido por Richard Donner, cuenta con una historia creada por nada menos que Steven Spealberg -que tuvo la idea original- y Chris Columbus -que firma el guión de la película. Simplemente esto ya impone, puesto que se trata de dos de los grandes del cine de Hollywood contemporáneo. Este simpático grupo de chavales que se hace llamar “los goonies”, tiene todos los ingredientes del cine de piratas: el mapa, las cuevas, las trampas y, por supuesto, el tesoro escondido... Siempre merece la pena rememorar películas comerciales de este calibre.De nuevo el Palomitas Yankis una película que marca la infancia de los de nuestra generación: La princesa prometida, dirigida por Rob Reiner en 1987 y con guión de William Goldman, que adaptó al cine su novela del mismo título para crear esta conocida obra de éxito internacional. Weasly y Buttercup se enamora, pero él ha de partir y, en su ausencia, ella es requerida para casarse con el arrogante príncipe Humperdinck que interpreta de forma inigualable Chris Sarandon. Weasley llegará a convertirse en el temible pirata Roberts, y tendrá que luchar con los hombres que secuestran a su amada del palacio, con el príncipe e incluso contra la muerte con la ayuda del milagrero. El tesoro por el que cruza los mares no será de oro y gemas, pero nos dejará una hermosa historia de fantasía, romance y aventuras por la que no pasa el tiempo.

Llegamos a los cercanos ’90 y a la particular versión de Peter Pan que tuvo Steven Spielberg en 1991, al poner a un adulto y algo barrigudo Robin Williams las mallas verdes de Peter Pan tras el duro aprendizaje que le llevó a dejar de ser Peter Banning. Película trepidante y visión fenomenal del personaje y su historia, Hook nos ofrece un reparto de lujo. Encabezada por el ya citado Williams, tiene a un memorable Dustin Hoffman en el papel del malvado Capitán Garfio y a una preciosa Campanilla interpretada por una Julia Roberts en miniatura que se puede llevar en el bolsillo.En 1993 Geena Davis asume al papel de Morgan Adams en el que es, sin duda, uno de sus papeles más atractivos desde Betelgeuse –con la sana excepción de Telma y Louise. La Isla de las Cabezas Cortadas será un éxito inmediato del cine de piratas. En ella Morgan Adams y su esclavo William Shaw (Frank Langella) tendrán que recuperar las tres partes de un mapa que les llevará al tesoro que persiguen con ahínco. Tendrá la dificultad añadida de la poca confianza de su tripulación -que heredó de su padre junto a uno de los trozos del mapa- hacia ella por ser mujer, y también se encontrará con los obstáculos de una Marina Real Inglesa que trata de alejarla de sus hábitos de piratería.
No muy lejana a La Isla de las Cabezas Cortadas encontraremos una pelíula infantil sobre tesoros y mares: Los teleñecos en la isla del tesoro, dirigida por Brian Henson, hijo del genial Jim Henson del que podéis saber más en nuestro post dedicado a los musicales. Cuando el joven Jim Hawkins recibe el mapa de un tesoro, se lanza a una divertida aventura junto a sus amigos Gonzo, Rizzo y el pirata patapalo Long John Silver (Tim Curry). Jim, junto al Capitán Smollet (la rana Gustavo) y su tripulación de Teleñecos, navegará hacia una remota isla. Allí Silver y sus secuaces capturan al joven Jim y le quitan el mapa del tesoro, lo que obliga a Smollet y sus amigos a preparar el rescate con ayuda de la Reina de los Jabalíes, Peggy.Y el nuevo milenio nos trae al fantástico Jack Sparrow en 2003, con La Maldición de la Perla Negra, película trepidante en la que conocimos al estrambótico Capitan Jack Sparrow, interpretado por Johnnie Depp. El excéntrico personaje, empeñado en recuperar el navío de una tripulación que se amotinó frente a él liderada por su segundo de abordo, el Capitán Barbosa -un genial Geoffrey Rush- recorrerá los mares, robará, escapará de una isla desierta y, finalmente, tendrá que enfrentarse con la maldición que acompaña a su antigua tripulación...
Por el camino se encontrará a un joven, Will Turner (Orlando Bloom) que, enamorado de la secuestrada hija del Gobernador de Port Royal, emprenderá el vieje con él en busca de dicha dama, Elisabeth Swann, interpretada por Keira Knightly. Una historia de fantasía, barcos, piratas, fantasmas y maldiciones, tiene buenas dosis de humor y la extraña figura de Sparrow, más semejante al Guybrush Threepwood del Monkey Island que a un pirata decente, así como Barbosa y su tripulación maldita se parecen ciertamente al LeChuck del Monkey Island. Se convierte así en una película con gancho que no pierde un minuto de interés y con unos efectos visuales a la altura de Jerry Bruckheimer. Este verano llega la segunda entrega, que deseamos que esté a la altura de la anterior y esperaremos con toda la paciencia que nos quede hasta Agosto. Podéis saber más del filme en la página oficial de la película.
Hasta entonces, disfrutad de este género tan prolífico en la historia del cine en los reproductores de casa, que la brisa salada y fresca del mar será más agradable que los casi 40º que disfrutaremos hasta Julio a la sombra. Y, por supuesto, siempre acompañados por Palomitas.
Links relacionados
Internet Movie Data Base
Otro artículo del cine de piratas
Trailer en español de El Cofre del hombre muerto, 9 trailers en inglés, anuncios de televisión...
De Broadway a Sunset Boulevard
El cine musical ha vuelto a nacer. En realidad, nunca se había marchado. En los últimos tiempos del cine americano podemos destacar algunos títulos como Chicago, Moulin Rouge o la nueva versión de Los productores de Mel Brooks.
Partiendo de Broadway por el laberinto de los musicales, iremos a tomar fuerza con una sopa de gansos salir por el camino de baldosas amarillas con Dorothy hacia las montañas, con el sonido de la música de fondo. Camino al cabaret saludaremos a los T-birds y a Jack Skellington. En este verano caluroso mejor quedarse a cubierto con un bol de palomitas, que aún nos quedan unos meses para poder estar cantando bajo la lluvia, lo que, en Sevilla, es una pura maravilla.

En 1933 encontramos una de las primeras películas musicales del cine estadounidense. Los hermanos Marx crean Sopa de Gansos (1933), dirigida por Leo McCarey. En época de la II Guerra Mundial, los Marx crean esta hilarante comedia musical en la que el déspota absoluto Rufus T. Firefly decide invadir el país vecino de Sylvania.
Sopa de Gansos fue la última película que hicieron los hermanos Marx con la Paramaunt, justo antes de pasar a trabajar con la Metro Goldwyn Mayer. Es una de esas películas que no precisan de grandes efectos visuales o diálogos agresivos para hacernos desear verla una y otra vez, y es por eso que es uno de los grandes clásicos de Hollywood.
La película contiene muchas de las secuencias más famosas de los Hermanos Marx: el puesto de limonada (un magistral crescendo de cólera), la parodia de Paul Revere, el número We´re Going to War, magnífica caricatura de los musicales de los años 30, la divertidísima escena del espejo, y el episodio de la batalla final, copiado por infinidad de humoristas, desde Woody Allen hasta la revista Mad.
También en los años '30 recordamos filmes clásicos como Una noche en la ópera, dirigida por Sam Wood y también protagonizada por unos inolvidables hermanos Marx que nos legan en ella otra buena cantidad de secuencias memorables mientras tratan de ayudar a una pareja joven a alcanzar el éxito, siempre en su línea de enredos...
En esta misma década romperán el hielo los Clásicos de Disney, en 1937 se estrena Blancanieves, famosa película de animación tradicional que incluye números musicales. Desde ahí, los personajes de Disney que cantan han sido incontables, y han merecido múltiples Oscars a la mejor canción o mejor banda sonora como en las películas Pinocho (1940), La bella y la bestia (1991), Aladdin (1992), El Rey León(1994), Pocahontas (1995), Tarzán (1999) así como las películas de imagen real, como Mary Poppins, que también mereció su Oscar en 1964. Muchas son las películas de Disney en imágen real que incluyen canciones, aunque seguramente ninguna merezca la consideración de este clásico con Julie Andrews y Dick Van Dike. Pero de todo esto seguramente podréis saber más en la información de los musicales que nos facilitará la próxima semana nuestra compañera de Palomitas muy animadas.
Y a finales de los años '30 llega Judy Garland interpretando a Dorothy Gale. Con sus trenzas y la ayuda del espantapájaros, de aquel león miedoso y del hombre de hojalata, recorrerá un mundo de fantasía por aquel famoso camino de baldosas amarillas hasta encontrar su salvación en forma de unos zapatos de charol rojo que la llevarán de nuevo a su hogar.

Película que ha acompañado a la infancia de varias generaciones, El Mago de Oz es el clásico musical infantil por excelencia que, durante una época, era retransmitido por televisión todas las navidades para deleite de niños que abrían regalos y padres que recordaban la película de su infancia palabra por palabra, canción a canción. Múltiples versiones se han hecho desde entonces del Somwhere over the raimbows que cantaba Dorothy al inicio del filme. Pocas películas son comparables a estos tonos pastel y personajes tiernamente inocentes, salvo tal vez The sound of Music, traducida al castellano -libremente- como Sonrisas y lágrimas (1965).
Pero antes de llegar a las montañas de Austria todavía tenemos que empaparnos un poco más de historia del musical clásico: Cantando bajo la lluvia (1952) es, posiblemente, el musical más famoso de la historia del cine. No es para menos dados los portentosos pasos de un memorable Gene Kelley tras su pequeño éxito con Debbie Reynolds, que interpreta a la también inolvidable Kathy que nos daba los buenos días con aquel "Good morning, good morning!". Los movimientos que produce la felicidad del seductor Don Lockwood pateando los charcos ha sido sin duda objeto de envidia para todos aquellos que disfrutan de que les caigan unas gotas sobre la cabeza.

No todo son sus protagonistas: el fantástico papel secundario de Donald O'Connor (Cosmo) protagoniza la mítica e hilarante escena del Make 'em laugh, que es en sí misma una delicia desternillante de las que ya no se crean en Hollywood. Los pasos de ambos en los números musicales conjuntos justifican el clasicismo del montaje: por qué cortar si no hace falta en el género, gracias a unos actores que no pierden el compás ni a contrarritmo.
Y llegamos a los años '60, en los que es especialmente difíci elegir, pero finalmente nos decantamos por West side story (1961) y My Fair Lady (1964).
West side story no es más que la historia de Romeo y Julieta narrada por medio de los personajes de Tony (Richard Beymer) y María (Natalie Wood). Inolvidables son algunas canciones, como la María que canta con adoración Beymer o aquella America con Rita Moreno a la cabeza y los demás hispanos alrededor.
My Fair Lady está protagonizada por una increíble Audrey Hepbourn que probablemente sólo es superada por a sí misma en Breakfast at Tiffanys, que se rodó el mismo año que West Side Story, 1961. Fue ganadora de 8 Oscars, que incluían mejor película y mejor director. Harrison también mereció una estatuilla, no saí Hepbourn que se quedó en el paso de la nominación y tuvo que ver el Oscar en las manos de Julie Andrews por otro musical: Mary Poppins. También fue galardonada a banda sonora, vestuario, dirección artística, fotografía y sonido.
En ella, el profesor Henry Higgins (Rex Harrison) recoge de la calle a Eliza Doolittle (Hepbourn) porque ha apostado con su colega Pickering que se ve capaz de convertir a una "cualquiera" en una mujer integrada en las altas esferas de la sociedad inglesa. Tras unas exhaustivas clases de perfeccionamiento del idioma -que merecen ser escuchadas en su idioma original- y etiqueta la florista se transformará en una hermosa joven que destacará entre la alta sociedad.
Entramos de lleno en los 70 con las sillas de Cabaret (1972), del director y coreógrafo Bob Fosse, con el papel que quedó en la impronta de Liza Minelli, aquella Sally Bowles del Berlín de los años '30 y el Kit-kat club en el que coincide con sus hombres: Brian y Max. Los números musicales tienen una vbrillante puesta en escena e interpretación, desde el de apertura, Willkomenn hasta el Money interpretado por Minelli y Grey, pasando por aquel inolvidable Maybe this Time y, por supuesto, el clásico Tomorrow Belongs to Me"
Cambiamos de registro con Jesucristo Superstar (1973), otro film que está considerado entre los grandes del género, con Ted Neeley en el papel de Jesús, Carl Anderson como Judas e Yvonne Elliman en el papel de María Magdalena. No por casualidad está basado en un libreto del fenomenal Andrew Lloyd Webber, reverenciado director al que debemos muchos de los grandes libretos de musicales de la actualidad, como los de Evita y El fantasma de la ópera, entre los llevados al cine. De Lloyd Weber podríamos hablar largo y tendido pero nos reducimos a dejar patente la grandeza de obras como Aspects of love o la más popular Cats, a la altura de otro de los grandes: Alain Boublil (Los Miserables, Miss Saigon). Con Weber tras las notas, poca justificación más necesita el filme para hacerse imprescindible.
Y a finales de los setenta se inicia otro tipo de musicales. En 1978 Llegan John Travolta y Olivia Newton John con su musical de instituto Grease, en el que el romance de verano de los protagonistas tendrá que pasar por una serie de dificultades hasta que acaben juntos al dejar el instituto. Hasta hoy llegan las reminiscencias de las no pocas canciones conocidas del filme: desde la final You're the one thatI want hasta el mitico Tell me more pasando por baladas como Hoplessly devoted to you o Sandy.
Llegan los ochenta y con ellos The Blues Brothers (1980), comedia musical de gángsters que hace del entretenimiento su mejor bandera, y El sentido de la vida, descacharrante parodia musical de los Monty Python dividido en secuencias de escenas temáticas y que todos los amantes de los Python deben tener en sus estanterías predilectas.
No podemos abandonar los ochenta sin al menos una breve referencia a otra de las películas musicales de la infancia de los de nuestra generación. Dentro del laberinto, de Jim Henson, don David Bowie interpretando al rey de los Goblins y Jennifer Connelly desesperada por encontrar a su hermano pequeño en el enorme laberinto repleto de goblins y criaturas diversas del Universo Henson (creados de los Fraggels y de los famosísimos teleñecos).
Y finalmente decimos adiós a la década de los '80 para sumergirnos en unos años '90 en los que las películas musicales escasearon excepto en el caso de la Disney (que de hecho obtuvo 5 oscars a la mejor cancion en esta década) y la sana excepción de una película de Henry Selick que ha pasado a ser con el tiempo una de las películas de culto del cinte contemporáneo de animación. Por supuesto nos referimos a Tim Burton's Nightmare before Christmas.

La confusión respecto a la dirección, que muchas veces se otorga erróneamente a Burton, se debe a que el guión y los personajes son de Tim Burton, si bien fue dirigida por Henry Selick bajo la producción de Burton-DiNovi. La música de Danny Elfman, compositosr habitual de Burton, está acorde a su estilo, que podemos verlo como unficado si nos acercamos la otras comosisiones suyas y las comparamos con las de Pesadilla antes de navidad. El más puro estilo Batman está en el tema que cantan los niños (Raptar a Santa-clavos), hay reminiscencias de Eduardo Manostijeras en algunos acordes de los temas de Jack y algún tema musical, como los finales de la lucha con el hombre del saco, recuerda bastante a la mítica Beetelgeuse. Pero de Jack Skellington y compañia podréis saber más, sin duda, en el futuro artículo que publicará Palomitas muy animadas
El nuevo milenio abre con Moulin Rouge, de Baz Luhrman. La película usa la historia de un escritor que se enamora de una prostituta del Moulin Rouge parisino an 1899, para mostrarnos un juego musical que reúne grandes clásicos de la música pop y los reinventa para ponerlos en labios de sus personajes, Satin (Kidman) y el poeta enamorado Chistian (McGregor).
Ganadora de dos oscars, a dirección artística y vestuario -fue el año de El señor de los anillos y Una mente maravillosa- tiene una espectacular puesta en escena, si bien las canciones juegan más con el ritmo y su popularidad que con su interpretación, y es paradigma de un montaje fragmentado postmoderno que fue alejado del Oscar de aquel año, otorgado finalmente a Black Hawk Down. POr supuesto, entre los números, destacamos la versión de Diamonds are a girls best friend que hace Nicole Kidman desde el columpio en el club y el Tango de Roxanne, por la fuerza de la coregrafía y lo conmovedor de la escena.
Tras Moulin Rouge el género musical se dispara de nuevo. En 2002 llega Chicago, por la que Catherine Zeta-Jones obtuvo un merecido premio a mejor actriz de reparto, con un papel enérgico y bien defendido, frente a una algo pobre Renee Zellweger. La película cuenta con algunos números musiclaes extraordinarios, como el tema de las mujeres asesinas de la cárcel, el teme inicial, o aquel en el que Zeta-Jones trata de convencer a Zellweger de que su destino es crear un número conjunto. Prácticamente ninguna canción tiene desperdicio, los números están correctamente representados y la puesta en escena es realmente atractiva, lo que hizo que la película cosechase 5 Oscars en 2003.
En 2004 llega a nuestros cines la adaptación cinematográfica del musical de Lloyd Webber El fantasma de la ópera, que hace lo que puede por defender el libreto en pantalla pero pierde aún así la magnificencia que rodea a la puesta en escena que hasta hace poco pudimos ver en Madrid. Destaca la hermosa voz de Emily Rossum, que interpreta el papel de Christine, y el tema Think of me. Película correcta, con una excepcional música, buena interpretación y el profundo romanticismo del libro original, es digna de verse en nuestra cita con Palomitas.
Y llegamos a la actualidad, a Mel Brooks y una adaptación de sus Productores que resulta entretenida pero desmerece la original. Quedamos a la espera de nuevos proyectos. ¡Bienvenidos sean!
Otros links de interés:
Base de datos de musicales (fotos, vídeos, información, tráilers, posters...)
Artículo de la Wikipedia sobre el cine musical
Lista de los 50 mejores musicales (imdb)
Partiendo de Broadway por el laberinto de los musicales, iremos a tomar fuerza con una sopa de gansos salir por el camino de baldosas amarillas con Dorothy hacia las montañas, con el sonido de la música de fondo. Camino al cabaret saludaremos a los T-birds y a Jack Skellington. En este verano caluroso mejor quedarse a cubierto con un bol de palomitas, que aún nos quedan unos meses para poder estar cantando bajo la lluvia, lo que, en Sevilla, es una pura maravilla.

En 1933 encontramos una de las primeras películas musicales del cine estadounidense. Los hermanos Marx crean Sopa de Gansos (1933), dirigida por Leo McCarey. En época de la II Guerra Mundial, los Marx crean esta hilarante comedia musical en la que el déspota absoluto Rufus T. Firefly decide invadir el país vecino de Sylvania.
Sopa de Gansos fue la última película que hicieron los hermanos Marx con la Paramaunt, justo antes de pasar a trabajar con la Metro Goldwyn Mayer. Es una de esas películas que no precisan de grandes efectos visuales o diálogos agresivos para hacernos desear verla una y otra vez, y es por eso que es uno de los grandes clásicos de Hollywood.La película contiene muchas de las secuencias más famosas de los Hermanos Marx: el puesto de limonada (un magistral crescendo de cólera), la parodia de Paul Revere, el número We´re Going to War, magnífica caricatura de los musicales de los años 30, la divertidísima escena del espejo, y el episodio de la batalla final, copiado por infinidad de humoristas, desde Woody Allen hasta la revista Mad.
También en los años '30 recordamos filmes clásicos como Una noche en la ópera, dirigida por Sam Wood y también protagonizada por unos inolvidables hermanos Marx que nos legan en ella otra buena cantidad de secuencias memorables mientras tratan de ayudar a una pareja joven a alcanzar el éxito, siempre en su línea de enredos...
En esta misma década romperán el hielo los Clásicos de Disney, en 1937 se estrena Blancanieves, famosa película de animación tradicional que incluye números musicales. Desde ahí, los personajes de Disney que cantan han sido incontables, y han merecido múltiples Oscars a la mejor canción o mejor banda sonora como en las películas Pinocho (1940), La bella y la bestia (1991), Aladdin (1992), El Rey León(1994), Pocahontas (1995), Tarzán (1999) así como las películas de imagen real, como Mary Poppins, que también mereció su Oscar en 1964. Muchas son las películas de Disney en imágen real que incluyen canciones, aunque seguramente ninguna merezca la consideración de este clásico con Julie Andrews y Dick Van Dike. Pero de todo esto seguramente podréis saber más en la información de los musicales que nos facilitará la próxima semana nuestra compañera de Palomitas muy animadas.Y a finales de los años '30 llega Judy Garland interpretando a Dorothy Gale. Con sus trenzas y la ayuda del espantapájaros, de aquel león miedoso y del hombre de hojalata, recorrerá un mundo de fantasía por aquel famoso camino de baldosas amarillas hasta encontrar su salvación en forma de unos zapatos de charol rojo que la llevarán de nuevo a su hogar.

Película que ha acompañado a la infancia de varias generaciones, El Mago de Oz es el clásico musical infantil por excelencia que, durante una época, era retransmitido por televisión todas las navidades para deleite de niños que abrían regalos y padres que recordaban la película de su infancia palabra por palabra, canción a canción. Múltiples versiones se han hecho desde entonces del Somwhere over the raimbows que cantaba Dorothy al inicio del filme. Pocas películas son comparables a estos tonos pastel y personajes tiernamente inocentes, salvo tal vez The sound of Music, traducida al castellano -libremente- como Sonrisas y lágrimas (1965). Pero antes de llegar a las montañas de Austria todavía tenemos que empaparnos un poco más de historia del musical clásico: Cantando bajo la lluvia (1952) es, posiblemente, el musical más famoso de la historia del cine. No es para menos dados los portentosos pasos de un memorable Gene Kelley tras su pequeño éxito con Debbie Reynolds, que interpreta a la también inolvidable Kathy que nos daba los buenos días con aquel "Good morning, good morning!". Los movimientos que produce la felicidad del seductor Don Lockwood pateando los charcos ha sido sin duda objeto de envidia para todos aquellos que disfrutan de que les caigan unas gotas sobre la cabeza.

No todo son sus protagonistas: el fantástico papel secundario de Donald O'Connor (Cosmo) protagoniza la mítica e hilarante escena del Make 'em laugh, que es en sí misma una delicia desternillante de las que ya no se crean en Hollywood. Los pasos de ambos en los números musicales conjuntos justifican el clasicismo del montaje: por qué cortar si no hace falta en el género, gracias a unos actores que no pierden el compás ni a contrarritmo.Y llegamos a los años '60, en los que es especialmente difíci elegir, pero finalmente nos decantamos por West side story (1961) y My Fair Lady (1964).
West side story no es más que la historia de Romeo y Julieta narrada por medio de los personajes de Tony (Richard Beymer) y María (Natalie Wood). Inolvidables son algunas canciones, como la María que canta con adoración Beymer o aquella America con Rita Moreno a la cabeza y los demás hispanos alrededor.
My Fair Lady está protagonizada por una increíble Audrey Hepbourn que probablemente sólo es superada por a sí misma en Breakfast at Tiffanys, que se rodó el mismo año que West Side Story, 1961. Fue ganadora de 8 Oscars, que incluían mejor película y mejor director. Harrison también mereció una estatuilla, no saí Hepbourn que se quedó en el paso de la nominación y tuvo que ver el Oscar en las manos de Julie Andrews por otro musical: Mary Poppins. También fue galardonada a banda sonora, vestuario, dirección artística, fotografía y sonido.En ella, el profesor Henry Higgins (Rex Harrison) recoge de la calle a Eliza Doolittle (Hepbourn) porque ha apostado con su colega Pickering que se ve capaz de convertir a una "cualquiera" en una mujer integrada en las altas esferas de la sociedad inglesa. Tras unas exhaustivas clases de perfeccionamiento del idioma -que merecen ser escuchadas en su idioma original- y etiqueta la florista se transformará en una hermosa joven que destacará entre la alta sociedad.
Entramos de lleno en los 70 con las sillas de Cabaret (1972), del director y coreógrafo Bob Fosse, con el papel que quedó en la impronta de Liza Minelli, aquella Sally Bowles del Berlín de los años '30 y el Kit-kat club en el que coincide con sus hombres: Brian y Max. Los números musicales tienen una vbrillante puesta en escena e interpretación, desde el de apertura, Willkomenn hasta el Money interpretado por Minelli y Grey, pasando por aquel inolvidable Maybe this Time y, por supuesto, el clásico Tomorrow Belongs to Me"Cambiamos de registro con Jesucristo Superstar (1973), otro film que está considerado entre los grandes del género, con Ted Neeley en el papel de Jesús, Carl Anderson como Judas e Yvonne Elliman en el papel de María Magdalena. No por casualidad está basado en un libreto del fenomenal Andrew Lloyd Webber, reverenciado director al que debemos muchos de los grandes libretos de musicales de la actualidad, como los de Evita y El fantasma de la ópera, entre los llevados al cine. De Lloyd Weber podríamos hablar largo y tendido pero nos reducimos a dejar patente la grandeza de obras como Aspects of love o la más popular Cats, a la altura de otro de los grandes: Alain Boublil (Los Miserables, Miss Saigon). Con Weber tras las notas, poca justificación más necesita el filme para hacerse imprescindible.
Y a finales de los setenta se inicia otro tipo de musicales. En 1978 Llegan John Travolta y Olivia Newton John con su musical de instituto Grease, en el que el romance de verano de los protagonistas tendrá que pasar por una serie de dificultades hasta que acaben juntos al dejar el instituto. Hasta hoy llegan las reminiscencias de las no pocas canciones conocidas del filme: desde la final You're the one thatI want hasta el mitico Tell me more pasando por baladas como Hoplessly devoted to you o Sandy.Llegan los ochenta y con ellos The Blues Brothers (1980), comedia musical de gángsters que hace del entretenimiento su mejor bandera, y El sentido de la vida, descacharrante parodia musical de los Monty Python dividido en secuencias de escenas temáticas y que todos los amantes de los Python deben tener en sus estanterías predilectas.
No podemos abandonar los ochenta sin al menos una breve referencia a otra de las películas musicales de la infancia de los de nuestra generación. Dentro del laberinto, de Jim Henson, don David Bowie interpretando al rey de los Goblins y Jennifer Connelly desesperada por encontrar a su hermano pequeño en el enorme laberinto repleto de goblins y criaturas diversas del Universo Henson (creados de los Fraggels y de los famosísimos teleñecos).Y finalmente decimos adiós a la década de los '80 para sumergirnos en unos años '90 en los que las películas musicales escasearon excepto en el caso de la Disney (que de hecho obtuvo 5 oscars a la mejor cancion en esta década) y la sana excepción de una película de Henry Selick que ha pasado a ser con el tiempo una de las películas de culto del cinte contemporáneo de animación. Por supuesto nos referimos a Tim Burton's Nightmare before Christmas.

La confusión respecto a la dirección, que muchas veces se otorga erróneamente a Burton, se debe a que el guión y los personajes son de Tim Burton, si bien fue dirigida por Henry Selick bajo la producción de Burton-DiNovi. La música de Danny Elfman, compositosr habitual de Burton, está acorde a su estilo, que podemos verlo como unficado si nos acercamos la otras comosisiones suyas y las comparamos con las de Pesadilla antes de navidad. El más puro estilo Batman está en el tema que cantan los niños (Raptar a Santa-clavos), hay reminiscencias de Eduardo Manostijeras en algunos acordes de los temas de Jack y algún tema musical, como los finales de la lucha con el hombre del saco, recuerda bastante a la mítica Beetelgeuse. Pero de Jack Skellington y compañia podréis saber más, sin duda, en el futuro artículo que publicará Palomitas muy animadas
El nuevo milenio abre con Moulin Rouge, de Baz Luhrman. La película usa la historia de un escritor que se enamora de una prostituta del Moulin Rouge parisino an 1899, para mostrarnos un juego musical que reúne grandes clásicos de la música pop y los reinventa para ponerlos en labios de sus personajes, Satin (Kidman) y el poeta enamorado Chistian (McGregor). Ganadora de dos oscars, a dirección artística y vestuario -fue el año de El señor de los anillos y Una mente maravillosa- tiene una espectacular puesta en escena, si bien las canciones juegan más con el ritmo y su popularidad que con su interpretación, y es paradigma de un montaje fragmentado postmoderno que fue alejado del Oscar de aquel año, otorgado finalmente a Black Hawk Down. POr supuesto, entre los números, destacamos la versión de Diamonds are a girls best friend que hace Nicole Kidman desde el columpio en el club y el Tango de Roxanne, por la fuerza de la coregrafía y lo conmovedor de la escena.
Tras Moulin Rouge el género musical se dispara de nuevo. En 2002 llega Chicago, por la que Catherine Zeta-Jones obtuvo un merecido premio a mejor actriz de reparto, con un papel enérgico y bien defendido, frente a una algo pobre Renee Zellweger. La película cuenta con algunos números musiclaes extraordinarios, como el tema de las mujeres asesinas de la cárcel, el teme inicial, o aquel en el que Zeta-Jones trata de convencer a Zellweger de que su destino es crear un número conjunto. Prácticamente ninguna canción tiene desperdicio, los números están correctamente representados y la puesta en escena es realmente atractiva, lo que hizo que la película cosechase 5 Oscars en 2003.
En 2004 llega a nuestros cines la adaptación cinematográfica del musical de Lloyd Webber El fantasma de la ópera, que hace lo que puede por defender el libreto en pantalla pero pierde aún así la magnificencia que rodea a la puesta en escena que hasta hace poco pudimos ver en Madrid. Destaca la hermosa voz de Emily Rossum, que interpreta el papel de Christine, y el tema Think of me. Película correcta, con una excepcional música, buena interpretación y el profundo romanticismo del libro original, es digna de verse en nuestra cita con Palomitas.Y llegamos a la actualidad, a Mel Brooks y una adaptación de sus Productores que resulta entretenida pero desmerece la original. Quedamos a la espera de nuevos proyectos. ¡Bienvenidos sean!
Otros links de interés:
Base de datos de musicales (fotos, vídeos, información, tráilers, posters...)
Artículo de la Wikipedia sobre el cine musical
Lista de los 50 mejores musicales (imdb)






